Tu número de móvil puede convertirse en el punto de partida de una estafa digital. Aunque disponer de este dato no permite acceder automáticamente a tus cuentas, los ciberdelincuentes pueden utilizarlo para recopilar información personal, suplantar identidades e intentar hacerse con el control de servicios como WhatsApp o aplicaciones bancarias.
El teléfono móvil se ha convertido en una herramienta imprescindible en nuestra vida cotidiana, pero también en un elemento central de nuestra identidad digital. Más allá de las llamadas y los mensajes, nuestro número está asociado a plataformas sociales, aplicaciones de mensajería, servicios financieros y procedimientos de autenticación.
Esta vinculación con numerosos servicios digitales lo convierte en un dato especialmente atractivo para los ciberdelincuentes, que pueden aprovecharlo para diseñar ataques personalizados y engañar a sus víctimas.
La magnitud del problema queda reflejada en las estadísticas del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. Durante los primeros seis meses de 2026, el 40 % de las consultas ciudadanas recibidas por el servicio 017 del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) estuvieron relacionadas con intentos de suplantación de identidad mediante llamadas telefónicas, mensajes SMS o correos electrónicos fraudulentos.
No obstante, los especialistas recuerdan que conocer un número de teléfono no equivale a tener acceso al dispositivo ni a las cuentas vinculadas a él. Para conseguirlo, los atacantes necesitan combinar ese dato con otras informaciones, explotar vulnerabilidades o recurrir a técnicas de manipulación psicológica.
Desde ESET, compañía especializada en ciberseguridad, advierten de que los delincuentes suelen utilizar información procedente de redes sociales y filtraciones de datos para elaborar fraudes más convincentes.
Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET, señala que el verdadero peligro aparece cuando los atacantes consiguen que las propias víctimas revelen contraseñas, códigos de verificación u otra información que permita acceder a sus servicios digitales.
Los expertos de ESET identifican cuatro escenarios habituales en los que un número de móvil puede convertirse en una herramienta para cometer fraudes.
Un número de teléfono puede servir como punto de partida para localizar información adicional sobre su propietario.
A través de buscadores, redes sociales, páginas de compraventa o bases de datos expuestas en filtraciones, los atacantes pueden intentar descubrir el nombre de la persona, su correo electrónico, sus perfiles digitales e incluso otros datos personales.
Al reunir esta información, los delincuentes pueden construir un perfil más completo de la víctima y preparar comunicaciones fraudulentas adaptadas a sus circunstancias.
Cuanto más específicos y creíbles sean los mensajes, mayores serán las posibilidades de que la persona confíe en ellos y termine proporcionando información confidencial.
Otra de las amenazas más extendidas es la suplantación de empresas, entidades financieras y organismos públicos.
Los ciberdelincuentes pueden utilizar llamadas telefónicas, mensajes de texto o conversaciones de WhatsApp para hacerse pasar por servicios conocidos y generar una falsa sensación de confianza.
Entre los ejemplos más habituales se encuentran las notificaciones sobre supuestos problemas con entregas de paquetes, las alertas de movimientos bancarios sospechosos o las solicitudes urgentes para actualizar información personal.
Estas técnicas, conocidas como vishing cuando se realizan mediante llamadas y smishing cuando utilizan SMS, buscan que la víctima facilite datos sensibles, introduzca sus credenciales en páginas fraudulentas o comparta códigos de seguridad.
La urgencia es uno de los recursos más utilizados: los atacantes intentan provocar una reacción inmediata para evitar que la persona compruebe la autenticidad de la comunicación.
Muchas aplicaciones utilizan el número de teléfono como mecanismo de identificación y recuperación de cuentas.
Los delincuentes pueden intentar aprovechar este sistema para registrar una cuenta de WhatsApp en un dispositivo diferente. Cuando lo hacen, el usuario legítimo recibe un código de verificación que no ha solicitado.
Posteriormente, el atacante puede contactar con la víctima fingiendo ser un conocido o un representante del servicio técnico y solicitarle ese código mediante alguna excusa.
Si consigue obtenerlo, podría completar el proceso de registro y apropiarse de la cuenta, especialmente si no existen medidas de seguridad adicionales.
Una vez dentro, los ciberdelincuentes pueden utilizar la identidad de la víctima para solicitar transferencias de dinero a sus contactos, compartir enlaces maliciosos o desarrollar nuevas campañas fraudulentas.
El denominado SIM swapping es una técnica que consiste en engañar al operador de telefonía para transferir el número de una persona a otra tarjeta SIM controlada por el atacante.
Si la operación tiene éxito, el delincuente puede recibir las llamadas y los mensajes SMS destinados al verdadero titular de la línea.
Esto supone un riesgo importante para los servicios que todavía utilizan mensajes de texto como método de verificación, ya que los atacantes podrían interceptar códigos de autenticación y combinarlos con otras credenciales previamente obtenidas.
Una de las principales señales de alerta es la pérdida repentina de cobertura móvil sin una explicación aparente, especialmente cuando el dispositivo deja de recibir llamadas y mensajes de manera inesperada.
Aunque no siempre es posible evitar que nuestro número termine circulando por Internet, existen medidas que ayudan a reducir considerablemente los riesgos asociados a su exposición.
ESET recomienda incorporar determinados hábitos de seguridad a nuestra actividad digital:
Uno de los aspectos más relevantes de estos ataques es que no siempre requieren vulnerar técnicamente los sistemas de seguridad. En numerosas ocasiones, los delincuentes recurren a la ingeniería social para manipular a las personas y conseguir que realicen acciones que comprometan su propia protección.
Conocer el nombre, el teléfono o determinados datos personales de una víctima puede ayudar a construir una apariencia de legitimidad. Sin embargo, disponer de esa información no demuestra que quien establece el contacto sea realmente la persona o entidad que afirma representar.
Por ello, desde ESET insisten en la importancia de desconfiar de las solicitudes inesperadas, verificar las comunicaciones por vías oficiales y reforzar los mecanismos de recuperación de cuentas.
En un entorno en el que el número de teléfono funciona como identificador de numerosos servicios, la prevención resulta fundamental. Proteger las credenciales, limitar la exposición de datos personales y reconocer las señales de fraude puede marcar la diferencia entre recibir un intento de estafa y convertirse en víctima de un robo de identidad digital.
Actualidad
26 Octubre 2026
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