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La gran paradoja de la IA: una economía mucho más rica con millones de empleos bajo presión

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Un nuevo ejercicio económico de Anthropic plantea que la inteligencia artificial podría acelerar de forma extraordinaria el crecimiento durante los próximos años. El reverso de esa transformación estaría en el mercado laboral: cuanto mayor sea la capacidad de automatización, mayor podría ser también la presión sobre los profesionales del conocimiento. La inteligencia artificial lleva años asociada a una promesa de productividad. Automatizar procesos, reducir costes, acelerar decisiones y permitir que las personas dediquen más tiempo a tareas de mayor valor son algunos de los argumentos que han acompañado su incorporación a las empresas. Pero ¿qué sucede si esa productividad aumenta mucho más rápido que la capacidad del mercado laboral para adaptarse? Anthropic ha intentado poner números a esa pregunta mediante un modelo económico que analiza diferentes posibles niveles de desarrollo y adopción de la IA en Estados Unidos hasta 2030. Y sus resultados dibujan una paradoja especialmente relevante para empresas y gobiernos: la misma tecnología capaz de impulsar con fuerza la economía podría provocar importantes disrupciones en el empleo de oficina y alterar el reparto de la riqueza. La compañía insiste en un matiz fundamental: los escenarios planteados no son predicciones, sino simulaciones destinadas a estudiar qué podría ocurrir bajo distintas hipótesis de capacidad tecnológica y adopción. De una IA incremental a una economía creciendo a dos dígitos El modelo contempla desde una incorporación relativamente limitada de la inteligencia artificial hasta una transformación mucho más profunda del trabajo. En el escenario de menor impacto, los cambios serían manejables. Para 2030, el PIB estadounidense estaría alrededor de un 1,6% por encima de la trayectoria que habría seguido sin IA, mientras que el crecimiento anual alcanzaría aproximadamente el 2,4%. El efecto sobre el empleo cualificado sería reducido. La fotografía cambia considerablemente cuando aumenta la capacidad de los sistemas y su utilización dentro de las organizaciones. En un escenario intermedio, el crecimiento económico anual podría situarse alrededor del 5,4%. El PIB sería un 8,3% superior al escenario sin inteligencia artificial, aunque el empleo asociado a tareas cognitivas descendería cerca de un 4%. Pero es la hipótesis de transformación más acelerada la que plantea las cifras más difíciles de ignorar. Según esta simulación, el crecimiento anual podría alcanzar aproximadamente el 15,4%, llevando al PIB a situarse más de un 32% por encima de la trayectoria que seguiría sin esta tecnología. Sería una expansión económica extraordinaria. Y, al mismo tiempo, vendría acompañada de una fuerte reconfiguración del empleo. El trabajador de oficina, en el centro de la transformación Una de las conclusiones más relevantes del ejercicio de Anthropic es que los puestos vinculados al conocimiento podrían encontrarse entre los más expuestos. Directivos, profesionales especializados, comerciales y trabajadores administrativos realizan precisamente muchas de las tareas que los nuevos modelos de IA están comenzando a ejecutar o complementar. En el escenario de mayor disrupción, el empleo cognitivo podría reducirse un 21,5%, mientras que el desempleo dentro de este grupo alcanzaría cerca del 18%. Para el conjunto de la población activa, la tasa podría acercarse al 12%. La consecuencia sería especialmente significativa porque cuestionaría una idea que ha acompañado tradicionalmente a la automatización: que las profesiones intelectuales estaban relativamente protegidas frente a la sustitución tecnológica. Con la IA generativa y los futuros agentes autónomos, esa frontera empieza a ser mucho menos clara. El verdadero debate puede estar en quién captura la productividad Sin embargo, posiblemente el dato más interesante no sea cuánto crecería la economía ni cuántos empleos podrían transformarse. Es quién se beneficiaría de ese crecimiento. En la simulación más agresiva de Anthropic, la proporción de la renta nacional destinada al trabajo podría pasar aproximadamente del 60% al 45%, mientras que las rentas vinculadas al capital experimentarían un fuerte crecimiento. Dicho de otra forma: una economía puede producir considerablemente más riqueza sin que esa prosperidad se distribuya de manera proporcional entre quienes trabajan en ella. Este escenario convierte el debate sobre inteligencia artificial en algo mucho más amplio que una conversación tecnológica. Implica hablar de salarios, fiscalidad, formación, propiedad, regulación y de los mecanismos que permitirán repartir las ganancias extraordinarias de productividad. Capacidad tecnológica no significa adopción inmediata Hay, además, una variable capaz de modificar todas estas proyecciones: la velocidad real de adopción. Que un modelo sea técnicamente capaz de desempeñar una tarea no significa que una organización vaya a entregársela inmediatamente. Las empresas tienen sistemas heredados, regulaciones, procesos de aprobación, obligaciones de seguridad, problemas de calidad de datos y culturas corporativas que pueden ralentizar considerablemente la incorporación de nuevas tecnologías. Anton Korinek, responsable de los estudios económicos sobre IA transformadora de Anthropic, ha señalado precisamente que una tecnología, por extraordinarias que sean sus capacidades, tendrá poco impacto económico si finalmente no se utiliza. Y aquí aparece una de las grandes incógnitas de los próximos años: ¿avanzará más rápido la inteligencia artificial o la capacidad de las organizaciones para integrarla? De automatizar tareas a rediseñar organizaciones Hasta ahora, buena parte de las compañías han abordado la IA desde una perspectiva de eficiencia: qué tareas puede acelerar, cuánto tiempo permite ahorrar o qué procesos puede automatizar. El siguiente paso puede ser bastante más profundo. Si las capacidades continúan aumentando, las organizaciones tendrán que decidir qué funciones deben seguir siendo humanas, cuáles pueden delegarse en sistemas autónomos y dónde debe mantenerse obligatoriamente la supervisión de una persona. Eso afectará a estructuras organizativas, modelos de liderazgo, contratación y formación. También obligará a revisar cuestiones de gobernanza, responsabilidad y ciberseguridad. Porque automatizar una tarea no elimina su riesgo. En determinadas circunstancias, puede multiplicarlo. 2030 no está tan lejos Las cifras más extremas del modelo de Anthropic pueden no llegar a materializarse. La propia compañía evita presentarlas como una previsión. Pero el valor del ejercicio está precisamente en plantear una pregunta que empresas y gobiernos tendrán que responder mucho antes de saber cuál de estos escenarios se aproxima más a la realidad. La cuestión ya no es únicamente cuánto crecimiento puede generar la inteligencia artificial, sino qué ocurrirá con las personas, las organizaciones y la distribución de la riqueza cuando una parte creciente del trabajo intelectual pueda realizarse mediante máquinas. La IA podría hacer que la economía produzca mucho más. El verdadero desafío será conseguir que esa nueva productividad también se traduzca en progreso.

