Opinión
Se dice de las nuevas generaciones, los conocidos como generación Zeta o incluso de los millennials, que son débiles, vagos, e impacientes. Que no se esfuerzan, que se quejan demasiado, y que carecen de la paciencia necesaria para ver los frutos del esfuerzo. En numerosas ocasiones me descubro a mí misma asintiendo y coincidiendo con muchos compañeros del sector, en lo difícil que es hoy en día contratar jóvenes que tengan ganas de comprometerse, de trabajar horas extra cuando toca, y de dar un poco más de lo que se espera de ellos. Hoy me gustaría con este artículo romper una lanza en su favor, e intentar entenderles. Y si me permitís, incluso aprender a inspirarlos. Sin duda hablamos de la generación más preparada en la historia de este país. Los jóvenes que más oportunidades han tenido en términos educativos, y con un acceso sin límites a la tecnología que hoy domina nuestras vidas y nuestros negocios. Tienen una agilidad tecnológica de la que nosotros careceremos, una capacidad para encontrar soluciones a los problemas digitales, que nos asombra, dominan idiomas y no sólo humanos. El mundo digital es la extensión de su vida real, a través de él conectan con sus amigos, juegan (o ven jugar), o aprenden (son autodidactas en temas que les interesan). Han disfrutado de un periodo de paz y estabilidad duradero, una vida “fácil” podrían decir algunos, de crecimiento económico y de transformación de país, pero también han pasado por crisis económicas, y superado el Covid y el confinamiento. Los estudios dicen que la clave de esta generación es su necesidad de tener un propósito. Una encuesta de Deloitte nos muestra que el 84% de ellos consideran que el propósito de su organización es esencial para su satisfacción laboral, y que están dispuestos a rechazar oportunidades laborales que no estén en línea con sus valores. Valoran el tener líderes con alta inteligencia emocional, que demuestren empatía y cuidado. Pero vivimos en organizaciones empresariales donde en el día a día se priorizan los objetivos financieros a corto plazo, y aunque haya un esfuerzo en las compañías por mostrar propósito, la desconexión entre lo que se hace en el día a día y el marketing general es en muchos casos demasiado grande para ellos. ¿Qué tenemos que hacer como líderes para conectar con esta generación, para atraer ese talento y habilidades tan necesarias, y para que una vez dentro, se sientan comprometidos, trabajen con ganas y muestren su mejor versión? Tenemos necesariamente que transformarnos. Nuestra misión ya no es sólo planificar el trabajo, vigilar indicadores y asegurar la entrega de resultados. Ahora además tenemos que conseguir mostrar a nuestros equipos cuál es el impacto que logramos todos, como equipo, cuando todo esto se consigue. Tenemos que ser capaces de demostrarles, por difícil que sea, que con lo que hacemos cada día, estamos ayudando poco a poco a materializar estos valores por los que decimos que estamos luchando. Una vez acudí a una charla de Mario Alonso Puig que visibilizaba esto con maestría. Allí nos puso un ejemplo de su vida de cirujano, cuando en una ocasión se acercó al personal de la limpieza, para agradecer el trabajo tan meticuloso que hacían en los quirófanos. Gracias a su labor, entre otras, los pacientes se sometían a esa situación de riesgo y no salían enfermos de allí. Contribuían así, a salvar su vida. Qué manera más hermosa pensé, de mostrarle a alguien su propósito, y la enorme capacidad que podemos tener todos, por pequeña que parezca nuestra labor, de generar impacto. Y esta habilidad maravillosa de inspirar con propósito es la que tenemos que desarrollar los líderes de hoy. Entender los valores y principios que nos guían, a nivel personal y de empresa, y mostrárselos al equipo. Dedicar tiempo a pequeñas actividades que los acerquen al porqué hacemos lo que hacemos: ir a las tiendas, a las fábricas, a los call centers, hablar con los clientes o con las comunidades que reciben de alguna manera el impacto de lo que hacemos. Aprender de la experiencia, e introducir cambios en nuestro día a día, para que ese impacto sea, cada día, un poquito mejor. Demostrar que el movimiento se demuestra andando, que vivimos esos valores y que nuestras decisiones son acordes a ellos. Inspirar, en una palabra, a estos jóvenes a cambiar y mejorar nuestras empresas, y con ello, a seguir cambiando el mundo. Si creen en lo que hacemos, nada tendrá más fuerza ni más poder de hacerlo. Se dice de las nuevas generaciones, los conocidos como generación Zeta o incluso de los millennials, que son débiles, vagos, e impacientes. Que no se esfuerzan, que se quejan demasiado, y que carecen de la paciencia necesaria para ver los frutos del esfuerzo. En numerosas ocasiones me descubro a mí misma asintiendo y coincidiendo con muchos compañeros del sector, en lo difícil que es hoy en día contratar jóvenes que tengan ganas de comprometerse, de trabajar horas extra cuando toca, y de dar un poco más de lo que se espera de ellos. Hoy me gustaría con este artículo romper una lanza en su favor, e intentar entenderles. Y si me permitís, incluso aprender a inspirarlos. Sin duda hablamos de la generación más preparada en la historia de este país. Los jóvenes que más oportunidades han tenido en términos educativos, y con un acceso sin límites a la tecnología que hoy domina nuestras vidas y nuestros negocios. Tienen una agilidad tecnológica de la que nosotros careceremos, una capacidad para encontrar soluciones a los problemas digitales, que nos asombra, dominan idiomas y no sólo humanos. El mundo digital es la extensión de su vida real, a través de él conectan con sus amigos, juegan (o ven jugar), o aprenden (son autodidactas en temas que les interesan). Han disfrutado de un periodo de paz y estabilidad duradero, una vida “fácil” podrían decir algunos, de crecimiento económico y de transformación de país, pero también han pasado por crisis económicas, y superado el Covid y el confinamiento. Los estudios dicen que la clave de esta generación es su necesidad de tener un propósito. Una encuesta de Deloitte nos muestra que el 84% de ellos consideran que el propósito de su organización es esencial para su satisfacción laboral, y que están dispuestos a rechazar oportunidades laborales que no estén en línea con sus valores. Valoran el tener líderes con alta inteligencia emocional, que demuestren empatía y cuidado. Pero vivimos en organizaciones empresariales donde en el día a día se priorizan los objetivos financieros a corto plazo, y aunque haya un esfuerzo en las compañías por mostrar propósito, la desconexión entre lo que