Autor: Ander Ortiz Ortega
Las empresas exitosas no funcionan solas: además de encajar oferta y demanda, deben garantizar una coherencia entre sus objetivos de negocio (focalizados en innovar constantemente para vender más y mejor que el resto, como anticipaba Peter Drucker hace décadas) y los de su entorno (incluyendo a clientes, proveedores, inversores y reguladores). Además, para ser perdurables, deben hacerlo de manera rentable (reduciendo costes y mejorando su productividad), y para ello es imprescindible la tecnología. Esto los lleva a poner foco en aquello que realmente saben hacer (su “esencia”) y delegar el resto en terceros aplicando el concepto de “empresa extendida”. Sirvan como ejemplo aquellos procesos que delegan en el cliente la “toma de datos” (formularios) o la identificación de acciones de mejora continua (encuestas, canal de sugerencias), y externalizan en proveedores la gestión de tareas no troncales (tales como el marketing de captación de clientes o el procesamiento tecnológico intensivo).
En este contexto de empresa extendida, cobran mayor relevancia dos prácticas de management que hasta ahora transitaban por separado en entornos corporativos: la responsabilidad social corporativa (que evalúa el impacto de la responsabilidad directiva en factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo) y la ciberseguridad (que requiere un compromiso firme por la protección de los datos compartidos entre empresas, proveedores y clientes). De hecho, la suma de riesgos ambientales (escasez de recursos naturales, contaminación, …) y tecnológicos (desinformación, ciber espionaje, …) ya suponen ocho de los diez mayores riesgos según la previsión del foro Económico Mundial para los próximos diez años (Global Risks Report 2025).
No obstante, ya sea por cuestiones sociales o tecnológicas, la problemática de “preocuparse al mismo tiempo por lo propio y lo ajeno” no es sencilla para los directivos en el contexto actual. Actualmente, varias circunstancias generan una “tormenta perfecta” que desafía el management ético y responsable en los entornos de negocio y tecnológico:
No obstante, las barreras entre responsabilidad social y tecnología tienden a difuminarse en mayor medida en el control de riesgos en la cadena de suministro. Ello requiere identificar y gestionar el riesgo digital en aquellos proveedores que manejan información clave de la compañía. En este sentido, se requerirán medidas excepcionales de evaluación progresiva de la madurez de cada proveedor crítico, considerando factores como la intencionalidad, la factibilidad, la verificación activa y la acreditación de los controles de ciberseguridad.
En definitiva, es el momento de alinear los intereses sociales y tecnológicos de las compañías, con el objetivo común de aportar confianza y transparencia a todas las partes interesadas. Esto será imprescindible para cualquier empresa exitosa y consciente de su entorno.

Rincón del CISO
28 Julio 2026
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