Dionisia Campuzano, Responsable de la Planificación Integrada en el área de Defensa y Espacio (Aeronaves Militares) de Airbus, entrevista a María Magdalena Cordero Valdavida, Presidenta de ASEDECIA y del Consejo Asesor de WeSTEM+ y Miembro del Consejo Asesor de Fundación FIASEP
Dionisia Campuzano: Si miras atrás, ¿en qué momento de tu vida sientes que tuviste que “reinventarte” de verdad?
Magdalena Cordero: En mi vida veo tres momentos importantes de reinvención. El primero en 1991 siendo yo ya funcionaria decidí irme con una licencia de estudios a Estados Unidos para hacer investigación, para seguir aprendiendo.
La segunda, y esta fue la más profunda, fue en 1998, cuando dejé una posición directiva consolidada en España y me trasladé a Luxemburgo para empezar desde cero. Tomé la decisión para dar prioridad a mi vida personal. Digamos que, lo hice por amor: a mi marido, a crear una familia, a lo nuevo. Desarrollé una trayectoria internacional tanto en el sector privado como en las instituciones europeas.
El más reciente fue dejar mi puesto alta funcionaria europea en 2023para orientar mi actividad hacia un propósito más social. Sentí que mi etapa de transformación digital de la institución había terminado que comenzaba a faltarme aire y espacio para seguir creciendo. Inicié una nueva etapa dedicada a impulsar el talento femenino en STEM. Una llamada de Luisa Bravo Tudela, fundadora de ASEDECIA, fue decisiva para colaborar con la asociación que hoy presido. Proyectos como FUTURA y la jornada “Women Lead – Shaking Science” son sus iniciativas estrella.

D.C.: Tu trayectoria ha estado muy ligada a la innovación y a la transformación de organizaciones, pero ¿qué necesitas mantener estable para sentirte en equilibrio?
M.C.: Para sentirme en equilibrio necesito algunos anclajes muy humanos. El principal es mi familia: llegar a casa con mi marido y mi hijo era mi espacio de calma y autenticidad. En lo profesional, me sostiene trabajar con equipos donde hay confianza real y cercanía.
También han sido muy importante para mí los “viernes sin agenda”. Reservaba ese día para PENSAR, leer, charlar y escuchar, y ordenar ideas, un espacio para ser proactiva y no reactiva. Cuidar ese tiempo propio me ha permitido liderar con más claridad y serenidad.
Y, por último, me sostiene profundamente mi integridad personal: ir a dormir tranquila, sabiendo que he decidido de acuerdo con lo que creo. Impulsar cambios genera tensiones, pero yo siempre he dado la cara, he escuchado y he explicado. Esa coherencia entre lo que pienso, digo y hago ha sido una fuente muy sólida de estabilidad interior.
D.C.: ¿Recuerdas alguna situación en la que sentiste que tenías que “demostrar el doble” en el mundo STEM?
M.C.: Esa sensación de tener que “demostrar el doble” me ha acompañado desde el inicio de mi carrera. La sentí con mucha intensidad cuando empecé como profesora en una escuela de ingeniería, un entorno muy masculinizado, donde percibía que mi margen de error era mínimo.
Más adelante, no siempre lo viví de forma explícita, pero sí vi cómo compañeros hombres eran reconocidos, escuchados o promocionados con más facilidad, lo que me hizo cuestionarme sobre mi propia ambición.
Con el tiempo entendí que mi propia ambición estaba ligada al sentido y al impacto de mi trabajo, no al estatus. Y como líder y como mujer en STEM, estas experiencias me han hecho especialmente sensible a la equidad y al deber de abrir caminos más justos para las generaciones que vienen detrás.

