El pasado 28 de abril de 2025, España vivió un evento que, más allá del impacto inmediato, sirvió como prueba de fuego para las capacidades reales de continuidad y resiliencia de muchas organizaciones. Un apagón eléctrico generalizado afectó a buena parte de la península Ibérica, paralizando telecomunicaciones, transportes y servicios esenciales.
Las organizaciones consideradas infraestructuras críticas bajo el paraguas de la Ley de Protección de Infraestructuras Críticas (LPIC) tenían —y tienen— una responsabilidad mayor: mantener la operatividad de servicios esenciales para el conjunto de la sociedad. Pero, ¿qué significa realmente estar preparado? ¿Cómo debería haber actuado una entidad catalogada como crítica ante una situación como esta?
1. Planificación previa: el papel lo aguanta todo, pero la cultura lo es todo
Contar con un Plan de Continuidad de Negocio (BCP) certificado según la norma ISO 22301 no es un lujo, es una obligación implícita para toda infraestructura crítica. Pero lo importante no es solo tener el documento, sino que esté probado, actualizado y validado en ejercicios reales.
En este sentido, un enfoque basado en escenarios disruptivos plausibles, como la pérdida masiva de conectividad o aislamiento de empleados, es clave. El apagón demostró que no basta con tener luz: la caída de la telefonía móvil y los datos dejó incomunicadas a muchas personas.
2. Activación de protocolos y gestión de la crisis
En el minuto cero, la organización debería haber activado su protocolo de gestión de crisis. Esto implica:
3. Alineación con el marco DORA (si aplica)
Si la entidad está regulada por el Reglamento DORA, debería haber:
4. Comunicación efectiva: hacia dentro y hacia fuera
Uno de los puntos críticos fue la falta de comunicación. Una infraestructura crítica debe contar con:
5. Continuidad de servicios esenciales
La razón de ser de una infraestructura crítica es que su interrupción afecta al conjunto de la sociedad. Por tanto, mantener el funcionamiento de procesos clave es prioridad absoluta:
6. Gestión de personas: lo humano en el centro
El apagón mostró una verdad incómoda: no todos los planes tienen en cuenta el impacto emocional o logístico en los equipos. Una entidad crítica debe:
7. Análisis post-incidente y lecciones aprendidas
Pasado el evento, el verdadero valor está en lo que se documenta. La entidad debe realizar:
8. Recomendaciones para mitigar futuros incidentes
Conclusión
Una infraestructura crítica no puede improvisar. Debe liderar con ejemplo, actuar con rapidez y comunicarse con claridad. El apagón de abril de 2025 fue una llamada de atención: la resiliencia no es solo prepararse para lo que puede pasar. Es demostrar, cuando pasa, que se está listo para responder.
Lo crítico no es solo el servicio. Lo crítico es la capacidad de mantenerlo, incluso en la oscuridad.

Gonzalo Asensio
Global CISO de Bankinter y Miembro del Consejo Asesor de CyberLideria.
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15 Septiembre 2026
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