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4 Noviembre 2024
Reportaje de Rubén Fernández-Costa O’Dogherty: «El ‘humanismo digital’, ¿se trata de un objetivo real o de un oxímoron?» 

En este reportaje exclusivo para CyberLideria MGZN, contrastamos opiniones radicalmente opuestas: ¿puede la conversación sobre el humanismo digital convertirse en motor de cambio? ¿Existe realmente una combinación de ambos términos o se han convertido en opuestos y deben imponerse límites de forma recíproca? ¿Qué ejemplos históricos son clave para inspirarnos en la época que viene?

Julia Sizova Granero  | Country Manager South EMEA |  Comscore

En palabras de Julia Sizova, “el humanismo digital no es un concepto nuevo, pero ha cogido más fuerza con la democratización de la Inteligencia Artificial. Uno de los principios del humanismo digital es que la tecnología debe servir para ayudar a las personas. No debería tener sentido que el ser humano desarrolle una nueva tecnología que pueda acabar con él. Hoy, la IA puede ser muy beneficiosa para una serie de trabajos que necesitan analizar muchos datos para tomar una decisión o para ofrecer un resultado. Sin embargo, la IA toma esas decisiones/resultados en base a soluciones estadísticas (si antes, de cada 100.000 análisis con datos parecidos se ha tomado este resultado, ahora, la solución será la misma). Eso puede ser cierto en el 99% de los casos, pero necesita una supervisión humana para cerciorarse de que la solución propuesta sigue siendo correcta”.

Para la directiva de Comscore, “el beneficio de que la máquina vaya a realizar una gran cantidad de trabajos mecánicos puede acabar con muchos puestos de trabajo y eso crear nerviosismo en el ser humano porque ve peligrar su Statu Quo, la situación social a la que está acostumbrado, y ver peligrar el desarrollo de su vida y de los suyos. La historia nos dice que cuando ha habido una revolución tecnológica (pensemos en la revolución industrial o en Internet, se han perdido muchos puestos de trabajo, pero se han creado muchísimos más que antes no existían). La sociedad debe preparar por lo tanto al ser humano para el cambio. La IA no puede ser una tecnología que acabe creando pobreza para la mayoría del ser humano porque iría en contra de él mismo. La sociedad debe dar salida a esa parte del ser humano que se queda sin trabajo por culpa de la IA porque si no, eso puede desembocar en una revolución social en contra de la IA (no olvidemos que no solo estamos hablando de la IA sino de las empresas/grandes empresarios/países/corporaciones que financian la IA con el objetivo de ganar más dinero)”.

“Nuestro papel”, continúa, “está en dirigir la tecnología hacia fines buenos y corregir a tiempo los posibles errores. Es importante visibilizar los riesgos y los sesgos de la Inteligencia Artificial para poder corregirlos. La IA es una tecnología basada en ceros y unos, y, por lo tanto, tonta. Es un loro. Da respuestas en base a datos previos, buscando la mayor probabilidad de contexto. El ser humano debe dar a esa tecnología los datos de la mejor manera posible, es decir sin sesgos y con la información de aquello que es correcto/está bien y lo que no es correcto/ está mal.

Respecto a la regulación, añade que “hoy Europa defiende que la IA debe estar regulada en todo momento para poder avanzar en este campo de manera segura para el ser humano. USA quiere avanzar con menos legislación y deja al ser humano más desprotegido (igual que ocurre con la Seguridad Social). China está avanzando en la IA con normativas inexistentes con lo que se están desarrollando tecnologías que nadie sabe si cumplen el primer mandato de que la IA debe ser algo que sea beneficioso para el ser humano y se acaba uniendo a otro elemento tratado anteriormente referente a la introducción de información en las BBDD de la IA sin importar que sea información beneficiosa o maliciosa. Es necesario regular para que el uso de la tecnología sea ético y sostenible”.