15 Septiembre 2026

La caída de los grandes chatbots pone a prueba la dependencia empresarial de la inteligencia artificial

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Los problemas registrados por diferentes servicios de IA vuelven a plantear una cuestión cada vez más relevante para las organizaciones: qué ocurre cuando una herramienta externa pasa de ser una ayuda a convertirse en parte crítica del trabajo diario. La inteligencia artificial se ha integrado a una velocidad extraordinaria en el día a día de millones de profesionales. Redactar documentos, analizar información, programar, investigar, resumir reuniones o automatizar procesos son ya tareas habituales para estos sistemas. Precisamente por ello, cuando dejan de funcionar, el impacto empieza a ser mucho mayor que hace apenas unos años. Los problemas registrados el pasado 3 de septiembre en diferentes servicios populares de inteligencia artificial, entre ellos ChatGPT, Claude, Grok, Copilot y Gemini, volvieron a evidenciar hasta qué punto estas plataformas están entrando en los procesos cotidianos de empresas y profesionales. Más allá de la incidencia concreta, el episodio plantea un asunto mucho más interesante desde el punto de vista empresarial: la resiliencia. De herramienta complementaria a dependencia operativa Cuando una tecnología se utiliza ocasionalmente, una interrupción supone una molestia. Pero cuando forma parte de procesos de programación, atención al cliente, análisis, creación de contenidos o toma de decisiones, una caída puede empezar a tener consecuencias operativas. La situación recuerda a lo ocurrido anteriormente con la nube. A medida que las organizaciones trasladaron servicios críticos hacia proveedores externos, conceptos como redundancia, continuidad de negocio y estrategias multicloud comenzaron a adquirir mayor importancia. Con la IA podría producirse una evolución similar. Las compañías tendrán que identificar qué procesos dependen ya de proveedores externos de inteligencia artificial, qué alternativas existen ante una interrupción y qué funciones deberían disponer de mecanismos de contingencia. La cuestión ya no es únicamente cuánto puede mejorar la productividad gracias a la IA. También empieza a ser necesario preguntarse qué sucede cuando esa IA no está disponible.

14 Septiembre 2026

25 años del 11-S: la tecnología que cambió nuestra forma de entender la seguridad

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Han pasado 25 años desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un cuarto de siglo en el que el mundo ha cambiado profundamente y en el que la tecnología se ha convertido en una pieza fundamental para prevenir riesgos, proteger infraestructuras y responder ante situaciones de emergencia. Recordar aquella fecha también permite observar cuánto ha evolucionado nuestra capacidad para anticiparnos. En 2001, los teléfonos inteligentes tal y como los conocemos hoy no existían, la computación en la nube estaba todavía lejos de convertirse en una infraestructura cotidiana y conceptos como inteligencia artificial generativa, reconocimiento biométrico avanzado o análisis de grandes volúmenes de datos en tiempo real pertenecían a un escenario muy diferente. Veinticinco años después, aeropuertos, ciudades, empresas e infraestructuras críticas funcionan en un ecosistema tecnológico completamente nuevo. De reaccionar a intentar anticiparse Una de las grandes transformaciones de estas dos décadas y media ha sido el paso progresivo de una seguridad fundamentalmente reactiva hacia modelos cada vez más predictivos. Sensores conectados, biometría, análisis automatizado de imágenes, inteligencia de amenazas, sistemas de geolocalización, drones o plataformas capaces de correlacionar enormes cantidades de información permiten detectar comportamientos anómalos y reaccionar con mayor rapidez. La inteligencia artificial supone ahora un nuevo salto. Su capacidad para encontrar patrones entre millones de señales abre posibilidades inéditas para anticipar riesgos, pero también plantea preguntas que hace 25 años apenas formaban parte del debate público. Más tecnología, pero también más responsabilidad La evolución tecnológica no elimina el riesgo. Lo transforma. Hoy buena parte de las infraestructuras esenciales dependen de sistemas digitales, desde las comunicaciones y el transporte hasta la energía, las finanzas o los servicios públicos. Proteger el mundo físico implica, cada vez más, proteger también el digital. Y aparece otro desafío: encontrar el equilibrio entre seguridad, privacidad y derechos individuales. Porque disponer de más datos y mejores herramientas para analizarlos no significa necesariamente que todas las decisiones deban automatizarse. El factor humano continúa siendo esencial para aportar contexto, criterio y responsabilidad. 25 años después El 11-S marcó un antes y un después en muchos ámbitos, también en nuestra manera de pensar la seguridad. Un cuarto de siglo después, la tecnología permite conectar información, identificar amenazas y coordinar respuestas a una velocidad que en 2001 habría resultado difícil imaginar. El próximo salto probablemente vendrá de sistemas de inteligencia artificial todavía más autónomos, capaces no solo de detectar una anomalía, sino de interpretarla y recomendar —o incluso ejecutar— una respuesta. La cuestión para los próximos años ya no será únicamente hasta dónde puede llegar esa tecnología, sino hasta dónde queremos que llegue. Veinticinco años después, quizá esa sea una de las principales lecciones: anticiparse es importante, pero hacerlo con criterio, responsabilidad y confianza lo es todavía más.

