Sin categoría
CyberLideria MGZN investiga en este número sobre uno de los problemas más silenciosos del momento: cada vez más personas sienten que el uso excesivo -o sin control- de las nuevas herramientas tecnológicas les puede llegar a provocar malestar y, si no se controla esta situación, puede llegar a bloquear e incapacitar. ¿Cuáles son las causas del agotamiento digital? ¿Cómo podemos detectarlo antes de que nos consuma ese burn-out? ¿Qué podemos hacer una vez que estamos en esa situación? Entrevistamos a diferentes perfiles con experiencia: una psicóloga especialista con más de dos décadas de experiencia, un CIO también profesor universitario y una persona que lo sufrió, ofreciendo preguntas para reflexionar, y respuestas. Ana Asensio, Psicóloga y Doctora en neurociencia. Autora de ‘Vidas en Positivo’. Para la experta Ana Asensio, con más de dos décadas de experiencia, coordinadora de la sección de Psicología clínica y salud del Colegio Oficial de Psicología de Madrid y autora de dos best-sellers sobre vida en positivo y neurofelicidad, “lo primero es explicar el concepto de cyber-equilibrio, que implica algo tan sencillo y a la vez tan desafiante como saber desconectar para conectar con lo que realmente importa. Vivimos en un mundo en el que los dispositivos están diseñados para captar nuestra atención y mantenernos enganchados, pero la clave para un estilo de vida equilibrado en lo digital es poner límites claros y saludables”. Un paso previo al burn-out digital que hay que observar es la “parálisis productiva” que surge cuando, tras horas frente a una pantalla o usando determinadas aplicaciones, no estamos en realidad haciendo nada. Ella misma lo describe. “No avanzamos, pero tampoco podemos soltar el dispositivo. Una vez, una paciente me contó que se dio cuenta de que estaba al borde del burn-out digital cuando, al apagar el ordenador tras un día interminable de trabajo remoto, cogió su móvil y empezó a revisar correos de nuevo ahí. Ese fue su click: no estaba descansando su mente, solo cambiaba de pantalla para seguir con lo mismo”. Y ahí hay que tomar medidas. LA DETECCIÓN COMO CLAVE Si detectamos esos momentos de parálisis [lo primero es conocerlos, y saber que existen e incluso es lógico que podamos tenerlos], “el primer paso es detenernos, parar y hacer una pausa real. En algunos casos, esto significa bloquear un fin de semana entero para desconectar y reevaluar prioridades. También es útil adoptar la regla de las 3 “D””. La experta pasa a explicarla: Descansar (alejarnos de las pantallas). Delegar (revisar qué responsabilidades no tienen que ser exclusivamente nuestras). Desintoxicar (desinstalar apps innecesarias o reducir notificaciones)”. El burn-out digital tiene síntomas claros, según Ana Asensio. Algunas señales de alarma incluyen: “fatiga constante, durmiendo peor o incluso a pesar de dormir bien, niebla mental y dificultad para concentrarse, irritabilidad desproporcionada y una sensación persistente de que el tiempo no alcanza, incluso para cosas simples, es como una sensación de entrar en dispersión y vacío donde el tiempo vuela sin consciencia y restando salud”. El problema vendría si normalizamos esta situación “porque asumimos que estar siempre conectados es lo “esperado” en nuestras vidas, relaciones, trabajo o como un tic que si no realizamos nos puede incluso producir cierta ansiedad porque sentimos que estamos desatendiendo algo que podría informarnos, es algo así como estar muy enganchado a una “droga” permitida y que además es recompensada socialmente por estar disponibles pero muy nociva para nuestra salud mental y general”. UNA ESTRATEGIA EFECTIVA Una estrategia efectiva sería establecer “zonas libres de pantallas”. Por ejemplo, explica Ana Asensio, “convertir la mesa de comer en un lugar sagrado para conversaciones reales, sin interrupciones de notificaciones ni desplazamientos infinitos por redes sociales. Un caso que recuerdo fue el de una paciente