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16 Marzo 2026
Shell registra cerca de 1.100 millones de toneladas de emisiones de CO₂ en 2025

Shell mantuvo prácticamente sin cambios su volumen total de emisiones de gases de efecto invernadero durante 2025, con alrededor de 1.100 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente, según su último informe anual y estimaciones recogidas por Reuters.

La mayor parte de esta huella climática procede de las emisiones de Alcance 3, asociadas al uso final de los combustibles que la compañía vende en el mercado energético global.

Una huella climática de gran magnitud

Las cifras publicadas reflejan el enorme impacto ambiental vinculado tanto a las operaciones de la empresa como a la combustión de sus productos energéticos. Para contextualizar, el total de emisiones relacionadas con Shell supera ampliamente las emisiones anuales de países como el Reino Unido, que registró cerca de 480 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2024, menos de la mitad.

Estos datos ponen de relieve el reto que supone para la transición energética la actividad de las grandes compañías de petróleo y gas, cuyas emisiones incluyen tanto la producción de energía como el impacto derivado de su consumo posterior.

Las emisiones de Alcance 3 concentran el mayor impacto

En el caso de Shell, la mayor parte de su huella de carbono se encuentra en el Alcance 3, que engloba las emisiones generadas por los clientes al utilizar los combustibles comercializados por la empresa.

Por su parte, las emisiones de Alcance 1 y Alcance 2 corresponden a las actividades propias de la compañía, como la extracción, el refinado o el consumo energético en sus instalaciones.

En el sector energético, este tipo de emisiones indirectas suele representar más del 80% del impacto climático total, ya que las empresas actúan principalmente como proveedoras de energía para terceros.

La magnitud de estas emisiones sigue alimentando el debate sobre la credibilidad y la velocidad de las estrategias de transición energética del sector, especialmente en un contexto en el que la demanda mundial de hidrocarburos continúa siendo elevada.

La intensidad de carbono permanece estable

Shell también informó de que su Intensidad Neta de Carbono (INC) se situó en 71 gramos de CO₂ equivalente por megajulio en 2025, el mismo nivel registrado el año anterior.

Este indicador es la principal métrica que utiliza la compañía para evaluar el progreso de su estrategia de transición energética, cuyo objetivo final es alcanzar cero emisiones netas en 2050.

A diferencia de las emisiones totales, la intensidad de carbono mide la cantidad de emisiones generadas por cada unidad de energía suministrada. Esto permite reflejar cómo las empresas van incorporando fuentes energéticas con menores emisiones —como electricidad renovable, biocombustibles o hidrógeno— en su cartera energética.

Debate sobre los objetivos basados en intensidad

Los objetivos climáticos basados en métricas de intensidad continúan siendo objeto de debate entre expertos, inversores y responsables políticos.

Este tipo de indicadores permite que una empresa reduzca su intensidad de carbono incluso si su producción total de combustibles fósiles aumenta, siempre que incorpore energías de menor impacto o utilice compensaciones de carbono.

Los críticos consideran que este enfoque puede ocultar un aumento de las emisiones absolutas, especialmente si la demanda global de energía sigue creciendo. Sin embargo, quienes lo defienden sostienen que estas métricas reflejan mejor el proceso de transición para compañías que operan en un sistema energético todavía dominado por los combustibles fósiles.

Un equilibrio complejo para la industria energética

Las cifras de Shell ponen de manifiesto el desafío estructural al que se enfrenta el sistema energético global. Las grandes petroleras continúan siendo actores clave en el suministro energético mundial, mientras al mismo tiempo se enfrentan a una creciente presión para acelerar sus planes de descarbonización.

Para los inversores, el mantenimiento de un perfil de emisiones estable indica que la estrategia de transición de la compañía se basa en cambios graduales dentro de su cartera energética, más que en una reducción rápida de la producción de combustibles fósiles.

Al mismo tiempo, los responsables políticos insisten en la necesidad de desarrollar marcos regulatorios que tengan en cuenta tanto la intensidad de carbono como las emisiones totales, si se pretende avanzar hacia los objetivos climáticos globales.

A medida que los gobiernos amplían las obligaciones de transparencia climática y los mercados examinan con mayor detalle los planes de transición de las empresas energéticas, los informes de emisiones de compañías como Shell seguirán siendo una referencia clave para evaluar el avance real de la transición energética mundial.

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