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1 Abril 2025
Entrevista a Enrique Blanco: «El valor del liderazgo está en el equipo, no en el saber individual»

Beatriz Sánchez Gordo, Directora de Fraudes y Riesgos Tecnológicos en Bankinter entrevista a Enrique Blanco, CTO de Telefónica

Beatriz Sánchez: Enrique, muchas gracias por tu tiempo y por permitirme estar aquí. Es un privilegio y un honor.

En 1985, ¿cómo percibías a Telefónica en ese momento? ¿Fuiste tú quien buscó formar parte de la compañía o fue Telefónica quien te fichó? Además, ¿cómo recuerdas tus primeros días en la empresa?

Enrique Blanco: Cuando terminé la carrera en Física por la Complutense, nunca pensé en Telefónica como opción. Empecé en Estándar Eléctrica, una empresa líder en telecomunicaciones asociada a ITT, donde trabajaba en diseño de software para centrales digitales del Sistema 12. Me encantaba mi trabajo en los laboratorios y tenía mucha relación con ingenieros de Telefónica, ya que instalábamos sus centrales.

Un día, Jesús Iglesias, un referente en tecnología de Telefónica, me propuso unirme a la empresa. Al principio, me negué, pues era estatal y no me atraía. Pero Jesús insistió, entregué mi expediente académico y aprobé el proceso de selección por oposición. No tenía claro dejar ITT hasta que conocí a Julio Linares, director de tecnología, cuya propuesta me convenció. Elegirlo como jefe fue un acierto; su visión marcó mi carrera.

B.S.: ¿Cuántos años fue tu jefe, Julio?

E.B.: Dos años como director de tecnología, pero seguí vinculado a él durante toda mi etapa en Telefónica. Fue el mejor ingeniero de telecomunicaciones de España. Nos impulsó a competir con ingenieros de British Telecom, France Telecom o Deutsche Telekom, demostrando que estábamos a su nivel, aunque trabajábamos más. Gracias a él, Telefónica se convirtió en un referente tecnológico.

B.S.: Has liderado la transformación tecnológica de Telefónica a nivel global. ¿Tu enfoque ha sido más prudente o más arriesgado?

E.B.:Telefónica siempre ha tomado riesgos calculados. Un ejemplo clave fue en los años 80, cuando decidimos dar el salto directo de centrales electromecánicas a digitales, sin pasar por una fase intermedia. La primera central digital en España fue la de Salamanca-Concejo, donde reemplazamos los sistemas analógicos por más de 1.500 procesadores Intel 80286, una decisión avanzada que demostró nuestra capacidad.

Siempre hemos trabajado con procedimientos, planes B y C, porque en operaciones no se improvisa. La conectividad es clave en la vida diaria: no solo para el ocio, sino para la seguridad, la sanidad o las alarmas. Telefónica fue la primera operadora en desarrollar una red de datos propia y en transmitir televisión a través del cable telefónico con tecnología IP, lo que dio origen a Imagenio.

En 2005, apostamos por la fibra óptica directamente hasta el hogar, sin pasar por el cable coaxial. No teníamos los dispositivos ni los equipos para fusionar las fibras, pero sí la certeza de que era la mejor tecnología. Mientras la competencia ofrecía 100 Mbps con cable, ADSL no podía igualarlo. Con fibra, superamos esa limitación y marcamos el camino no solo en España, sino también en Brasil y otros países.

Hoy, mientras Europa y EE. UU. prevén apagar el cobre en 2030, en España ya hemos completado la transición. Nos sentimos orgullosos, no solo por el éxito tecnológico, sino porque nuestra infraestructura mejora la vida de la sociedad. Telefónica no solo compite con las mejores operadoras del mundo, sino que lidera el cambio.

B.S.: Es clave en el sector financiero tomar decisiones sin comprometer la calidad del servicio. Con la digitalización, webs y apps, nos enfrentamos al mismo reto: el servicio no puede fallar ni un minuto.

E.B.: Exacto, y a veces hay que recordarlo, porque los técnicos tendemos a ser pedantes y olvidamos para quién trabajamos. Cuando desplegamos fibra, estábamos orgullosos de su calidad, pero los clientes no estaban satisfechos. Julio Linares me hizo verlo claro: «Nosotros no vendemos fibra, ofrecemos WiFi en casa y cobertura móvil fuera».

Eso nos llevó a desarrollar nuestros propios dispositivos para garantizar un WiFi de primer nivel, algo que no existía en el mercado. Sabíamos que teníamos el conocimiento necesario y evolucionamos de WiFi 4 a WiFi 6, ahora ya en WiFi 7.

En Telefónica no hablamos de la última milla, sino de la primera milla, donde está el cliente. Nuestro despliegue de fibra ha marcado el camino y otros operadores han seguido nuestro modelo. Nos enorgullece porque cuanto más avanza el mercado, mejores costes podemos ofrecer. Incluso la competencia estudia nuestros dispositivos, lo cual veo como un reconocimiento a nuestro trabajo.


