El 2025 ha vuelto a ser un año intenso, en el que han seguido acelerándose las tendencias, ninguna buena, que se venían apuntando los últimos años en materia de seguridad. En primer lugar, y como contexto de todas las demás, el incremento de la inestabilidad geopolítica. No es algo que pueda sorprender a nadie, pero estamos inmersos en un proceso de cambio de los equilibrios geopolíticos consecuencia de las dos guerras mundiales del siglo pasado, lo que afecta de lleno a los profesionales de seguridad, actores, cuanto menos paraestatales, por no decir directamente, estatales, se convierten en amenazas directas y cada día más relevante para las empresas y organizaciones a las que tratamos de proteger.
En segundo lugar, un incremento de la ciberamenaza. En parte motivado por lo anterior, pero también consecuencia, además de los enormes beneficios de esta actividad delictiva, a la que los estados (garantes de la seguridad pública) no están siendo capaces de frenar, de dos factores clave, la cada vez mayor digitalización de sociedades y empresas, haciendo que cada día la dependencia de aquellas de la tecnología sea mayor, y por lo tanto también, el impacto de cualquier incidente en esta.
Y por otro, la interdependencia, cada vez mayor de terceras empresas. El denominado Riesgo de Terceros. Es cada vez más difícil, por no decir imposible, el controlar adecuadamente el riesgo asociado todos y cada uno de los componentes que se integran en la cadena de funcionamiento y prestación de servicios de una gran (y que decir si pequeña) compañía. ¿Se puede chequear cada actualización de un antivirus, de un navegador o de todos los elementos del sistema operativo de cada uno de los equipos de todo tipo de una empresa desde cámaras a lectores, pasando por servidores o sistemas de calefacción?
En tercer lugar, yo destacaría la complejidad. Ya no basta con decir que no hay perímetro, es que tampoco hay, sólo, data center propios o alquilados, ahora hay (prácticamente todos) servicios funcionando híbridamente, en nuestro data center y en la nube o nubes (básicamente el data center de otros), con idas y venidas de los flujos cada vez más complejos y difíciles de entender. Con asertos que hubo un tiempo que creímos, como que la nube era, per se, desde el inicio y por definición, segura y resiliente, que el tiempo nos ha demostrado, cuanto menos en un porcentaje importante falsos, y basta con recordar el reciente caso de la caída de la región principal de AWS casi doce horas.
Y , por no extenderme, me limito a apuntar dos tendencias más, el incremento de la presión regulatoria (hay algunos que siguen creyendo que con una ley se resuelve cualquier cosa) y la disrupción de las nuevas tecnologías , la IA, de la que me niego a decir nada para no saturar al paciente lector ni alimentar el hype, y, creo que es aún más relevante, el progreso de la computación cuántica, que, en menos de un lustro, transformará la ciberseguridad que hoy usamos, devorando y sacando del mercado a las organizaciones menos ágiles en el proceso evolutivo o de cambio al mundo post cuántico.
Como contrapunto de lo anterior, los profesionales de seguridad tendrán cada vez más trabajo, y estas tendencias motivaran además su crecimiento y desarrollo profesional, para ser capaces de afrontar los nuevos retos, y su contribución a la sostenibilidad de sus organizaciones , será más visible y relevante. Así que el futuro es, sin duda, prometedor para todos los que nos dedicamos a la Seguridad.

Guillermo Llorente
Director Corporativo de Seguridad MAPFRE
Rincón del CISO
31 Julio 2026
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