D.C.: ¿Cuál ha sido tu mayor prueba de resiliencia y qué hiciste para sostenerte sin romperte?
M.C.: En el ámbito profesional hay crisis duras, pero forman parte de la responsabilidad y normalmente se pueden gestionar y resolver. Hay éxitos y fracasos, pero ante el fracase nos ponemos a intentarlo de nuevo.
Lo que realmente pone a prueba mi resiliencia son las enfermedades graves de las personas que quiero: la sensación de impotencia y, a veces, la culpa por pensar que podrías haber hecho más. Me refugiaba en el trabajo para no sentir, y me escondía en la soledad y la lejanía.
Con el tiempo comprendí que mi principal herramienta para sostenerme es hablar: compartir lo que siento con personas de confianza para no cargar sola con el miedo, seguir adelante sin endurecerme ni desconectarme y, aun en los momentos más difíciles, aprender a acompañar desde la positividad.
D.C.: Si tuvieras que describirte sin mencionar tu cargo o profesión, ¿qué tres palabras escogerías y por qué?
M.C.: Elegiría tres palabras que me han acompañado de forma bastante constante a lo largo de mi vida: Valentía, Humanidad y Visión con excelencia operativa
Valentía, porque mi carácter inquieto y curioso me ha llevado siempre a aprender, cuestionar y no acomodarme. He tomado decisiones importantes sin tener todas las certezas, asumiendo riesgos, siendo fiel a mis valores. Creo que esa inquietud permanente es también una forma de humildad intelectual.
Humanidad, porque confío profundamente en las personas y de ahí nace gran parte de mi energía. La empatía, la escucha y el respeto han sido siempre la base de mi forma de trabajar y de relacionarme. Soy generosa con mi tiempo para los demás y creo que no hay buen liderazgo sin cercanía y cuidado de las personas.
Y visión con excelencia operativa, porque intento combinar la capacidad de pensar a largo plazo y anticipar cambios con el rigor en la ejecución, la responsabilidad y la atención al detalle. Soñar es importante, pero hacerlo realidad con calidad lo es aún más, esa es la verdadera innovación.
D.C.: Si pudieras hablar con tu “yo” de los primeros años, ¿qué frase te dirías?
M.C.: Le diría que sea ambiciosa y no se ponga límites innecesarios, que confíe más en su propio criterio y que entienda que moverse bien en entornos complejos significa saber tejer red, cuidarla y apoyarse en ella con inteligencia y ética. Y, sobre todo, que tenga paciencia: las cosas importantes necesitan tiempo para madurar.

D.C.: ¿Tienes algún hobby o placer sencillo que te haga sentir plenamente tú?
M.C.: Caminar por el bosque todos los sábados con un grupo de amigas practicando marcha nórdica es uno de mis rituales más importantes: naturaleza, movimiento y conversación al mismo tiempo. Me conecta con lo esencial. También disfruto mucho cocinando; para mí es un espacio íntimo de calma, concentración y creatividad. Además, me atrae su carácter perecedero: se comparte, se disfruta y no deja rastro.
Cuando estoy nerviosa o tensa hago puzles —de al menos 1.000 piezas—, me encantan; aunque, una vez terminados y encolados, nunca sé muy bien dónde colocarlos.
D.C.: Si pudieras cenar con una persona que admires (viva o no), ¿a quién elegirías y qué te gustaría preguntarle?
M.C.: Hay muchas mujeres con las que me encantaría cenar —o, mejor aún, para las que cocinaría— entre ellas Simone Veil, Christine Lagarde y Jacinda Ardern, tres mujeres de generaciones distintas que han ejercido liderazgo en contextos muy diferentes. Pero si tuviera que centrarme en una, elegiría a Simone Veil. La admiro profundamente por su coraje moral, su resistencia y su capacidad de mantener la dignidad y la humanidad incluso en las circunstancias más extremas.
Y, de hecho, le haría exactamente estas mismas preguntas del cuestionario —solo que yo estaría tan fascinada tomando notas que probablemente dejaría enfriar la cena… ¡y me daría igual!
Rincón del CISO
28 Julio 2026
Podcast de Cyberlideria MGZN.
Todos los jueves, a partir de las 22:00, estará disponible en CyberLideria MGZN una nueva entrevista, donde un prestigioso CISO colaborador charlará con una personalidad inspiradora, importante, y líder empresarial, tanto del ámbito privado como público.
Manténgase informado sobre la ciberseguridad, tecnología, las tendencias y las noticias que afectan a los líderes de TI.
Suscríbete GRATIS y disfruta de contenido ilimitado sobre ciberseguridad y personas