Rosa Kariger, presidenta de CyberLideria, entrevista a Anna Guetat, Vicepresidenta de Ingeniería, IA y Operaciones de Ciberseguridad en Recorded Future
Rosa Kariger: Empezaste trabajando para Volvo, una compañía automovilística con mucho trabajo técnico. Pero después te adentraste en el mundo de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. ¿Qué despertó tu interés por aplicar estas nuevas tecnologías y la IA en primer lugar?
Anna Guetat: Siempre quise estudiar informática con especialización en inteligencia artificial. Como mencioné antes durante nuestro grupo de usuarios, mis padres pensaban que tenía una relación poco sana con Star Wars.
En aquella época la inteligencia artificial ni siquiera era un campo de estudio; era pura imaginación. Pero siempre enfoqué mi carrera hacia esa dirección. Tengo dos titulaciones: una en gestión de sistemas de información y otra en medios digitales, ambas con especialización en IA o tecnologías web con foco en IA.
Lo de Volvo fue un accidente. Buscaba prácticas cuando estaba en mi segundo año de universidad y no quería trabajar en un bar o en una tienda, así que decidí orientarme directamente hacia la innovación y la tecnología. Tuve suerte porque Volvo buscaba estudiantes en prácticas para su departamento de desarrollo de nuevos productos.
Ese departamento trabajaba con nuevos materiales, tecnologías, sistemas y sensores. Mucho hardware, pero muy interesante. Empecé allí, y tras unos meses me ofrecieron quedarme. Obtuve permiso de mi escuela para combinar trabajo y estudios a tiempo completo, siempre que mantuviera las notas, así que lo hice.
Más tarde me trasladé a Oshkosh Corporation, donde comenzó mi aventura en ciberseguridad. Allí desarrollábamos productos para seguridad física cinética, desde equipos de construcción hasta vehículos militares, camiones de basura o ambulancias. El rango de productos era enorme, y también me encargaba del desarrollo de nuevos productos.

R.K.: Empezaste muy vinculada al hardware y a la parte tecnológica, pero luego pasaste al software. Ahora parece que hay un retorno hacia comprender las consecuencias físicas de la ciberseguridad. ¿Te has alejado completamente de ese aspecto o crees que hay que seguir explorando la conexión entre lo físico y lo cibernético?
A.G.: Es una pregunta muy profunda, así que iré por partes. Cuando me uní a Recorded Future, el cambio principal fue pasar al software. La ciberseguridad era nueva para mí, tuve que aprender muchísimo, pero me enamoré del tema: es fascinante.
Quería dejar atrás el hardware. Fabricar prototipos es complicado: hay que pedir piezas, lidiar con la cadena de suministro y con fallos constantes. Consume mucho tiempo y energía. Así que me pasé al software. ¿Echo de menos el hardware? Sí, trabajar con las manos y crear algo tangible siempre es gratificante, pero el software también lo es.
En cuanto a las consecuencias físicas del ciberespacio, están completamente entrelazadas. Uno no existe sin el otro. Internet no es más que un reflejo del mundo físico. En el entorno digital proyectamos quiénes somos, nuestras ideas y opiniones, creando un ecosistema de identidad que se ha desarrollado en los últimos años.
Las consecuencias son enormes. No existe lo cibernético sin dispositivos físicos, redes o sensores, ni tendría sentido si no reflejara algo tangible. La geopolítica actual lo demuestra: un ámbito afecta directamente al otro. Aun así, sorprende que no se investigue más el impacto físico de los ciberataques, ya que casi todo el debate se centra en los datos.
R.K.: Estas nuevas tecnologías también tienen un fuerte impacto en las personas. Sé que siempre te has interesado por cómo la tecnología afecta a la vida humana. ¿Cuál es tu enfoque sobre este tema?
A.G.: El conflicto entre Rusia y Ucrania es un claro ejemplo. La tecnología tiene un impacto directo sobre las personas: los sitios de propaganda llenos de contenido generado artificialmente influyen en opiniones y comportamientos. Pensemos en las elecciones estadounidenses de hace un año: voces clonadas, llamadas falsas… personas engañadas. Hace poco estuve en Singapur hablando con un CISO sobre los “cibersecuestros”: padres adinerados reciben llamadas asegurando que sus hijos han sido raptados, cuando en realidad no es así. Se manipulan las emociones y el miedo.
Por eso me apasiona tanto trabajar en Recorded Future. Nuestro objetivo siempre ha sido proteger a los civiles, ayudándolos a obtener inteligencia para tomar sus propias decisiones. No creemos en el “bien” o “mal” absolutos; cada quien debe decidir según su criterio.
Lo que hacemos con la IA refleja eso: seguimos reglas estrictas de atribución y transparencia para que todos entiendan cómo aplicamos la IA. Muchas empresas operan como cajas negras: “úsala o no”. Nosotros queremos que sea comprensible y responsable.
R.K.: ¿Cuál dirías que es hoy el mayor dilema ético en torno a la inteligencia artificial, especialmente la generativa?
A.G.: La transparencia. Entender qué es realmente la IA, hacerla accesible y comprensible. No debe ser una caja mágica ni un misterio. Ese es el principal desafío y nuestra mayor responsabilidad.
Los ciberdelincuentes no siguen normas, por eso avanzan más rápido. Nosotros intentamos hacer lo correcto, pero eso también nos frena. Así que el dilema tiene dos caras: debemos regular la aplicación de la IA, pero no obstaculizar su desarrollo. No hay que limitar a los ingenieros que crean sistemas de protección, pero sí controlar cómo se usan.
R.K.: Mirando atrás, ¿cuál ha sido uno de los mayores retos de tu carrera y qué aprendiste de él?
A.G.: Me encantan los retos, pero si tengo que elegir uno, diría trabajar en entornos multiculturales. Empecé muy joven en contextos globales y aprendí rápido las diferencias culturales y de comportamiento entre países. Lograr alineación y agilidad en equipos internacionales, especialmente en el sector tecnológico donde todo va deprisa, fue un gran desafío. No sé si el mayor, pero sí el más fascinante.
R.K.: ¿Esa experiencia ha influido en tu forma de liderar?
A.G.: Totalmente. Me ha dado empatía, comprensión y agilidad. Como líder, debo adaptarme al entorno y entender qué motiva a cada persona. No puedes usar el mismo discurso con todos los equipos del mundo. Hay que ajustarse, escuchar y comprender. Lo más interesante es que, incluso en el ámbito técnico, todo se reduce a las relaciones humanas.
R.K.: Muchos jóvenes profesionales se centran solo en la parte técnica. Si uno de ellos te pidiera consejo para construir su carrera en ciberseguridad, ¿qué le dirías?
A.G.: Les diría que sean ágiles y curiosos. No se aferren a una tecnología o lenguaje concreto. La tecnología cambia cada vez más rápido, así que hay que disfrutarlo y mantenerse por delante. Quienes son demasiado rígidos sufrirán, porque el cambio es constante.
Yo empecé en 1994, cuando ni siquiera existía el concepto de ciberseguridad y apenas teníamos ordenadores. Por eso siempre digo: sé flexible, porque no puedes imaginar cómo será el futuro.