que, al implementar esta regla, no solo recuperó la conexión con su pareja, sino que descubrió que al final del día estaba menos irritable porque había dejado de bombardearse con información innecesaria durante las comidas”. Otro punto clave es el uso consciente de la tecnología. “Pregúntate antes de abrir una aplicación: ¿Estoy usando esto para mi bienestar o simplemente por inercia y por un mal hábito tan adquirido que siento que no puedo parar? Pequeños actos como programar momentos de detox digital, por ejemplo, 30 minutos al día para estar sin pantallas, pueden tener un gran impacto en nuestra salud mental y emocional”. Además, el contacto con lo físico es esencial. “Salir a caminar, sin teléfono, solo con la atención puesta en lo que estoy haciendo en ese momento, puede parecer simple, pero es profundamente reparador. Nuestra mente necesita espacios de calma y diferentes actividades que además incluyas movimiento físico, y no más estímulos digitales que colapsen nuestra mente”. Cuando la situación lo requiera y nos desborde, está claro, será necesaria la ayuda profesional psicológica. EL FUTURIBLE Imaginemos un futuro en el que la tecnología no sea solo una herramienta, sino una aliada auténtica de nuestra salud mental. Por ejemplo, explica la doctora, “podrían desarrollarse dispositivos que monitoricen en tiempo real nuestros niveles de estrés digital. Quizás, si detectan que estamos sobrepasando el límite saludable, sugieran pausas personalizadas o incluso bloqueen temporalmente el acceso a ciertas aplicaciones para proteger nuestro bienestar”. También para ella, madre de familia numerosa, “será la educación digital la que jugará un papel clave. Las nuevas generaciones no solo aprenderán a usar dispositivos, sino también a manejarlos de manera equilibrada. ¿Te imaginas clases en los colegios sobre higiene digital? Algo tan cotidiano como enseñar a los niños a diferenciar entre el “tiempo de calidad” online y el “tiempo perdido” podría ser revolucionario. Y si vamos más lejos, podríamos pensar en tecnologías que integren prácticas de mindfulness directamente en su diseño. Por ejemplo, interfaces que limiten las notificaciones intrusivas o dispositivos que solo funcionen en ciertas franjas horarias para promover el descanso”. El futuro de la cyber-salud no está en rechazar la tecnología, claramente, puesto que ya forma parte imbricada de nuestra vida, concluye la experta “sino en aprender a convivir con ella de manera armoniosa. La clave será siempre priorizar nuestra humanidad por encima de la inmediatez digital. Al final, como me gusta decir, no se trata de apagar la tecnología, sino de encender nuestra consciencia”. Carlos Garriga. Transformational CIO, profesor de IE University Para el experto digital Carlos Garriga, el equilibrio comienza con un pensamiento claro. “Se trata de ser conscientes del impacto que la tecnología tiene en nuestra vida: nuestra relación con la tecnología puede cambiar, y podemos disfrutarla sin que nos controle. Se trata de aprender a usarla de forma inteligente, marcando límites claros para evitar que domine nuestro tiempo. Por ejemplo, me refiero a reservar momentos del día libres de pantallas, como las comidas o antes de dormir, sólo eso ayuda mucho. También es importante aprovechar las herramientas que los propios dispositivos ofrecen, como los temporizadores de uso o los modos de "no molestar” y similares”, explica. Para él, también es lógico que con el tiempo se desarrollen nuevas aplicaciones que ayudarán a las personas a mantener este equilibrio. Más allá de lo individual, para el experto y docente “las empresas y los creadores de tecnología tienen una responsabilidad. Diseñar aplicaciones y plataformas que prioricen nuestro bienestar y no solo nuestra atención debería ser una prioridad. Al final, el equilibrio es combinar lo digital con lo humano, asegurándonos de que la tecnología mejora nuestra vida sin invadirla por completo”. EL BURN-OUT ES POSIBLE