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1 Marzo 2026
Artículo de Dina Chaves: Tendencias en propiedad intelectual para 2026

Durante años, la propiedad industrial e intelectual ha sido percibida por muchas empresas como un tema jurídico, casi administrativo: registrar una patente, renovar una marca, reaccionar ante una infracción. Ese enfoque ya no es suficiente. En un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la inteligencia artificial generativa y una competencia global cada vez más intensa, la gestión de los activos intangibles se está convirtiendo en una cuestión central de estrategia empresarial. A lo largo de 2026 se va a consolidar un cambio de paradigma: proteger ya no es suficiente; hay que gobernar, explotar y defender el conocimiento y la innovación de forma inteligente.

La forma en que empresas, inversores y mercados entienden la propiedad intelectual está cambiando, y lo está haciendo de manera acelerada. Se trata de un cambio de visión que da respuesta a la evolución del mercado y la manera en que se crea el valor actualmente.

En primer lugar, vemos cómo los activos intangibles son ya la principal fuente de valor empresarial. Patentes, marcas, diseños, secretos empresariales, software o datos pesan tanto o más que fábricas o maquinaria en el balance real de muchas compañías, especialmente en sectores intensivos en innovación. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO) lo confirma: desde 2008, la inversión en activos intangibles ha crecido a un ritmo tres veces superior a la inversión en activos tangibles. España, además, destaca por haber reducido de forma significativa esta brecha, con un crecimiento medio del 3,5 % anual en la última década.

A partir de ahora esta tendencia se intensificará. Inversores, socios industriales y potenciales compradores exigirán mayor transparencia sobre cómo se protegen, valoran y explotan estos activos. La propiedad intelectual cada vez será vista menos como “coste necesario” y cada vez más como una palanca directa de competitividad, financiación y crecimiento. Quienes no sepan demostrar ese valor correrán el riesgo de quedarse fuera de las decisiones estratégicas.

La inteligencia artificial como catalizador (y como riesgo)

La segunda gran fuerza de cambio es la inteligencia artificial. La IA no solo seguirá acelerando los procesos de innovación, sino que redefinirá la forma en que se generan los activos protegibles. Desde el diseño de nuevos productos y marcas hasta el desarrollo de software, métodos y fórmulas o la optimización de procesos, la IA amplía la capacidad creativa de las organizaciones y reduce los tiempos de llegada al mercado.

No es casual que, según la WIPO, las inversiones en intangibles que más crecen sean precisamente las relacionadas con software y bases de datos. Sectores como la salud, la energía, el retail, la educación o el turismo vivirán un “boom” de nuevos activos vinculados a estas tecnologías. Sin embargo, este avance viene acompañado de interrogantes complejos: ¿quién es el titular de una invención generada con IA?, ¿cómo se documenta la autoría?, ¿qué riesgos existen si se entrenan modelos con datos o contenidos de terceros? Las empresas que logren capturar verdadero valor serán aquellas que integren la IA en sus procesos de innovación con criterios claros de protección, trazabilidad y gestión del riesgo.

Es por ello que el gobierno del dato y de la seguridad de la información tendrán cada vez más peso. El valor empresarial no reside únicamente en derechos registrados (como una patente o una marca), sino en el conocimiento que no siempre se registra oficialmente: datos, algoritmos, modelos, documentación técnica o know-how interno. Su protección depende menos de una oficina de registro y más de sistemas sólidos de gestión, confidencialidad y control.

En este contexto, el secreto empresarial y los sistemas integrales de gestión de propiedad intelectual ganan protagonismo. No contar con ellos implica riesgos evidentes: fugas de información, pérdida de ventaja competitiva o incapacidad de demostrar la titularidad de un activo en una auditoría o un litigio. Gobernar bien el dato será tan importante como innovar.

China y Asia, el nuevo centro de gravedad

Por otro lado, la geografía de la propiedad intelectual también está cambiando. Los datos más recientes de la WIPO muestran que alrededor del 70 % de las solicitudes mundiales de patentes ya se concentran en Asia. China, en particular, se ha consolidado como actor dominante, con cerca de 1,8 millones de solicitudes anuales, aproximadamente la mitad del total global.

Para las empresas con ambición internacional, esta realidad obliga a repensar las estrategias tradicionales. Proteger solo en Europa o Estados Unidos ya no es suficiente. Ahora deberán incorporar Asia —y especialmente China— desde las fases más tempranas de la estrategia de solicitud de registro, y la vigilancia tecnológica será clave no solo para proteger la innovación, sino para negociar licencias, anticipar movimientos de la competencia y posicionarse en los mercados donde realmente se está generando valor.

Paradójicamente, mientras tanto, Europa se está volviendo más compleja desde el punto de vista estratégico. La coexistencia de patentes nacionales, patentes europeas “clásicas” y patentes europeas con efecto unitario amplía las posibilidades, pero también exige estrategias bien definidas. Los datos indican que las empresas españolas están respondiendo: ya en 2024 vimos cómo más del 50 % de las patentes europeas solicitadas por empresas españolas se validaron con efecto unitario, superando la media europea. Esta preferencia refleja una visión más alineada con mercados transfronterizos y modelos de explotación paneuropeos. Elegir bien la vía de protección será una decisión estratégica que deberá equilibrar alcance geográfico, costes y objetivos de negocio.

La conclusión es clara: en este nuevo ejercicio, y de cara al futuro, la propiedad intelectual dejará de ser un compartimento estanco para convertirse en un eje transversal de la estrategia empresarial. IA, datos, globalización y complejidad regulatoria obligan a las organizaciones a adoptar una visión más madura y estratégica de sus intangibles. No se trata solo de tener ideas, sino de gobernar el conocimiento como el activo crítico que ya es. Quienes entiendan este cambio no solo estarán mejor protegidos, sino mejor preparados para competir en la economía que viene.

Dina Chaves

Directora de Consultoría y Negocio Internacional de ClarkeModet

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