11 Septiembre 2026

España y México refuerzan su alianza en inteligencia artificial, ciberseguridad y conectividad

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Ambos países han firmado un memorando de entendimiento para profundizar su cooperación en ámbitos estratégicos de la transformación digital, desde la inteligencia artificial hasta las infraestructuras digitales y la seguridad. España y México quieren estrechar su relación tecnológica. Los dos países han dado un nuevo paso en su cooperación con la firma de un memorando de entendimiento centrado en diferentes áreas de la transformación digital, entre ellas inteligencia artificial, ciberseguridad, conectividad e infraestructuras digitales. El acuerdo abre la puerta al intercambio de experiencias y conocimiento y al desarrollo de iniciativas conjuntas en ámbitos que se han convertido en estratégicos tanto para las administraciones públicas como para las empresas. La colaboración llega en un momento en el que la capacidad tecnológica está adquiriendo un peso creciente en las relaciones internacionales. La inteligencia artificial, la protección de las infraestructuras digitales o el desarrollo de redes de conectividad ya no son únicamente cuestiones técnicas: forman parte de las estrategias de competitividad y autonomía de los países. La ciberseguridad entra en la cooperación bilateral Uno de los aspectos especialmente relevantes del acuerdo es la presencia de la ciberseguridad entre sus áreas de colaboración. La digitalización de los servicios públicos y privados y la creciente dependencia de infraestructuras conectadas obligan a los Estados a reforzar su capacidad para prevenir y responder ante amenazas que, por su propia naturaleza, no entienden de fronteras. La inteligencia artificial constituye otro de los grandes pilares. España ha intensificado en los últimos años su estrategia alrededor de esta tecnología, mientras México busca igualmente aprovechar su potencial para modernizar su economía y sus servicios. El nuevo marco bilateral refleja una tendencia cada vez más clara: la cooperación tecnológica empieza a ocupar un lugar propio dentro de la diplomacia internacional.

10 Septiembre 2026

La ONU pide establecer límites globales ante los riesgos de una inteligencia artificial cada vez más poderosa

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El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos reclama una mayor cooperación internacional y mecanismos de protección ante una tecnología cuyo desarrollo y control se concentra cada vez más en un reducido número de compañías. La velocidad a la que avanza la inteligencia artificial vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que gobiernos, empresas y organismos internacionales todavía no han terminado de responder: ¿hasta dónde debería permitirse avanzar a estos sistemas sin establecer previamente límites y mecanismos de seguridad comunes? El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha advertido este 7 de septiembre sobre los riesgos que podría plantear el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados y ha reclamado una respuesta internacional coordinada. Entre las principales preocupaciones aparece la posibilidad de que las capacidades más sofisticadas de IA queden concentradas en manos de un reducido número de compañías y países, aumentando las diferencias de poder tecnológico y económico y dificultando el establecimiento de mecanismos efectivos de supervisión. Türk ha puesto además el foco en escenarios de riesgo extremo vinculados a futuros sistemas altamente avanzados, defendiendo la necesidad de actuar antes de que determinadas capacidades resulten difíciles de controlar. Del debate tecnológico al geopolítico La discusión sobre inteligencia artificial está dejando de centrarse exclusivamente en productividad, automatización o innovación empresarial. La carrera por desarrollar modelos más potentes ha convertido esta tecnología en un activo estratégico comparable a otras infraestructuras críticas, capaz de influir en la competitividad económica, la defensa, la información y el equilibrio internacional de poder. El debate adquiere especial relevancia porque los principales modelos de propósito general están siendo desarrollados por un número relativamente pequeño de actores privados, mientras los gobiernos intentan construir marcos regulatorios capaces de evolucionar a una velocidad similar a la propia tecnología. La ONU plantea así la necesidad de combinar innovación con mecanismos de gobernanza internacional que permitan preservar derechos fundamentales y reducir riesgos. El gran desafío será encontrar ese equilibrio sin frenar las oportunidades económicas y sociales que ofrece la inteligencia artificial. Porque mientras la tecnología continúa avanzando, la construcción de unas reglas internacionales compartidas sigue moviéndose a una velocidad considerablemente menor.

9 Septiembre 2026

Madrid acoge el Madring Tech Summit 2026 para acercar la tecnología de la Fórmula 1 a los ciudadanos

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La Comunidad de Madrid acogerá del 9 al 11 de septiembre el Madring Tech Summit 2026, unas jornadas dedicadas a explorar los últimos avances tecnológicos aplicados al automovilismo con motivo del Gran Premio de España. El encuentro, que tendrá lugar en la Real Casa de Correos, reunirá a expertos en Fórmula 1 y especialistas en ámbitos como la programación, la inteligencia artificial, el análisis de datos y la ciberseguridad. El programa arrancará el miércoles 9 de septiembre, a las 16:30 horas, con una sesión dirigida a estudiantes universitarios y orientada a fomentar las vocaciones STEM. Durante la jornada, profesionales del sector abordarán el papel de la ingeniería, los datos, la IA y el análisis del rendimiento en las competiciones, así como las oportunidades profesionales vinculadas a estas disciplinas. Los participantes también podrán enfrentarse a un desafío planteado por la Agencia de Ciberseguridad de la Comunidad de Madrid, inspirado en el mundo del motor. La actividad permitirá a los jóvenes resolver retos relacionados con la protección de sistemas y entornos digitales en el contexto de una carrera de Fórmula 1. Tecnología, Fórmula 1 y experiencias abiertas al público El jueves 10, la Real Casa de Correos abrirá sus puertas al público entre las 09:30 y las 20:00 horas. Entre las actividades previstas destaca una conversación con el expiloto Marc Gené, embajador de Ferrari, que acercará a los asistentes algunos de los desafíos tecnológicos que rodean actualmente a la alta competición. Además, tanto el jueves como el viernes —este último de 09:30 a 13:30 horas— los ciudadanos podrán acceder gratuitamente a diferentes experiencias relacionadas con la Fórmula 1 y la innovación. Entre ellas habrá simuladores de conducción de coches de carreras, con los que los asistentes podrán ponerse al volante de forma virtual, así como herramientas de inteligencia artificial capaces de recrear entrevistas con pilotos de Fórmula 1. El espacio contará también con una exposición de objetos relacionados con la competición, entre ellos cascos y monos de escuderías de F1, y una maqueta detallada del trazado de MADRING, el circuito urbano que albergará el Gran Premio de España en Madrid. La propuesta se completará con una selección de arte contemporáneo español, configurando una experiencia que combinará tecnología, automovilismo, creatividad e innovación y con la que la Comunidad de Madrid busca reforzar el posicionamiento de la región como uno de los principales polos digitales y tecnológicos de Europa.