El burn-out digital llega, como señala a CyberLideria MGZN, “cuando la tecnología deja de ser una herramienta útil y comienza a sentirse como una carga. Si tienes insomnio, te cuesta concentrarte o te sientes abrumado por notificaciones constantes, esas son señales claras. También puede pasar que te aísles o que pierdas tiempo en redes sociales sin propósito real. Para recuperarte, lo primero es desconectar poco a poco: dedicar ratos del día a actividades sin pantallas, como leer un libro o hacer deporte, puede marcar la diferencia. También ayuda mucho practicar mindfulness o meditación para reconectar contigo mismo. Lo importante es recordar lo dicho, que nuestra relación con la tecnología puede cambiar, y podemos volver a disfrutarla sin que nos controle”. Respecto a la ansiedad que se despierta por la llegada de tantos cambios tecnológicos, él mismo explicaba en un artículo reciente cómo los discursos catastrofistas son una de las razones de la ansiedad social, aunque sean necesarios muchos avisos, hay que tener cuidado con ellos. “A qué revolución se va a parecer esta, aún no lo sabemos. Por proximidad, quizás a la llegada de la informática básica, que nos ayudó a automatizar tareas repetitivas, de poco valor añadido. Hace pocos años, la contabilidad se llevaba en libros con lápices y plumas enormes, que se ven en los museos. Cuando llegaron las hojas de cálculo y el software, porque fue así empezó la informática, al principio se llevaron contabilidades en paralelo, pero pronto todo cambió. El cambio actual tiene esa componente de ‘inteligencia’ que le da otro aspecto, y debe servir para poner aún más el foco en aquello que nos hace a los seres humanos diferentes”. UNA TECNOLOGÍA ANTI-ANSIEDAD “Lo cierto es que ese futuro dependerá también de nuestra posición”, sentencia Garriga. “En muchas industrias se dice la misma frase: ‘me encantaría tener más tiempo para dedicar a mi equipo y a mis clientes, a las interacciones de calidad. Quizás sea el momento de sacar ese tiempo”. En el futuro, señala “creo que veremos cómo la tecnología se rediseña para cuidar mejor de nosotros. Por ejemplo, dispositivos que nos avisen automáticamente cuando estemos pasando demasiado tiempo frente a una pantalla o que nos sugieran pausas adaptadas a nuestro ritmo. También habrá más personalización, con inteligencia artificial que nos ayude a gestionar nuestro tiempo digital de manera más saludable. Además, creo que las empresas y los gobiernos empezarán a tomarse más en serio el impacto de la tecnología en nuestra salud, creando leyes y estándares que nos protejan. Incluso podríamos ver terapias de desintoxicación digital usando realidad virtual, para desconectar en entornos inmersivos diseñados para relajarnos. Y también creo que el bienestar digital será una parte central de nuestra vida diaria, al igual que hoy lo son la alimentación o el ejercicio físico”. +5 consejos en contra del burn-out digital: a partir de una entrevista. Su perfil es el de una persona con más de veinte años de carrera profesional, que sufrió este burn-out digital, y que ahora comparte anónimamente su experiencia con CyberLideria MGZN, relatando cómo aquel agotamiento afectó a —casi— su vida entera. - “En mi caso, fue un proceso muy lento, como aquella parábola de la rana que está en el agua al fuego y la temperatura va a aumentando progresivamente, al final te cueces. Cada día pasaba más horas delante del ordenador, del teléfono (tenía dos) a todas horas, del iPad… hasta que fui perdiendo horas de sueño y descanso. Había días que sin ninguna urgencia a mitad de la noche me ponía a releer emails o whatsapps, y realmente no servía para nada, lo cual me llevaba a estar fatigada, irascible y a aislarme cada vez más. Aunque pueda resultar extraño al contarlo así, yo diría que es fácil para muchas personas pueden caer en esta situación, aunque sea por temporadas”. - “En mi caso, la temporada nunca terminó. No es por justificarme, pero