Hace un año entró en vigor el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial. Europa fue la primera en dar un paso decisivo para regular una tecnología que, si se usa bien, puede cambiar radicalmente la forma en que vivimos, trabajamos… y nos cuidamos. Este aniversario no solo invita a reflexionar sobre el equilibrio entre innovación y ética, también nos obliga a preguntarnos: ¿estamos aprovechando todo el potencial de la IA en los ámbitos que más lo necesitan?
Uno de esos ámbitos es, sin duda, la salud.
En Sanofi, como biofarmacéutica impulsada por la I+D y potenciada por la IA, estamos convencidos de que esta tecnología ya está cambiando la forma en que descubrimos, desarrollamos y entregamos tratamientos. Y no lo decimos como un claim aspiracional, sino desde la experiencia diaria: hoy usamos la IA para diseñar nuevas moléculas, acelerar el desarrollo de vacunas mRNA, predecir riesgos en ensayos clínicos, o anticipar fallos en la cadena de suministro para garantizar que los medicamentos lleguen a quien los necesita sin retrasos.
La inteligencia artificial también ayuda en el diseño de terapias más personalizadas: mediante el análisis conjunto de datos clínicos, genéticos y moleculares, nuestros equipos están identificando patrones que nos ayudan a entender por qué ciertas personas responden mejor a determinados tratamientos, y cómo intervenir antes en enfermedades complejas como la esclerosis múltiple, diabetes tipo 1, EPOC y otras patologías.
Nuestra ambición es clara: reducir a la mitad el tiempo entre el descubrimiento de un nuevo fármaco y su llegada al paciente. Y la IA está siendo clave para lograrlo.
Pero esta transformación no ocurre sola. Requiere inversión, talento y un entorno regulador que no solo supervise, sino que impulse. Por eso celebramos la entrada en vigor del Reglamento de IA, porque aporta seguridad jurídica y refuerza la confianza de pacientes, profesionales y empresas. También somos conscientes de que aún queda camino por recorrer: el despliegue efectivo de la IA en salud dependerá en gran medida del acceso a datos de calidad, de una infraestructura digital sólida y de una inversión decidida en competencias tecnológicas para los profesionales sanitarios.
Desde hace unos meses, Barcelona acoge un hub global de inteligencia artificial, un espacio donde se conectan expertos en datos, tecnología y ciencia para acelerar soluciones que puedan escalarse a nivel mundial. Apostar por Europa no es casualidad: creemos que aquí existe el talento, la capacidad científica y el marco ético necesarios para liderar la revolución de la IA en salud.
Sin embargo, para que Europa no se quede atrás frente a otros polos como EE. UU. o China, hace falta una apuesta coordinada y sostenida, que combine regulación inteligente, incentivos a la innovación y colaboración entre empresas, instituciones públicas, universidades y startups.
Como parte de esta industria, tenemos claro que el verdadero valor de la inteligencia artificial no está solo en la tecnología en sí, sino en lo que nos permite hacer: anticiparnos mejor, tratar antes, personalizar más, y, sobre todo, mejorar la vida de las personas. Ese es, al final, el propósito que guía nuestro trabajo cada día.
La inteligencia artificial es una herramienta, no un fin. Usada con propósito, puede ser una de las mayores aliadas que tenemos para construir una salud más ágil, más equitativa y más humana. Porque en Sanofi, cada avance tecnológico tiene un único destino: mejorar la vida de las personas.

Elena Medina, Digital Lead Iberia de Sanofi
Rincón del CISO
28 Julio 2026
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