8 Septiembre 2026

La vuelta al cole también llega para los ciberdelincuentes: las estafas que amenazan las compras de septiembre

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Falsas tiendas de material escolar, supuestas becas, pagos urgentes del colegio y suscripciones engañosas forman parte de los fraudes que pueden encontrarse las familias durante uno de los grandes momentos de compra del año Septiembre no solo significa volver a las aulas. Para miles de familias supone también concentrar en pocos días la compra de libros, uniformes, dispositivos electrónicos y todo tipo de material escolar. Una combinación de más gasto, compras online y prisas que también está siendo aprovechada por los ciberdelincuentes. Las campañas fraudulentas relacionadas con la vuelta al cole adoptan cada vez más formas y buscan explotar precisamente esa urgencia. Desde comercios electrónicos que anuncian productos con descuentos difíciles de creer hasta comunicaciones que aparentan proceder del propio centro educativo y solicitan realizar un pago inmediato. El problema se enmarca, además, en el crecimiento del fraude digital en España. Según los datos recogidos por Allianz Partners a partir del último balance anual del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), el fraude online aumentó un 19% en el último ejercicio, superando los 45.000 casos y consolidándose como la modalidad de ciberdelito más habitual en el país. Del libro de texto barato a la falsa matrícula Una de las estrategias más sencillas consiste en atraer a las víctimas mediante el precio. Una página aparentemente profesional puede anunciar libros de texto, ordenadores, tabletas o material escolar con descuentos muy superiores a los habituales. El usuario paga, pero el producto nunca llega. No es la única amenaza. Los delincuentes también recurren a la suplantación de identidad de colegios y otras instituciones educativas. Un correo electrónico o mensaje puede comunicar, por ejemplo, que queda pendiente el pago de una matrícula, una actividad o determinado material y solicitar que se abone con urgencia. La apariencia de legitimidad y la presión temporal son dos elementos fundamentales: cuanto menos tiempo tenga la víctima para comprobar la información, mayores son las posibilidades de que actúe sin verificar quién está realmente detrás del mensaje. Las becas y ayudas educativas constituyen otro posible gancho. Algunas páginas fraudulentas reproducen la estética de organismos o plataformas oficiales y solicitan datos personales o pagos por gestiones que, en realidad, son gratuitas. A ello se suman las suscripciones engañosas a plataformas educativas, que pueden presentar condiciones atractivas en el momento del alta pero complicar posteriormente su cancelación o generar cargos que el usuario no esperaba. Antes de pagar, comprobar Frente a estas amenazas, el equipo jurídico de Allianz Partners aconseja extremar las precauciones antes de completar cualquier compra relacionada con la vuelta al cole. Una rebaja extraordinariamente elevada, especialmente cuando afecta a productos como dispositivos electrónicos o libros de texto, debería ser motivo suficiente para comprobar quién está detrás del comercio. También conviene verificar la seguridad y legitimidad de la página, evitar realizar operaciones económicas conectado a redes wifi públicas y conservar toda la documentación generada durante la compra, desde la confirmación del pedido hasta los justificantes de pago y las comunicaciones mantenidas con el vendedor. En el caso de recibir una petición económica supuestamente procedente del colegio, la urgencia no debería sustituir a la verificación. Contactar directamente con el centro a través de un teléfono o canal conocido puede bastar para descubrir un intento de suplantación antes de realizar la transferencia. ¿Qué hacer si ya hemos pagado? Detectar el engaño después de haber realizado una compra no significa que haya que dar el dinero automáticamente por perdido. La primera reacción debería ser ponerse en contacto cuanto antes con la entidad bancaria para comprobar si existe alguna posibilidad de bloquear, cancelar o revertir la operación. Paralelamente, es importante conservar mensajes, correos electrónicos, justificantes, capturas de pantalla y cualquier otra evidencia relacionada con lo ocurrido. Toda esa información puede resultar fundamental tanto para presentar una denuncia como para iniciar posteriormente una reclamación. Desde Allianz Partners recuerdan además que los consumidores cuentan con derechos ante situaciones como la no recepción de un producto, la utilización indebida de sus datos personales o la información comercial engañosa. Sin embargo, parte de las víctimas termina renunciando a reclamar por desconocimiento, desconfianza o por considerar que el proceso no merece la pena. La prisa, una aliada del fraude La vuelta al cole reúne varios de los ingredientes que buscan los ciberdelincuentes: muchas operaciones económicas concentradas en pocos días, consumidores pendientes de numerosas gestiones y una sensación constante de urgencia. “Los meses de septiembre son especialmente sensibles porque coinciden el aumento del volumen de compras, la urgencia de las familias y unas técnicas de fraude cada vez más sofisticadas”, advierte Paz Tejedor, responsable de Asistencia Jurídica y Defensa Legal en Allianz Partners España. En este escenario, detenerse unos minutos antes de pagar puede convertirse en una medida de ciberseguridad tan importante como cualquier herramienta tecnológica. Comprobar quién solicita el dinero, revisar dónde se está comprando y desconfiar cuando una oferta parece demasiado buena para ser cierta puede marcar la diferencia entre una compra de última hora y una estafa. Porque, en septiembre, preparar la vuelta al cole también significa proteger la cartera —y los datos— frente a quienes intentan aprovecharse de ella.

