La mayoría de empresas saben que sus empleados usan ChatGPT, pero aún no tienen una política de uso responsable de IA ni han formado a sus equipos
Todos sabemos que en las empresas se está usando ChatGPT y otras herramientas de IA generativa (IAGEN). Lo sabemos porque lo hemos visto en nuestros propios equipos, porque nos lo han contado, porque algunos presumen de que ya no contestan emails sino que la IA lo hace por ellos, o porque nosotros mismos lo hemos probado.
La realidad es que la IA, y sobre todo, la IAGEN está dentro de las organizaciones, nos guste o no, y lo está de forma espontánea, sin control y sin reglas claras. Y aquí aparece la gran paradoja: la mayoría de directivos con los que hablas son conscientes de ello, pero sus empresas aún no han aprobado una política de uso responsable ni han formado a sus equipos. Es como conducir un coche a toda velocidad sin haber pasado nunca por la autoescuela.
El problema de mirar hacia otro lado no es solo un problema legal. Por supuesto, la normativa está ahí, con el nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (RIA) marcando un antes y un después en cómo debemos gestionar estas herramientas. También está el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) recordándonos que los datos no son un juguete. Pero más allá del marco regulatorio, hay un riesgo cultural y organizativo enorme: dejar que la IA se use sin límites, normas y criterio significa abrir la puerta a errores graves, a sesgos en la información, a filtraciones de datos confidenciales, a una pérdida de confianza por parte de clientes e inversores. Y al mismo tiempo, es una oportunidad desperdiciada, porque la IA no solo genera riesgos, también ahorra tiempo, multiplica la eficiencia y puede ser una auténtica ventaja competitiva si se sabe integrar bien.
Lo que diferencia a las empresas que avanzan de las que se quedan atrás no es si usan o no usan IA, porque todas acabarán haciéndolo. La diferencia está en quién se atreve a gestionarla de manera responsable y estratégica. Y aquí es donde el sector legal tiene un papel fundamental. Nuestro rol no puede limitarse a redactar cláusulas o advertir de sanciones: tenemos que ser quienes lideremos el cambio cultural dentro de las organizaciones, quienes traduzcamos la complejidad del RIA en pautas sencillas para los equipos, quienes expliquemos cómo aprovechar la tecnología sin caer en prácticas de riesgo.
El área legal tiene la oportunidad de dejar de ser visto como un freno y convertirse en un motor de transformación. Porque no se trata de prohibir, sino de enseñar a usar. No se trata de poner barreras, sino de abrir caminos seguros. Y esto requiere algo más que documentos: exige formación práctica, ejemplos reales, simulaciones, conversaciones con los equipos para que entiendan cómo usar la IA en su día a día, cuándo pueden confiar en una respuesta y cuándo deben desconfiar, qué tipo de información nunca deben introducir en estas herramientas, qué significa realmente hablar de sesgos y transparencia. En definitiva, se trata de darles las llaves para conducir con seguridad, no de dejarles correr sin frenos.
Las políticas de uso responsable de IA no deberían ser vistas como un trámite burocrático, sino como una herramienta estratégica que protege a la empresa y, al mismo tiempo, le permite avanzar más rápido. Son un seguro de continuidad, igual que lo es tener un plan de compliance o un protocolo de ciberseguridad. Porque cuando una organización demuestra que sabe usar la IA con criterio, genera confianza en el mercado, atrae talento, abre la puerta a inversores y asegura que sus operaciones no se detendrán por un error evitable.
Lo hemos dicho muchas veces. El reto no está en la tecnología, sino en la cultura. Y es aquí donde los profesionales del derecho tenemos mucho que decir. El momento de actuar es ahora, no cuando aparezca la primera sanción o cuando se publique en prensa la filtración de un documento interno.
Estoy convencida de que el sector legal tiene la oportunidad histórica de guiar a las empresas en este camino. La pregunta es si lo haremos ahora, cuando todavía estamos a tiempo, o más tarde, cuando ya no tengamos margen de maniobra.

María M. Pardo de Vera
Socia Digital y Compliance CECA MAGÁN Abogados.
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