Los ciberdelincuentes se hacen pasar por empresas como Nike, Spotify o Hollyland para ofrecer acuerdos publicitarios que, en realidad, buscan robar cuentas de Google y tomar el control de canales de YouTube.
El negocio de los creadores de contenido se ha convertido en un nuevo objetivo para los ciberdelincuentes. Lo que comienza como una atractiva propuesta de patrocinio de una marca reconocida puede terminar con el robo de una cuenta de Google, la pérdida de acceso a un canal de YouTube y la exposición de información personal y profesional.
La compañía de ciberseguridad ESET ha identificado una campaña de fraude que utiliza falsas oportunidades comerciales para engañar a influencers, youtubers y otros profesionales del entorno digital. Los atacantes suplantan a compañías conocidas y construyen un proceso de colaboración aparentemente legítimo, con negociaciones económicas, plataformas de gestión de campañas y sistemas de verificación de identidad.
El objetivo es aprovechar una práctica habitual en la economía de los creadores: recibir propuestas de marcas interesadas en promocionar sus productos o servicios.
El engaño comienza con un correo electrónico cuidadosamente elaborado. Los delincuentes se presentan como representantes de marcas reconocidas y contactan con creadores de contenido para ofrecerles productos gratuitos, acuerdos publicitarios remunerados o colaboraciones a largo plazo.
Para aumentar su credibilidad, investigan previamente a sus posibles víctimas y utilizan referencias a publicaciones, vídeos y características de sus canales.
En uno de los casos analizados por ESET, una periodista recibió una supuesta propuesta comercial de Hollyland, empresa especializada en tecnología audiovisual. El mensaje hacía referencia a contenidos publicados en su canal de YouTube y planteaba una colaboración que incluía la entrega de un dispositivo.
Aunque la dirección de correo utilizada no pertenecía al dominio oficial de la compañía, el nivel de personalización hacía que la oferta pareciera auténtica.
Tras un primer intercambio de mensajes sobre las tarifas de colaboración, los supuestos representantes dirigían a la creadora hacia una plataforma llamada Matchy, donde debía completar los trámites para formalizar el acuerdo.
Una de las particularidades de esta campaña es que los delincuentes no intentan obtener las credenciales desde el primer contacto. En su lugar, recrean las distintas fases de una negociación comercial para generar confianza.
La plataforma fraudulenta incorpora elementos propios de los servicios profesionales de marketing de influencers: paneles de estadísticas, logotipos de grandes empresas, estimaciones de ingresos y funcionalidades relacionadas con la contratación y los pagos.
Además, solicita la URL del canal de YouTube y recupera información pública para mostrar datos reales sobre su actividad.
Esta personalización resulta especialmente peligrosa, ya que encontrar estadísticas y referencias propias dentro de una plataforma puede llevar al usuario a interpretar que está utilizando un servicio fiable.
La estrategia consiste en convertir una oportunidad comercial aparentemente atractiva en una puerta de entrada al robo de identidad digital.
La fase más delicada del fraude llega cuando la plataforma solicita al creador que confirme la propiedad de su canal mediante su cuenta de Google.
Este mecanismo resulta familiar para muchos usuarios, puesto que numerosas aplicaciones legítimas permiten acceder a sus servicios mediante Google. Sin embargo, los riesgos aparecen cuando la página de autenticación es falsa o cuando se solicitan permisos excesivos.
ESET distingue dos escenarios especialmente preocupantes.
Por un lado, una aplicación maliciosa podría solicitar autorizaciones que van mucho más allá de consultar información básica del perfil. Si el usuario acepta permisos de administración, podría permitir que terceros realicen acciones sobre su canal de YouTube.
Por otro, los atacantes pueden redirigir a la víctima hacia una página que imita el acceso oficial de Google para capturar sus contraseñas y códigos de verificación.
En este último caso, el impacto puede extenderse más allá de YouTube y comprometer otros servicios vinculados a la cuenta, como Gmail o Google Drive.
La gravedad de estas situaciones queda reflejada en el testimonio de una creadora afectada por una variante de la estafa. Según su relato, los delincuentes modificaron los métodos de recuperación de su cuenta, sustituyendo el teléfono y el correo electrónico asociados y configurando nuevos códigos de respaldo para dificultar que recuperase el control.
El secuestro de una cuenta con una comunidad consolidada puede convertirse en el punto de partida de nuevos ataques.
Los ciberdelincuentes pueden aprovechar la reputación del creador para publicar enlaces fraudulentos, promocionar inversiones falsas, distribuir contenido malicioso o dirigir a sus seguidores hacia otras estafas.
La confianza desempeña un papel fundamental en este escenario. Según el Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain, el 40 % de los usuarios españoles considera fiables a los influencers que sigue.
Esta relación de cercanía entre los creadores y sus audiencias convierte las cuentas comprometidas en herramientas especialmente atractivas para los delincuentes.
De esta forma, un ataque dirigido inicialmente contra un único profesional puede terminar afectando a miles de personas.
Ante el crecimiento de estas técnicas de ingeniería social, los especialistas de ESET recomiendan extremar las precauciones antes de aceptar propuestas comerciales recibidas por correo electrónico.
Entre las principales medidas de protección destacan:
Josep Albors, director de Investigación y Concienciación de ESET España, insiste en la importancia de confirmar la legitimidad de cualquier colaboración antes de facilitar información o conceder permisos a aplicaciones externas.
Este tipo de fraude pone de manifiesto cómo están evolucionando los ataques dirigidos a profesionales que desarrollan su actividad en internet.
Los ciberdelincuentes ya no dependen exclusivamente de mensajes alarmistas o enlaces sospechosos. Ahora también utilizan propuestas comerciales convincentes, información pública y entornos digitales cuidadosamente diseñados para reproducir experiencias habituales de trabajo.
En una economía en la que las cuentas sociales representan tanto una fuente de ingresos como un activo reputacional, proteger las credenciales y los canales de comunicación se ha convertido en una prioridad.
Porque, en el negocio de los influencers, perder el control de una cuenta no significa únicamente perder seguidores: también puede poner en riesgo una marca personal, acuerdos comerciales y la confianza de toda una comunidad.
Fuente: Nota de prensa de ESET España, 14 de octubre de 2026. Texto adaptado y reelaborado editorialmente para CyberLideria MGZN.
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