¿Ha cambiado sustancialmente nuestra forma de liderar en la última década? ¿Es necesaria la transformación para poder seguir haciéndolo? ¿Cuáles son las herramientas más efectivas del nuevo liderazgo? Tres expertas en el tema comparten sus perspectivas enriquecedoras y complementarias en este reportaje.
Mónica Mendoza es conferenciante internacional en ventas, motivación y desarrollo personal

Mónica Mendoza ha recibido numerosos premios en los últimos años, como el de Mujeres que inspiran 2025, el premio COACB a la mejor trayectoria 2022 y recientemente, el reconocimiento a Conferenciante del año Mentoryx 2026. Para ella, reinventarse no es una elección, porque “hoy liderar es hacerlo en un entorno donde todo cambia rápido: herramientas, canales, hábitos de compra, expectativas del equipo… y por eso reinventarse ya no es algo opcional”.
“Reinventarse como líder”, añade, “en esta era, significa primero, aprender a liderar en digital e híbrido: no puedes dirigir igual cuando el equipo está repartido, trabaja por objetivos y se coordina con herramientas. También, tomar decisiones con datos (sin volverte esclavo del dato): ahora todo se mide. Un líder tiene que saber leer indicadores, entender embudos, productividad, satisfacción del cliente… y convertirlo en decisiones simples”.
Además, “tener mentalidad digital: no hace falta ser el más tech, pero sí tener mentalidad digital: curiosidad, rapidez de aprendizaje, y capacidad de probar y ajustar. Así como gestionar el cambio humano: lo digital no falla por la tecnología; falla por resistencia, miedo, falta de adopción y comunicación. Liderar hoy es acompañar ese cambio”.
Otra de las claves para ella tiene que ver con “hacer del foco una ventaja competitiva: hay mil herramientas nuevas, mil inputs. Reinventarse también es saber decir ‘esto sí, esto no’. Yo creo que al final se cumplirá la famosa Ley de Pareto también en esto, el 80% de la gente usará el 20% de los aplicativos/herramientas que hay en el mercado. Por eso, resumiendo: liderar hoy es dirigir personas en un entorno tecnológico que cambia cada mes. Tal cual. Cada mes”.
Mónica Mendoza cree que la IA “ya es parte del liderazgo moderno, porque está entrando en todo: ventas, atención al cliente, marketing, operaciones, selección, formación… Yo la veo como una palanca para: ganar tiempo (resúmenes, borradores, preparación de reuniones, propuestas); mejorar decisiones (analizar tendencias, detectar patrones, priorizar); elevar calidad (estructura, claridad, argumentación, versiones alternativas); y entrenar al equipo (simulaciones, role plays, feedback, preparación de conversaciones difíciles)”.
Respecto a los riesgos que observa, destaca: “creer que ‘si lo dice la IA es verdad’: puede equivocarse y además sonar convincente; la privacidad y datos: el gran error es meter información sensible sin política clara; la desigualdad interna: quien usa IA bien puede rendir el doble; quien no, se queda atrás. Hay que formar; la pérdida de criterio: si delegas el pensamiento, pierdes capacidad de decidir; y la deshumanización: si todo se automatiza, se enfría la cultura y se deteriora la confianza: tenemos que identificar qué procesos son digitalizables, y cuáles mejor que los siga haciendo un humano”.
Propone un ejemplo: “muchas aseguradoras ya indemnizan directamente y en menos tiempo, gracias a algoritmos que comprueban que el caso cumpla con los requisitos para ser indemnizable. Esto está automatizado. Pero cuando algo no cuadra del todo, el algoritmo lo pasa a un humano para que lo evalúe. La clave es el equilibrio: IA para acelerar, pero el juicio, la ética y la decisión final deben ser del líder; incluso en las ventas, la IA permite ayudar muchísimo, pero (al menos de momento), la capacidad de empatizar, de sonreír, y de conectar emocionalmente con el otro, no la tiene”.
“La venta sigue siendo la suma de confianza + valor”, continúa. “Lo que ha cambiado radicalmente es el entorno digital en el que ocurre. Hoy, el cliente llega con información, comparativas y opiniones. A veces ya ha decidido antes de hablar contigo. Se vende en muchos canales a la vez: web, redes, WhatsApp, videollamada, tienda, teléfono… y el cliente espera coherencia en todos. Hay menos paciencia y más ruido: si no aportas valor en segundos, te ignoran. La reputación digital pesa muchísimo: reseñas, presencia, contenido, autoridad, rapidez de respuesta. Y la diferenciación ya no está en el producto (que a menudo se copia), sino en la experiencia: claridad, rapidez, personalización, postventa, surgiendo nuevas figuras (trafficker, closer, growth manager / growth lead, SEO specialist / technical SEO, social selling specialist…)”.