4 Septiembre 2026

Ciberataque a tres aeropuertos británicos: 8,7 millones de pasajeros quedan expuestos a una nueva oleada de fraude

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Manchester Airports Group, propietario de los aeropuertos de Manchester, London Stansted y East Midlands, ha sufrido un incidente de ciberseguridad que habría comprometido información de millones de clientes. Expertos advierten de que el verdadero peligro puede comenzar ahora: los datos robados podrían alimentar campañas de phishing y suplantación cada vez más personalizadas gracias a la inteligencia artificial. El sector aeroportuario británico vuelve a situarse en el punto de mira de los ciberdelincuentes. Manchester Airports Group (MAG), grupo responsable de los aeropuertos de Manchester, London Stansted y East Midlands, ha sufrido un ciberataque que habría provocado el robo de información correspondiente a aproximadamente 8,7 millones de clientes. Los atacantes llegaron a presentar una exigencia de rescate, aunque MAG habría rechazado realizar el pago. Tras detectar el incidente, el grupo aseguró haber contenido el riesgo y puesto en marcha medidas de protección con el apoyo de especialistas, además de informar y colaborar con las autoridades competentes. Pese a la magnitud del ataque, las operaciones aéreas no se habrían visto afectadas. Sin embargo, el alcance del incidente traslada ahora la preocupación desde la continuidad operativa hacia otro terreno especialmente sensible: qué pueden hacer los ciberdelincuentes con millones de datos personales una vez que están en sus manos. El ataque puede haber terminado, pero el riesgo no Información como direcciones de correo electrónico, números de teléfono, códigos postales o matrículas de vehículos puede parecer menos crítica que unas credenciales bancarias. En manos de un atacante, sin embargo, puede convertirse en la materia prima perfecta para construir fraudes extremadamente convincentes. Mick Leach, Field CISO de Abnormal AI, advierte de que esta información permite contextualizar los intentos de engaño. Un supuesto correo del aeropuerto relacionado con una reserva, un reembolso, el aparcamiento o la matrícula de un vehículo resulta mucho más creíble cuando incorpora datos personales que la víctima reconoce como verdaderos. La llegada de la IA generativa aumenta todavía más este riesgo. Los delincuentes pueden automatizar la creación de mensajes personalizados, adaptar el lenguaje a cada víctima y desplegar campañas de suplantación a gran escala sin renunciar a un elevado nivel de detalle. El incidente demuestra así que la exposición de información no termina cuando una organización consigue contener una intrusión. Puede abrir una segunda fase del ataque, dirigida directamente contra clientes y usuarios. Un fraude de nueve libras puede ser suficiente Otro de los riesgos es que los ciberdelincuentes no tienen por qué utilizar inmediatamente la información obtenida. Gavin Millard, vicepresidente de Inteligencia de Tenable, señala que los atacantes pueden conservar los datos durante meses y esperar hasta que el incidente haya desaparecido de la actualidad. Es entonces cuando un mensaje aparentemente rutinario puede resultar especialmente efectivo. El ejemplo es sencillo: un SMS que reclame una pequeña cantidad por haber excedido el tiempo de estacionamiento en un aeropuerto. Una cifra reducida puede despertar menos sospechas y llevar a la víctima hasta una página de pago fraudulenta. El objetivo real no serían esas pocas libras, sino conseguir los datos de su tarjeta bancaria. Esta estrategia muestra cómo la información robada puede mantener su valor mucho después de producirse una brecha. Para los usuarios afectados, por tanto, la vigilancia no debería limitarse a los días inmediatamente posteriores al incidente. Infraestructuras críticas frente a amenazas que avanzan a “velocidad de máquina” El ataque también vuelve a poner sobre la mesa la presión creciente que soportan las infraestructuras esenciales. Pravesh Kara, director de Cyber Resilience Services de Advania UK, apunta a una creciente diferencia entre la velocidad de las amenazas y la capacidad de respuesta de muchas compañías: mientras numerosas organizaciones continúan operando a ritmos fundamentalmente humanos, la automatización y la IA permiten que determinadas amenazas evolucionen y se ejecuten a una velocidad mucho mayor. En este escenario, la resiliencia deja de poder entenderse únicamente como la capacidad de reaccionar después de un incidente. La anticipación, los planes de contingencia y la preparación previa pasan a ocupar un lugar central. El caso de MAG resulta especialmente significativo porque afecta a una compañía vinculada a infraestructuras que utilizan diariamente miles de personas. Aunque los vuelos hayan continuado funcionando, una brecha de estas dimensiones evidencia que el impacto de un ciberataque puede extenderse mucho más allá de la interrupción inmediata de un servicio. Tecnología, procesos y personas Dhruva Pudel, responsable de Ciberseguridad de Skillcast, señala precisamente que las organizaciones británicas operan en un escenario de amenazas cada vez más hostil y sofisticado. Los atacantes no siempre necesitan vulnerabilidades extraordinariamente complejas para acceder a una organización. Una política mal aplicada, un procedimiento insuficiente o un error humano pueden proporcionar la oportunidad necesaria. Por ello, la inversión tecnológica representa únicamente una parte de la respuesta. La formación continua, unos procedimientos claros y una plantilla capaz de detectar comportamientos sospechosos son elementos fundamentales para construir una verdadera cultura de ciberresiliencia. De la brecha de datos al fraude hiperpersonalizado El incidente de Manchester Airports Group refleja una evolución que preocupa especialmente a los responsables de seguridad: el valor de una brecha ya no puede medirse únicamente por la sensibilidad individual de cada dato robado, sino por la capacidad de combinar diferentes piezas de información para construir identidades digitales cada vez más completas. Una matrícula, un teléfono, un correo electrónico o un código postal pueden parecer datos aislados. Juntos permiten conocer suficiente contexto sobre una persona como para diseñar una comunicación difícil de distinguir de una legítima. Y con la inteligencia artificial reduciendo drásticamente el esfuerzo necesario para personalizar esos mensajes, la escala del problema cambia. Para los cerca de 8,7 millones de clientes potencialmente afectados, la recomendación es clara: extremar las precauciones ante correos electrónicos, SMS o llamadas inesperadas relacionadas con aeropuertos, reservas, aparcamientos, devoluciones o pagos pendientes. Que una comunicación incluya información personal correcta ya no constituye una garantía de autenticidad. El ataque contra MAG deja así una lección que trasciende al sector aeroportuario: contener una brecha puede cerrar la puerta al atacante dentro de la organización, pero no necesariamente pone fin al ataque. Cuando los datos ya han salido, el siguiente objetivo puede ser directamente el usuario.