se hace en el día a día y el marketing general es en muchos casos demasiado grande para ellos. ¿Qué tenemos que hacer como líderes para conectar con esta generación, para atraer ese talento y habilidades tan necesarias, y para que una vez dentro, se sientan comprometidos, trabajen con ganas y muestren su mejor versión? Tenemos necesariamente que transformarnos. Nuestra misión ya no es sólo planificar el trabajo, vigilar indicadores y asegurar la entrega de resultados. Ahora además tenemos que conseguir mostrar a nuestros equipos cuál es el impacto que logramos todos, como equipo, cuando todo esto se consigue. Tenemos que ser capaces de demostrarles, por difícil que sea, que con lo que hacemos cada día, estamos ayudando poco a poco a materializar estos valores por los que decimos que estamos luchando. Una vez acudí a una charla de Mario Alonso Puig que visibilizaba esto con maestría. Allí nos puso un ejemplo de su vida de cirujano, cuando en una ocasión se acercó al personal de la limpieza, para agradecer el trabajo tan meticuloso que hacían en los quirófanos. Gracias a su labor, entre otras, los pacientes se sometían a esa situación de riesgo y no salían enfermos de allí. Contribuían así, a salvar su vida. Qué manera más hermosa pensé, de mostrarle a alguien su propósito, y la enorme capacidad que podemos tener todos, por pequeña que parezca nuestra labor, de generar impacto. Y esta habilidad maravillosa de inspirar con propósito es la que tenemos que desarrollar los líderes de hoy. Entender los valores y principios que nos guían, a nivel personal y de empresa, y mostrárselos al equipo. Dedicar tiempo a pequeñas actividades que los acerquen al porqué hacemos lo que hacemos: ir a las tiendas, a las fábricas, a los call centers, hablar con los clientes o con las comunidades que reciben de alguna manera el impacto de lo que hacemos. Aprender de la experiencia, e introducir cambios en nuestro día a día, para que ese impacto sea, cada día, un poquito mejor. Demostrar que el movimiento se demuestra andando, que vivimos esos valores y que nuestras decisiones son acordes a ellos. Inspirar, en una palabra, a estos jóvenes a cambiar y mejorar nuestras empresas, y con ello, a seguir cambiando el mundo. Si creen en lo que hacemos, nada tendrá más fuerza ni más poder de hacerlo. Laura Iglesias, Head of Cyber Security European Markets en Vodafone y Vocal del Consejo Asesor de CyberLideria
31 Marzo 2025
Opinión
Nuestra identidad ya no se limita al mundo físico. Cada interacción digital, desde un comentario en redes hasta una transacción bancaria, construye nuestra huella en Internet. Durante años, la ciberseguridad se ha visto como un tema de empresas y gobiernos. Se habla de ataques a bancos, filtraciones de datos y amenazas a la seguridad nacional. Pero esa percepción debe cambiar. Hoy, los ataques no van solo contra grandes organizaciones, sino contra personas como tú y yo. Nuestra identidad digital es un objetivo valioso, y suplantarla puede tener consecuencias graves en nuestras finanzas, reputación y vida personal. La ciber-resiliencia personal es la mejor respuesta ante esta realidad. No podemos depender solo de empresas o leyes para protegernos. En algún momento, alguien intentará engañarnos, robar nuestras credenciales o suplantarnos. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo y cómo reaccionaremos. Nuestra capacidad de resistir, responder y recuperarnos marcará la diferencia entre un simple susto y una crisis mayor. El robo de identidad ha evolucionado. Antes, los delincuentes usaban documentos falsificados o llamadas telefónicas básicas. Ahora, la inteligencia artificial (IA) ha hecho estos fraudes más sofisticados. Con deepfake, es posible clonar voces y generar videos hiperrealistas de personas diciendo cosas que nunca dijeron. Se han registrado casos donde los delincuentes han imitado la voz de ejecutivos para autorizar transferencias millonarias. Pero no solo afecta a empresas: han aparecido llamadas falsas de familiares pidiendo ayuda, mensajes de supuestos amigos solicitando dinero o correos perfectamente redactados por IA haciéndose pasar por nuestro banco. No se trata solo de perder dinero. Un ataque puede hacernos perder el acceso a nuestro correo, redes sociales y otras cuentas esenciales. Nuestra vida digital está interconectada. Si un atacante toma el control de una cuenta, en minutos puede acceder a muchas más. Con solo entrar en un correo personal, puede restablecer contraseñas, leer comunicaciones privadas o incluso extorsionarnos. Por eso, es tan importante que cada persona refuerce su ciber-resiliencia. Proteger nuestra identidad digital ya no es solo una cuestión técnica de expertos en seguridad, es una necesidad cotidiana, como cerrar la puerta con llave al salir de casa. Pequeños cambios en nuestros hábitos pueden marcar la diferencia. Usar contraseñas únicas y robustas, activar la autenticación en dos pasos y ser escépticos ante mensajes sospechosos son medidas simples pero efectivas. Antes de hacer clic en un enlace dudoso, pensemos: "¿Es legítimo?". La información que compartimos en línea también juega un papel clave. Todo lo que publicamos en redes sociales puede ser usado en nuestra contra. Si mostramos nuestras rutinas, ubicaciones o datos personales, facilitamos a los atacantes la información que necesitan para engañarnos de manera convincente. Antes de publicar detalles sobre nuestra vida, preguntemos: "¿Es necesario compartir esto?". Afortunadamente, la misma tecnología que facilita los ataques también puede ayudarnos a defendernos. La inteligencia artificial se usa para detectar patrones sospechosos y bloquear fraudes antes de que ocurran. Sin embargo, estas herramientas solo son efectivas si los usuarios también colaboramos en nuestra protección. El problema no es solo la existencia de ataques, sino nuestra falta de reacción rápida. Si detectamos actividad sospechosa en nuestras cuentas, debemos actuar de inmediato. Cambiar contraseñas, alertar a las entidades afectadas y revisar accesos recientes puede evitar daños mayores. También es importante denunciar los incidentes, no solo para resolver el problema personal, sino para ayudar a prevenir que otros sean víctimas del mismo engaño. La ciber-resiliencia es un desafío personal que debemos asumir. Cada uno de nosotros debe tomar las riendas de su protección digital, desarrollar hábitos seguros y prepararse para responder ante incidentes. En este mundo digital, nuestra identidad es uno de nuestros bienes más valiosos, y nadie la defenderá mejor que nosotros mismos. Toni García, Líder de CyberLideria Cataluña.
