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30 Septiembre 2025
Entrevista a Paloma Grau: “Trabajar por mejorar el planeta nos convierte en personas más libres y felices”

Beatriz Lara Bartolomé, Presidenta de Chapter Zero Spain entrevista Paloma Grau Gumbau, Vicerrectora de Investigación y Sostenibilidad de la Universidad de Navarra

Beatriz Lara: ¿Recuerdas el momento en el que decidiste dedicarte a la ingeniería y a la investigación ambiental?

    Paloma Grau: Sí, lo recuerdo muy bien. La verdad es que lo tuve bastante claro desde mi etapa universitaria. En esos años se empezaba a tomar conciencia del impacto medioambiental de nuestra forma de vida y la importancia de la preservación del planeta. Yo ya había optado por la ingeniería porque me gustaban las ciencias y las matemáticas y decidí orientar mi carrera profesional y seguir estudiando en ingeniería ambiental. Aplicar las matemáticas al cuidado y preservación de algo tan vital como el agua me pareció tremendamente interesante.

    Más adelante, durante mi tesis doctoral, descubrí mi verdadera vocación investigadora y docente. Fue una etapa muy formativa pero también muy exigente. A pesar del esfuerzo, aprendí y experimenté cómo se puede disfrutar estudiando y trabajando cuando de verdad te llena lo que haces. La enorme realización personal que produce cada avance en la investigación, la discusión y reflexión con colegas, o la relación con alumnos, compensa con creces el esfuerzo y las horas de dedicación. Esa experiencia marcó la forma de entender mi día a día en la universidad como algo más que un simple trabajo. Podríamos decir que mi profesión se integró de manera orgánica en mi propósito de vida y desde entonces, tengo que reconocer que me siento muy afortunada por tener un trabajo que de verdad me llena en una institución que, por definición, está constituida para servir a la sociedad.

    B.L.: En tu trayectoria, ¿hubo algún obstáculo que te hizo replantearte las cosas?

    P.G.: Seguro que lo habrá habido, pero si te soy sincera, no lo recuerdo. La vida académica nunca tiene un día igual y puede llegar a ser algo un poquito estresante. Mantener un buen nivel de investigación, la docencia de estudiantes distintos cada año, el gobierno de la investigación de la universidad en esta última etapa de mi vida, requiere de gran esfuerzo intelectual, flexibilidad y sobre todo optimismo y humildad para entender que nunca todo saldrá perfecto. Es muy habitual caer en el desánimo porque la investigación tiene sus tiempos, los estudiantes tienen sus días buenos y malos, el gobierno de una institución como la universidad requiere de mucha escucha, empatía y búsqueda de consenso.

    Aún así, creo que nunca me he replanteado en serio dedicarme a otra profesión. En momentos complicados intento salir de la ofuscación del momento y pensar en mi trayectoria profesional de manera más amplia y con perspectiva. Pensar en esos estudiantes a los que he podido ayudar y contribuir en su formación, en lo conseguido en investigación junto con mis colegas y en las personas que durante estos años me han hecho crecer no sólo como profesional si no como persona. Esa visión panorámica me ayuda a seguir con energías renovadas, quizás replanteándome algunas cuestiones del día a día pero, como decía antes, no se me ocurre una dedicación mejor.    

    B.L.: ¿Cómo has conseguido equilibrar la exigencia académica y la vida personal, sin perder la pasión por lo que haces?

    P.G.: Es buenísima pregunta y la verdad, no sé si he llegado a alcanzar ese equilibrio, aunque lo intento continuamente. Supongo que como todas las madres y padres que intentamos compaginar nuestra vida familiar y personal con la profesional. Como madre de tres hijas, tengo que reconocer que ha habido y seguro que seguirá habiendo momentos en los que esta conciliación es complejísima. Por muy bien que te organices, velar por la familia, por la educación de tus hijos y bienestar personal, requiere de tiempo, de cabeza y de mucha creatividad.

