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16 Julio 2026
523 metros bajo el hielo: la Antártida abre una ventana a 23 millones de años de historia

Un equipo internacional ha recuperado un núcleo de sedimentos de 228 metros bajo la Antártida occidental. El registro podría revelar cómo reaccionó el hielo polar a antiguos periodos cálidos y ofrecer nuevas pistas sobre su futuro en un planeta que sigue calentándose.

Para entender qué puede ocurrir con la Antártida en el futuro, un grupo de científicos ha decidido mirar millones de años hacia atrás.

Bajo 523 metros de hielo, en uno de los lugares más remotos de la Antártida occidental, un equipo internacional ha recuperado un extraordinario archivo geológico que podría conservar hasta 23 millones de años de historia climática.

El hallazgo forma parte del proyecto internacional SWAIS2C (Sensitivity of the West Antarctic Ice Sheet to 2°C), una iniciativa científica que investiga cómo respondió la capa de hielo de la Antártida occidental durante anteriores periodos de calentamiento.

La misión ha permitido extraer un núcleo de sedimentos de 228 metros de longitud, formado por sucesivas capas de barro, arena y materiales rocosos acumulados a lo largo de millones de años. Cada una de ellas funciona como una página de un gigantesco archivo natural.

Y algunas de esas páginas ya están contando una historia sorprendente.

Perforar el presente para llegar al pasado

La operación se desarrolló en Crary Ice Rise, una región situada a cientos de kilómetros de los principales centros habitados y en uno de los entornos más extremos del planeta.

Para alcanzar los sedimentos ocultos bajo la masa de hielo, el equipo tuvo que abrir primero un conducto atravesando 523 metros de hielo. Una vez alcanzada la base, los investigadores pudieron acceder al material geológico acumulado durante millones de años.

El resultado ha sido la recuperación de un núcleo sedimentario excepcionalmente extenso. Tras llegar a la superficie, cada sección fue documentada y sometida a un primer análisis antes de iniciar su viaje hacia distintos laboratorios internacionales.

Ahora comienza la parte más larga del trabajo.

Durante los próximos años, los científicos estudiarán las muestras centímetro a centímetro. Analizarán su composición química, determinarán la edad de cada estrato y buscarán microfósiles capaces de revelar las condiciones ambientales existentes cuando esos sedimentos se depositaron.

Los primeros indicios sugieren que el registro podría remontarse hasta hace aproximadamente 23 millones de años.

Cuando donde hoy hay hielo hubo océano

Entre los hallazgos preliminares aparecen fragmentos de conchas y restos de pequeños organismos marinos.

Su presencia resulta especialmente significativa porque algunos de estos organismos necesitan aguas alcanzadas por la luz solar para vivir. Esto sugiere que determinadas zonas actualmente cubiertas por una enorme masa de hielo pudieron encontrarse abiertas al océano en otros momentos de la historia del planeta.

Las distintas capas del núcleo muestran, además, importantes variaciones.

Algunos sedimentos presentan características compatibles con condiciones similares a las actuales, con una masa de hielo asentada sobre el terreno. Otros, en cambio, apuntan a escenarios muy diferentes.

Esta alternancia podría permitir a los investigadores reconstruir los ciclos de avance y retroceso del hielo y determinar en qué condiciones climáticas se produjeron las grandes transformaciones de la región.

Hasta ahora, buena parte de la historia de la Antártida occidental se había reconstruido a partir de registros obtenidos en zonas oceánicas próximas. El nuevo núcleo ofrece algo diferente: un archivo extraído directamente bajo el margen de la propia capa de hielo.

Una de las grandes incógnitas del cambio climático

La Antártida occidental es una de las regiones que más preocupan a la comunidad científica por su especial vulnerabilidad.

Gran parte de su base se encuentra situada por debajo del nivel del mar. Esta configuración facilita que aguas oceánicas más cálidas puedan penetrar bajo determinadas zonas del hielo y contribuir a su desestabilización.

Las observaciones de las últimas décadas muestran que la región está perdiendo masa. Pero una de las grandes preguntas continúa abierta: ¿qué nivel de calentamiento puede desencadenar un retroceso profundo y sostenido?

Responder a esa cuestión es fundamental para mejorar las proyecciones sobre la subida del nivel del mar.

La desaparición completa de la capa de hielo de la Antártida occidental tendría consecuencias globales, con un potencial aumento de varios metros del nivel medio de los océanos. No se trata de un escenario inmediato, pero comprender los mecanismos que pueden acelerar o frenar la pérdida de hielo resulta esencial para anticipar la evolución del sistema climático.

El pasado podría contener una advertencia sobre el futuro

El proyecto SWAIS2C tiene una pregunta muy concreta en el centro de su investigación: ¿cómo responde la capa de hielo de la Antártida occidental a un mundo 2 °C más cálido que en la era preindustrial?

Ese umbral no es casual. Los 2 °C constituyen una de las grandes referencias de la política climática internacional.

Los primeros análisis apuntan a que algunas de las capas recuperadas podrían haberse formado durante periodos en los que la temperatura global alcanzó niveles de calentamiento comparables o superiores.

Si los investigadores consiguen determinar cómo era la Antártida occidental en aquellos momentos, dispondrán de una referencia excepcional para evaluar lo que podría suceder durante los próximos siglos.

El núcleo permitirá buscar respuestas a preguntas fundamentales: cuándo retrocedió el hielo, cuánto duraron esos episodios, qué papel desempeñaron las temperaturas del océano y de la atmósfera y hasta qué punto la capa de hielo consiguió recuperarse posteriormente.

Un archivo de millones de años para anticipar lo que viene

El verdadero valor del descubrimiento no está únicamente en la profundidad alcanzada ni en la longitud del núcleo recuperado.

Está en la posibilidad de comparar el clima del pasado con el mundo hacia el que nos dirigimos.

Cada fragmento de sedimento puede contener información sobre antiguos océanos, cambios de temperatura y periodos en los que el paisaje antártico era radicalmente distinto al actual.

Durante millones de años, esa historia permaneció enterrada bajo más de medio kilómetro de hielo. Ahora, por primera vez, los científicos pueden empezar a leerla.

Porque para saber cuánto puede cambiar la Antártida mañana, quizá la respuesta lleve 23 millones de años esperando bajo el hielo.

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