La llegada de los agentes de inteligencia artificial está transformando la forma en la que las empresas automatizan procesos. Sin embargo, mientras buena parte del debate gira en torno a su productividad o capacidad de decisión, existe una cuestión mucho menos visible que comienza a preocupar a los responsables de ciberseguridad: la identidad de estos nuevos actores digitales.
Cada agente de IA necesita acceder a aplicaciones, consultar bases de datos, utilizar APIs, interactuar con servicios cloud o ejecutar acciones en nombre de una organización. Y para hacerlo necesita credenciales, permisos y privilegios.
En otras palabras, necesita una identidad digital.
Durante años, las estrategias de gestión de identidades se centraron en empleados, proveedores y clientes.
Hoy el escenario es muy diferente.
Aplicaciones, robots software, servicios cloud, dispositivos IoT, contenedores y procesos automatizados ya superan ampliamente el número de usuarios humanos en muchas organizaciones.
La incorporación masiva de agentes de IA acelerará todavía más esta tendencia.
Cada uno de ellos requerirá permisos específicos para consultar información, modificar documentos, lanzar procesos o comunicarse con otros sistemas.
Gestionar este ecosistema se convertirá en uno de los grandes retos de la próxima década.
Uno de los principios básicos de la ciberseguridad establece que cualquier identidad debe disponer únicamente de los permisos estrictamente necesarios para desempeñar su función.
Este principio de mínimo privilegio resulta especialmente importante cuando hablamos de inteligencia artificial.
Si un agente dispone de acceso excesivo, un error de configuración, una vulnerabilidad o un ataque podría permitir movimientos laterales dentro de la organización con consecuencias difíciles de controlar.
El riesgo no reside únicamente en un ciberdelincuente, sino también en una automatización mal diseñada.
Los modelos Zero Trust se basan en una premisa sencilla: no confiar automáticamente en ningún usuario, dispositivo o aplicación.
Esta filosofía comienza a extenderse también hacia los agentes inteligentes.
Cada solicitud deberá autenticarse, autorizarse y registrarse independientemente del lugar desde el que se origine.
Además, será necesario revisar continuamente los permisos asignados para adaptarlos a las funciones reales que desempeñe cada agente.
Cuando una inteligencia artificial ejecuta una acción, surge una pregunta fundamental: ¿quién es responsable?
Responder a esta cuestión exige disponer de registros completos que permitan conocer qué agente actuó, qué información consultó, qué decisión tomó y qué sistemas modificó.
La observabilidad dejará de ser una característica técnica para convertirse en un requisito imprescindible de gobernanza.
La llegada de la inteligencia artificial no elimina los principios tradicionales de la ciberseguridad; al contrario, los hace aún más relevantes.
La gestión de identidades, el gobierno de accesos privilegiados, la autenticación adaptativa y la monitorización continua serán pilares fundamentales para convivir con agentes capaces de actuar de forma autónoma.
En los próximos años, los CISO tendrán que proteger no solo a las personas y los dispositivos, sino también a miles de identidades digitales creadas para que la inteligencia artificial pueda trabajar.
La pregunta ya no es cuántos empleados accederán a los sistemas de una empresa, sino cuántos agentes inteligentes lo harán en su nombre.
Jarana
20 Agosto 2026
Podcast de Cyberlideria MGZN.
Todos los jueves, a partir de las 22:00, estará disponible en CyberLideria MGZN una nueva entrevista, donde un prestigioso CISO colaborador charlará con una personalidad inspiradora, importante, y líder empresarial, tanto del ámbito privado como público.
Manténgase informado sobre la ciberseguridad, tecnología, las tendencias y las noticias que afectan a los líderes de TI.
Suscríbete GRATIS y disfruta de contenido ilimitado sobre ciberseguridad y personas