3 Septiembre 2026

La puerta de la oficina también puede ser una puerta para los ciberdelincuentes

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Lectores, tarjetas, credenciales y plataformas de acceso están cada vez más conectados con las redes corporativas. Esta evolución obliga a las empresas a dejar de tratar la seguridad física y la ciberseguridad como dos mundos separados. Durante años, el control de acceso tuvo una misión relativamente sencilla: decidir quién podía entrar en una oficina, una fábrica o una zona restringida. La digitalización ha cambiado por completo ese escenario. Los sistemas actuales conectan lectores, controladores, credenciales, plataformas de identidad y aplicaciones corporativas, convirtiendo una infraestructura tradicionalmente física en una pieza más del ecosistema tecnológico de las organizaciones. Y eso implica también nuevos riesgos. Genetec advierte de que un sistema de acceso desactualizado, mal configurado o gestionado sin suficientes controles puede convertirse en una nueva superficie de ataque, con consecuencias que pueden saltar del mundo digital al físico. Cuando una credencial vale mucho más que abrir una puerta El problema adquiere especial relevancia en un momento en el que las identidades se han convertido en uno de los principales objetivos del cibercrimen. Según el Global Threat Intelligence Report 2026 de Flashpoint, durante 2025 se sustrajeron 3.300 millones de credenciales procedentes de 11,1 millones de dispositivos infectados. En este contexto, proteger un sistema de control de acceso ya no consiste únicamente en impedir que alguien utilice una tarjeta que no le pertenece. También supone proteger la información que almacena, controlar quién administra la plataforma, cifrar sus comunicaciones, mantener el software actualizado y disponer de visibilidad sobre posibles vulnerabilidades. La consecuencia es clara: la seguridad física empieza a necesitar estándares propios de la ciberseguridad. El problema de los permisos que nadie recuerda retirar La gestión se complica todavía más en grandes organizaciones con múltiples oficinas, empleados que cambian de puesto, trabajadores temporales, proveedores o contratistas. Una persona puede necesitar acceso hoy a una determinada instalación y dejar de necesitarlo dentro de seis meses. Si nadie revisa ese permiso, la credencial puede continuar funcionando mucho después de que haya desaparecido la razón por la que fue concedida. Cuando además cada sede utiliza procedimientos diferentes, resulta mucho más difícil saber quién puede acceder a qué, por qué conserva ese permiso y cuándo fue revisado por última vez. Para reducir este riesgo, Genetec señala la automatización y la estandarización como dos elementos fundamentales. Integrar los sistemas de acceso con las plataformas de Recursos Humanos y gestión de identidades permite, por ejemplo, modificar o retirar permisos cuando cambia la situación laboral o las responsabilidades de una persona. Seguridad física y TI ya no pueden trabajar por separado Esta evolución también está borrando una frontera histórica dentro de las compañías. Los equipos encargados de proteger edificios e instalaciones necesitan colaborar cada vez más con TI, ciberseguridad, compliance y gestión de riesgos. Ya no basta con saber quién puede abrir una puerta: hay que conocer quién concedió ese acceso, bajo qué criterio, durante cuánto tiempo y si la decisión puede auditarse. “A medida que el control de acceso se integra cada vez más con las redes corporativas y las plataformas de gestión de identidades, ya no puede considerarse una infraestructura aislada”, señala Rafael Martín, Sales Director Southern Europe de Genetec. La modernización de estos sistemas, por tanto, va mucho más allá de sustituir tarjetas o instalar lectores más avanzados. Implica aplicar actualizaciones, automatizar permisos, supervisar continuamente la infraestructura y establecer una gobernanza común. Porque en una empresa cada vez más conectada, proteger una puerta también significa proteger la red que hay detrás de ella.

2 Septiembre 2026

Cuatro de cada diez empresas españolas aún operan sin un SOC que supervise su ciberseguridad