2 Marzo 2025
Opinión
El burnout digital, una epidemia invisible que afecta a miles de personas en todo el mundo, ha emergido como una de las consecuencias más notorias de la era tecnológica. Este fenómeno, que inicialmente fue asociado con el agotamiento laboral, se ha expandido al ámbito digital, involucrando el uso excesivo de dispositivos electrónicos y la constante conexión a internet. El burnout digital es una forma de agotamiento mental y físico derivado de la sobreexposición a la tecnología, que va más allá del estrés convencional, afectando la capacidad de una persona para desconectarse y recuperar su bienestar. En España, la situación es particularmente preocupante: según el estudio Global Workforce of the Future 2023 elaborado por el grupo Adecco, 7 de cada 10 personas que trabajan han experimentado síntomas de burnout. Vivimos en un mundo hiperconectado donde los correos electrónicos, redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas de trabajo en línea ocupan un espacio central en nuestras vidas. Esta conectividad permanente, que en su inicio fue vista como una ventaja, ha resultado ser una de las principales causas de estrés crónico. Las personas se ven presionadas a estar disponibles 24/7, lo que genera una sensación constante de responsabilidad y urgencia. Las interrupciones frecuentes a través de notificaciones y la necesidad de responder inmediatamente a mensajes pueden llevar a una fatiga cognitiva intensa, afectando tanto la productividad como la salud mental. El burnout digital no solo se manifiesta en el ámbito profesional, sino también en el personal. Las redes sociales, por ejemplo, son un terreno fértil para la comparación constante y la búsqueda de validación, lo que genera una presión emocional adicional. Pasar horas frente a una pantalla, ya sea para trabajar o para navegar en plataformas sociales, hace que el cerebro esté en un estado constante de sobrecarga. Esta sobrecarga disminuye la capacidad de concentración, fomenta la procrastinación y, con el tiempo, puede dar paso a problemas de ansiedad y depresión. Una de las principales características del burnout digital es que, a diferencia de otras formas de agotamiento, suele ser invisible. Las personas que lo padecen a menudo no son conscientes de sus efectos hasta que los síntomas son tan intensos que ya es difícil de ignorar. Los dolores de cabeza frecuentes, el insomnio, la irritabilidad, la sensación de no tener tiempo para uno mismo y la falta de motivación son algunos de los primeros indicadores. Sin embargo, debido a la normalización de la conexión constante y la productividad ilimitada, es fácil ignorar o minimizar estos signos. Para contrarrestar esta epidemia invisible, es fundamental fomentar una cultura de desconexión y autocuidado digital. Establecer límites claros sobre el uso de dispositivos, hacer pausas regulares durante las horas de trabajo, y practicar técnicas de relajación como la meditación o el mindfulness son algunas estrategias eficaces. Asimismo, las empresas deben ser conscientes de la importancia de permitir que sus empleados tengan tiempo para descansar y recuperarse de la sobrecarga tecnológica, creando ambientes laborales que promuevan el bienestar y el equilibrio entre la vida personal y profesional. En este contexto, la prevención del burnout digital se ha convertido en una prioridad para muchas organizaciones y gobiernos. En España, algunas empresas ya están adoptando medidas para mitigar este fenómeno, como la implementación de políticas de desconexión digital o la promoción de entornos de trabajo híbridos, que permiten a los empleados organizar mejor sus tiempos y evitar la saturación digital. Sin embargo, para que estas acciones tengan un impacto real y sostenible, es necesario un enfoque más amplio y coordinado. Las políticas públicas y las iniciativas empresariales deben ir de la mano para sensibilizar a los trabajadores sobre los riesgos del burnout digital y fomentar un cambio cultural que valore el equilibrio entre la vida laboral y personal. Es fundamental que tanto el sector privado como el público continúen desarrollando estrategias para ofrecer a los trabajadores en España un entorno laboral saludable, donde la tecnología se utilice de manera eficiente, pero sin comprometer la salud mental y física de las personas. La prevención y la educación en torno al burnout digital serán claves para enfrentar este reto y garantizar que los trabajadores puedan desempeñarse de forma plena y saludable en un mundo cada vez más digitalizado. Chief Information Security Officer (CISO) en PreZero
3 Febrero 2025
Opinión
En un mundo hiperconectado, la ciberseguridad se ha convertido en una preocupación primordial. Acompañemos a Javier, un profesional que, como muchos, vive rodeado de tecnología. Desde que se levanta hasta que se acuesta, cada acción que realiza está impregnada de riesgos que pueden tener consecuencias desastrosas. Este artículo explora su día a día y las amenazas que enfrenta, resaltando la necesidad urgente de concienciación y formación en materia de ciberseguridad. Mañana: Conectividad y Vulnerabilidades Despertando en un Hogar Inteligente Javier se despierta en su hogar lleno de dispositivos inteligentes: luces, termostatos y asistentes virtuales conectados a Internet. Sin embargo, el 60% de estos dispositivos tienen vulnerabilidades de seguridad. ¿Sabías que el 50% de los usuarios nunca cambia las contraseñas predeterminadas? Recomendación:Actualizar los dispositivos inteligentes y minimizar su exposición a Internet. Cambiar las contraseñas por defecto y activar la autenticación de dos factores siempre que sea posible. Desayuno y Noticias Mientras disfruta de su desayuno, Javier revisa las noticias en su tablet. Sin darse cuenta, navega por sitios no seguros, exponiéndose a malware. Según un informe de 2023, el 85% de los ataques de ciberseguridad comienzan en una página web comprometida. Recomendación: Utilizar navegadores que ofrezcan protección contra sitios maliciosos y mantener el software actualizado. Mediodía: Correo y Redes Sociales Consultando el Correo Después de desayunar, Javier abre su bandeja de entrada. En su afán por mantenerse al día, recibe un correo que parece ser de su banco, pidiéndole que actualice su información. Este es un intento de phishing, que ha aumentado un 600% en el último año. Recomendación: Siempre acceder a la cuenta bancaria a través del sitio web oficial y no a través de enlaces en correos electrónicos y nunca falicitar datos personales por ningúna vía no oficial. Redes Sociales: Un Riesgo Constante Durante su almuerzo, Javier se sumerge en las redes sociales. Al hacerlo, comparte sin pensar sus pensamientos y fotos. Pero, ¿sabías que el 54% de los usuarios no ajusta sus configuraciones de privacidad? Esto puede resultar en la exposición de información sensible. Recomendación: Configurar