Lola Samblas, Global product manager de Santander Consumer Finance, conversa con Federico Flórez, consejero independiente y miembro del Consejo Asesor de CyberLideria
Federico Flórez: Con respecto a tu trayectoria profesional, Lola, ¿qué decisión marcó especialmente tu forma de entender el trabajo y tu vida personal?
Lola Samblas: El momento de mi trayectoria profesional que marcó un antes y un después fue mi salida de Orange, hace ahora nueve años. Después de diecisiete años trabajando allí, en una reorganización tuve una salida no voluntaria.
Eso me marcó mucho por varios motivos. Siempre me ha gustado ser la arquitecta de mi vida y pensaba que era la dueña, la que era capaz de decidir el próximo paso. Esta circunstancia me hizo ver que, igual que cuando conduces responsablemente piensas que no tienes por qué tener un accidente, de repente alguien puede arrollarte y cambiar tu vida. También me hizo ver la fragilidad y la vulnerabilidad que podemos tener algunos empleados en las empresas en las que entregas tu vida. Y me costó mucho trabajo encontrar mi personalidad y mi identidad. Después de llevar 17 años en una empresa, es muy fácil que confundas lo que eres con el cargo que ocupas y la empresa en la que estás.
Cuando pasó eso dije: ¿quién es Lola más allá de la tarjeta y de lo que ponía? Me costó mucho, pero conseguí redescubrirme. Además, empecé a percibir que la edad sí que cuenta a la hora de encontrar trabajo. Profesionalmente, ese hito marcó un antes y un después.

L.S.: Después de tantos años liderando innovación y tecnología en grandes compañías, ¿qué has aprendido sobre el talento?
F.F.: Lo que he aprendido es que es absolutamente crítico si quieres tener éxito. La innovación depende de la creatividad de las personas, de las ideas y de su conocimiento. La labor de un líder de innovación es rodearse de un buen equipo, darles las herramientas para que estén motivados y sean capaces de sugerir ideas, probar cosas y asumir que hay fracasos en esas pruebas y que no todo sale bien.
La innovación va de equipos conjuntos, de muchas personas con diferentes skills y diferentes carreras. Esos equipos hay que crearlos, motivarlos y conservarlos. No existirá un líder de innovación sin un buen equipo detrás. El talento es el aspecto crítico cuando manejas un grupo de trabajo de este tipo.
L.S.: Ahora se habla mucho de resiliencia. ¿Crees que es algo que se desarrolla en los momentos difíciles o hay personas que nacen con una capacidad innata para ser resilientes?
F.F.: Creo que son ambas cosas. La resiliencia hoy en día es muy importante por todo lo relacionado con la continuidad de negocio, los ciberataques y la parada de la operación de una compañía. Las personas tienen que tener una actitud de saber enfrentarse a un problema, cambiar cosas, sugerir y actuar en entornos críticos cuando hay un verdadero problema de operación.
Hay personas que tienen más capacidades para ello, pero, sin duda, también hay que formarlas. Todo lo que es formación en soft skills, que permita que esas personas tengan empatía, trabajen mejor en equipo, tengan más disponibilidad y sean más flexibles, se entrena.
Hay que elegir personas con esas capacidades y entrenarlas. Creo que son ambas cosas: hay que nacer y hay que entrenarse.

