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31 Marzo 2025
Laura Iglesias «Liderar con propósito. La clave para atraer talento»

Se dice de las nuevas generaciones, los conocidos como generación Zeta o incluso de los millennials, que son débiles, vagos, e impacientes. Que no se esfuerzan, que se quejan demasiado, y que carecen de la paciencia necesaria para ver los frutos del esfuerzo. En numerosas ocasiones me descubro a mí misma asintiendo y coincidiendo con muchos compañeros del sector, en lo difícil que es hoy en día contratar jóvenes que tengan ganas de comprometerse, de trabajar horas extra cuando toca, y de dar un poco más de lo que se espera de ellos. Hoy me gustaría con este artículo romper una lanza en su favor, e intentar entenderles. Y si me permitís, incluso aprender a inspirarlos.

Sin duda hablamos de la generación más preparada en la historia de este país. Los jóvenes que más oportunidades han tenido en términos educativos, y con un acceso sin límites a la tecnología que hoy domina nuestras vidas y nuestros negocios. Tienen una agilidad tecnológica de la que nosotros careceremos, una capacidad para encontrar soluciones a los problemas digitales, que nos asombra, dominan idiomas y no sólo humanos. El mundo digital es la extensión de su vida real, a través de él conectan con sus amigos, juegan (o ven jugar), o aprenden (son autodidactas en temas que les interesan).

Han disfrutado de un periodo de paz y estabilidad duradero, una vida “fácil” podrían decir algunos, de crecimiento económico y de transformación de país, pero también han pasado por crisis económicas, y superado el Covid y el confinamiento.

Los estudios dicen que la clave de esta generación es su necesidad de tener un propósito. Una encuesta de Deloitte nos muestra que el 84% de ellos consideran que el propósito de su organización es esencial para su satisfacción laboral, y que están dispuestos a rechazar oportunidades laborales que no estén en línea con sus valores. Valoran el tener líderes con alta inteligencia emocional, que demuestren empatía y cuidado. Pero vivimos en organizaciones empresariales donde en el día a día se priorizan los objetivos financieros a corto plazo, y aunque haya un esfuerzo en las compañías por mostrar propósito, la desconexión entre lo que se hace en el día a día y el marketing general es en muchos casos demasiado grande para ellos.

¿Qué tenemos que hacer como líderes para conectar con esta generación, para atraer ese talento y habilidades tan necesarias, y para que una vez dentro, se sientan comprometidos, trabajen con ganas y muestren su mejor versión?

Tenemos necesariamente que transformarnos. Nuestra misión ya no es sólo planificar el trabajo, vigilar indicadores y asegurar la entrega de resultados. Ahora además tenemos que conseguir mostrar a nuestros equipos cuál es el impacto que logramos todos, como equipo, cuando todo esto se consigue. Tenemos que ser capaces de demostrarles, por difícil que sea, que con lo que hacemos cada día, estamos ayudando poco a poco a materializar estos valores por los que decimos que estamos luchando.

Una vez acudí a una charla de Mario Alonso Puig que visibilizaba esto con maestría. Allí nos puso un ejemplo de su vida de cirujano, cuando en una ocasión se acercó al personal de la limpieza, para agradecer el trabajo tan meticuloso que hacían en los quirófanos. Gracias a su labor, entre otras, los pacientes se sometían a esa situación de riesgo y no salían enfermos de allí. Contribuían así, a salvar su vida. Qué manera más hermosa pensé, de mostrarle a alguien su propósito, y la enorme capacidad que podemos tener todos, por pequeña que parezca nuestra labor, de generar impacto.

Y esta habilidad maravillosa de inspirar con propósito es la que tenemos que desarrollar los líderes de hoy. Entender los valores y principios que nos guían, a nivel personal y de empresa, y mostrárselos al equipo. Dedicar tiempo a pequeñas actividades que los acerquen al porqué hacemos lo que hacemos: ir a las tiendas, a las fábricas, a los call centers, hablar con los clientes o con las comunidades que reciben de alguna manera el impacto de lo que hacemos. Aprender de la experiencia, e introducir cambios en nuestro día a día, para que ese impacto sea, cada día, un poquito mejor. Demostrar que el movimiento se demuestra andando, que vivimos esos valores y que nuestras decisiones son acordes a ellos.

Inspirar, en una palabra, a estos jóvenes a cambiar y mejorar nuestras empresas, y con ello, a seguir cambiando el mundo. Si creen en lo que hacemos, nada tendrá más fuerza ni más poder de hacerlo.