adecuadamente las opciones de privacidad y ser consciente de lo que se comparte en línea. Tarde: Amenazas Físicas y Digitales Un USB Desconocido Al regresar de su almuerzo, Javier encuentra un USB en el suelo de la oficina (con un fichero en su interior llamado nominas_2025.pdf). Sin pensarlo, lo conecta a su ordenador. Este es un riesgo real: el 70% de las infecciones de malware se producen a través de dispositivos USB no seguros. Recomendación: Nunca conectar dispositivos desconocidos y utilizar software de seguridad para escanear los dispositivos antes de acceder a ellos. SMS Fraudulentos Más tarde, recibe un SMS que dice haber ganado un premio. Este es otro intento de fraude, ya que el 45% de los usuarios caen en este tipo de estafas. Recomendación: Nunca responder a mensajes de números desconocidos y eliminar cualquier comunicación sospechosa (nadie regala nada). Noche: Actividades y Nuevos Riesgos Gimnasio y Coche Inteligente Después del trabajo, Javier se dirige al gimnasio y utiliza su smartwatch para rastrear su actividad. Sin embargo, muchos wearables envían datos sin cifrado, exponiendo su información personal. Además, al montar en su coche inteligente, puede estar en riesgo: el 75% de los coches conectados tienen al menos una vulnerabilidad. Recomendación: Investigar las opciones de seguridad de los dispositivos y mantener el software actualizado. Wi-Fi en la Cafetería Mientras cena en una cafetería, Javier se conecta a la red Wi-Fi pública. El 40% de los usuarios no sabe que sus datos pueden ser interceptados. Recomendación: Utilizar una VPN para cifrar la conexión y proteger su información personal. Escaneando un Código QR Antes de salir, escanea un código QR en un cartel promocional. Sin embargo, el 32% de los códigos QR pueden dirigir a sitios maliciosos. Recomendación: Verificar la seguridad del enlace antes de abrirlo con aplicaciones que analicen códigos QR. Formación y Concienciación La ciberseguridad no es solo responsabilidad de las empresas; cada individuo debe estar informado y preparado. Para ello, existen recursos gratuitos donde Javier y otros pueden formarse en ciberseguridad: INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad): Ofrece cursos gratuitos en línea sobre diversas temáticas de ciberseguridad, desde la protección de datos hasta la seguridad en dispositivos móviles. Conclusión: La Seguridad es de Tod@s y para Tod@s A lo largo de un solo día, Javier se enfrenta a múltiples amenazas de ciberseguridad que podrían comprometer su seguridad personal y profesional. Cada interacción digital, desde la navegación web hasta el uso de dispositivos inteligentes, presenta riesgos que no deben ser ignorados. En un entorno donde la tecnología avanza a pasos agigantados, la concienciación y la formación en ciberseguridad son más cruciales que nunca. No podemos permitir que la comodidad de la tecnología nos haga vulnerables. Es hora de actuar, educarnos y proteger nuestro ciber-estilo de vida. ¿Estás listo para tomar el control de tu seguridad digital? La formación es el primer paso hacia un futuro más seguro. Gonzalo Asensio Global CISO de Bankinter y Miembro del Consejo Asesor de CyberLideria.
7 Enero 2025
Opinión
Federico Flórez, Consejero Independiente. La tecnología ha explosionado y está presente en la sociedad y en todos los procesos de negocio. Las nuevas generaciones la usan desde niños para aprender o jugar. La inteligencia artificial por fin está aquí, gracias a la inmensa capacidad de cálculo y hay un incremento exponencial en data centres, que harán posible la explotación exponencial de los datos. Habrá muchas y nuevas aplicaciones de IA, las herramientas y tecnologías ya están disponibles y mejorarán. Con todo esto, el dato se ha convertido en un activo estratégico en todos los sectores. El software cuántico ya está llegando, así como el hardware. Estamos en una nueva era, la digital. Todo ha cambiado y esto requiere nuevas formas de gestión. La mayoría de las empresas están en búsqueda de una transformación digital para optimizar y generar nuevos negocios que les permita competir. La búsqueda de eficiencia y diferenciarse frente a los competidores, es un objetivo de todos. En este entorno, el factor crítico va a ser la gestión del talento. Va a haber un gap en años, entre la demanda y la oferta y deberemos implantar políticas de nuevas búsquedas y retención del talento. Va a ser tan importante la búsqueda, como el ser capaces de retener al personal. De nada sirve reclutar, si el entorno no satisface a los empleados y se marchan. Aunque hemos de prever rotaciones mayores de personal. Hemos de proveer un entorno atractivo para atraer talento con políticas de desarrollo profesional que generen ilusión. Se busca un trabajo que genere interés y esté a un nivel tecnológico alto. Incluso en algunos procesos, como puede ser la ciberseguridad, se buscarán startups para integrarlas tan solo por la cualificación del personal de las mismas. Para ello hay que posibilitar integrar equipos enteros de trabajo. En mi opinión, deberíamos cambiar los elementos de rendimiento y pago a los empleados, basados en presupuestos anuales, que no son los ciclos que tendremos en esta era digital. La gestión por presupuestos en todos los ámbitos de la empresa hay que reinventarla y es crítica en los recursos humanos. Habrá que hacer un ejercicio de imaginación cada uno aplicado a su negocio, pues habrá carreras que no existen aún. El diseño de puestos y carreras se hace bien difícil, pero habrá que hacer apuestas de las previsiones que podamos hacer e ir preparando el desarrollo y reclutamiento para no llegar tarde en la búsqueda. La diversidad y variedad de perfiles profesionales es necesario en la creación de equipos de trabajo en este nuevo entorno. Hoy en día que las personas, sobre todo las más jóvenes, demandan flexibilidad en su puesto de trabajo, habrá que cuidar aún más la gestión de los soft skills que nos permitan trabajar en entornos más distribuidos, menos jerárquicos y con una gestión más consensuada que antes. La formación permanente es crucial. La tecnología y gestión del puesto de trabajo debe ser máxima pero segura. Las funciones de recursos humanos deberán modernizarse, ser más ambiciosos en sus planteamientos y usar herramientas de inteligencia artificial en sus procesos. La gestión ha de cambiar. Se han de automatizar ciertos procesos y explotar los datos de forma más inteligente previendo patrones de comportamiento en ciertos procesos. La formación digital, y en particular, en ciberseguridad debe existir para todos los empleados de la empresa, hay que cambiar la cultura y la capacidad de formarse. Unos tiempos apasionantes, donde por fin, será una realidad que el activo más importante de las empresas son sus empleados y, por tanto, la gestión del talento en esta era digital se hace crítica. Federico Flórez, Consejero Independiente.