La clave de comercial hoy sería “hacer buenas preguntas, entender de verdad al cliente y convertir tu propuesta en algo fácil de decidir. Y sí, con tecnología, pero sin olvidar que la confianza sigue siendo humana, como he dicho en la pregunta anterior”.
Le inspiran “dos tipos de reinvención en esta era digital. Una, la de líderes que han entendido que transformar no es ‘comprar tecnología’, sino cambiar cultura: mentalidad, hábitos, comunicación, formas de trabajar. Pero, sobre todo, me inspiran las personas que, sin hacer ruido, han dado el salto: profesionales comerciales que han pasado de vender “a la antigua” a dominar CRM, social selling, videollamada, automatización, IA… sin perder el trato humano. La reinvención que más admiro es la que combina actualización tecnológica y madurez emocional: aprender rápido, sin soberbia, y seguir conectando con la gente”.
Concluye afirmando que “la transformación digital ha puesto algo muy claro encima de la mesa: ya no gana el que más sabe, sino el que mejor aprende y se adapta. Y en paralelo, cuanta más tecnología entra en las empresas, más valor tiene lo que no se puede automatizar: criterio, ética, empatía, liderazgo y confianza”.
María Suárez es consultora independiente en áreas de estrategia, desarrollo organizacional y liderazgo sistémico, además directora del programa InPulse en Infinito Delicias

“La palabra reinventarse”, avisa María Suárez, “parece haberse convertido en el mantra de la era moderna y se nos vende como un imperativo categórico: ‘reinvéntate o muere’. Sin embargo, desde la óptica del liderazgo consciente, esta premisa es cuestionable. ¿Realmente necesitamos ser personas distintas para guiar a otros, o necesitamos ser más nosotros mismos que nunca?”.
En ocasiones, “reinventarse sugiere descartar lo viejo para fabricar algo nuevo. En cambio, quizás la palabra “reevaluarse” propone un ejercicio más interesante de arqueología personal. No se trata de adquirir piezas externas, sino de identificar qué creencias, sesgos y fortalezas ya habitan en nosotros y cómo estas operan en el sistema”.
Desde el liderazgo adaptativo, “concepto acuñado por Ronald Heifetz, liderar no es una cuestión de personalidad o de poseer respuestas mágicas, sino una práctica. El líder no se reinventa; el líder aprende a ‘subirse al balcón’ para observar el sistema (y a sí mismo dentro de él) y distinguir entre lo que debe conservarse y lo que debe ser descartado para que la organización evolucione”.
“La psicología humanista”, señala, “nos recuerda que no somos ‘máquinas averiadas’ que necesitan ser rediseñadas. Autores como Carl Rogers postularon que el ser humano tiene una tendencia innata a la actualización. Todos somos personas únicas, creativas y dotadas de un sistema de valores sólido. El liderazgo auténtico surge cuando alineamos esas creencias con nuestra acción. Como decía Rogers, ‘la curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar’. No es reinvención, es florecimiento”.
Para ella, “si entendemos que el liderazgo no es fabricar una nueva identidad, sino reevaluarse para estar más presente, la Inteligencia Artificial puede ser un espejo tecnológico sin precedentes, pero también un laberinto de espejos si no se maneja con criterio. En lugar de ver a la IA como una herramienta que reemplaza el pensamiento, podemos verla como un «socio de autorreflexión» que facilita el trabajo de autoconocimiento necesario para el liderazgo humanista. La IA es capaz de ser “espejo” de datos para identificar patrones sistémicos, o ser un “entrenador” de perspectivas múltiples”.
Al mismo tiempo, “delegar la reevaluación a un algoritmo conlleva riesgos. Por un lado, la comodidad cognitiva y la pérdida de la intuición. Si un líder deja que la IA tome las decisiones difíciles o redacte sus mensajes de feedback, pierde la presencia. Se deshumaniza el vínculo. Si el equipo siente que interactúa con un guion generado por IA, se rompe la confianza sistémica. El liderazgo es, ante todo, una conexión de humano a humano”.
Por otro lado, subraya “el sesgo de la normalización. Las IA se entrenan con promedios. Si un líder busca en la IA «cómo debe ser un líder», el algoritmo le devolverá un estándar basado en el pasado. Esto va en contra de la idea de que somos seres únicos y creativos. El riesgo es que la IA actúe como una fuerza de «reinvención» hacia la mediocridad o el conformismo, en lugar de potenciar la singularidad de cada persona. Cómo escribe Peter Senge en su libro La Quinta Disciplina: El arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje (1990), “la tecnología es solo una herramienta. La gente es la que usa las herramientas para provocar el cambio».
