Jorge Muñoz, Director de Prensa en Volvo Car España entrevista a José María Galofré, CEO de Volvo Car España, Vicepresidente de FESVIAL y Presidente de la Cámara de Comercio Hispano Sueca.
Jorge Muñoz: Llevas más de dos décadas liderando la evolución de Volvo Car en España. Una marca con una identidad muy definida. Si echas la vista atrás, ¿Cuál dirías que fue ese punto de inflexión que más te transformó como líder?
José María Galofré: Creo que los momentos complicados son los que realmente transforman a una persona como líder. Son las circunstancias difíciles las que ponen a prueba tu capacidad para mantener la actitud adecuada para motivar al equipo y buscar nuevas formas de llegar a los clientes sosteniendo el negocio. En estas dos últimas décadas hemos vivido dos crisis que nos afectaron mucho, tanto a nivel personal como profesional: la crisis financiera y la pandemia del COVID.
Tuve que mantener el enfoque correcto en todo el equipo y encontrar soluciones para adaptarnos. Y creo que salimos muy bien de ambas situaciones. Me siento orgulloso de que, durante esos seis o siete años de crisis financiera, fuimos una de las pocas marcas en España que lograron mantener beneficios y que nuestros profesionales también pudieran seguir ganando dinero.
Hay un psicólogo sueco, Janssen, que habla de las “habitaciones del cambio” en el ser humano. Cuando llega una situación de estrés, lo fundamental es saber cómo vamos a reaccionar para no quedarnos atrapados en la negatividad o la depresión, sino avanzar hacia la búsqueda de información (datos) y buscar soluciones. Esa es la clave del ser humano: hemos pasado por momentos muy duros, hemos habitado los lugares más difíciles del planeta y aun así hemos tenido éxito. Eso es gracias a esa capacidad de motivar y buscar soluciones en los momentos complejos. Al final, no hay nada más enriquecedor que un problema para crecer.

J.M.: Has experimentado de primera mano la transformación de un fabricante tradicional hacia una compañía enfocada claramente en la electrificación, la descarbonización y la sostenibilidad. ¿Cómo has vivido personalmente este cambio tan profundo desde sus cimientos?
J.M.G: No creo que el cambio sea algo de un día para otro, la vida es una adaptación constante. Volvo nació con la visión de cuidar a las personas dentro del coche, pensando siempre en la seguridad. Los fundadores, Gabrielsson y Larsson, hace casi 100 años, entendieron que la movilidad iba a ser clave, pero sobre todo con un enfoque en proteger a las personas.
Mi formación como Ingeniero Industrial (ETSIIM) con máster en gestión medioambiental (CEPADE), me sirvió para entender el propósito de Volvo, donde cuidar a las personas implica cuidar todo lo que las rodea, no solo dentro del coche, sino también los recursos que necesitan. Por eso, para Volvo no es un cambio, sino una transición natural hacia la ecología, que es gestionar y convivir con los recursos naturales para proteger nuestro hogar, el planeta donde vivimos.
La sostenibilidad está de moda, pero se confunde y se polariza, ya que simplemente como dice la Real Academia, «sostenibilidad» no es sostener el planeta, que seguirá otros 5.000 millones de años más, sino mantener los recursos para los seres humanos actuales y futuros, cuidando que los recursos no se agoten. Por eso es fundamental no usar más recursos de los que podemos regenerar. Antes hablábamos de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. Ahora se han añadido dos más: recuperar y reparar, porque hemos destruido la naturaleza y necesitamos recuperarla o plantar nuevos árboles que ayuden a mantener el equilibrio del oxígeno y CO2. Esta idea conecta con la teoría de Gaia, “Lovelock” que dice que la Tierra es un ecosistema donde todo interactúa y que cuidar nuestra casa, el planeta, es cuidar nuestro futuro.
Además, en Volvo trabajamos para que toda la cadena de valor, desde la ingeniería hasta la venta y posventa con nuestros socios los concesionarios, hablemos con una sola voz. En nuestra marca, no existe una discusión sobre la propiedad del dato del cliente, ya que consideramos que el único propietario es el propio cliente, y nuestra obligación es proteger el dato y compartirlo con nuestros concesionarios para conseguir la mejor experiencia del cliente en cualquier lugar de España.
Cualquier cliente recibe los mismos servicios y sus ofertas personalizadas que obtiene en función de su programa de lealtad y del club Volvo, aplicable en todos los concesionarios de España, tanto en el lugar donde compró el vehículo y habitualmente lo repara, como en cualquier otro lugar del territorio español.
Finalmente, a través de la metodología Lean y los cálculos 6 Sigma, usamos siempre datos reales sobre los problemas para conseguir soluciones y continuar con la mejora constante (Kaizen), siempre involucrando a las personas que trabajan a lo largo de todo el proceso, siguiendo con la filosofía Lean la búsqueda de Gemba, que significa “ir al lugar donde pasan las cosas, donde crea valor y poder entenderlas”.

