Compartir

30 Septiembre 2025
Entrevista a Javier Zapata: “Es importante parar en mitad de la tempestad para recuperar la armonía de uno mismo”

Purificación Pujol, jurista, exmagistrada y consejera independiente de ESG, entrevista a Javier Zapata Cirugeda, secretario general de Emisores Españoles

Purificación Pujol: ¿Cuándo y por qué decidiste dedicarte al derecho, al mundo financiero y al gobierno corporativo?

Javier Zapata: Empecé la carrera de Derecho por descarte, aunque ya desde el principio me encantó. Eran cinco años, aunque yo adelanté uno porque quería empezar las oposiciones. Algún tiempo después, cuando llegué a la Bolsa de Madrid, en pleno estreno de la reforma del mercado de valores, me encontré con un mundo apasionante, que me pareció de locos, pero tuve un buen jefe y compañeros de los que aprendí mucho. Me parece importantísimo aprender siempre, en cada uno de los trabajos que desempeñas y, por supuesto, aún más, en los primeros años de tu vida profesional. A los dos años, apareció en la Bolsa un señor con nombre de marca de chocolate, Mr. Cadbury, y nos habló del código de buen gobierno de la Bolsa de Londres. A mí me tocó publicar en la revista de la Bolsa un resumen de su conferencia.

Más adelante, la ministra de Medioambiente me incorporó a su gabinete. Pasé unos años en un despacho de abogados como Baker Mackenzie, trabajé en consultoría internacional en proyectos del Banco Interamericano de Desarrollo y, desde el 2004, como subdirector general del Banco Popular, vicesecretario de su consejo y secretario de sus bancos filiales. Son todas experiencias distintas, satisfactorias, aunque no exentas de dificultades. Un grupo terrorista puede ponerte una bomba debajo del despacho o un consejero delegado puede pedir tu cabeza. En el dilema de Aquiles, entre una vida larga, pacífica y anónima, y una vida corta, llena de gloria y batallas, se trata de elegir la combinación correcta. La correcta para cada uno.

P.P.: ¿Podrías señalarnos algunas notas significativas de tu carrera?¿Hubo algún momento crítico que te hiciera replantear tu enfoque profesional?

J.Z.: En cada puesto hay que hacerse el sitio, aprender a estar. Hay que cuidar la marca personal y ser digno de confianza, para tus compañeros, para tus clientes, para el supervisor. Uno siempre tiene una única oportunidad de dar una buena primera impresión, como también una ocasión de despedirse bien. Hay gente que va por la vida como huyendo. No entiendo la amistad profesional que no tiene un soporte personal, la de clientes o compañeros que son amigos, e incluso bastante íntimos, hasta que firman el finiquito. Se trata de no dejar deudas pendientes y de mantener los amigos. En algunas situaciones, como la resolución del Banco Popular, no es fácil. Además, si a tu función en gobierno corporativo o como interlocutor con los supervisores se une la responsabilidad de formar parte del control interno del banco y de su grupo de empresas, tu vida se complica exponencialmente. Sobre todo en momentos de pánico. Luego resulta que el miedo suele ser mucho peor que lo que temíamos. Y es verdad aquel viejo dicho de que cuando Dios cierra una puerta, te abre una ventana.

La salida del Popular me pilló como presidente de la asociación Emisores Españoles, que agrupa a las compañías cotizadas y a las emisoras de valores de renta fija en los mercados, y pasé a ser su secretario general. La función que desempeñamos, el magnífico ambiente de colaboración que tenemos, el diálogo continuo con los supervisores y reguladores dan sentido y satisfacción al trabajo que hacemos en la asociación. Además, con mi socio, Juan Pérez Calot, dirigimos una pequeña consultora de gobierno corporativo en la que nos divertimos con evaluaciones de consejos, planes de sucesión y apoyo a la organización de la gobernanza y dirección de algunas entidades.

Por el retrovisor, te llegan los recuerdos, algunos momentos que han sido verdaderas aventuras, en los que te la has jugado. Pero de eso se trata: The Show Must Go On.

P.P.: ¿Cómo has conseguido equilibrar esta exigencia profesional de tiempo y dedicación con tu vida personal? ¿Qué precio debes pagar?

J.Z.: A veces te metes en una espiral de la que es muy difícil salir. Parece que te llenas de obligaciones, responsabilidades que conforman tu propia vida. Es difícil distinguir entre una vida personal y una vida profesional. Vives las dos vidas juntas. Cuando el sábado por la mañana temprano llevas a a los niños a fútbol y cuando tienes una call ese mismo sábado por la tarde. Se trata de buscar un equilibrio razonable. Claro que hay un precio a pagar. No hay un solo euro de tu sueldo que no lo devuelvas con tu vida, tu tiempo y tu dedicación. Hay momentos en los que empiezas a dejar de dormir, te sientes más cansado, pasas por momentos de ansiedad, te pierdes parte de tu vida familiar. Nunca olvidaré la actuación de un hijo mío, como director de la orquesta que formaban el resto de niñas y niños, en una fiesta de Navidad del colegio, de la que me hablaron, durante el resto del curso, todos los padres del colegio. Tú fuiste el único que faltó porque tenías una reunión demasiado importante. Una reunión tan importante que no recuerdo de que trató; sin embargo, no se me ha olvidado la genial actuación de mi hijo, que no vi.