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Las organizaciones españolas han reforzado sus herramientas de protección, pero la capacidad para detectar y responder ante los incidentes continúa rezagada. Un estudio de Secure&IT revela que el 40,4% de las empresas analizadas todavía no dispone de un Centro de Operaciones de Seguridad y casi la mitad carece de un plan formal de respuesta ante incidentes. Las empresas españolas cuentan cada vez con más tecnología para proteger sus sistemas, pero disponer de herramientas no garantiza que las amenazas sean detectadas y gestionadas a tiempo. La supervisión continua y la capacidad de reacción siguen siendo dos de las principales asignaturas pendientes de la ciberseguridad corporativa. Así lo refleja el estudio “Estado de la Ciberseguridad en España 2025”, elaborado por Secure&IT, según el cual el 40,4% de las organizaciones consultadas no dispone actualmente de un Centro de Operaciones de Seguridad (SOC). Dentro de este grupo, un 17,4% reconoce no contar con este servicio, mientras que otro 23% todavía no lo tiene operativo, aunque contempla implantarlo próximamente. Entre las compañías que sí han incorporado un SOC también existen importantes diferencias. Un 21,4% mantiene una cobertura parcial, ya sea por limitaciones horarias o porque no supervisa todas sus tecnologías. El 15,2% dispone de un centro propio y únicamente el 23% cuenta con vigilancia 24x7 sobre todo su ecosistema de seguridad. Más herramientas, pero no siempre mayor capacidad de respuesta Los datos muestran una diferencia significativa entre la adopción tecnológica y la capacidad operativa de las organizaciones. El 89,2% dispone de protección para endpoints, el 77,2% utiliza mecanismos de autenticación robusta y el 74,6% ha implantado soluciones avanzadas para proteger el correo electrónico. Además, un 73,6% cuenta con medidas de segmentación o protección de red y el uso de soluciones EDR alcanza ya al 60,8% de las compañías analizadas. Sin embargo, para Secure&IT, el verdadero desafío aparece cuando las alertas generadas por estas tecnologías no pueden analizarse, relacionarse y contextualizarse con suficiente rapidez. El tiempo resulta especialmente crítico ante un incidente. Una detección temprana puede permitir bloquear credenciales comprometidas, aislar equipos o detener comunicaciones sospechosas antes de que el atacante consiga avanzar hacia otros sistemas o acceder a información corporativa. Por el contrario, una supervisión limitada a determinadas franjas horarias puede ampliar el periodo durante el que una amenaza permanece activa sin ser identificada. Casi la mitad no sabe cómo actuar ante un incidente La preparación organizativa representa otra de las principales carencias detectadas. Solo el 51,6% de las organizaciones dispone de un plan de respuesta ante incidentes, lo que deja a un 48,4% sin un procedimiento formal que determine cómo actuar cuando se produce una amenaza. Además, únicamente el 44,2% cuenta con un comité de seguridad encargado de coordinar decisiones, responsabilidades y prioridades durante una crisis. Contar con tecnologías de detección como un SOC o un SIEM resulta más efectivo cuando previamente se han establecido protocolos claros: quién puede ordenar el aislamiento de un sistema, cuándo debe interrumpirse un servicio, qué responsables deben intervenir o cómo comunicar un incidente a clientes, proveedores y autoridades. La madurez en ciberseguridad, por tanto, no depende únicamente de acumular soluciones, sino de conseguir que esas herramientas funcionen de manera coordinada y permitan transformar grandes cantidades de información en decisiones rápidas. La inteligencia artificial entra en el SOC La creciente cantidad de datos y alertas que generan las infraestructuras empresariales también está impulsando la incorporación de inteligencia artificial a los centros de operaciones de seguridad. Las plataformas SIEM centralizan información procedente de diferentes sistemas y permiten relacionar eventos que, analizados individualmente, podrían parecer irrelevantes. La IA amplía esta capacidad al identificar anomalías, buscar relaciones entre señales procedentes de diferentes fuentes y priorizar aquellas alertas que presentan un mayor nivel de riesgo. Entre otros comportamientos, estos sistemas pueden ayudar a detectar accesos inusuales, descargas masivas de información, modificaciones de privilegios o actividades que se alejan del comportamiento habitual de usuarios y dispositivos. También pueden contribuir a reducir falsos positivos y liberar a los analistas de parte del trabajo de clasificación para concentrar sus esfuerzos en los incidentes potencialmente más peligrosos. Secure&IT ha incorporado estas capacidades a su plataforma BigSIEM con el objetivo de acelerar la correlación y contextualización de grandes volúmenes de información y reducir los tiempos de investigación. Los resultados del estudio apuntan así a un cambio de prioridad para las organizaciones: el siguiente paso de la ciberseguridad empresarial no pasa únicamente por desplegar más herramientas, sino por mejorar la capacidad para detectar, interpretar y responder a las amenazas antes de que una alerta termine convirtiéndose en una crisis.

1 Septiembre 2026

José María Álvarez-Pallete prepara una nueva etapa empresarial centrada en telecomunicaciones e inteligencia artificial

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José María Álvarez-Pallete avanza en la construcción de su nueva etapa profesional tras dejar la presidencia de Telefónica. El directivo prepara un proyecto de asesoramiento estratégico especializado en telecomunicaciones, tecnología e inteligencia artificial, un terreno en el que acumula décadas de experiencia y que continúa ocupando buena parte de sus reflexiones sobre el futuro de la economía digital. Para desarrollar esta iniciativa contará con Luis Prendes, exdirector general de Fundación Telefónica. Ambos registraron el pasado mes de abril la sociedad Themis Future, de la que depende Themis Data Group, compañía a través de la que previsiblemente se articulará esta nueva actividad de consultoría. El proyecto permitirá a Álvarez-Pallete trasladar su conocimiento del sector de las telecomunicaciones y de la transformación tecnológica a otras organizaciones, en un momento marcado por el rápido despliegue de la inteligencia artificial y por el debate sobre las infraestructuras necesarias para sostener su crecimiento. Una nueva etapa tras Telefónica Desde su salida de Telefónica, Álvarez-Pallete ha ido configurando una nueva cartera de responsabilidades profesionales. En los últimos meses se ha incorporado a diferentes órganos asesores y empresariales, entre ellos los de Bupa, SEAT y la compañía de software Glow, además de continuar vinculado como patrono a Fundación “la Caixa”. La puesta en marcha de su propia firma supone, sin embargo, un paso diferente: pasar de participar como asesor en distintas organizaciones a desarrollar una estructura propia desde la que ofrecer conocimiento estratégico a empresas vinculadas fundamentalmente al ecosistema tecnológico. Esta evolución profesional conecta, además, con algunas de las reflexiones que Álvarez-Pallete ya nos adelantó durante su visita al videopodcast Código Fuente, donde compartió su visión sobre el profundo cambio tecnológico que están experimentando las empresas y sobre el papel que tendrán las telecomunicaciones ante la nueva generación de inteligencia artificial: https://youtu.be/rAmiNAMRhoM?si=QwIr24lQlaLjCU0B La infraestructura de telecomunicaciones, pieza clave para la IA Uno de los ámbitos en los que Álvarez-Pallete está poniendo especialmente el foco es precisamente la relación entre inteligencia artificial, redes de telecomunicaciones y capacidad de computación. El crecimiento de la IA está multiplicando las necesidades de procesamiento y, con ellas, el consumo energético y de agua asociado a los grandes centros de datos. Frente a un modelo basado exclusivamente en trasladar enormes cantidades de información hasta grandes infraestructuras cloud, el exdirectivo de Telefónica defiende aprovechar de manera más eficiente las capacidades ya desplegadas por las operadoras. Las redes de telecomunicaciones han evolucionado hasta convertirse en grandes infraestructuras de computación distribuida. La expansión del 5G ha llevado capacidad de procesamiento cada vez más cerca de los usuarios, abriendo la puerta a modelos en los que determinadas cargas de inteligencia artificial puedan ejecutarse de manera más próxima al lugar donde se generan los datos. Este planteamiento permitiría reducir desplazamientos innecesarios de información, mejorar los tiempos de respuesta y optimizar el consumo de recursos, además de aprovechar infraestructuras que ya cuentan con sistemas de energía, refrigeración y conectividad. IA, redes y eficiencia: un mercado por explorar La combinación de estas tecnologías abre una nueva oportunidad para las compañías de telecomunicaciones. En lugar de limitar su papel al transporte de datos, las redes podrían convertirse en una pieza activa de la infraestructura necesaria para desplegar aplicaciones y agentes de inteligencia artificial a gran escala. Es precisamente en esta intersección entre telecomunicaciones, computación distribuida, inteligencia artificial y estrategia empresarial donde el nuevo proyecto de Álvarez-Pallete y Prendes puede encontrar uno de sus principales espacios de actividad. Una apuesta que refleja también una transformación más amplia del sector: a medida que la IA gana autonomía y capacidad de actuación dentro de las organizaciones, la discusión deja de centrarse únicamente en los modelos y algoritmos para extenderse a cuestiones como dónde se procesa la información, quién controla la infraestructura, cuánto cuesta operarla y cómo hacer sostenible su crecimiento. La nueva etapa de José María Álvarez-Pallete comienza así estrechamente ligada al mismo terreno que marcó buena parte de su trayectoria al frente de Telefónica: anticipar cómo las redes y la tecnología pueden responder al próximo gran salto de la economía digital.

