Un informe de CDP revela que las pequeñas y medianas empresas están reforzando su compromiso ambiental, aunque todavía existen importantes diferencias entre las estrategias de sostenibilidad y las medidas reales para reducir su huella de carbono. España destaca entre los países europeos con mejores resultados.
La sostenibilidad está ganando protagonismo entre las pequeñas y medianas empresas de todo el mundo. Sin embargo, convertir los compromisos ambientales en resultados medibles continúa siendo uno de los principales desafíos del tejido empresarial.
Así lo refleja el informe SME Disclosure Data Insights 2026, elaborado por la plataforma internacional de divulgación ambiental CDP, que analiza la información reportada en 2025 por cerca de 11.000 pymes.
Según sus conclusiones, más del 95% de las empresas participantes ha registrado avances en al menos un indicador de gestión ambiental, pero únicamente el 20% ha establecido objetivos concretos de reducción de emisiones. Además, solo el 32% cuenta con iniciativas en marcha para disminuir su impacto climático.
Esta diferencia evidencia que, aunque las organizaciones están incorporando progresivamente la sostenibilidad a sus estrategias, todavía queda camino por recorrer para trasladar esos compromisos a sus operaciones diarias.
Las pequeñas y medianas empresas representan aproximadamente el 90% del tejido empresarial mundial y generan alrededor del 60% de las emisiones vinculadas a la actividad empresarial.
Su participación resulta, por tanto, imprescindible para avanzar hacia una economía baja en carbono y cumplir los compromisos climáticos de las grandes organizaciones, especialmente en lo relacionado con sus cadenas de suministro.
El informe señala que cerca del 40% de las pymes analizadas cumple la mayoría o la totalidad de los indicadores ambientales básicos. Estos avances incluyen aspectos como la identificación de riesgos climáticos, la mejora de los mecanismos de gobernanza y una mayor implicación de los grupos de interés.
No obstante, contar con estructuras de gestión ambiental no garantiza por sí solo una reducción efectiva de las emisiones.
Uno de los datos más relevantes del estudio es el creciente interés por desarrollar estrategias empresariales alineadas con la transición ecológica.
El 63% de las pymes consultadas ya dispone de un plan de transición climática o prevé elaborarlo durante los próximos dos años. Sin embargo, actualmente solo el 15% cuenta con uno implantado.
Esta diferencia refleja que muchas compañías todavía se encuentran en una fase de preparación, centrada en evaluar riesgos, establecer responsabilidades y definir sus prioridades ambientales antes de acometer transformaciones operativas.
Desde CDP insisten en que el siguiente paso debe ser convertir esta planificación en acciones concretas, mediante objetivos verificables, inversiones en tecnologías más eficientes y medidas que permitan reducir las emisiones de forma sostenida.
Simon Fischweicher, director de Customer Success de CDP, destaca que las pymes desempeñan un papel esencial en la transición hacia una economía de emisiones netas cero. Aunque reconoce los progresos realizados en gobernanza y gestión de riesgos, subraya la necesidad de facilitar financiación, incentivos y apoyo práctico para que las empresas puedan materializar sus compromisos.
El análisis también identifica diferencias significativas entre regiones.
España, Francia y Suecia figuran entre los países con mejores resultados en los indicadores ambientales evaluados, situando a las pymes europeas entre las más avanzadas de la muestra.
Este posicionamiento coincide con los esfuerzos de la Unión Europea por desarrollar marcos de información sobre sostenibilidad más accesibles y homogéneos para las pequeñas empresas.
Entre estas iniciativas destaca el estándar voluntario de información sobre sostenibilidad para pymes, conocido como VSME, diseñado para facilitar la comunicación de datos ambientales a clientes, entidades financieras y otros agentes del mercado.
Por el contrario, las empresas evaluadas en Singapur y Estados Unidos presentan resultados más limitados, ya que una parte importante cumple pocos o ninguno de los indicadores básicos considerados por CDP.
Estas diferencias ponen de manifiesto la influencia que pueden tener los marcos regulatorios, las exigencias del mercado y la disponibilidad de herramientas de información ambiental.
Uno de los principales obstáculos para las pequeñas empresas continúa siendo el acceso a recursos económicos que permitan implantar mejoras ambientales.
En este sentido, una investigación anterior de CDP realizada junto a HSBC revela que los proveedores tienen un 52% más de probabilidades de reducir sus emisiones anuales cuando reciben incentivos financieros de sus compradores, en comparación con aquellos que únicamente reciben formación.
Este dato refuerza la importancia de que las grandes compañías colaboren activamente con sus proveedores para impulsar la sostenibilidad a lo largo de toda la cadena de valor.
La financiación vinculada a objetivos ambientales, los incentivos económicos y el acompañamiento técnico pueden facilitar que las pymes adopten soluciones más eficientes y reduzcan su dependencia de procesos intensivos en carbono.
Además, estas medidas pueden contribuir a mejorar las emisiones de alcance 3 de las grandes organizaciones, es decir, aquellas emisiones indirectas que se generan en su cadena de valor.
El informe también muestra diferencias entre sectores económicos.
Las pymes vinculadas a la industria manufacturera, los materiales, el transporte y la generación de energía presentan algunos de los mejores resultados en materia de gestión ambiental.
Se trata de actividades especialmente relevantes para la descarbonización debido a su consumo energético, su dependencia de recursos naturales y su contribución a las emisiones.
En cambio, las empresas dedicadas al comercio minorista y a determinados servicios registran un desarrollo comparativamente menor en los indicadores analizados.
Esta desigualdad plantea nuevos desafíos para las grandes compañías que necesitan reducir el impacto ambiental de sus cadenas de suministro de forma integral.
Las conclusiones de CDP ponen sobre la mesa una cuestión fundamental: la sostenibilidad empresarial ya no puede limitarse a elaborar informes, identificar riesgos o establecer compromisos generales.
Para avanzar hacia una economía más sostenible, las organizaciones necesitan transformar sus estrategias en actuaciones concretas, respaldadas por inversiones, objetivos cuantificables y mecanismos de seguimiento.
En este proceso, la colaboración entre pymes, grandes empresas, entidades financieras y administraciones públicas será determinante para superar las barreras económicas y técnicas que dificultan la transición.
El reto de los próximos años no será únicamente conseguir que más pymes incorporen la sostenibilidad a su estrategia, sino lograr que ese compromiso se traduzca en una reducción real y verificable de las emisiones.
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