el burn-out digital es un fenómeno nuevo. Me han contado que algunos gobiernos han puesto ahora en marcha unidades móviles por los pueblos con información sobre las nuevas ‘enfermedades digitales’ y muchas instituciones están empezando a alertar del efecto de las pantallas en nuestra vida. En este sentido, creo que lo más importante es que se conozcan. Muchas personas tienden a minimizarlas, sin darse cuenta de que la salud mental y física pueden estar comprometidas”. - “En un momento, me di cuenta de que sólo estaba delante de pantallas, aun así, no avanzaba apenas con mis tareas, ni me divertía realmente. Abría redes como LinkedIn o Instagram en mitad de una tarea y no hacía nada, leía lo que me aparecía por decisión del algoritmo sin más, abría otras aplicaciones para mirarlas, sin ninguna ruta, y dejé de establecer prioridades, mezclando las cosas. Todo lo que yo era estaba ahí, en dispositivos detrás de esa luz, no existían las personas ni sus necesidades reales. Debido a esa situación, en la que se mezclaron otros factores, estuve de baja, y busqué ayuda profesional”. - “Aprendí en un gabinete de psicología que en los mecanismos del burn-out digital también existe la ansiedad pre y post exposición, disparadores de acciones, etc. Al final, como cualquier otro comportamiento, es necesario determinar cómo relacionarse personalmente con los ciclos perniciosos y qué hay detrás de nuestro comportamiento. Siempre que ocurren estos procesos hay otras causas en paralelo, que nos impulsan a querer escapar, huir, y hay que tratarlas adecuadamente, compartirlas con alguien profesional”. - “Sobre todo me gustaría destacar que el burn-out, venga como venga, ya sea digital o no —aunque hoy en día muchas veces lo será— no es el final, puede ser un nuevo principio. Me gusta mucho el libro ‘El Espíritu de la Esperanza” del coreano Byung-Chul, en el que se habla de cómo a partir de las situaciones más complicadas se puede despertar con un pensamiento nuevo, es importante que nuestra vida no se asfixie por elecciones propias y se vea reducida a una pura supervivencia. Creo que cada cual puede determinar su pauta si es necesario. Se trata de parar, buscar ayuda, establecer nuevas rutinas y hacer cambios drásticos, para comenzar una nueva etapa mejor”. Rubén Fernández-Costa O’DoghertyPeriodista, Asesor y Miembro del Comité Editorial de CyberLideria MGZN
2 Febrero 2025
Jarana
¿Sientes que no puedes más en tu trabajo? ¿Sufres un agotamiento que va más allá de lo meramente físico y no sabes de dónde surge? ¿Empiezas a dudar de tu valía profesional? ¿Te cuesta reconocerte a nivel laboral como si las cosas ya no te importaran? ¿Sientes que te has desenamorado de tu trabajo cuando antes te gustaba? No eres tú, es el síndrome del trabajador quemado o burnout que ya ha prendido la mecha. Este síndrome caracterizado por un agotamiento físico y emocional extremo, altos niveles de despersonalización y una sensación de ineficacia profesional, avanza irremediablemente, afectando ya a un alto porcentaje de trabajadores y equipos. El incremento del estrés en las organizaciones es alarmante y las consecuencias del desgaste que produce en los profesionales es devastador. Trabajar en llamas ofrece una mirada integrativa que fusiona el punto de vista científico, psicológico y humano para comprender en profundidad este síndrome y aprender a manejarlo de forma efectiva tanto a nivel individual como colectivo. Con un enfoque divulgativo y a través de historias reales de personas que han pasado por ello, el libro es una guía de referencia tanto para ti que estás pasando por ello, como si eres líder de un equipo y quieres construir un entorno laboral saludable sin burnout. Por medio de una fórmula personalizada, podrás tener la combinación apropiada de herramientas para ayudar a prevenir, gestionar y eliminar el desgaste profesional.
15 Octubre 2024
Suscríbete GRATIS y disfruta de contenido ilimitado sobre ciberseguridad y personas