2 Diciembre 2024
Opinión
El humanismo digital se refiere a la integración de valores humanos en la tecnología y su desarrollo, centrando el bienestar de las personas en el corazón de la era digital. Este enfoque busca asegurar que el avance tecnológico respalde los valores éticos y humanitarios, como la dignidad, la equidad, y la libertad, evitando que la tecnología se convierta en una herramienta deshumanizadora. Principios Clave del Humanismo Digital 1. Ética y Responsabilidad: El humanismo digital enfatiza la necesidad de un marco ético en la creación y uso de tecnologías. Esto implica que las empresas y desarrolladores deben considerar los posibles impactos negativos de sus productos y actuar con responsabilidad para mitigar riesgos, como la privacidad y la seguridad de los datos personales. 2. Inclusión y Accesibilidad: Busca reducir la brecha digital y asegurar que todos, independientemente de su ubicación, edad o condición socioeconómica, tengan acceso a las ventajas de la tecnología. La tecnología debe diseñarse para ser accesible y comprensible para todos, fomentando una sociedad más equitativa. 3. Humanización de la Interacción: Este enfoque aboga por una tecnología que favorezca la comunicación y la colaboración, y que potencie las habilidades humanas. Por ejemplo, el uso de inteligencia artificial en la salud puede mejorar el diagnóstico y el tratamiento, pero siempre con la supervisión humana para asegurar el bienestar del paciente. 4. Sostenibilidad: El humanismo digital también considera el impacto ambiental de las tecnologías. Promueve la creación de soluciones que minimicen el uso de recursos y la generación de residuos, ayudando a construir un futuro más sostenible. 5. Fomento del Pensamiento Crítico: En un mundo digital saturado de información, el humanismo digital promueve la educación y el pensamiento crítico. Se busca que los usuarios sean capaces de discernir información veraz de la desinformación, fomentando un uso responsable de la tecnología. Retos y Futuro del Humanismo Digital El humanismo digital enfrenta desafíos significativos, como la rápida evolución de la inteligencia artificial, la automatización, y los problemas de privacidad en un mundo cada vez más conectado. Sin embargo, el enfoque humanista aspira a utilizar estos mismos avances tecnológicos para resolver problemas sociales y mejorar la calidad de vida de las personas, integrando la tecnología con empatía y ética. En resumen, el humanismo digital es un enfoque que sitúa a las personas en el centro de la transformación digital, promoviendo un uso responsable y consciente de la tecnología para construir una sociedad más justa y sostenible.
4 Noviembre 2024
Opinión
Los problemas complejos tienen soluciones complejas y eso ocurre con la ciberseguridad, que no depende sólo ni de sistemas, ni de procesos, ni de personas sino de la interacción de todo a la vez. Es un ecosistema vivo que evoluciona y sobre el que hay que intervenir en movimiento. Los que nos dedicamos a la ciberseguridad sabemos lo difícil y lo satisfactorio que es. Entre las variables más sensibles y complejas están la cultura y el liderazgo. Para comprender cómo ambas contribuyen a una ciberseguridad más robusta, es necesario repasar previamente las características organizativas y habilidades individuales que describen las dos seguridades que rigen cualquier organización: Seguridad Reglada la que intenta anticiparse a las situaciones ya previstas y que se basa en gestionar riesgos conocidos. Una de las claves es la disciplina organizativa basada en normas y procedimientos, donde la organización ejerce una gran supervisión y control y en la que el aprendizaje está basado en el entrenamiento y el análisis profundo de los incidentes y cuasi incidentes. Seguridad Gestionada, cuyo objetivo es afrontar los imprevistos y ello requiere agentes con una gran autonomía, en los que la organización ejerce poca o nula supervisión y control, donde existen normas generales y orientativas. Se gestionan situaciones en las que es clave la autoridad del experto, donde las jerarquías no constriñen. Se valora la iniciativa, y el aprendizaje está basado en experiencias que suelen ser únicas. La experiencia ha demostrado que dos de las mayores fragilidades organizativas son la consciencia de que la falta de incidentes serios se debe a la robustez del sistema y que de forma paulatina y sin que la organización sea realmente consciente se normalicen los riesgos inaceptables. Conscientes de ello, surge la necesidad de responder a las siguientes preguntas, ¿cómo se interviene en estas situaciones? ¿Cómo se lucha contra la complacencia organizativa? ¿Cómo una organización alcanza las características propias de aquellas altamente fiables? La respuesta a todo está en el fomento de una Cultura y liderazgo en ciberseguridad. La cultura de seguridad es un conjunto de maneras de hacer y pensar, ampliamente compartidas por los actores de una organización en todo lo relativo al control de los principales riesgos de la actividad. Esta cultura, refleja la influencia de la cultura organizacional sobre las prácticas y pensamientos que afectan la seguridad. Para fortalecer ambos aspectos, individual y organizativo, es necesario un compromiso de la empresa por reconducir la tendencia a simplificar las explicaciones, asumir el compromiso con la resiliencia organizativa, fomentar la capacidad para convivir con situaciones que son incómodas, prepararse para lo inesperado y saber gestionarlo, desarrollar la capacidad para dar respuestas rápidas, mantener la preocupación por el error, admitirlo y buscar cómo evitarlo y por desarrollar estructuras que hagan frente a lo inesperado con independencia de la jerarquía habitual. Para que una organización colectivamente admita la vulnerabilidad y se organice para trabajar sobre las cuestiones anteriores, además de promover una cultura robusta en ciberseguridad, debe fomentar un liderazgo individual, entendido como promover la capacidad de una persona para movilizar a un equipo en torno a la seguridad e influir en el comportamiento de los demás. Algunas de estas características requieren aspectos innatos puesto que ser influyente, es independiente del nivel jerárquico que cada uno ostenta. Tiene que ver con cómo te perciben los demás y cómo de alineados están el discurso y la acción. Pero, sin duda, hay otras cualidades que se pueden adquirir, trabajar y entrenar. Un líder en ciberseguridad debe fomentar un liderazgo participativo, generar un ambiente de diálogo no punitivo, fomentar la proactividad y tener una gran capacidad para trabajar en equipo, que según mi experiencia, se traduce en tener humildad contextual para aceptar que no lo sabemos todo y que necesitamos de los demás, curiosidad para acercarse de forma honesta a lo que surja que le permita comprender lo que acontece, capacidad para integrar todas las visiones afectadas y disposición sincera para aprender y asumir riesgos. La Cultura de Seguridad es responsabilidad de todos y todos debemos ayudar a nuestras organizaciones a fomentar estos valores individual y colectivamente que supondrán virtudes que contribuirán a mantener empresas más sanas y viables, en aspectos más allá de la ciberseguridad. Esther Mateo Directora General de Seguridad, Procesos y Sistemas Corporativos en ADIF
