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2 Septiembre 2026
El Himalaya ante una nueva realidad: el retroceso de los glaciares multiplica los riesgos para Asia

El desastre registrado en la frontera entre Nepal y el Tíbet vuelve a poner el foco en una transformación que va mucho más allá del medioambiente: el calentamiento de la alta montaña amenaza infraestructuras, recursos hídricos y comunidades de toda la región.

El Himalaya está cambiando y, con él, también lo están haciendo los riesgos a los que se enfrentan millones de personas. El reciente colapso de una enorme masa de hielo y roca en la frontera entre Nepal y el Tíbet ha vuelto a evidenciar la vulnerabilidad de una de las regiones montañosas más importantes del planeta.

El desastre comenzó el pasado 26 de agosto en las proximidades del Parque Nacional Langtang, en Nepal. Una gran masa de hielo y roca se precipitó unos 1.200 metros hacia el valle, generando una violenta corriente de agua, barro, rocas y hielo que avanzó rápidamente por los cauces situados aguas abajo.

El impacto ha sido devastador, con cientos de fallecidos, numerosos desaparecidos y graves daños en comunidades e infraestructuras. Carreteras, puentes, instalaciones eléctricas y centros sanitarios se han visto afectados, mientras que la aparición de nuevos deslizamientos y acumulaciones temporales de agua ha complicado las labores de emergencia.

Incluso las redes sísmicas registraron inicialmente el fenómeno como si se tratara de un terremoto. Los análisis posteriores apuntaron a que la señal había sido provocada por la propia magnitud del derrumbe.

Los científicos continúan investigando las causas concretas del colapso y, por el momento, no existe evidencia suficiente para atribuir directamente este episodio al cambio climático. Sin embargo, el suceso se produce en una región donde las consecuencias del calentamiento global son cada vez más visibles.

Los glaciares del Himalaya retroceden a mayor velocidad

La denominada Asia de Alta Montaña alberga la mayor concentración de hielo del planeta fuera de las regiones polares y constituye una reserva de agua fundamental para buena parte del continente.

Los datos muestran una tendencia preocupante. Los 23 glaciares monitorizados en la región durante el año glaciológico 2025 perdieron masa, en un contexto marcado por temperaturas superiores a la media y menores nevadas durante el invierno, según la Organización Meteorológica Mundial.

El fenómeno no es puntual. Los glaciares de la región Hindu Kush-Himalaya retrocedieron un 65% más rápido entre 2011 y 2020 que durante la década anterior, de acuerdo con el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD).

Al mismo tiempo, el calentamiento de Asia continúa acelerándose. La tendencia registrada entre 1991 y 2025 prácticamente duplica el ritmo observado entre 1961 y 1990.

Pero la reducción del hielo es solo una parte del problema.

Un efecto dominó en la alta montaña

El aumento de las temperaturas modifica el equilibrio de ecosistemas extremadamente complejos. El deshielo del permafrost puede reducir la estabilidad de las laderas y de las formaciones rocosas, mientras que las precipitaciones intensas y el agua procedente del deshielo pueden incrementar todavía más la presión sobre el terreno.

En este contexto, un único desprendimiento puede desencadenar una sucesión de fenómenos.

El colapso de una masa glaciar o rocosa puede provocar una avalancha, bloquear temporalmente un río y crear un lago improvisado. Si esa barrera natural termina cediendo, puede producirse una nueva inundación aguas abajo.

La emergencia de Nepal muestra precisamente esa capacidad de propagación del riesgo. Más de 90.000 personas se han visto directamente afectadas y la inestabilidad del terreno continúa suponiendo un desafío para las operaciones de rescate y recuperación.

De este modo, un fenómeno inicialmente localizado en una zona remota de montaña puede transformarse rápidamente en una crisis humanitaria, económica y de infraestructuras.

Más de 750 millones de personas dependen de estos sistemas

La transformación de los glaciares del Himalaya también plantea una cuestión estratégica para Asia: el agua.