    Yo creo que en mi caso la clave ha estado, en primer lugar, en una visión compartida entre mi marido y yo, adaptando nuestras circunstancias profesionales de cada momento a nuestra realidad familiar… vamos, trabajo en equipo. En segundo lugar, como dices en tu pregunta, también ha sido clave la pasión por mi trabajo. El avance de la ciencia y la investigación, los retos en la formación de estudiantes y las nuevas iniciativas en la universidad no entienden de conciliación, y en mi caso, tienden a acompañarme durante gran parte del día. Aunque con el tiempo he aprendido, y debo seguir haciéndolo, a encajar el trabajo con la disponibilidad de tiempo para familia, amigos y hobbies, me he sorprendido infinidad de veces pensando en resultados o nuevas ideas alrededor de la docencia o investigación, mientras realizo tareas de lo más cotidianas, en casa o por la calle. Pero no me molesta, la verdad.

    B.L.: Más allá de lo institucional, ¿cómo vives la sostenibilidad en tu día a día personal?

    P.G.: El concepto de sostenibilidad es enormemente amplio, complejo y profundísimo. Cómo satisfacer las necesidades del presente sin comprometer a las generaciones futuras en un mundo con recursos limitados. Cuando te adentras en él, necesariamente te replanteas nuestro modo de vida hoy y la manera en la que estamos abordando este concepto.

    Creo que la reflexión sobre ello me ha hecho ser más consciente de que mi contribución desde la investigación en ingeniería es sólo una pequeña pieza de un enorme puzle que debe construirse con la aportación de muchos. He aprendido a escuchar y a dialogar con personas de diferentes áreas de conocimiento, edades o profesiones, muchas veces con perspectivas distintas. Por ejemplo, con mis estudiantes siempre se generan debates interesantes entorno a la sostenibilidad donde, además de contrarrestar visiones polarizadas aportando ciencia e información contrastada, intento animarles a ser parte activa del cambio que nos toca afrontar.

    En mi día a día, he aprendido a cuidar y valorar más las cosas materiales. Me he dado cuenta de que no nos hace falta tanto y que se vive muy bien sin tantas necesidades. Por supuesto soy mucho más consciente de cómo me desplazo de un sitio a otro, aunque aquí tengo que reconocer que tengo margen de mejora. Trabajar por mejorar el plantea, además de constituir una cuestión de responsabilidad para con nuestros hijos, creo que también nos convierte en personas más libres y felices.

    B.L.: ¿Cuál es el viaje de tus sueños?

    P.G.: Hay muchísimos lugares que me encantaría conocer, pero si tengo que elegir uno, me quedo con África. Por cuestiones profesionales, he estado en diferentes países de este continente y además de espectacular por su riqueza natural, me he encontrado con una sociedad joven, optimista poco materialista y con visión trascedente de la vida.

    Me encantaría poder estar allí con más tiempo, sin las urgencias propias de un viaje de trabajo y acompañada de mi familia, para poder conocer mejor su realidad y cultura. Creo que sería toda una experiencia poder aprender de su manera de vivir, trabajar y abordar los retos. Por supuesto, contribuir en lo que pudiera aportar aunque consciente de que recibiría mucho más de lo que pudiera aportar. En definitiva, conocer y entender mejor una parte del mundo con muchísimo futuro por construir y que va a tener un papel cada vez más importante en las próximas décadas.

    B.L.: ¿Qué impacto humano te gustaría dejar en tus alumnos y en tu equipo?

    P.G.: Cuando estoy con mis estudiantes, o con las personas que trabajan conmigo, intento transmitirles la ilusión por su trabajo, siempre con optimismo, buen humor y magnanimidad. Con mis estudiantes, el estudio y la adquisición de conocimiento, con las personas de mi equipo, su actividad profesional.

    Pienso que cuando un trabajo se realiza con motivación, éste, además de convertirnos en mejores profesionales, nos mejora como personas y nos permite adquirir muchos hábitos y competencias que a la larga nos hacen más felices. Como el título de un libro que leí hace tiempo esto requiere de cabeza, corazón y manos, pero me encantaría ayudar a que estudiantes y colegas pudieran realizarse en ese propósito profesional y vital. Que dejen una buena huella allá donde estén.

    B.L.: ¿Qué lecciones de resiliencia y aprendizaje consideras esenciales para los jóvenes que comienzan su formación en la universidad?

    P.G.: La etapa universitaria es apasionante, pero también supone un salto importante respecto a lo que han vivido hasta entonces. Creo que hay tres actitudes que marcan la diferencia y que conviene cultivar desde el principio: ganas de aprender, de superarse ante las dificultades y de abrirse a los demás.

