Un informe de la Fundación ESYS advierte de que la Unión Europea afronta un cambio de paradigma en ciberseguridad, donde la geopolítica, la inteligencia artificial y la protección de las cadenas de suministro marcarán el futuro de la regulación.
La Unión Europea se encuentra inmersa en una profunda transformación de su estrategia de seguridad digital. Tras varios años de intensa actividad legislativa, Bruselas prepara una nueva revisión del marco regulatorio con el objetivo de adaptarlo a un entorno en el que la inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y la dependencia tecnológica han redefinido el concepto de ciberseguridad.
Así lo recoge el informe «Una nueva era en la regulación de la seguridad digital», elaborado por la Fundación ESYS, que analiza la evolución normativa europea y concluye que la protección de redes y sistemas ya no es suficiente: el foco se desplaza ahora hacia la resiliencia, la soberanía tecnológica y la capacidad estratégica de Europa.
El documento señala que entre 2019 y 2024 la Unión Europea pasó de un modelo basado en recomendaciones y buenas prácticas a otro sustentado en obligaciones legales, supervisión y sanciones. Normativas como NIS2, DORA, la Cyber Resilience Act o la directiva CER han ampliado significativamente el alcance de la regulación, incorporando conceptos como la continuidad operativa, la gestión de riesgos y la protección de las cadenas de suministro.
Según el análisis, el nuevo objetivo ya no consiste únicamente en evitar ciberataques, sino en garantizar que los servicios esenciales puedan seguir funcionando incluso en escenarios de crisis, ya sean provocados por ataques informáticos, desastres naturales o amenazas híbridas.
Uno de los principales cambios que destaca el informe es la creciente influencia del contexto geopolítico en las decisiones regulatorias.
La propuesta de revisión del Cybersecurity Act 2 (CSA2) introduce por primera vez criterios no exclusivamente técnicos para evaluar el riesgo de determinados proveedores tecnológicos. Entre ellos figuran factores como la influencia de gobiernos extranjeros, la legislación del país de origen o el riesgo de dependencia estratégica, ampliando el debate iniciado durante el despliegue de las redes 5G hacia otros sectores críticos como la nube, los centros de datos o la energía.
El informe advierte, no obstante, de que estas medidas deberán aplicarse con criterios transparentes y proporcionados para evitar impactos innecesarios sobre la competitividad y la innovación empresarial.
Otra de las prioridades identificadas por la Comisión Europea es simplificar un ecosistema regulatorio que muchas empresas consideran excesivamente complejo.
Entre las propuestas figura el principio de «un incidente, una notificación», con el objetivo de evitar que una organización tenga que comunicar el mismo incidente de seguridad a múltiples autoridades bajo diferentes normativas. Para ello, el informe propone avanzar hacia plataformas nacionales de ventanilla única y modelos de notificación homogéneos en toda la Unión Europea.
Asimismo, la Fundación ESYS considera necesario reforzar el papel de la Agencia Europea de Ciberseguridad (ENISA), dotándola de mayores capacidades para coordinar la respuesta ante incidentes, compartir inteligencia sobre amenazas y supervisar riesgos transfronterizos.
El informe dedica un apartado específico al impacto de la inteligencia artificial en la seguridad digital.
La aparición de modelos capaces de automatizar tanto tareas defensivas como ofensivas obliga, según ESYS, a replantear los mecanismos tradicionales de supervisión. La preocupación ya no se limita a proteger los sistemas frente a atacantes humanos, sino también frente a capacidades automatizadas que pueden operar a gran velocidad y gran escala.
Esta evolución refuerza la necesidad de compartir inteligencia sobre amenazas en tiempo real y de desarrollar capacidades europeas comunes para anticipar riesgos antes de que se materialicen.
Otro de los grandes desafíos señalados por el documento es la convergencia entre el mundo físico y el digital.
Infraestructuras como hospitales, redes eléctricas, sistemas de transporte o puertos dependen cada vez más de tecnologías conectadas, lo que hace que un incidente físico pueda desencadenar consecuencias digitales y viceversa. En este contexto, el informe considera que la regulación de la seguridad evolucionará hacia un enfoque integral que combine protección física, ciberseguridad e inteligencia operativa dentro de un mismo modelo de resiliencia.
La Fundación ESYS concluye que Europa está construyendo uno de los marcos regulatorios de seguridad digital más avanzados del mundo, aunque advierte de que su éxito dependerá de encontrar el equilibrio entre exigencia regulatoria, seguridad jurídica y viabilidad para las empresas.
La organización sostiene que el verdadero cambio ya está en marcha: la Unión Europea ha pasado de regular para proteger sistemas tecnológicos a regular para preservar su capacidad estratégica, su autonomía tecnológica y su competitividad en un escenario global cada vez más complejo.
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