Se dice de las nuevas generaciones, los conocidos como generación Zeta o incluso de los millennials, que son débiles, vagos, e impacientes. Que no se esfuerzan, que se quejan demasiado, y que carecen de la paciencia necesaria para ver los frutos del esfuerzo. En numerosas ocasiones me descubro a mí misma asintiendo y coincidiendo con muchos compañeros del sector, en lo difícil que es hoy en día contratar jóvenes que tengan ganas de comprometerse, de trabajar horas extra cuando toca, y de dar un poco más de lo que se espera de ellos. Hoy me gustaría con este artículo romper una lanza en su favor, e intentar entenderles. Y si me permitís, incluso aprender a inspirarlos.

Sin duda hablamos de la generación más preparada en la historia de este país. Los jóvenes que más oportunidades han tenido en términos educativos, y con un acceso sin límites a la tecnología que hoy domina nuestras vidas y nuestros negocios. Tienen una agilidad tecnológica de la que nosotros careceremos, una capacidad para encontrar soluciones a los problemas digitales, que nos asombra, dominan idiomas y no sólo humanos. El mundo digital es la extensión de su vida real, a través de él conectan con sus amigos, juegan (o ven jugar), o aprenden (son autodidactas en temas que les interesan).

Han disfrutado de un periodo de paz y estabilidad duradero, una vida “fácil” podrían decir algunos, de crecimiento económico y de transformación de país, pero también han pasado por crisis económicas, y superado el Covid y el confinamiento.

Los estudios dicen que la clave de esta generación es su necesidad de tener un propósito. Una encuesta de Deloitte nos muestra que el 84% de ellos consideran que el propósito de su organización es esencial para su satisfacción laboral, y que están dispuestos a rechazar oportunidades laborales que no estén en línea con sus valores. Valoran el tener líderes con alta inteligencia emocional, que demuestren empatía y cuidado. Pero vivimos en organizaciones empresariales donde en el día a día se priorizan los objetivos financieros a corto plazo, y aunque haya un esfuerzo en las compañías por mostrar propósito, la desconexión entre lo que se hace en el día a día y el marketing general es en muchos casos demasiado grande para ellos.

¿Qué tenemos que hacer como líderes para conectar con esta generación, para atraer ese talento y habilidades tan necesarias, y para que una vez dentro, se sientan comprometidos, trabajen con ganas y muestren su mejor versión?

Tenemos necesariamente que transformarnos. Nuestra misión ya no es sólo planificar el trabajo, vigilar indicadores y asegurar la entrega de resultados. Ahora además tenemos que conseguir mostrar a nuestros equipos cuál es el impacto que logramos todos, como equipo, cuando todo esto se consigue. Tenemos que ser capaces de demostrarles, por difícil que sea, que con lo que hacemos cada día, estamos ayudando poco a poco a materializar estos valores por los que decimos que estamos luchando.

Una vez acudí a una charla de Mario Alonso Puig que visibilizaba esto con maestría. Allí nos puso un ejemplo de su vida de cirujano, cuando en una ocasión se acercó al personal de la limpieza, para agradecer el trabajo tan meticuloso que hacían en los quirófanos. Gracias a su labor, entre otras, los pacientes se sometían a esa situación de riesgo y no salían enfermos de allí. Contribuían así, a salvar su vida. Qué manera más hermosa pensé, de mostrarle a alguien su propósito, y la enorme capacidad que podemos tener todos, por pequeña que parezca nuestra labor, de generar impacto.

Y esta habilidad maravillosa de inspirar con propósito es la que tenemos que desarrollar los líderes de hoy. Entender los valores y principios que nos guían, a nivel personal y de empresa, y mostrárselos al equipo. Dedicar tiempo a pequeñas actividades que los acerquen al porqué hacemos lo que hacemos: ir a las tiendas, a las fábricas, a los call centers, hablar con los clientes o con las comunidades que reciben de alguna manera el impacto de lo que hacemos. Aprender de la experiencia, e introducir cambios en nuestro día a día, para que ese impacto sea, cada día, un poquito mejor. Demostrar que el movimiento se demuestra andando, que vivimos esos valores y que nuestras decisiones son acordes a ellos.

Inspirar, en una palabra, a estos jóvenes a cambiar y mejorar nuestras empresas, y con ello, a seguir cambiando el mundo. Si creen en lo que hacemos, nada tendrá más fuerza ni más poder de hacerlo.

Laura Iglesias, Head of Cyber Security European Markets en Vodafone y Vocal del Consejo Asesor de CyberLideria

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