    En primer lugar, la apertura al aprendizaje y a la sorpresa, porque la universidad no es sólo un lugar donde se adquieren conocimientos técnicos, sino un espacio donde uno se descubre a sí mismo. Mantener la curiosidad viva, escuchar con humildad a quienes piensan distinto y dejarse interpelar por las grandes preguntas amplía horizontes y prepara mejor para un mundo en constante cambio.

    La segunda es la perseverancia, pero con perspectiva. Los logros importantes requieren tiempo, esfuerzo y aceptar que no todo saldrá perfecto a la primera. Habrá exámenes difíciles, o momentos de desánimo en los que será clave levantar la mirada y recordar por qué están aquí. Esa visión panorámica es la que permite superar los baches y seguir creciendo.

    Y por último el compromiso con los demás. La universidad no es sólo una etapa individual, sino una oportunidad para aprender a trabajar en equipo, a escuchar y a colaborar con personas diferentes. Vivimos en un mundo complejo, que necesita mentes bien formadas pero también corazones generosos y manos dispuestas a servir. En definitiva, diría que la resiliencia universitaria nace de una combinación de apertura, perseverancia y compromiso. Estas tres actitudes no sólo ayudan a superar los retos académicos, sino que preparan para una vida profesional y personal más plena y con sentido.

    B.L.: ¿Qué papel crees que debe jugar la universidad en el contexto actual, donde la incertidumbre, las crisis sociales y climáticas y la polarización parecen haber ocupado nuestro día a día?

    P.G.: Efectivamente, estamos en un momento de gran convulsión donde el gran avance científico y tecnológico parece que no es capaz de resolver los problemas a los que nos enfrentamos cada día. Además, la institución universitaria también está siendo amenazada en algunos lugares del mundo.

    La universidad está llamada a contribuir al bien social desde la investigación, la ciencia y el conocimiento. Nuestra investigación y capacidad docente debe estar atenta a las necesidades de nuestro entorno y a partir de ahí debemos dialogar con éste aportando información contrastada y veraz, llamar al diálogo sereno y construir un futuro de manera compartida.  En ese marco, la universidad como institución tiene un papel capital porque aporta, desde el rigor de la ciencia, soluciones a los grandes retos de nuestro tiempo.

    Como ejemplo, resaltaría la iniciativa Chapter Zero Spain, Bea, que tú presides. Esta iniciativa, de la que la Universidad de Navarra es sede anfitriona y que tiene como objetivo la concienciación y formación de consejos de administración en la gobernanza climática, está siendo un reflejo de ese diálogo necesario. En mi opinión, los encuentros e iniciativas que hemos organizado son ejemplos de cómo construir valor entre el mundo de la academia, empresa e instituciones públicas. Analizar el problema desde distintas perspectivas que se enriquecen con opiniones diferentes, creo que puede constituir una contribución importante en la búsqueda de soluciones alrededor de la transición climática.

    En definitiva, concibo la universidad como un espacio en el que la ciencia y la investigación avanzan gracias al trabajo conjunto de profesores y estudiantes, como un lugar donde conviven todas las áreas de conocimiento y donde, siempre atenta a las necesidades sociales y empresariales, contribuye al bien común y a la búsqueda de la verdad.

    B.L.: ¿Tienes algún proyecto o idea que te gustaría desarrollar en los próximos años?

    P.G.: Sí por supuesto. Mi proyecto como vicerrectora de investigación y sostenibilidad es desplegar, desde el ámbito de la investigación, la nueva estrategia de mi universidad para los próximos cinco años, que hemos denominado “Una universidad para todos: talento, ciencia y compromiso”.

    Mi prioridad es crear nuevas oportunidades de colaboración, alianzas y financiación que nos permitan crecer en investigación en nuestras áreas prioritarias, que son tres:  salud y cuidado; futuro, desarrollo y compromiso; y el trabajo, como fuerza transformadora de la sociedad.

    Me encantaría que el impulso de estas líneas conllevara una mejor colaboración entre el personal investigador, una mayor aproximación entre profesores, profesoras y estudiantes, y sobre todo una verdadera colaboración abierta a otras universidades, empresas e instituciones. El futuro lo construimos entre todos, con todos, para todos y empieza hoy.

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