Hay que saber priorizar, aunque sientas la intensidad de ir a toda velocidad encima de una bicicleta que no podrías parar sin estrellarte.

P.P.: ¿Qué impacto te gustaría dejar en los equipos con los que trabajas y en los jóvenes profesionales que inician su carrera? ¿Qué lecciones de resiliencia, aprendizaje o ética consideras esenciales?

J.Z.: Además de cuidar la marca personal, es importante estar convencido de que, pase lo que pase, no se acaba el mundo. Hay que saber desdramatizar. Lo más que puede pasarte es que te echen, que no digo que sea bueno, pero hay que superar esa especie de obsesión por estar en todos lados, por no perderte nada. La locura de la actualización constante en un mundo con exceso de información, no siempre veraz, que es sobre todo desinformación. Los japoneses tienen una palabra, seijanu, para hablar de la necesidad de la calma en medio del caos: parar en mitad de la tempestad para recuperar la armonía de uno mismo.

En mi caso, desde hace ya ocho años estudio filosofía y humanidades. Hay que volver a los clásicos: hay que leer. Hay que regalar libros. Hay que elevar el tono de lo que hablamos y dejar de pensar en emoticonos. Estamos convencidos del cuidado con la alimentación o el ejercicio físico, y está muy bien. Pero somos algo más. Parece que ya sabemos todo lo que necesitamos: nos hemos vuelto puros narcisistas. Cuando lo mejor es preguntar si no sabes algo. Y casi seguro que no lo sabes. Me he pasado la vida preguntando.

P.P.: Siempre dices que eres profesor y consultor, pero también alumno, escritor y hasta cantante. ¿Cómo se puede enriquecer la vida profesional desde una visión humanista o incluso creativa?

J.Z.: Por muy liado que estés en el trabajo, no puedes abandonar tu faceta humanista. Soy profesor en Cunef y alumno en Comillas. Me paso todo el día hablando. Como decía Eugenio D’ors, en Madrid a las ocho, o te dan una charla o la das tú. Hace años, empecé a escribir cuentos en los libros de relatos de Fide, un gran sitio lleno de amigas, y, últimamente, he publicado mi primera novela, que editó Almuzara, Un amor en la calle del Pez. Escribir debe ser una profesión de riesgo, extenuante y feliz. Te pones a escribir y de pronto vives para tu novela. Estás deseando llegar a casa para pasar tres o cuatro horas a solas con ella. Ahora estoy en la segunda, que me está costando más porque creo que tiene que ser la mejor y, además, desde la primera página en blanco, soy consciente de que estoy escribiendo una novela. Recibo todas las semanas comentarios de gente que ha leído mi novela y que me felicita y me cuenta que le enganchó o le emocionó el final. Esos comentarios, a veces anónimos, podrían ser la razón por la que escribes, si no fuera porque necesitas escribir como el comer. Cuando empiezas a escribir, no te queda otra.

La música es una buena razón para vivir. Desde chico en Puerta de Tierra en Cádiz, canturreaba canciones de los Beatles en la cuna. Como decía Paul Simon, somos artistas, aunque nosotros seamos muy malos. He tocado desde los 11 años. Como algún amigo mío diría: pues para llevar tanto tiempo qué poco se te nota. He compuesto bastantes canciones y publicado mi LP Aquellos largos jueves y unas cuantas canciones más. Estoy, como Javier Zací, en Youtube, Spotify y en todos los canales de música. Doy unos pocos conciertos cada año con mi banda, con mis canciones y algunas versiones propias.

Hace unos 12 años me liaron para cantar en un coro y ya no he dejado de hacerlo, como bajo o barítono. Estoy en el Haendel Oratory Society, exigente y sensacional. Hay momentos que te sientes como si fueras los Stones después de cantar El Mesías, una misa de Mozart o una sinfonía. Si te aburres, canta, aunque sea en la ducha. Y si puedes hacerlo dignamente, canta en un coro.

Podcast

Podcast de Cyberlideria MGZN.

Todos los jueves, a partir de las 22:00, estará disponible en CyberLideria MGZN una nueva entrevista, donde un prestigioso CISO colaborador charlará con una personalidad inspiradora, importante, y líder empresarial, tanto del ámbito privado como público.

Podcast

Newsletter

Manténgase informado sobre la ciberseguridad, tecnología, las tendencias y las noticias que afectan a los líderes de TI.

Suscribirme

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Suscríbete GRATIS y disfruta de contenido ilimitado sobre ciberseguridad y personas

Suscribirme Ya soy suscriptor
CyberLideria MGZN
Política de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Mas informacion sobre la política de privacidad