Esta filosofía de liderazgo consciente “la estamos aplicando en el Programa InPulse, una iniciativa de Infinito Delicias diseñada para acompañar a personas emprendedoras que buscan generar un impacto real en los Sectores Culturales y Creativos, SCC”, explica. “InPulse no se presenta como un manual de instrucciones para «reinventarse», sino como un espacio de referencia y encuentro. Es un ejemplo tangible de cómo el liderazgo se construye desde el autoconocimiento y la presencia. Potenciamos la comunidad frente al individualismo. En lugar de líderes aislados, InPulse fomenta una comunidad vibrante donde el encuentro entre iguales permite romper el aislamiento y potenciar el apoyo mutuo.
Acompañamos en el Ser y el Hacer. A través de sus itinerarios personalizados, el programa ofrece diagnóstico y hoja de ruta, pero también reserva espacios para el vacío fértil, una práctica que invita a la visualización y a la prospección antes de la acción”.
“Para ello, practicamos el liderazgo sistémico”, concluye, “con herramientas como el «confesionario» que permiten que los desafíos organizacionales se resuelvan de forma colectiva, entendiendo que un pequeño cambio en la mirada de un líder puede mover todo el sistema. Este proceso de reevaluación ocurre en Infinito Delicias, un espacio en Madrid diseñado para que todo fluya. Es un entorno que invita al cruce de miradas y a la hibridación con otros ecosistemas (tecnología, salud, economía circular), recordándonos que el liderazgo adaptativo se nutre de la diversidad y la apertura”.
Elena Richart es coach ejecutiva especialista en Liderazgo y Desarrollo Directivo y Fundadora de The Coach Plan

Para Elena Richart, “la clave está en cómo entendamos la palabra “reinventarse”. Si hablamos de cambiar radicalmente de profesión o de identidad profesional, no necesariamente es obligatorio hacerlo. Pero si hablamos de revisar y evolucionar profundamente el concepto que tenemos sobre lo que significa liderar, entonces sí: es imprescindible”.
Durante décadas, subraya, “hemos operado bajo un modelo de liderazgo basado en el control, la autoridad jerárquica y la orientación casi exclusiva a resultados. Ese paradigma ya no responde a la complejidad del entorno actual, ni a las expectativas de las nuevas generaciones, ni a la velocidad exponencial a la que evolucionan la tecnología y los negocios”.
Reinventarse hoy implicaría para ella “un cambio de mentalidad. Supone pasar de un liderazgo centrado en el ‘qué’ y el ‘cuánto’ a uno más conectado con el ‘para qué’ y el ‘cómo’. Implica integrar propósito, aprendizaje continuo, inteligencia emocional y foco real en las personas”.
“No significa renunciar a los resultados”, aclara, “sino todo lo contrario, entender que los resultados sostenibles llegan cuando se construyen desde equipos comprometidos, autónomos y emocionalmente seguros. Sin embargo, todavía vemos muchos líderes “jefeando” como decimos, atrapados en patrones heredados que ya no funcionan en entornos de alta incertidumbre y cambio constante. La verdadera reinvención no es tanto cambiar lo que haces, sino transformar el cómo y desde dónde lo haces”.
La IA podría ser la gran facilitadora de esta evolución, en su opinión, “porque en realidad, uno de los principales obstáculos que encuentro en los líderes es la sobrecarga operativa. Muchas estructuras siguen diseñadas desde el paradigma del control: reportes constantes, validaciones innecesarias, micro gestión… Todo ello consume mucho tiempo y energía que debería estar dedicada al desarrollo estratégico y humano del equipo”.
Si la IA permite “automatizar tareas, optimizar procesos y reducir significativamente el tiempo invertido en operativa, libera un recurso clave: el espacio para poner foco en lo verdaderamente importante a la hora de liderar… ese foco es hoy uno de los activos más valiosos”.
“Ahora bien”, advierte, “el riesgo no está en la tecnología, sino en cómo la utilizamos y a que dedicamos ese espacio liberado gracias a ganar en productividad. La IA no puede convertirse en un sustituto de la conexión humana. No puede reemplazar la escucha, la empatía ni la capacidad de generar confianza en los equipos y desde luego no puede sustituir ese pensamiento crítico y la visión estratégica que nos permite tomar decisiones de manera más consciente. Si no evolucionamos el mindset, solo estaremos digitalizando viejos patrones de control. La IA debe ser una palanca para reducir el ruido y aumentar la calidad del liderazgo, no para deshumanizarlo”.
En realidad, señala, “prefiero hablar de evolución más que de reinvención. Evolucionar implica integrar la experiencia pasada y ampliar la conciencia, no romper con todo lo anterior. La clave está en la conciencia. En ayudar a la persona a identificar los patrones, creencias y máscaras que ha ido construyendo a lo largo de su trayectoria profesional. Muchos líderes operan desde una identidad defensiva: la del que tiene que saberlo todo, la del que no puede mostrarse vulnerable, la del que confunde exigencia con presión constante”.
