En esta nueva edición de Futuro del Trabajo, Mayte Valverde, presidenta de Women in banking, conversa con Miguel Álvarez Tamariz-Martel, emprendedor y CEO de Kincode AI, el primer copiloto de cultura corporativa, que ayuda a las organizaciones a convertir su cultura en una verdadera ventaja competitiva en la era de la IA. Tras desarrollar parte de su carrera en Amazon, decidió dar un giro profesional para ayudar a las organizaciones a su cultura, algo tan complejo como decisivo.
En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando la forma de trabajar, Miguel defiende que el verdadero reto no está solo en la tecnología, sino en comprender qué ocurre dentro de los equipos cuando las cosas funcionan… y también cuando dejan de funcionar.
Mayte Valverde: Tras una carrera en una compañía tan exigente y referente como Amazon, decidiste dejar una trayectoria consolidada para emprender. ¿Hubo algún momento concreto en el que te diste cuenta de que querías resolver un problema que las organizaciones aún no estaban viendo con suficiente claridad?
Miguel Álvarez: Sí, en Amazon estuve casi 8 años y tuve la gran oportunidad de ser Bar Raiser – el guardián de la cultura – durante más de 2 años. Esa experiencia es la que me permitió entender cómo gestionar equipos de personas a esa escala, cómo transformar y medir una cultura en tiempo real.
Tengo muchos amigos que trabajan en el mundo de Personas y Cultura, y me embarqué en una pequeña investigación para ver cómo lo hacen otras compañías. En esta investigación surgieron 2 cosas claves: (i) cómo las nuevas generaciones y métodos de trabajo nos llevan a tomar decisiones más ágiles y basadas en datos – por lo que no podemos esperar a recopilar estos datos de año en año, y (ii) la necesidad de establecer unos procesos muy bien definidos en toda la compañía que nos permitan implantar los comportamientos adecuados.

M.V.: Durante años hemos hablado de estrategia, tecnología o innovación, pero la cultura ha quedado muchas veces en segundo plano. ¿Por qué crees que las organizaciones que mejor entiendan su cultura serán las que mejor se adapten al futuro del trabajo?
M.A.: Vivimos un momento de revolución que nos lleva a repensar y acelerar la manera de trabajar – obviamente generado por la IA-. Esto solo es posible si nuestras personas tienen el enfoque adecuado, los comportamientos, que permiten entender el cambio y liderarlo.
Todos hemos estudiado en la universidad o máster cómo han caído grandes corporaciones por no tener una cultura conscientemente establecida, medida y alineada con estar siempre cerca del cliente e innovando – Kodak, Blockbuster, Nokia, Blackberry, …
El punto clave es entender la cultura y gestionarla proactivamente, para fomentar los comportamientos que nos ayuden a liderar esta revolución. Ejemplos muy claros son agilidad en la toma de decisiones, o la capacidad de innovación de una organización. Son componentes de la cultura medibles.
La cultura al final es la única ventaja competitiva de las organizaciones humanas en el largo plazo.
M.V.: La inteligencia artificial está transformando la forma en la que analizamos datos y tomamos decisiones. ¿Qué aspectos de la cultura organizativa crees que podremos comprender en los próximos años gracias a la IA que hasta ahora permanecían invisibles para los líderes?
M.A.: Lo más importante de la cultura es que, aunque es conocido que ‘se come a la estrategia o las operaciones para desayunar’ (según Peter Drucker) todavía los líderes no lo ven como un impacto directo en la cuenta de resultados. Gracias a la IA estamos pudiendo ligar completamente el cambio en comportamientos de la organización, la definición de nuevas rutinas, con el impacto en la cuenta de resultados. Ahí se convierte en imprescindible para las organizaciones.
Relacionado con el impacto en cuenta de resultados, nos permite medir cómo cada intervención cultural tiene un impacto en los comportamientos de nuestros empleados. Pasamos a tener el ciclo completo de la transformación cultural, que es el motor de la empresa.
M.V.: En un momento en el que la automatización y la IA están redefiniendo muchos puestos de trabajo, ¿qué elementos profundamente humanos seguirán marcando la diferencia entre las organizaciones que prosperen y las que se queden atrás?
M.A.: Mi madre, que fue la primera Socia mujer de lo que hoy es NTT Data (anteriormente DMR Consulting, luego Everis) me dice que ‘el diablo está en los detalles’, refiriéndose a que un alto porcentaje de los procesos o automatismos se podrán resolver con la IA, pero seguiremos teniendo esos detalles que requieren de las capacidades de un humano.
Las capacidades que yo considero más relevantes son, entre otras, el pensamiento crítico y la empatía. Seguiremos necesitando personas que puedan entender a otras personas, para definir procesos o desbloquear situaciones. Imagínate una negociación donde una IA no puede ceder y la otra IA tampoco puede ceder. Entre personas, se buscan soluciones, se comprenden los puntos de vista, las emociones, y se evoluciona y crece.
La IA siempre va a ser una herramienta para los humanos. Es decir, un utensilio para mejorar nuestra forma de trabajar.

M.V.: Si pudieras observar un único indicador para saber si una organización tiene futuro dentro de cinco años, ¿qué mirarías? ¿Qué suele ocurrir dentro de una empresa mucho antes de que aparezcan los problemas en los resultados de negocio?
M.A.: Miraría 2 cosas:
Lo cerca que está de sus clientes. Cuanto más cerca estás de un cliente, mejor entiendes sus necesidades y más puedes asegurar que tus productos/soluciones se adecúan a esas necesidades. Esto te permite al final estar cerca del mercado y siempre innovando. Ya lo decía Jeff Bezos siempre, y es un mantra en Amazon – it’s always Day 1.
Y el cómo trata a sus empleados. Y no hablo de Salario, Pizza o Ping Pong, hablo de generar un entorno donde cada empleado se sienta una persona, (i) tenga seguridad psicológica para trabajar cometer errores o mejorar, (ii) un sentimiento de propósito dentro de la organización, y (iii) una capacidad de ser vulnerables y compartir dentro de la organización – generar una comunidad.
Las compañías dejan de escuchar a sus empleados antes de dejar de escuchar a sus clientes.
M.V.: Eres emprendedor, lideras una empresa en crecimiento, has cambiado tu lugar de residencia en una gran ciudad para vivir frente al mar y además eres padre de tres hijos pequeños. En un entorno donde hablamos constantemente de productividad y rendimiento, ¿qué has aprendido sobre el equilibrio entre ambición profesional y vida personal? ¿Hay alguna rutina o principio que te ayude a mantener los pies en la tierra?
M.A.: La pregunta más difícil de todas yo creo. Siempre intento fijarme en cómo lo han hecho mis padres – que considero un buen referente. Vida sólo hay una. No existe la vida profesional o personal. Si un sábado me llama un cliente con un problema, lo voy a resolver. Y si el martes a las 10, tengo que ir al colegio a ver a mi hijo actuar, voy a ir.
El único principio clave es la gestión de expectativas. Prometer a un cliente que entregamos algo, y luego no hacerlo; o que iré a ver a mi hija a clase y luego no ir; ahí es cuando la vida se complica.

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15 Septiembre 2026
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