Las montañas del Himalaya, Hindu Kush y Karakórum alimentan algunos de los principales sistemas fluviales del continente. Más de 750 millones de personas dependen de las cuencas de los ríos Indo, Ganges y Brahmaputra, abastecidas en parte por el hielo y la nieve de estas cordilleras.

Su agua sostiene ciudades, agricultura, producción hidroeléctrica y millones de medios de vida. Por ello, cualquier alteración significativa en la cantidad de agua disponible o en el momento en el que llega a los ríos puede tener importantes consecuencias sociales y económicas.

Además, el riesgo evoluciona con el tiempo. En una primera fase, un deshielo más intenso puede aumentar el caudal y favorecer inundaciones o la formación de lagos glaciares inestables. A largo plazo, sin embargo, unos glaciares cada vez más pequeños pueden reducir su capacidad para aportar agua precisamente durante los periodos más cálidos y secos.

El Banco Mundial estima que entre 1.500 y 1.700 millones de personas del sur de Asia podrían encontrarse expuestas a situaciones de escasez de agua en 2050, aunque el retroceso glaciar es solo uno de los múltiples factores que determinarán ese escenario.

El carbono negro también acelera el deshielo

Los gases de efecto invernadero no son la única consecuencia de la actividad humana que afecta a los glaciares.

El denominado carbono negro, formado por partículas de hollín procedentes, entre otras fuentes, de motores diésel, hornos industriales y combustión de biomasa, puede depositarse sobre la nieve y el hielo.

Al oscurecer la superficie, disminuye su capacidad para reflejar la radiación solar y favorece una mayor absorción de calor, acelerando así el proceso de deshielo.

Reducir estas emisiones podría ofrecer un doble beneficio: ralentizar parte de la pérdida de hielo y mejorar la calidad del aire en una región especialmente expuesta a la contaminación.

Infraestructuras diseñadas para un clima que está dejando de existir

El desafío para los gobiernos ya no consiste únicamente en proteger los ecosistemas.

Buena parte de las carreteras, puentes, presas, centrales hidroeléctricas y asentamientos de las regiones montañosas fueron diseñados tomando como referencia registros históricos sobre precipitaciones, nieve, caudales y estabilidad del terreno.

El problema es que esos patrones están cambiando.

La adaptación obliga, por tanto, a revisar cómo se planifican y protegen las infraestructuras críticas. Tecnologías como la observación por satélite, las redes sísmicas, los sensores fluviales o la teledetección permiten detectar cambios en glaciares, lagos y laderas potencialmente inestables antes de que se conviertan en una emergencia.

Los sistemas de alerta temprana y la capacidad de anticipación serán cada vez más importantes, pero también lo será la cooperación internacional.

Los grandes ríos del Himalaya atraviesan diferentes países. Una inundación o un colapso producido en un territorio puede alcanzar comunidades situadas al otro lado de una frontera en cuestión de horas. Compartir información, coordinar sistemas de vigilancia y desarrollar protocolos conjuntos de respuesta se convierte así en una cuestión de seguridad regional.

Del cambio climático a la gestión del riesgo

El desastre ocurrido entre Nepal y el Tíbet no permite afirmar por sí solo que el cambio climático haya provocado este colapso concreto. La relación entre un episodio individual y el calentamiento global requiere análisis científicos específicos.

La tendencia de fondo, sin embargo, resulta mucho más clara: la alta montaña asiática se está calentando, sus glaciares están perdiendo masa y los sistemas naturales que dependen de ellos están transformándose.

Por eso, hablar del futuro de los glaciares ya no significa únicamente hablar de conservación medioambiental.

Significa hablar de agua, energía, infraestructuras, prevención de desastres, economía y seguridad. Y, sobre todo, de la necesidad de prepararse para un escenario en el que las montañas más altas del planeta pueden dejar de comportarse como lo hicieron durante décadas.

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