ESG
Fernando Maldonado, «Software verde: codificando un futuro más limpio».
El software verde ha pasado rápidamente de ser un concepto innovador, a convertirse en una tendencia clave en la industria tecnológica. Gigantes como Salesforce han demostrado que optimizar el código a través de iniciativas como su programa "Green Code" puede reducir significativamente su impacto ambiental. Este enfoque integra la sostenibilidad en cada decisión, desde la estructura del código hasta la selección de servicios en la nube, considerando la huella de carbono como un criterio tan importante como el rendimiento o la usabilidad.
Para avanzar en este nuevo paradigma, lo primero es tomar conciencia del problema medioambiental y adoptar una nueva mentalidad. Esto implica romper con la inercia de muchos años en el desarrollo de software y abordarlo con una perspectiva integral. Por ejemplo, al iniciar un proyecto, incluir criterios de eficiencia energética al elegir el lenguaje de programación. Esto significa que el impacto medioambiental entra antes incluso de que se implante el software. Está en el propio germen de los proyectos. No es una decisión disruptiva, ya que sostenibilidad, ahorro de costes y rendimiento suelen estar alineados. Sin embargo, en algunos casos será necesario hacer concesiones.
La Green Software Foundation, lanzada por Microsoft y Accenture, se ha convertido en un referente del nuevo paradigma. Entre otras cosas, trabajan en la estandarización de prácticas sostenibles en el desarrollo de software y cuentan con un conjunto de principios que ayudan a obtener una visión holística de esta nueva disciplina. Estos son un buen punto de partida para que los desarrolladores comiencen a trabajar de una forma distinta. A continuación, unas breves pinceladas para presentar cada uno de los seis principios:
Eficiencia en carbono: emitir la menor cantidad posible de carbono. Se trata de construir aplicaciones que, teniendo las mismas funcionalidades, sean más eficientes en términos de carbono.
Eficiencia en electricidad: usar la menor cantidad de energía posible. Un buen punto de partida es plantearse preguntas como cuál es la relación entre la energía consumida y la utilización del software.
Conciencia del carbono: utilizar más fuentes de energía renovables y menos fuentes contaminantes. Buscar flexibilidad para balancear los consumos de energía según la disponibilidad de fuentes.
Eficiencia en hardware: usar hardware que incorpore la menor cantidad de carbono. Consiste en alargar la vida útil y maximizar el uso del hardware para compensar las emisiones en su fabricación y evitar generar nuevos residuos.
Medición: utilizar métricas que ayuden a mejorar. Solo se puede gestionar lo que se puede medir. Las métricas de impacto permiten identificar ineficiencias y evaluar progresos.
Compromisos climáticos: entender y definir objetivos concretos para la reducción de carbono puede facilitar el avance. No es necesario reinventar la rueda, basta con utilizar las mejores prácticas existentes en el mercado.
Estos principios representan una nueva forma de pensar y actuar. Una manera de rediseñar las aplicaciones desde sus cimientos. Cada vez más empresas, como Amadeus, están adoptando la filosofía del software verde. Estas nuevas lentes, también permiten mirar a la tecnología heredada para identificar ineficiencias y llevar a cabo medidas correctivas. Por ejemplo, cualquier CIO encontrará en su cartera de aplicaciones muchas que hacen llamadas “a lo loco” a múltiples recursos externos. Corregirlo, además de hacer su infraestructura más sostenible, vendrá acompañado de una reducción de un coste que es absurdo mantener.
Ninguna empresa puede ignorar la nueva realidad. La industria tecnológica es parte tanto del problema como de la solución del desafío medioambiental. El software no solo “se come el mundo”, también ayuda a calentarlo y contaminarlo. Algo que la industria tecnológica quiere evitar. Pero, como dice Asim Hussain, director ejecutivo de la Green Software Foundation, “como ingenieros de software verde, nuestro objetivo es implementar el cambio”. Es decir, el mandato tiene que venir de otro lado.
La dirección de la empresa será la encargada de marcar el rumbo. Afortunadamente, cada vez más organizaciones siguen la estela que van dejando los líderes del mercado. Al fin y al cabo, no solo se trata de asumir una responsabilidad ética, también es una decisión estratégica que apuesta por un crecimiento sostenible a largo plazo.
Fernando Maldonado, Analista
7 Octubre 2024