“Cuando se acompaña al liderazgo a conectar con su esencia”, confirma por su propia experiencia, “con sus valores y con su historia, se produce algo muy potente: deja de liderar desde el ego y empieza a liderar desde la autenticidad y eso es lo que hacemos en nuestros procesos de acompañamiento. Recientemente trabajé con un manager técnicamente brillante, pero cuyo nivel de exigencia y autoritarismo generaba miedo en su equipo. Las encuestas de experiencia eran muy negativas. Al profundizar, descubrimos que detrás de su dureza hacia los demás había un nivel de autoexigencia extremadamente alto. Su patrón no era de soberbia, sino de supervivencia”.
“Al desmontar esa narrativa interna”, termina, “reconectar con su vulnerabilidad y aceptar que no debía tener todas las respuestas, y que los demás no tenían por qué ver el mundo a su ritmo ni desde la misma perspectiva. Entendió que todas las personas pueden aportar algo interesante y comenzó a delegar, a escuchar y a mostrarse más humano. El impacto fue transformador: mejor clima, mayor compromiso y resultados superiores. De hecho, su Directora me escribió hace poco dándome las gracias por el increíble cambio que había visto en él y es ahí donde me siento super orgullosa del trabajo que hacemos cada día y del sentido que tiene”.
Señala, por tanto, “un ingrediente imprescindible: la apertura al cambio. Sin esa disposición interna, ningún proceso de acompañamiento puede generar transformación real por eso aquí el mérito es de la persona que viene abierta a transformar y mirar hacia adentro”.
“No soy especialmente de idolatrar figuras públicas”, aclara, “pero sí admiro a quienes integran conciencia, coherencia y humanidad en su liderazgo. Me inspiran profundamente las personas que deciden mirarse hacia dentro. Los líderes que, aun teniendo éxito externo, se permiten cuestionarse y evolucionar. Esa valentía es extraordinaria. En la comunidad de CISOs, por ejemplo, voy viendo ya perfiles que han dado ese paso hacia un liderazgo más consciente, equilibrando excelencia técnica con inteligencia emocional. Me cuesta más verlo en otros puntos de la cadena de valor en tecnología. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero poco a poco va cambiando y sobre todo empieza a haber más apertura”.
En cuanto a las palancas, “la tecnología es una, sin duda. Pero para mí la más potente es el desarrollo de la inteligencia emocional. Seguimos siendo, en muchos contextos, analfabetos emocionales y, sin autoconocimiento, regulación emocional y empatía, es muy difícil evolucionar como líder. Otras palancas son el aprendizaje continuo, la apertura, la diversidad de perspectivas, y la creación de espacios seguros donde cuestionar el statu quo sin miedo, a mi esta última me parece muy enriquecedora en las organizaciones… La reinvención real comienza cuando ampliamos nuestra conciencia”.
En esencia, el proceso de acompañamiento no ha cambiado respecto a hace dos décadas. “Las bases del coaching (escucha, preguntas poderosas, responsabilidad y foco en objetivos) siguen siendo las mismas. Lo que sí ha cambiado es la profundidad a la que estamos dispuestos a trabajar. Antes el foco estaba más orientado exclusivamente al resultado visible. Hoy entendemos que el resultado sostenible nace del Ser”.
“Hay muchos líderes”, añade, “que llegan buscando soluciones rápidas, fórmulas concretas, cambios inmediatos. Pero es importante sentar las bases y las expectativas para que entiendan que los procesos de transformación profunda requieren tiempo y valentía, pero sobre todo compromiso por parte de ellos mismos para empezar a hacer cosas de manera diferente. Si no abordamos la raíz (las creencias, los miedos, las narrativas internas) el cambio será superficial y tarde o temprano la persona volverá a sus antiguos patrones. Las prisas no son buenas compañeras en procesos de liderazgo. Transformar no es ajustar una competencia; va más de revisar una identidad y con qué me identifico realmente más allá del personaje”.
“En mi caso”, concluye, “mi formación en psicología influye profundamente en esta mirada. Sé, por experiencia profesional y personal, que los procesos de reinvención y transformación auténtica van mucho más allá de lo que se ve externamente. Y cuando el cambio se produce a ese nivel, el impacto es duradero y afecta a todos los ámbitos de tu vida”.

Rubén Fernández-Costa O’Dogherty
Periodista, Asesor y Miembro del Comité Editorial de CyberLideria MGZN
Rincón del CISO
30 Julio 2026
Podcast de Cyberlideria MGZN.
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