Pedro García Milicua, Security Operations Manager en AXPO Group entrevista a Beata Praska, fotógrafa de retrato de lujo y fundadora del proyecto 50 más 50.
Pedro García: Beata, tu trayectoria profesional comenzó en el mundo corporativo dentro del exigente sector energético. ¿Qué te llevó a dejarlo todo para apostar por el retrato como una forma de vida y de empoderamiento personal?
Beata Praska: En principio quería saber cómo es emprender. Siempre he trabajado en el mundo corporativo para grandes corporaciones a nivel internacional y en puestos ejecutivos, pero estaba trabajando para otras personas en el exigente mundo de energía. No quería, al final de mi vida, encontrarme con la pregunta “Si hubiera trabajado para mí misma, ¿hubiese sido algo diferente?” Es cierto que la decisión coincidió con un evento personal que transformó mi vida, pero me lancé, sin duda ninguna, porque tenía ganas.
P.G.: Muy interesante. ¿Y qué significa para ti liderar un proyecto como 50 más 50, en el que no solo retratas a personas, sino que también transformas cómo se ven a sí mismas y cómo se presentan ante el mundo?
B.P.: El proyecto 50 más 50 es algo vital para mí, y ahora ha pasado a llamarse 50 más 50 Women. Nació de la necesidad de poner el foco en la belleza madura de la mujer; fue hace cinco años, antes de la pandemia. Luego, este proyecto ha evolucionado, ha evolucionado, y desde la cuarta edición —que es la de este año— comparte el escenario con los hombres, los hombres como aliados. En un principio, este proyecto estaba enfocado en resaltar la belleza de la mujer madura. Pero durante la pandemia, muchas mujeres empezaron a perder el trabajo. Era el grupo demográfico que más lo estaba perdiendo, así que asocié el proyecto con otro objetivo: dar visibilidad a la mujer, a su experiencia, a su sabiduría… y destacar sus contribuciones, sus logros, y todo lo que puede aportar a la sociedad.
Y desde entonces, las dos vías —la belleza de la mujer madura y la experiencia y sabiduría de la mujer madura— conviven con la misma importancia en este proyecto.

P.G.: Y aunque trabajas con cámaras y luces, tu verdadero valor parece estar en lo intangible: cómo conectas, cómo la gente confía en ti, cómo ensalzas la autoestima. ¿Cómo logras crear ese espacio seguro y poderoso para quienes se ponen frente a tu lente?
B.P.: Muy buena pregunta. Respondo que realmente eso es fácil, porque estoy interesada. Estoy interesada en la persona, y es un interés auténtico.
Yo, para llegar a fotografiar a la persona… entrar en estudio no es entrar y hacer un clic. Hay todo un proceso asociado a sacar lo mejor de cada persona: su belleza interna y su belleza externa. Es un proceso que esta persona vive antes, durante y después de la sesión fotográfica. Se crean expectativas, y estas expectativas son altas. Y lo cumplimos. Todos.
Hay un proceso de asesoramiento del vestuario, un proceso de comunicar, de preguntar a la persona: ¿cómo quieres que te fotografíe?, ¿qué es lo que te gustaría?, ¿cómo te gustaría salir en la foto? Es todo un proceso de empoderamiento.
Y todas las personas, te lo puedo decir con certeza, salen dos centímetros más altas del estudio. Salen empoderadas, porque redescubren algo que, a lo mejor, no veían en sí mismas antes. Redescubren toda su belleza, su capacidad, se quitan las creencias limitadoras porque se ven bellas y capaces en los retratos.
P.G.: Ese es el poder del retrato. ¿Y tú estás involucrada en todo el proceso?
B.P.: Sí, sí, estoy involucrada en todo el proceso. Mi equipo no es grande, ya que cuento con una maquilladora excelente dentro de mi equipo, que prepara a las personas para la sesión fotográfica. Pero no cambiamos a las personas. Simplemente resaltamos su belleza, les demostramos su belleza. Y no es solamente con maquillaje y peluquería.
Es demostrando sus fotos directamente desde la cámara, justo después de la sesión fotográfica. Y ya ellas o ellos se ven bellos. No se ven bellos porque la fotografía ha pasado por un retoque fotográfico. No. Se ven bellos y saben que son fotos directas, salidas de la cámara. Entonces les demostramos su belleza porque se dejan ver con ojos de otra persona. Eso es diferente. Es toda la diferencia.
P.G.: Reinventarse después de los 50 nunca es fácil, ni profesional, ni emocionalmente. ¿Cuáles fueron los principales miedos que tuviste que superar y por supuesto, cómo lo hiciste?
B.P.: Miedo tenemos todos, pero hay que domarlo, hay que sentarlo en el asiento de detrás en el coche y tomar a las riendas y conducir tú mismo. Eso es muy importante, darse cuenta de que el miedo nos acompañará, pero le tenemos que acariciar la cabeza y decir: “no pasa nada miedo, yo estoy aquí, pero yo estoy al mando y voy a conducir este coche”.