B.S.: Enrique, a lo largo de tu carrera has liderado equipos a distintos niveles. ¿Consideras que tu estilo de liderazgo ha permanecido constante o ha evolucionado con el tiempo y la experiencia?

E.B.: Claro, evolucionas. Cuando eres joven, tienes una visión de la responsabilidad asociada a la importancia de tus decisiones y el número de personas que dependen de ti. Pero con el tiempo, te das cuenta de que no te miden por la cantidad de personas a tu cargo ni el poder que tengas, sino por el valor que aportas. En Telefónica, la responsabilidad está vinculada a la capacidad de servicio. La verdadera medida de tu responsabilidad es tu capacidad de respuesta, lo que puedes hacer por los demás, por la sociedad en la que operas.

Con el tiempo, aprendes que no eres el que más sabe de todo. Hay un momento en que, aunque seas experto, te encuentras con un equipo de personas con conocimientos que superan los tuyos. Ahí es cuando entiendes que tu función no es ser el más sabio, sino coordinar y asegurar que ese conocimiento se ponga al servicio del negocio y los clientes. Tu valor no está en saber más que los demás, sino en maximizar el potencial de tu equipo.

Esto te da una gran tranquilidad y te permite gestionar con naturalidad. La gente pasa de respetar la autoridad del cargo a valorar la dignidad del cargo, porque entienden que tu función es hacer que el equipo brille. Claro, no todo el mundo te va a ver de la misma manera, pero eso es algo que debes aceptar. Lo importante es seguir utilizando tu responsabilidad para hacer el bien por la empresa, los clientes y el equipo. Personalmente, hace muchos años que la presión del cargo dejó de tener relevancia para mí.

B.S.: Has recibido múltiples premios nacionales e internacionales como mejor CTO. ¿Cómo vives estos reconocimientos y cuál ha sido el más significativo en tu trayectoria?


E.B.: Cuando te dan premios, no es a ti como persona, sino a tu equipo. Es un reconocimiento a lo que has logrado con ellos. Por ejemplo, el proyecto de softwareización de IT y redes en Telefónica no es solo mío, es un esfuerzo colectivo de la empresa. Me dan el premio a mí, pero no lo considero solo mío. Siempre lo comparto con mi equipo, porque el verdadero valor está en lo que hacen ellos. Cuando doy charlas, me aseguro de que mi equipo se sienta representado y que valoren lo que hacen. No se trata de ser el más sabio, sino de poner todo ese conocimiento al servicio de la empresa.

El premio que más valoro es la medalla de oro al espíritu de Telefónica que recibí en 2017. Ese premio sí es personal, porque representa que he vivido y reflejado los valores de la empresa. Es un reconocimiento a mi forma de ser, y cuando veo a quiénes se les ha dado antes y después, le da aún más valor.

B.S.: Enrique, has hablado públicamente sobre la importancia de la seguridad y privacidad en las telecomunicaciones, y cómo los datos de los clientes son un derecho y un legado. ¿Crees que la seguridad es uno de los principales desafíos para el futuro?

E.B.: Absolutamente sí. Es un desafío que las empresas de servicios no pueden eludir. Desde que entré en Telefónica en los años 80, firmamos un compromiso con el secreto de las comunicaciones. Pero, con el avance de la tecnología, la privacidad de las comunicaciones pasó a ser solo una parte de la vida digital de las personas. Hoy, tu vida digital incluye qué información compartes, dónde te conectas, con quién te conectas.

Nuestra responsabilidad es asegurar que esa vida digital, esa privacidad, esté protegida. A medida que avanzan las tecnologías, trabajamos para hacer que las redes sean cada vez más seguras. Usamos soluciones avanzadas de seguridad y estamos desarrollando capacidades basadas en tecnologías cuánticas para garantizar que los protocolos sean más difíciles de romper.

El compromiso con la seguridad está en nuestro ADN, y nos obsesiona mantener la privacidad de nuestros usuarios. Nos aseguramos de que, al usar nuestras redes, la gente pueda sentirse segura, aunque siempre trabajamos para mejorar, porque la seguridad nunca está «completa». Si alguna vez estás completamente satisfecho con la seguridad, significa que alguien ya la está rompiendo.

B.S.: Nosotros les hicimos un homenaje al área de operaciones, a quienes llamamos «las violas». Hicimos un simulacro de una orquesta sinfónica, con violas y sin violas, porque es cierto que, si bien las violas pasan desapercibidas cuando están, cuando no lo están, todo se desmorona rápidamente. Son las que ceden el paso y coordinan. Para nosotros, la gente de operaciones son nuestras violas.