27 Agosto 2026

La identidad criptográfica gana protagonismo para proteger a los agentes de IA en las empresas

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Palo Alto Networks presenta una nueva propuesta de seguridad que asigna una identidad verificable a cada agente inteligente para reforzar la confianza en los entornos de IA empresarial La rápida expansión de los agentes de inteligencia artificial está obligando a las organizaciones a replantear sus estrategias de ciberseguridad. A medida que estos sistemas adquieren mayor autonomía para acceder a aplicaciones, consultar datos corporativos o ejecutar procesos sin intervención humana, la gestión de su identidad se perfila como uno de los grandes desafíos de la IA empresarial. Con este escenario de fondo, Palo Alto Networks ha anunciado nuevas capacidades en Idira, su plataforma de seguridad de identidad de nueva generación, diseñada para dotar a cada agente de IA de una identidad de máquina única, temporal y verificable mediante criptografía. El objetivo es garantizar que cada acción ejecutada por un agente pueda asociarse de forma inequívoca a una identidad autenticada. La IA autónoma cambia las reglas de la seguridad Los agentes inteligentes representan un salto respecto a los asistentes de IA tradicionales. Además de generar contenido o responder consultas, pueden tomar decisiones, coordinar tareas con otros agentes y operar directamente sobre aplicaciones y servicios empresariales. Este nuevo modelo plantea retos que los mecanismos de autorización convencionales no estaban diseñados para resolver. Tecnologías ampliamente utilizadas, como OAuth, fueron concebidas para autenticar usuarios o aplicaciones tradicionales, pero resultan insuficientes cuando son los propios agentes quienes actúan de forma autónoma dentro de la infraestructura corporativa. En este contexto, la prioridad ya no consiste únicamente en autorizar una acción, sino en verificar con precisión qué agente la está ejecutando. Credenciales expuestas y exceso de privilegios Entre los principales riesgos asociados a la IA agéntica destacan la exposición de claves API o credenciales almacenadas en archivos de configuración, la falta de mecanismos que permitan validar criptográficamente la identidad real de los agentes y la asignación de permisos excesivos para evitar interrupciones en los flujos de trabajo. Estas prácticas aumentan la superficie de ataque y dificultan la trazabilidad de las operaciones realizadas por sistemas inteligentes. Identidades efímeras para reforzar la confianza La propuesta de Palo Alto Networks se apoya en el estándar abierto SPIFFE (Secure Production Identity Framework for Everyone), que permite asignar a cada agente una identidad criptográfica única y de corta duración. Gracias a este enfoque, cada agente puede demostrar su identidad, acreditar el entorno en el que se está ejecutando y validar las condiciones bajo las que ha sido autorizado antes de acceder a recursos corporativos. Según explica la compañía, este modelo reduce la dependencia de credenciales permanentes, limita el riesgo de filtraciones y facilita el seguimiento de la actividad del agente incluso cuando opera entre diferentes proveedores cloud, infraestructuras locales o entornos híbridos. La identidad se convierte en el nuevo perímetro de seguridad El crecimiento de la inteligencia artificial autónoma está desplazando el foco de la ciberseguridad desde la protección exclusiva de redes y dispositivos hacia la gestión de identidades digitales. En organizaciones donde convivirán cientos o incluso miles de agentes inteligentes colaborando entre sí, garantizar que cada uno pueda demostrar de forma criptográfica quién es antes de acceder a datos, aplicaciones o servicios será un requisito esencial para desplegar la IA de forma segura. La evolución de estos modelos confirma una tendencia que gana cada vez más peso entre los responsables de ciberseguridad: en la era de la inteligencia artificial, la identidad deja de ser un simple mecanismo de autenticación para convertirse en el nuevo perímetro sobre el que se construye la confianza digital.

24 Agosto 2026

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