F.F.: Tú trabajas en un entorno que evoluciona constantemente y en el que el cambio es habitual. ¿Qué actitud marca realmente la diferencia entre quienes avanzan y quienes se quedan atrás?
L.S.: Soy ingeniera de telecomunicaciones y estoy en el Departamento de Innovación de Santander Consumer Bank, así que estoy en un entorno que continuamente cambia. Al contrario de lo que pueda parecer ahora que está muy de moda querer saber cada vez más cosas técnicas, creo que los equipos y las personas que sobreviven y avanzan son las que son capaces de adaptarse.
Como ya dijo Darwin, no sobrevive ni el más listo ni el más fuerte, sobrevive el que es capaz de adaptarse y transformarse al entorno. Esa es la diferencia: tener la actitud, las ganas y la curiosidad para seguir aprendiendo, pero, sobre todo, saber dar el siguiente paso y adaptarte. Muchas veces no es cómodo y supone salir de la zona de confort.
F.F.: Estamos en un momento en el que la tecnología está en todas partes y la IA va a transformar la forma de hacer las cosas. Habrá cambios en los procesos de negocio, surgirán nuevos negocios y desaparecerán perfiles profesionales. ¿Qué crees que las empresas y sus líderes nunca deberían perder de vista en este entorno?
L.S.: En este mundo cada vez más tecnológico y en una sociedad donde medimos el éxito por la productividad y la rentabilidad de las operaciones, creo que las empresas no tienen que perder de vista que detrás de cada proceso a transformar, de cada tarea a optimizar y de cada fusión están las personas.
La tecnología de por sí no tiene ningún sentido si no es para satisfacer a las personas, hacer mejor su vida, crear valor y también hacernos mejores personas. A veces me da un poco de miedo que, después de esta revolución, vivamos mejor pero seamos menos humanos. Además, es la primera revolución en la que los trabajadores educados, formados y con carrera nos vamos a ver afectados.
No debemos perder nuestra capacidad de sorprendernos, de innovar y de intuir. Las capacidades innatas de la persona tienen que prevalecer. Soy una enamorada de la IA, pero no hay que olvidar lo que somos, la esencia del ser humano.
L.S.: Y detrás del cargo está la persona. ¿Qué pequeño hábito o momento cotidiano te ayuda a desconectar cuando las semanas se complican?
F.F.: Soy muy fan de los deportes. Me encanta hacer deporte, jugar al golf, nadar e ir al gimnasio. Me relaja mucho y me aísla completamente de los problemas que pueda haber en el trabajo o en la vida.
Eso, combinado con una vida social que se compone de familia y amigos, me desconecta totalmente del trabajo. Lo necesito para hacer un intermedio y parar un poco. También practico yoga durante la semana. La combinación perfecta es tener la mente tranquila, el cuerpo tranquilo y poder disfrutar de las cosas cotidianas.
F.F.: Y tú, Lola, fuera del trabajo, ¿qué momentos te ayudan a desconectar y dejar a un lado las preocupaciones?
L.S.: Hay dos cosas que me ayudan a desconectar y parar. Una es escribir. Empecé a hacerlo en modo terapéutico, escribiendo mis sentimientos, y me he dado cuenta de que al escribir soy capaz de ordenar mis pensamientos y conectarlos. Lo llamo “pensamientos desordenados”, porque escribo sobre cosas muy variopintas.
Otra cosa que me encanta es andar, caminar por la montaña, porque me hace trascender y olvidarme de todo el ruido que a veces hay en el trabajo. Y, por supuesto, la vida social, las copas y los amigos.

F.F.: Para terminar, entrando en ese lado más personal de la filosofía de vida y la forma de trabajar que llamamos “Código Fuente”, ¿cómo definirías el tuyo?
L.S.: Lo que me define es mi interés por estar aprendiendo continuamente. Me defino como una eterna aprendiz, pero también me encantan las personas y ayudar a las personas. Así que diría: conocimiento al servicio de las personas para vivir mejor. Ese podría ser mi código fuente.
L.S.: ¿Y cuál sería el tuyo?
F.F.: Me gusta la pasión en el sentido de hacer cosas distintas, probar cosas nuevas e innovar. Y también intento practicar la escucha. Creo que se puede aprender mucho de las personas y escuchamos muy poco. Otra cosa que he intentado mantener toda la vida, aparte de la formación permanente, es la mejora constante. No quiero quedarme parado, quiero aprender continuamente cosas nuevas. Es una actitud de cambiar y mejorar permanentemente.
Rincón del CISO
31 Agosto 2026
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