“Hace poco leí el libro de Jeremy Bailenson sobre realidad virtual”, relata, “y me sorprendió y conmovió precisamente la visión humanista que da de la realidad virtual, porque no habla de videojuegos ni de entretenimiento sino de cómo aplicar esta tecnología a la educación, a la medicina, a los fines sociales y la concienciación sobre los problemas medioambientales, los grandes dramas humanos, o los sesgos de edadismo, racismo, discapacidad.

Jeremy Bailenson centró toda la investigación, experimentos y mejora de la Realidad Virtual en estos principios, entre sus experimentos destacaría los tratamientos de rehabilitación física y cerebral. Con la ayuda de la RV enseñaba a utilizar las prótesis, curaba el trastorno postraumático en las víctimas del 11S, buscaba democratizar la enseñanza, despertar actitudes empáticas con otros colectivos como por ejemplo refugiados, personas mayores, personas con algún tipo de discapacidad: RV, según él, ayudaba a entender cómo es la vida de estas personas de forma inmersiva. Llegó a crear tratamientos para las fobias, tratamientos paliativos de dolor postoperatorio, trabajó con la unidad de quemados. Para mí es un gran ejemplo de humanismo en la tecnología”.

Sizova señala que, “si uno de los grandes problemas actuales del ser humano hoy es el cambio climático, avanzamos hacia un mundo con energías renovables para no poner aún más en riesgo el planeta. Grandes corporaciones como MSN, Google, Amazon, etc. están invirtiendo para relanzar la energía nuclear con el objetivo de dar respuesta a las necesidades energéticas del mundo con la puesta en marcha de la IA a escala planetaria. Este fin de semana Cuba, el país entero, se ha quedado literalmente sin luz”. Desde el punto de vista del liderazgo femenino, señala que “deberíamos luchar contra los sesgos de género, que desgraciadamente se encuentran en la mayoría de los contextos que utiliza IA a día de hoy. Crear nuevos contextos, nuevas probabilidades positivas es nuestra responsabilidad. Por eso el papel de la comunicación es tan importante”.

La historia nos dice, en sus palabras, “que la revolución industrial trajo grandes desajustes a nivel mundial (en los años 70 se hablaba de países industrializados, países en vías de desarrollo y tercer mundo). Internet trajo lo que se denominó la brecha digital, tanto a nivel social como a nivel geopolítico.

La IA puede incrementarla aún más. En los denominados países en vías de desarrollo, actualmente se están incrementando los gobiernos populistas y autoritarios, lo que hace también que se rompa el equilibrio a nivel global. Hay que tenerlo en cuenta”. Finalmente, señala que “el gran quid de la IA son los sentimientos. La IA es estadística, pero no los sentimientos: mientras la IA no tenga sentimientos, el ser humano seguirá siendo necesario porque aporta a la tecnología, aquello de lo que carece. En el momento en el que la IA tenga sentimientos, el peligro va a ser real”.

Silvia Leal, Asesora de la OCDE y UE

Para Silvia Leal, asesora de grandes instituciones, “creo que lo más importante es despojarse de todos los prejuicios que nos llegan de la ciencia ficción y aterrizar en la realidad de la tierra”. En su opinión, “con menos prejuicios podremos llegar mucho más lejos a todos los niveles y, por supuesto, aquí”. 

Sin embargo, no es ajena a los riesgos de la IA. ¿Cuál puede llegar a ser el impacto, en su opinión, de estas nuevas tecnologías? Para ella, el objetivo de estas herramientas es, sin duda, que deben ayudar a humanizarnos, si no, estaremos en el camino equivocado. “Siempre digo que, si lo hacemos bien, nos espera un futuro más humano gracias a la tecnología. ¿Y qué puede querer decir eso? Pues es una reflexión totalmente alineada con el pensamiento de que en el desarrollo tecnológico los seres humanos debemos estar siempre en el centro y para conseguirlo lo que debemos hacer es tenerlo muy presente y poner conciencia a este objetivo a todos los niveles, como sociedad y, por supuesto, a nivel individual”.