15 Julio 2024
Opinión
Hace exactamente 40 años, un escritor y director novel, un tal James Cameron, filmó una película futurista en el que un robot que se asemejaba a un ser humano, interpretado también por un actor poco conocido, viajaba al pasado con la misión de eliminar a una persona, supuestamente anodina pero que estaba destinada a convertirse en la madre del líder de la resistencia contra las máquinas en un futuro distópico. Era una IA (Inteligencia Artificial) super avanzada la líder de esas máquinas que habían prácticamente diezmado a la población mundial y buscaba aniquilar toda posible resistencia eliminando el foco de la misma. Esta película de 1984, llamada “Terminator”, dirigida por James Cameron e interpretada por Linda Hamilton y Arnold Schwarzenegger, planteaba uno de los planteamientos de la ciencia ficción clásica en el que una inteligencia artificial al tomar conciencia de sí misma inmediatamente identifica al ser humano como enemigo y busca eliminarlo de la faz de la tierra, como el homo sapiens hizo con el Neanderthal en su momento, asegurándose la preeminencia de la especie. La ciencia ficción presenta a veces ciertos paradigmas y premisas, que, aún basados en la fantasía, tienen su raíz en la ciencia, incluso grandes divulgadores científicos como Isaac Asimov han recurrido a la ciencia ficción para dar rienda suelta a la imaginación y plantear teorías que aún no pueden ser demostradas, pero que no por ello puedan dejar de ser menos ciertas o reales. Alguien dijo que la magia, es sólo tecnología que aún no conocemos. En este mundo cambiante, frenético y voraz, que genera tecnología a pasos agigantados, estamos empezando a vivir una época dorada de la tecnología en el que la IA es sólo la punta del iceberg, una tecnología que nos va a permitir crear y perfeccionar más tecnología y romper ciertas barreras que hasta hace relativamente poco pensábamos que no podrían romperse nunca. Por ello estamos en un momento crucial en el que todos aquellos que estamos relacionados con el mundo de la tecnología debemos parar a respirar y pensar como queremos convivir con estas nuevas si serán herramientas al servicio de la humanidad o por el contrario seremos esclavos de la raza robot siendo perseguidos hasta ser aniquilados. La ética es el arma de la humanidad para ganar esta batalla. Todos los profesionales relacionados con la tecnología debemos intentar aplicar los más altos estándares de ética en el diseño, desarrollo y despliegue de estas herramientas en nuestros entornos laborales y personales, buscando proteger en todo momento la información, aquello que tiene el valor, ya sea personal o perteneciente a nuestras organizaciones. A medida que la Inteligencia Artificial (IA) avanza rápidamente y se integra en diversos dominios, la ciberseguridad emerge como un campo crítico que lidia tanto con los beneficios como con los riesgos de las tecnologías de IA. Debemos explorar las dimensiones multifacéticas de los ciberataques impulsados por la IA y ofrecer información sobre sus implicaciones, estrategias de mitigación, motivaciones subyacentes y profundos impactos sociales. La investigación debería centrarse en desarrollar un marco de gobierno que incluya las distintas dimensiones de Ciberseguridad para la IA que contenga un esquema integral y multidimensional diseñado para guiar a académicos, formuladores de políticas y profesionales de la industria en la comprensión y la lucha contra los desafíos cambiantes que plantean las ciber amenazas impulsadas por la IA. A su vez, la situación actual revela la compleja dinámica de la IA ofensiva, destacando la necesidad de defensas adaptativas contra las amenazas adversas de la IA y exige medidas proactivas para abordar sus posibles ramificaciones a la vez de las consideraciones éticas. Se necesita con urgencia disponer de enfoques interdisciplinarios para salvar el abismo entre tecnología y humanidad que tradicionalmente se observa en los debates sobre ciberseguridad y un marco de gobierno adecuado e integrado para la comprensión holística y las intervenciones prácticas en el panorama de la ciberseguridad infundido por la IA. Protejamos a la madre de la resistencia… Jesús Mérida CISO Iberia
15 Julio 2024
Opinión
La resiliencia es la capacidad de una organización para absorber y adaptarse a cambios y perturbaciones, manteniendo sus funciones esenciales y recuperándose rápidamente. Cuando hablamos de resiliencia digital o ciberresiliencia, solemos referirnos a la capacidad de una organización para hacer frente a un ciberataque, minimizando la duración y el impacto del incidente. Esta resiliencia digital se suele abordar mediante lo que los expertos en ciberseguridad llaman “Disaster Recovery”, que consiste en tener un plan (copias de seguridad, nubes alternativas, CPDs redundantes, etc.) para recuperar los datos y la funcionalidad de los sistemas de información en el menor tiempo posible. Pero el menor tiempo posible no siempre es igual al menor tiempo aceptable para que algunos procesos especialmente críticos estén parados. Y en estos casos es necesario tener un Plan B. Es lo que de toda la vida se ha llamado plan de continuidad de negocio, pero que, en el caso de una disrupción debida a un ciberataque, a menudo se confunde con el “Disaster Recovery Plan”. Sin embargo, el plan de continuidad de negocio, como su propio nombre indica, es una responsabilidad del negocio, que no puede quedarse de brazos cruzados durante una pérdida de los sistemas de información, esperando a que el equipo técnico termine de restaurar los datos y los sistemas. No en el caso de aquellos ámbitos que resulten especialmente críticos. Veamos un ejemplo práctico aplicado a nuestra vida personal. Hoy en día, tenemos una enorme dependencia del móvil para todo. Es donde tenemos nuestra agenda, los datos de contacto de nuestros colaboradores, nuestras fotos favoritas o los teléfonos móviles de nuestros hijos. Por eso nos insisten tanto en la importancia de tener un “backup” del móvil en la nube, así podremos recuperar los datos en caso de un incidente; es nuestro “Disaster Recovery Plan”. Pero imaginemos que estamos fuera de casa y nos quedamos sin móvil. ¿Cuántos hemos sentido esa sensación de angustia existencial? Las fotos las podremos recuperar más tarde, pero ¿y el número de teléfono al que tenías que llamar o la dirección a la que tenías que acudir en un rato? Y es que no solemos tener un Plan B. Algo tan sencillo como sabernos de memoria o llevar apuntados en la cartera los teléfonos o datos más importantes para nosotros. La verdadera resiliencia digital requiere que, para los ámbitos más críticos para la sociedad, exista una alternativa no digital (analógica o manual) para salir del paso mientras los equipos técnicos recuperan los sistemas de información y/o comunicaciones. Los negocios que son fundamentalmente digitales y que se han enfrentado a algún incidente que ha paralizado sus sistemas han descubierto por las malas la diferencia entre el Disaster Recovery y