Mayte Valverde, presidenta de Women in Banking y directora académica del programa HR Business & Tech en The Valley, entrevista a Carmen Quintanilla, Presidenta nacional de AFAMMER, Vicepresidenta de la Unión Europea de Mayores del PPE y Parlamentaria de Honor de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa sobre el papel del mundo rural en el futuro del trabajo, el liderazgo femenino y la importancia de las comunidades en un contexto cada vez más individual.
Carmen Quintanilla es una de las voces más reconocidas en la defensa de las mujeres rurales en España y en foros internacionales. Entre otros cargos ha sido diputada, presidenta de la Comisión de Igualdad en el Congreso y vicepresidenta de la Comisión de Igualdad y no discriminación del Consejo de Europa. Fundadora de la Asociación de familias y mujeres del Medio Rural (AFAMMER), lleva décadas impulsando el liderazgo femenino, la igualdad de oportunidades y el valor del mundo rural como parte del presente y del futuro.
Cuando hablamos del futuro del trabajo pensamos en inteligencia artificial, nuevas profesiones o entornos urbanos hiperconectados. Pero hay una realidad que no podemos olvidar: el mundo rural sostiene la alimentación, el territorio y la vida de millones de personas.
Y en el centro de ese ecosistema están las mujeres.
Mayte Valverde: Si hablamos del futuro del trabajo solemos imaginar ciudades hiperconectadas o inteligencia artificial. Sin embargo, cada vez más voces nos recuerdan lo verdaderamente importante: sin maíz no hay país. ¿Qué papel debe jugar el mundo rural en esta conversación global?
Carmen Quintanilla: El mundo rural no solo produce alimentos. Produce vida, equilibrio y cohesión social. Sostiene el territorio, cuida del medio ambiente y mantiene a las personas en el centro.
Además, sectores como el agroalimentario ya están viviendo una transformación profunda con tecnología, innovación y nuevos modelos de producción más sostenibles. Ahora bien, para que el mundo rural tenga el papel que merece, hay retos que siguen presentes, especialmente la brecha digital. Porque no basta con que llegue la tecnología, hace falta formación y oportunidades para que esa transformación sea real.
Si queremos hablar en serio del futuro del trabajo, tenemos que mirar al mundo rural como una parte clave de la solución. Y también cambiar el relato. No es una España vacía, es una España que aporta, que cuida y que sostiene.

M.V.: Durante décadas, las mujeres rurales han sostenido economías y comunidades enteras sin apenas reconocimiento. ¿Puede ser este el momento en el que ese liderazgo se valore de verdad?
C.Q.: Estoy convencida de que el siglo XXI será el siglo del liderazgo de las mujeres rurales. No por tendencia, sino por necesidad.
Han sido líderes durante toda la vida, aunque nadie las llamara así. Han sostenido familias, economías locales y pueblos enteros desde la invisibilidad. Hoy empezamos a cambiar esa mirada, pero aún queda camino. Siguen existiendo barreras en el acceso a recursos, formación o espacios de decisión. El talento está, pero las oportunidades no siempre llegan en igualdad.
El reto ahora es actuar. Porque cuando una mujer rural lidera, transforma su vida, pero también todo su entorno.
M.V.: En un contexto cada vez más individual y digital, el mundo rural mantiene un fuerte sentido de comunidad. ¿Qué pueden aprender las organizaciones de ese modelo?
C.Q.: En los pueblos, la comunidad es una forma de vida. Existe una red real de apoyo donde las personas colaboran, comparten y se cuidan. Y eso genera confianza.
Las organizaciones pueden aprender que el éxito no depende solo del talento individual, sino de la capacidad de construir proyectos compartidos. Porque innovar, aparte de incorporar tecnología, es también reforzar valores como la cooperación, la confianza y el compromiso.

M.V.: Desde luego, además esos valores no los sabe desarrollar la IA, todavía. Sin embargo, la digitalización ha abierto nuevas posibilidades. ¿Es una oportunidad real para el mundo rural o puede aumentar la desigualdad?
C.Q.: La transformación digital es una gran oportunidad. Hoy permite vivir en un pueblo y trabajar para el mundo, emprender desde tu tierra y conectar productos locales con mercados globales. Pero esa oportunidad solo será real si llega a todos. Porque si no se hace bien, puede convertirse en un nuevo factor de desigualdad.
El reto ya no es solo de acceso, sino de uso, formación y acompañamiento. Y en el caso de muchas mujeres rurales, esa brecha es aún mayor. Si conseguimos que la digitalización sea inclusiva, puede generar empleo, fijar población y abrir una nueva etapa para el mundo rural. Si no, no será transformadora.
M.V.: Uno de los grandes retos es la salida de los jóvenes hacia las ciudades. ¿Qué tendría que cambiar para que vean el mundo rural como un espacio de futuro?
C.Q.: El primer factor es el empleo. Sin oportunidades laborales, no hay arraigo. Pero también hacen falta servicios, vivienda, conectividad y calidad de vida. Se trata de poder elegir quedarse.
Las mujeres jóvenes rurales están mejor formadas que nunca, pero muchas veces no encuentran oportunidades acordes a esa preparación. Eso provoca lo que yo llamo la “huida ilustrada”: talento que se va porque no encuentra espacio para desarrollarse. El reto es construir un entorno donde quedarse sea una opción real de futuro.
M.V.: Has impulsado redes de apoyo durante toda tu trayectoria. ¿Qué papel juegan estas redes en la transformación del territorio?
C.Q.: Las redes humanas de confianza son una de las grandes fortalezas del mundo rural. Hoy hablamos mucho de networking, pero en los pueblos eso ha existido siempre. Solo que aquí se construye desde la cercanía, la confianza y el compromiso.
Cuando alguien quiere emprender o iniciar un proyecto, no parte de cero. Parte de una comunidad que acompaña. Eso lo vimos claramente en AFAMMER, especialmente en momentos difíciles, donde la solidaridad y el apoyo mutuo marcaron la diferencia.
Porque cuando las personas se organizan desde la confianza, son capaces de transformar la realidad.

M.V.: Coincidimos hace unas semanas en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas en Nueva York. Desde esa perspectiva, ¿qué retos y oportunidades ves para las mujeres rurales?
C.Q.: Esa experiencia te hace ver que los retos de las mujeres rurales son globales. Se repiten en muchos países: acceso desigual a recursos, a la tierra, a la formación o a la tecnología.
Pero también hay una oportunidad clara y es que cada vez se reconoce más su papel como agentes de cambio en cuestiones clave como la sostenibilidad o la seguridad alimentaria. El reconocimiento está creciendo y ahora el reto es que se traduzca en medidas concretas y en oportunidades reales.
M.V.: Recorres el mundo impulsando el desarrollo del mundo rural. Pero cuando paras, ¿qué te reconecta contigo misma?
C.Q.: La verdad es que tengo muy poco tiempo para mí. A veces hasta me pregunto cuándo voy a poder ir al cine con mis amigas o disfrutar de una ópera.
Pero cuando consigo parar, lo que más disfruto es estar con mi familia. Intento dedicarles el tiempo que durante muchos años les he quitado por mi compromiso. Disfruto mucho de mis hijos, de mis nietas y de mi nieto. Ellos han estado siempre a mi lado. Ahí es donde realmente recargo energía.
El futuro del trabajo también se construye en cada pueblo, en cada comunidad y en cada persona que decide quedarse y transformar su entorno. Y en ese futuro, las mujeres rurales son parte del cambio.
Rincón del CISO
28 Julio 2026
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