A las puertas del décimo aniversario del Acuerdo de París y tras un COP30 especialmente convulso, el debate global sobre sostenibilidad entra en una fase más exigente. El próximo año estará marcado por una demanda creciente de datos fiables, un escrutinio inversor mucho más severo y una presión competitiva que obligará a gobiernos y empresas a ir más allá de los compromisos genéricos.
Con los países ultimando hojas de ruta hacia 2040 y las compañías adaptándose a nuevas obligaciones regulatorias, la sostenibilidad deja de ser un ejercicio de cumplimiento para convertirse en un elemento central de la estrategia empresarial. Para anticipar estos cambios, ESG News ha recabado la visión de Sweep, plataforma especializada en gestión de emisiones globales. Su director de ingresos, Freddie House, identifica cuatro tendencias que redefinirán el panorama climático en 2026.
House anticipa un giro radical en la gestión de las emisiones indirectas. Lo que hasta ahora se basaba en cálculos aproximados y encuestas voluntarias pasará a integrarse en contratos con proveedores, con cláusulas específicas sobre calidad de datos y cumplimiento climático.
Este enfoque convertirá a las cadenas de suministro en un actor clave de la descarbonización, incorporando métricas como el coste total de propiedad ajustado por carbono y acuerdos estándar de reducción de emisiones. Sectores como bienes y servicios adquiridos o logística serán los primeros en avanzar hacia datos primarios verificables.
Lo que comenzó como declaraciones voluntarias de impacto ambiental se convertirá en una práctica regulada y ampliamente implantada.
Según House, los compradores —tanto particulares como empresas— empezarán a exigir información detallada sobre huella de producto (EPD, PCF, PEF), impulsados por la normativa europea y por estándares internacionales más estrictos.
Además, se intensificará la vigilancia sobre el greenwashing: las afirmaciones ambientales deberán estar respaldadas por evidencias claras y auditables.
Pese a la narrativa anti-ESG que domina parte del discurso estadounidense, House señala que muchas empresas de EE. UU. están acelerando la incorporación de criterios de sostenibilidad porque genera eficiencia, reduce costes y fortalece las cadenas de suministro.
Apoyándose en estudios como el de Bain —que destaca que un 25% de las emisiones industriales pueden recortarse con técnicas rentables—, advierte de que las compañías europeas podrían perder terreno si reducen su ambición mientras sus competidores norteamericanos avanzan con determinación.
Los inversores ya no se conforman con promesas. La capacidad real de una empresa para anticipar y gestionar riesgos climáticos —desde planes de transición hasta visibilidad sobre su cadena de suministro— será un factor decisivo para acceder a capital.
Este cambio empuja a las organizaciones a adoptar sistemas de seguimiento continuo, sustituyendo los informes anuales por inteligencia ambiental en tiempo real. Las compañías que actúen antes podrán asegurar financiación, minimizar su exposición y acelerar procesos de innovación.
Tras un año marcado por tensiones geopolíticas y avances limitados, 2026 premiará a las empresas que apuesten por datos sólidos, transparencia y acción medible.
Según Sweep, el nuevo ciclo climático se caracterizará por:
El mensaje es claro: el futuro será más cuantificable, contractual y ligado a la creación de valor. Y las organizaciones que den el paso ahora definirán la ventaja competitiva de la próxima década.
Rincón del CISO
30 Julio 2026
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