P.G.: ¿Y qué mensaje te gustaría trasladar a aquellas personas, especialmente mujeres, que creen que ya es tarde para empezar de nuevo o que sienten que en su visibilidad disminuye con la edad?
B.P.: Hay que salir de la zona de confort, hay que ponerse ahí, en la primera fila, y hay que empezar a hablar de lo que se puede hacer por uno mismo, de lo que se puede hacer por la sociedad y demás aportaciones. Eso es lo primero. Segundo: es muy difícil conducir un coche aparcado. Hay que empezar a conducir ese coche, empezar a olvidarse del “y si hubiese hecho esto”, “y si hubiese hecho lo otro” Yo no quería morirme con ese sentimiento, y por eso he emprendido.
P.G.: ¿Y era fácil?
B.P.: No, claramente no. Yo ya tuve 50 años. Este proyecto es auténtico porque sale de mi reinvención. Mi reinvención pasada los 50 años. Entonces, este proyecto es auténtico, y las mujeres y los hombres lo entienden porque sale de mi propia experiencia, de mi propia sangre que he dejado por el camino, de mi propia resiliencia y de mi propio orgullo de LO que he conseguido.
He dado un giro de 180 grados a mi vida a mis 50 años, haciendo cosas completamente diferentes.
P.G.: ¿Y cómo llegaste a asumir ese riesgo?
B.P.: Lanzándome al vacío porque no sabía cómo iba a funcionar. Tenía dos niños pre-adolescentes a mi cargo y claramente era responsable por ellos, pero me lancé y nunca me arrepentí.
P.G.: Si pudieras resumir en una frase la clave para construir este tipo de organizaciones resilientes y preparadas para el futuro, ¿cuál sería?
B.P.: Desaprender para aprender. Tenía que desaprender todas las creencias limitadoras que tuve antes. Yo crecí en una sociedad muy masculina, imagínate Polonia en los años 70, una sociedad donde manda un hombre. Hay que decirlo en voz alta. Por eso estamos trabajando en este proyecto, también por los temas de inclusión y diversidad.
Entonces, tenía que quitarme estas creencias limitadoras, como la idea de que alguien solo puede tener una vida. Uno puede tener varias vidas, y cada una nos puede aportar una satisfacción de que estamos haciendo algo bello y algo valioso para la sociedad y para cada persona. Este proyecto tiene doble ventaja porque está empoderando a las personas. Cada una de ellas sale de la sesión empoderada, y a raíz de la sesión está creando una nueva realidad. Una realidad que ni se imaginaba, porque viendo su foto se cree más capaz, se ve más bella, se ve más capaz, y puede conquistar el mundo.
Yo siempre digo: tu retrato no es un retrato. Tu retrato es una manera, una vía para empezar a vivir una nueva vida. Porque las creencias limitadoras las tenemos nosotros, y es a nosotros… es nuestra responsabilidad quitarnos esas creencias. Y el bello retrato ayuda.
Y no es ego. No es una cuestión de tener un ego alto porque te ves bella y capaz. Hacerse visible es nuestra responsabilidad profesional. Forma parte de tu trabajo hacerte visible, hablar de tus logros, hablar de tus contribuciones y aportar, siempre aportar. Pero tienes que hablarlo. No digo gritarlo en voz alta, pero hacerte visible. Estamos constantemente bombardeados con nuevas cosas, y nada mejor que un retrato para contar todo lo que tienes de bello y de capaz en ti para aportar. Porque primero miramos una imagen, y luego leemos las palabras. Y siempre digo que una imagen vale más que mil palabras. Y lo confirman mis clientes.

P.G.: Me gusta esa parte de salir del encasillamiento en el que te mete la sociedad.
También es verdad que pasados los 50 años ya te da igual todo. Yo soy una persona libre y no me importa lo que dicen de mí, no puedes gustar a todo el mundo. Lo que tenemos que hacer es no tener miedo a ponerlos en la primera fila, salir de la zona de confort es nuestra responsabilidad. Porque el éxito siempre viene después del último fracaso.
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