R.K.: El ámbito de la ciberinteligencia es muy exigente. ¿Cómo logras equilibrar el estrés y mantener la energía en un trabajo tan intenso?
A.G.: Creo que quienes trabajamos en ciber o deep tech tenemos cierta “necesidad de velocidad”. Nos gusta el ritmo acelerado. Pero también hay que saber parar, respirar y recordar que la vida sigue fuera del trabajo.
Me encanta estar al aire libre, mantenerme activa. Creo firmemente en el equilibrio entre mente, corazón y alma. Para ser un buen líder y profesional hay que cuidar ese triángulo. Intento ser consciente de ello y tomar distancia cuando lo necesito.
R.K.: A veces, cuando somos muy apasionadas por nuestro trabajo, olvidamos los hobbies. ¿Tienes algún proyecto personal o creativo fuera de tu vida profesional que te gustaría explorar?
A.G.: Sí, muchos. Siempre digo que algún día haré un doctorado, en el tema más loco posible. Quizá algo relacionado con física o, por contraste, con culturas clásicas, solo por placer personal. Pero por ahora soy madre, esposa y profesional, y eso ya me mantiene ocupada.
R.K.: Me parece importante que mujeres exitosas como tú digan abiertamente que se puede ser madre y profesional al mismo tiempo. No es fácil, pero es posible.
A.G.: Totalmente. Desde el principio le dije a mi marido, que siempre me ha apoyado, que no quería renunciar a ninguna de mis facetas. Amo ser madre, esposa y profesional, y no quiero dejar ninguna. Quiero que mis hijos lo vean, que opinen, que lo juzguen si quieren, pero que entiendan que pueden elegir su propio camino.
Cada persona decide si quiere centrarse en un solo rol o en varios. Yo elegí los tres y me encanta. ¿Es difícil? Sí. Requiere resiliencia y aceptar que a veces no saldrá perfecto. Pero no hay que castigarse por ello. A las mujeres jóvenes les diría que no se sientan malas madres ni malas profesionales. Son suficientemente buenas. Pueden hacerlo todo. Parte de ser buena es aceptar los errores y aprender. Lleva tiempo alcanzar esa paz con una misma, pero vale la pena.
R.K.: Todas las madres nos sentimos culpables a veces por dedicar tanto tiempo al trabajo, pero luego los hijos crecen y dicen: “Estoy orgulloso de ti”.
A.G.: Exacto. Yo también me sentí culpable, hasta que entendí que no estoy sola. Mi marido comparte las responsabilidades y eso lo hace más fácil. También hay que implicar a los hijos: si mi hija tiene 15 años, le digo: “Hoy cocinas tú, mamá tiene trabajo”. Y le encanta. Se siente responsable, parte del hogar. Eso la hace crecer y ser más independiente.

R.K.: Para terminar, hablemos de liderazgo. Tú trabajas muy cerca de la inteligencia. ¿Cómo definirías “liderar con inteligencia”?
A.G.: Para mí, la inteligencia es la capacidad de extraer conocimiento y aplicarlo a las decisiones y acciones. Liderar con inteligencia significa aprovechar esa capacidad para ser más eficaz. Es lo que nos diferencia como seres humanos: convertir la información en inteligencia y usarla. Liderar con inteligencia es tener esa ventaja.
Rincón del CISO
28 Julio 2026
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