J.M.: ¿Qué te ilusiona más allá de tu rol como CEO? ¿Hay alguna causa, actividad o afición que te mantenga conectado contigo mismo?
J.M.G.: No creo tener un rol distinto por ser CEO. Yo nunca he entendido aquella frase de “vivir para trabajar o trabajar para vivir”. Creo que hay que vivir cada minuto, cada segundo, con la misma vitalidad, buscando disfrutar y, sobre todo, que la gente a tu alrededor también disfrute. Ese es mi rol: ser José María en todas las situaciones.
Trato de ser igual de humanista en todas las facetas de mi vida. Si algo me enseñó mi padre fue a ser buena persona, y eso intento aplicar tanto en el trabajo como en casa. A pesar de todos los errores y fallos, procuro ser coherente y mantener la misma filosofía.
Mi padre también solía decir que es mucho mejor dar que recibir. Y la vida me ha demostrado que es verdad. Hay momentos en los que te das cuenta de que te toca dar más, y eso es lo que intento hacer ahora: compartir todo lo que he aprendido. Pero ese espíritu no debe surgir solo al final de una etapa, hay que practicarlo siempre. Y curiosamente, es algo que te ayuda más de lo que crees.
Y sin apenas darte cuenta, acabas asumiendo nuevas responsabilidades: liderar Volvo en España, asumir también Portugal, colaborar con la Cámara de Comercio, ser vicepresidente de FESVIAL, formar parte del consejo de ANFAC, participar con fundaciones, limpiar playas… Y todo eso simplemente porque las personas que quieren ayudar, ayudan. El lema de uno de esos colectivos era: “compartir”. Me pareció precioso. Y es cierto. Hay que hacerlo siempre. Que nada material te ate.
J.M.: ¿Hay algún libro, alguna película o alguna filosofía que ha marcado tu manera de entender el liderazgo?
J.M.G.: Muchísimos libros. No paro de leer. Y aquí voy a aprovechar para explicarme un poco, porque claro, me gusta la literatura, la historia, el arte, la ciencia, me encanta la filosofía… Así que me resulta muy difícil elegir una lista con los diez más importantes. Probablemente podría hacerla, pero me costaría.
Hay una frase de alguien muy sabio, un científico que siempre recuerdo: Isaac Newton y él decía: “Si he visto más lejos, es porque me he subido a hombros de gigantes”. Es decir, no intentó inventarlo todo desde cero; entendió que había que aprender de quienes vinieron antes: de nuestros padres, abuelos, de científicos más sabios. Eso es clave: no pensar que vas a cambiar el mundo tú solo, sino asumir que todo es una mejora constante. Y la humanidad no ha parado de mejorar.
Por eso creo que cada libro, cada película, te deja huella. Hay un libro muy breve, pero que me ha impactado especialmente. Se llama “¿Por qué me comí a mi padre?” y me ayudó a entender la obligación que tenemos de ser creativos, de innovar, de soñar con cambiar las cosas. Recuerdo una columna que decía que la clave en la vida es prestar atención. Observar. Porque a tu alrededor hay cientos de cosas que puedes mejorar. Y este libro precisamente muestra cómo el entorno muchas veces intenta impedir que seas creativo. La mediocridad se resiste al cambio. Pero si descubres que puedes mejorar algo, que puedes ayudar… tienes la obligación de hacerlo. Cueste lo que cueste.
Y si tengo que resumir mi filosofía de vida, como explicaba Bertrand Russell, te diría que se basa en dos cosas: evidencias y empatía.

J.M.: ¿Qué consejo le darías hoy al José María que empezaba como joven ingeniero industrial en un sector tan exigente como el de la automoción?
Yo siempre he sido José María, y en cierto modo sigo teniendo la misma edad. Cada mañana me doy el mismo consejo: mantenerme fiel a mí mismo. Como decía Saint-Exupéry: “nunca hay que dejar de ser niño”.
Y si me apoyo en otro de mis referentes, Bertrand Russell, él lo expresaba así: «Evita a los fanáticos, desconfía de la ideología rígida, de los dogmas… y confía en la ciencia.» También decía algo que me parece fundamental: «No discutáis por discutir, no os hagáis daño. No merece la pena hacerse daño.»
Son principios que intento aplicar cada día. Vivir con curiosidad, con apertura, sin dogmas… y con respeto hacia los demás.
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