la continuidad de negocio, y la importancia de involucrar a los responsables del negocio en sus planes de ciberseguridad. Sin embargo, para los negocios eminentemente físicos (industriales), la resiliencia operativa no es nueva. Hace tiempo que los procesos críticos cuentan con un diseño resiliente (redundancia y eliminación de puntos de fallo simple) y con un plan de continuidad para hacer frente a fallos mecánicos, incendios, eventos climáticos, sabotajes, etc. Por ese motivo, cuando se produce un incidente grave en el mundo físico, solemos escuchar que la causa ha sido el fallo consecutivo o simultáneo de varios sistemas de seguridad. En este ámbito, la ciberresiliencia requiere justo la aproximación contraria a la del sector digital: hay que incorporar los nuevos escenarios de riesgo derivados de la dependencia digital a los procesos de resiliencia existentes, involucrando en los planes de continuidad de negocio a los expertos de ciberseguridad. En todo caso, para aquellos ámbitos especialmente críticos, siempre que sea posible, deberíamos tener prevista (y ensayada) una alternativa no digital para hacer frente a una potencial caída de los sistemas y/o comunicaciones. De momento, sigue habiendo profesionales en activo que recuerdan cómo se hacían las cosas cuando no había internet, pero no por mucho tiempo... ¿Seremos capaces de asegurar una adecuada transferencia de este conocimiento a las nuevas generaciones nativas digitales que nunca han conocido un mundo donde la tecnología y los dispositivos conectados a internet no fuesen una parte integral de su vida? Rosa Kariger Directora Global de Prospectiva de Seguridad de Iberdrola Presidenta del Consejo Asesor de CyberLideria
15 Julio 2024
Opinión
Como ingeniero naval no me resisto a comparar la ciberseguridad con un barco. Estando navegando en el mar se tiene una sensación intranquila cuando se acerca la tormenta. Nos lo avisan y tomamos precauciones, repasas el barco, contrastas la información que tienes con externos, hablas con los otros tripulantes y tratas de predecir la situación a la que te vas a enfrentar con intranquilidad pero sabiendo que actuarás para lo que viene. El futuro de la ciberseguridad nos crea intranquilidad y nos hace prepararnos para un futuro con riesgos ciertos. Cuando eres consejero tratas de vigilar los riesgos por la solvencia y la estabilidad con buen gobierno y gestión. Para ello cuidas de las tres líneas de defensa contra la ciberseguridad, y examinas y controlas la regulación. Estamos en un momento de intensa regulación, Europa se convierte en esto, como en otras cosas, en un ente líder de desarrollo de normas y procedimientos. Vienen años de mucho trabajo para cumplir con las normas. Pienso que es motivo para reforzar no solo los perfiles internos, sino la composición de los consejos. Debe existir al menos algún consejero que haya tenido la gestión de la ciberseguridad bajo sus responsabilidades. Los ataques de ciberseguridad van a aumentar exponencialmente y se van a ver apoyados con mejores herramientas, la inteligencia artificial se usará para el diseño, predicción y gestión del ataque. Nosotros hemos de utilizar igualmente algoritmos y herramientas que nos permitan ser resilientes. La computación cuántica tardará algunos años en ser utilizable a nivel empresarial, que nos permitirá hacer simulaciones y explotar algoritmos en otra dimensión, pero el software cuántico, corriendo en entornos actuales sí está aquí en poco tiempo, este software permitirá eliminar barreras de forma sencilla y pondrá a la luz datos hoy protegidos. ¿Tenemos los procedimientos adecuados contra este evento real? ¿Tenemos los conocimientos y colaboradores externos necesarios para el software cuántico? Debemos probar y adquirir talento en estos momentos para prepararnos para esta circunstancia. Hemos de partir de la hipótesis que hemos sido atacados y que debemos gestionar la crisis para volver a la normalidad en la gestión de los procesos y procedimientos. La gestión de una crisis debe probarse regularmente y vigilar porqué los procesos nos permiten restaurar la situación y gestionarla de forma correcta. La comunicación interna y externa es crítica. La colaboración público privada y la transparencia en la gestión de los incidentes debe ser total, incluyendo a nuestros clientes y el consejo debe velar por ello. El consejo debe formarse en ciberseguridad, en la regulación que viene de forma periódica y debe exigir que la formación de todos y cada uno de los empleados sea la necesaria y frecuente en cada ejercicio. Regularicemos las revisiones de las políticas y gestión ciber en el consejo y aseguremos que el CEO y el comité de dirección se sientan los responsables de ello, facilitando los recursos precisos en las tres líneas de defensa y siguiendo las directrices que identifique el CISO, el auténtico conocedor y apoyo para la empresa. El CISO se convierte en un directivo crítico, debe tener capacidad, recursos y gobernanza suficiente para hacer su trabajo de forma independiente, y orquestar los procedimientos y gestiones precisas. Cuando estemos en la tormenta, si no hemos podido evitarla, que es lo más prudente, y se rompa una vela, la solución no es cargarse la pala del timón (al CISO), sino que el patrón (el CEO), maneje la caña del timón de forma adecuada para que el resto de las velas y el casco nos ayuden a salir de la crisis. Repasemos en puerto los daños, reparemos y reforcemos la tripulación y el barco para nuestro próximo incidente. Feliz singladura. Federico Flórez Consejero Independiente
15 Julio 2024
Opinión
“Los tallos rectos y rígidos de la junquera no evocan el sinuoso camino del canon. Sería más bien el río, que cambia, serpea, dibuja meandros, se llena y se vacía, pero sigue ahí y parece siempre el mismo que canta su inagotable estrofa, pero con distinta agua.” El infinito en un junco Irene Vallejo Según los expertos transitamos por un paisaje cada vez más incierto. Hemos pasado de las siglas VUCA a las no menos abrumadoras BANI. De lo volátil (volatile) a lo frágil y quebradizo (brittle). Y el proceso de digitalización en el que todas las organizaciones estamos inmersas también contribuye, y mucho, a acentuar esas incómodas condiciones del contexto. Los objetivos siguen siendo los mismos, la continuidad de la actividad, de las operaciones, pero a través de tácticas mejoradas, adaptadas a los nuevos tiempos. No tiene sentido concentrarse en construir una fortaleza medieval con foso y cocodrilos. Porque el enemigo entrará o, simplemente, alguna princesa enamorada caerá en la tentación de lanzar una escala desde el torreón a su enamorado. Todo lo que está conectado es potencialmente vulnerable a un ciberataque. Y en cualquier entidad, y cada vez más, todo está conectado. Y no sólo en el Departamento de TI. Desde los móviles de los empleados a los sistemas de televigilancia o los controles remotos de refrigeración, todo está conectado ergo todo es superficie de ataque. El objetivo, por tanto, no es ser invulnerable, sino flexible y resiliente como un junco que ante los embates del viento se inclina y vuelve inmediatamente a erguirse sin daño alguno. También la