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7 Septiembre 2026
Un El Niño extraordinario amenaza con sacudir el clima, los alimentos y la economía mundial

El calentamiento del Pacífico podría provocar fuertes alteraciones en las lluvias, elevar el riesgo de sequías e inundaciones y tensionar la producción agrícola durante los próximos meses. Sus consecuencias podrían prolongarse hasta 2027.

El planeta se prepara para un nuevo episodio climático de gran magnitud. El Niño está ganando intensidad en el océano Pacífico y las previsiones apuntan a que podría convertirse en uno de los eventos más fuertes registrados en las últimas décadas, con posibles consecuencias sobre el clima, la agricultura y los precios de los alimentos en distintas regiones del mundo.

Según las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno ya se encuentra establecido y existe una probabilidad muy elevada de que continúe activo hasta comienzos de 2027. Su máxima intensidad se produciría hacia finales de 2026, por lo que los próximos meses serán especialmente importantes para conocer hasta dónde llega su impacto.

El Niño aparece cuando la temperatura de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental aumenta por encima de sus valores habituales. Aunque el fenómeno se origina en el océano, modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar las precipitaciones y las temperaturas a miles de kilómetros de distancia.

Un mismo fenómeno, consecuencias muy diferentes

El principal problema es que El Niño no afecta por igual a todas las regiones. Mientras algunas zonas pueden sufrir una reducción importante de las precipitaciones, otras se enfrentan precisamente al escenario contrario: lluvias intensas y un mayor peligro de inundaciones y deslizamientos.

Entre septiembre y noviembre, algunas áreas de India, Australia, Centroamérica, el Caribe y el noroeste de Sudamérica podrían registrar condiciones más secas de lo habitual. En cambio, el Cuerno de África, el sureste de Sudamérica y determinadas zonas de Europa, Asia y Norteamérica presentan mayores probabilidades de experimentar precipitaciones superiores a la media.

A ello se suma otro factor: el calor. Las temperaturas por encima de los valores habituales podrían extenderse por buena parte de las principales regiones continentales.

Sin embargo, estas previsiones no significan que todos esos territorios vayan a sufrir necesariamente una catástrofe. El Niño modifica las probabilidades climáticas, pero sus efectos concretos dependen también de numerosos factores regionales.

Asia mira al cielo y a sus cultivos

Una de las principales preocupaciones se encuentra en Asia, donde cualquier alteración prolongada de las lluvias puede tener consecuencias importantes sobre la agricultura.

India llega a esta situación después de periodos de precipitaciones inferiores a lo habitual durante el monzón de 2026. Cultivos esenciales como el arroz, el maíz, la soja o el algodón podrían verse perjudicados si el déficit hídrico se prolonga.

Una reducción de las cosechas no solo supondría pérdidas para los agricultores. También podría aumentar la necesidad de importar alimentos y ejercer una mayor presión sobre los precios.

En el sudeste asiático, un escenario más cálido y seco podría afectar asimismo a productos estratégicos como el arroz y el aceite de palma. Además, la falta de humedad puede favorecer los incendios forestales y los episodios de humo y contaminación atmosférica.

En África Oriental, el peligro puede llegar con demasiada agua

El panorama cambia radicalmente en el este de África. Allí, El Niño puede favorecer unas condiciones más húmedas durante los últimos meses del año.

En las áreas más vulnerables del Cuerno de África, unas precipitaciones excepcionalmente intensas elevarían el riesgo de inundaciones y corrimientos de tierra.

La situación resulta especialmente delicada en territorios donde las infraestructuras son limitadas o donde ya existen problemas de inseguridad alimentaria y desplazamiento de población. Una sucesión de lluvias extremas podría agravar esas dificultades.

América, dividida entre la sequía y el exceso de lluvia

El continente americano también presenta un escenario desigual.

El sureste de Sudamérica podría recibir más precipitaciones de lo habitual, mientras que zonas de Centroamérica, el Caribe y el noroeste sudamericano podrían afrontar meses más secos.

El denominado Corredor Seco centroamericano es uno de los puntos sensibles. Las comunidades rurales de esta región ya han sufrido repetidos episodios de sequía, por lo que una nueva reducción de las lluvias podría afectar directamente a sus cosechas y medios de vida.

Más al sur, la atención estará puesta en gigantes agrícolas como Brasil y Argentina. Cualquier modificación relevante de sus cosechas puede trascender sus fronteras debido al enorme peso de ambos países en los mercados internacionales de productos agrícolas.

Australia se prepara para meses de calor

Las perspectivas tampoco son tranquilizadoras para algunas zonas del sur y el este de Australia, donde se esperan temperaturas elevadas y una mayor probabilidad de precipitaciones escasas.

Los episodios intensos de El Niño han coincidido históricamente con un aumento del peligro de sequía e incendios en determinadas regiones australianas. No obstante, la magnitud final de una temporada de incendios depende de muchos otros factores meteorológicos y ambientales.

En las islas del Pacífico, las alteraciones asociadas al fenómeno pueden repercutir además sobre las reservas de agua dulce, la agricultura, los ecosistemas marinos y el comportamiento de los ciclones tropicales.

El gran riesgo económico está en el plato

Más allá de sequías o inundaciones concretas, existe un riesgo capaz de conectar todos estos escenarios: los alimentos.

Si varias grandes regiones productoras sufrieran simultáneamente malas cosechas, la reducción de la oferta podría trasladarse a los mercados internacionales. El comercio permite normalmente compensar los déficits de una zona con la producción de otras, pero esa capacidad disminuye cuando numerosos productores atraviesan problemas al mismo tiempo.

Además, ante una crisis de abastecimiento algunos gobiernos pueden optar por limitar las exportaciones para proteger sus mercados internos. Este tipo de medidas puede intensificar las tensiones sobre la oferta internacional y contribuir a elevar los precios.

Por eso, la evolución de El Niño no interesa únicamente a meteorólogos y científicos. También está siendo seguida por agricultores, gobiernos, empresas y mercados financieros.

Los próximos meses serán decisivos

El calentamiento registrado en el Pacífico ha situado este episodio entre los eventos que requieren una vigilancia especialmente estrecha. Las previsiones apuntan a que podría continuar fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad hacia noviembre o diciembre.

Ese calendario convierte el final de 2026 en una ventana decisiva para la prevención.

La gestión de los embalses, la planificación de las campañas agrícolas, las reservas de alimentos, la preparación frente a incendios y el refuerzo de las medidas contra inundaciones pueden determinar hasta qué punto una anomalía climática termina convirtiéndose en una emergencia humanitaria o económica.

Y después llegará 2027

Aunque el momento de mayor intensidad de El Niño se espera para finales de este año, sus consecuencias podrían sentirse durante buena parte de 2027.

El fenómeno es un ciclo natural del sistema climático y no está provocado por el cambio climático. Sin embargo, aparece en un planeta que ya presenta temperaturas oceánicas y atmosféricas elevadas debido al calentamiento global. Esa combinación preocupa a los científicos porque puede contribuir a intensificar determinados episodios de calor y otros fenómenos extremos.

Por este motivo, 2027 estará especialmente bajo vigilancia ante la posibilidad de registrar temperaturas globales excepcionalmente altas.

El verdadero desafío de los próximos meses no será únicamente conocer hasta dónde llegará este El Niño, sino comprobar hasta qué punto los países son capaces de anticiparse a sus consecuencias.

Porque un fenómeno que comienza con agua anormalmente caliente en una parte del Pacífico puede terminar sintiéndose a miles de kilómetros de distancia: en los campos, en los embalses, en los supermercados y, finalmente, en el bolsillo de millones de personas.

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