E.B.: Yo me considero un hombre de operaciones. Te cuento una anécdota: empecé en tecnología y estuve allí hasta el año 2000, cuando pasé a operaciones. Cuando tenía un problema con un cliente, pensaba que el fallo estaba en el software o en la central, pero ese era solo el 5%. El 95% de los problemas estaban en la planta externa, en el cable, en casa del cliente. Fue como si me quitaran las orejeras, entendí lo importante que es la operación. Lo que diferencia a Telefónica no es solo la tecnología, sino el modelo operativo, la orientación al cliente y la calidad del servicio. Los clientes te perdonan un problema, pero no que los dejes solos. Lo que más ha impulsado a Telefónica ha sido ese modelo.

B.S.: Lo vivimos igual en el banco con el tema del fraude: lo más importante es acompañar al cliente.

E.B.: Exactamente, «sufre conmigo». Eso es lo que define a Telefónica: un compromiso constante con el servicio. La vocación de servicio es parte del ADN de la empresa. Sin un buen equipo de operaciones, sin un modelo operativo sólido, no eres nada, por mucho que creas que mandas. Recuerdo cuando tuvimos la DANA en Valencia, mi principal preocupación fue que el equipo de Telefónica no arriesgara su integridad, así que siempre los acompañábamos con ayuda externa, como los bomberos, para asegurar su seguridad. Telefónica es eso: vocación de servicio, compromiso y responsabilidad.

Y sobre las nuevas generaciones, son mejores que nosotros, con todos mis respetos. Aunque enfrentan retos más difíciles, son mucho más preparados. Yo soy muy optimista con ellos.

B.S.: Enrique, pasando al plano personal, ¿qué haces para desconectar cuando no estás en Telefónica? ¿Tienes planes futuros en tecnología?

E.B.: He tomado la decisión de salir. Llega un momento en que te preguntas si estás a la altura de la empresa, y en mi caso, con Telefónica, llegué a la conclusión de que debía dar un paso al lado. Ahora, a mis 65 años, quiero dedicarme más a la familia, seguir vinculado a la universidad y estudiar más. Siempre estaré relacionado con la tecnología, pero de manera más tangencial. He cumplido un ciclo y quiero adaptarme a mi etapa de vida actual, con menos presión y más tiempo para disfrutar de lo que más me importa, como ser abuelo. No tengo la sensación de perder nada, sino de evolucionar.

B.S.: Para cerrar, si pudieras volver al momento de 1985, ¿qué le dirías al Enrique de esa época?

E.B.: Pues, a pesar de todo, acertaste con la empresa. Mi padre siempre me regañó por no saber cómo me hubiera ido en otro sitio. Quizás le diría que se preocupara menos y se ocupara más. Lo veo en muchas personas, muy preocupadas por todo. La clave está en preocuparse menos y ocuparse mucho más de lo realmente importante. Y en este caso, miro a Samira. Lo que le diría a ese joven sería que no se sienta tan presionado por crear actividad, sino que se quede con un propósito claro. Yo admiro mucho a personas como Samira, y he tardado mucho tiempo en entenderlo. Ella no trabaja ni por dinero, que es solo una herramienta, ni por obligación. Trabaja porque tiene un propósito de vida. Cuando tienes un propósito así, es un motor extraordinariamente potente.

Tarda tiempo llegar a eso. Cuando tienes 20 años, trabajas por tu familia, por vocación, pero llega un momento en que esa vocación se convierte en compromiso, y ese compromiso se transforma en orgullo de pertenencia. Tienes que pasar por todo ese proceso. Yo he sido extremadamente feliz en Telefónica porque encontré un propósito: servir a la sociedad a través de la empresa. Si sirves a la sociedad en la que trabajas, a tu empresa le va bien. Pero cuesta mucho dar ese paso; no todo el mundo es tan visionario. Por eso es fundamental tener un propósito en la vida.

Lo que le diría a ese joven de veintipocos años sería que se busque un propósito. En ese momento, seguramente me hubiera respondido «¿un propósito?, ¿de qué me estás hablando con todo lo que tengo que hacer?» Probablemente no me habría hecho caso, aunque fuera yo dentro de 40 años. A esa edad, las prioridades son otras. Pero tener un propósito en la vida es clave. A los jóvenes les diría que identifiquen un propósito que los haga felices, que sea lícito y socialmente positivo. Si encuentras ese propósito y trabajas para lograrlo, te conviertes en alguien diferente. No es solo el objetivo financiero, ni el deseo de crecer o evolucionar, que también son importantes. El compromiso es esencial. Pero cuando eres capaz de trabajar con un propósito claro, es como tener una brújula: siempre sabes hacia dónde vas, y además esa brújula está bien ajustada. Esa gente, y yo no conozco mucha, es diferente. Son mejores.

Eso es lo que le diría. Pero estoy seguro de que, aunque se lo dijera, él no me haría ni caso.

B.S.: Muchísimas gracias, Enrique. Ha sido un verdadero placer.

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