regulación sobre seguridad lo ha entendido así. Las últimas normas europeas ya no hablan de ciberseguridad sino de resiliencia operativa. La Directiva NIS2 y CER, el Reglamento DORA…, todas estas normas aluden a la resiliencia cada vez con más frecuencia y menos sobre ciberseguridad. Tanto es así que “The Information Commissioner’s Office” en su documento del Reino Unido “Guide to NIS” llega a afirmar que la Directiva NIS no es una norma sobre ciberseguridad. “NIS está dirigida primordialmente a mejorar la ciberseguridad, pero no es en sí misma una norma sobre ciberseguridad. Se refiere a “cualquier incidente” que tenga un impacto en un servicio, cuando dicho impacto produce un efecto disruptivo significativo. Eso incluye los impactos de causas “no-ciber”, por ejemplo, cortes de suministro eléctrico o desastres naturales, como inundaciones”. Encontramos aquí otro de los objetivos de la seguridad en la actualidad: minimizar el impacto de los ciberincidentes pero también de cualquier incidente, tenga el origen que tenga (ciber o físico). Entramos así en el concepto de seguridad integral. Pero esto mejor lo dejamos para otro artículo. Por ahora concentrémonos en ser juncos. Maite Arcos Directora General ESYS y Miembro del Consejo Asesor de CyberLideria “Guide to NIS report”: https://ico.org.uk/media/for-organisations/the-guide-to-nis-1-1.pdf
15 Julio 2024
Opinión
¿Te imaginas el impacto que la Inteligencia Artificial puede tener en el mundo que conocemos? Creo que todos nos hemos hecho esta pregunta de una forma más o menos directa en el último año y medio desde la irrupción de OPEN AI y la Inteligencia Artificial Generativa en nuestras vidas. Buena parte de los profesionales nos encontramos ya emprendiendo iniciativas de IA en nuestros Negocios, hablando de nuevos casos de uso, aprendizaje, prompting, alucinaciones, LLMs, … La Inteligencia Artificial está ya empezando a modificar los procesos en nuestras organizaciones y nuestra vida personal. Todos tenemos claro que se trata de una oportunidad única y completamente decisiva de transformación, y que es un proceso “no opcional”, ya que la adopción de la IA será masiva en los próximos meses y años, y no es posible no adoptarla o desaprovecharla. En el ámbito de la Ciberseguridad, mucho se ha hablado en los últimos meses a nivel global, en nuestra propia comunidad de CISOs y en general de expertos en Ciberseguridad en España ya hay mucho material, procesos, controles, normativa, casos de uso de aplicación, y en general, muchos “topics” desarrollados alrededor de la Inteligencia Artificial. Y queda mucho por hacer. Simplificando lo que se “cuece”, se habla mucho de una “IA buena” y de una “IA mala”, y todo lo que hay alrededor de como transformaremos las Operaciones de Ciberseguridad, la Ciberinteligencia y los procesos de gobernanza con la aplicación de la IA, pero también como responderemos a la nuevas Ciberamenazas derivadas del uso masivo de esta tecnología disruptiva en el Cibercrimen. Sin embargo, creo que omitimos también reflexiones sobre cómo quedará el propio rol del CISO, y ya no solo esto, sino como deberá ser el CISO de un futuro basado en Inteligencia Artificial. Y es que los CISOs no somos algo “estanco” o aislado de lo que está pasando alrededor. Esta irrupción y transformación de los Negocios y la Sociedad, también nos impacta a cómo somos, y dejará un perfil de CISO que sin duda alguna será bastante diferente del actual. En definitiva, derivado de cómo será ese nuevo mundo (sobre el que se ha escrito mucho), este nuevo entorno en el que nos movamos los CISOs tras la adopción masiva de la IA, debemos preguntarnos, ¿cómo deberemos interactuar desde la Comunidad de Profesionales de Ciberseguridad con ese mundo? Y, en definitiva, ¿cuáles son las características que deberá tener el CISO del mundo IA? Me he atrevido a reflexionar sobre algunas de las habilidades o capacidades que deberá tener ese “CISO de la era IA”: La primera de ellas para mí es la Agilidad. El nuevo CISO va a tener que incorporarse de forma acelerada a numerosos trenes en marcha y poner en funcionamiento a velocidad de vértigo nuevas iniciativas propias, en medio de esta transformación radical. Tenemos forzosamente que cambiar nuestros paradigmas de gobernanza, y cambiar enérgicamente nuestros tiempos de respuesta a nuestras organizaciones. En medio de un mundo mucho más incierto, será vital para nuestras compañías la reacción rápida, y eso también implica a los procesos de Ciberseguridad. Es hora de cambiar principios que creíamos inamovibles, buscar la simplicidad en todo lo que hacemos, en especial en los procesos más “core” de Ciberseguridad, y empezar a integrar estos procesos en las dinámicas de las organizaciones en pleno proceso de cambio, salir de todo tipo de silos organizativos e integrarnos en los equipos que están llevando a cabo la transformación IA. En segundo lugar, el CISO deberá desarrollar un carácter Inspiracional en sus actuaciones. Debemos convertirnos en uno de los referentes claros del proceso de transformación en nuestras compañías. Hemos de aumentar el reconocimiento de nuestra función de Ciberseguridad como palanca del cambio y no como impedimento del mismo. Solo dando a nuestras organizaciones una imagen de liderazgo e inspirando el cambio en los demás, seremos capaces de establecer la cultura de la Ciberseguridad de forma intrínseca al proceso de transformación IA. El CISO del futuro deberá ser un líder inspiracional para su equipo y para la organización, convirtiéndose en referencia de la transformación. El tercero para mí es la iniciativa, convertida casi en “aventura”. Hace años escuché en una conferencia en directo en USA al gran Steve Farber, fundador del Extreme Leadership Institute. En ella hablaba del “Pursue the “oh shit” momment”. Básicamente, se trata de que busquemos ese desafío en el que te embarcas y en algún momento dices: “en qué lío me he metido”. Pues bien, creo que otro aspecto fundamental en el CISO de esta nueva era, será su capacidad de emprender desafíos de cambio agresivos de forma muy proactiva. Se trata de eliminar el miedo y la prudencia ante el cambio, para darse cuenta qué sólo conseguiremos las mejores cuotas de Ciberseguridad en este nuevo entorno si somos completamente líderes en la transformación. Es más, y aunque parezca una paradoja, si arriesgamos y nos embarcamos en la transformación que supone la IA como auténticos emprendedores, conseguiremos un mundo nuevo probablemente mejor preparado para la seguridad cibernética que el mundo previo al 2022. Agilidad, inspiración, iniciativa. Creo profundamente que estos rasgos formarán parte de los skills de los CISOs triunfadores en la nueva era IA. No podemos cambiar en unos pocos días, pero tenemos que ser rápidos en hacerlo o perderemos un tren que, probablemente, nunca vuelva a pasar. Creo que esta es una reflexión de la que no debemos huir la comunidad de Ciberseguidad, y los CISOs en particular, y es como será nuestro rol y como seremos los profesionales Ciber en esta nueva era, que ya se nos echa encima. Jesús Sánchez López CISO Naturgy
15 Julio 2024
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