En palabras de Silvia Leal, respecto a ese potencial impacto, y a sus múltiples posibles implicaciones, “sin duda, son muchos los dilemas y las cuestiones éticas que rodean a la tecnología y su impacto sobre la humanidad. Por ello, personalmente me quedaría con el hecho de que la tecnología está hecha a nuestra imagen y semejanza y si no somos perfectos, la tecnología tampoco: en su desarrollo nos podemos encontrar los problemas que tenemos en el mundo real pero multiplicados, por ejemplo, la ética, la transparencia o el riesgo de que nos manipule como sociedad”.

Al preguntarle por ejemplos concretos de lo que se podría denominar como Humanismo Digital, la asesora de organizaciones tan influyentes como OCDE explica cómo “al ser Consejera de Por Talento Digital de Fundación Once tengo que decir que todo lo relacionado con la discapacidad es increíble. Aquí herramientas que provee la Inteligencia Artificial son capaces de mejorar muchísimo la calidad de vida de millones de personas y de dotarlas además de recursos para multiplicar su empleabilidad. Un soplo de esperanza”.

Isaac Marcet, autor de “La historia del futuro” (Plaza&Janés, 2023)

Para Isaac Marcet, autor de uno de los libros más impactantes de los últimos años, “La Historia del Futuro” (editado por Plaza&Janés, 2023), la idea de que “‘la tecnología es neutra’ es una falacia a estudiar. No es neutra ni tampoco inocente: la tecnología siempre tiene un porqué. De hecho, la palabra viene del griego tekhné, que significa: «conjunto de leyes que persigue un objetivo concreto», ¿cómo puede ser que sigamos creyendo en su neutralidad?”, pregunta retóricamente el autor, categórico, a este medio. 

“Si bien los ingenieros pueden ser ignorantes con respecto a los efectos de sus creaciones, éstas tienen un diseño concreto y eficaz. Los objetivos de la IA, por ejemplo, son manifiestos: suplantar el mundo por un simulacro, es decir, llevar la digitalización a su máxima expresión”. Por eso, para Isaac Marcet, hay que comenzar por la advertencia, “porque hablar de ‘humanismo digital’ es en realidad un oxímoron. Con tecnologías de suplantación como la IA, la digitalización no es nuestro amigo, sino nuestro enemigo, no es humanista, sino antihumanista”. ¿Y no sería posible su control? ¿No existen ejemplos que podamos admirar históricamente? “Sí y no. Yo pienso que en un contexto capitalista no es posible. En la era de la innovación por la innovación, toda consideración ética ocupa un lugar residual. Tanto así que nos hacen creer en inventos como el “humanismo digital”, realmente un fin de la humanidad ‘humanista’”. Para él, el humanismo es precisamente lo que controla lo tecnológico, y cada descubrimiento debería, desde la autoría, llevar incorporada una responsabilidad, y cita un caso concreto de la historia, relatado a El Español, que pide ahora reproducir. “Tras descubrir una de las tecnologías más disruptivas para el humano, la premio Nobel Jennifer Doudna hizo algo insólito: se aseguró la implementación de una serie de normas éticas sobre su propia creación. De manera opuesta a Prometeo, al dar el fuego prohibido a los humanos, Doudna se aseguró de que su tecnología para editar el genoma humano quedase en cuarentena. La humanidad debía debatir todas las implicaciones sociales de ese invento antes de que se desarrollase ninguna aplicación comercial. De lo contrario, podía ocurrir lo mismo que con la bomba atómica: la destrucción de cientos de miles de vidas. Pese a que Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, luchase hasta el final de sus días por regular su descubrimiento, el daño ya estaba hecho cuando el gobierno de EEUU decidió lanzar la bomba sobre Hiroshima y Nagasaki. De ahí que el científico más tarde dijera: «Los físicos hemos conocido el pecado, y este conocimiento vivirá con nosotros para el resto de la vida». Por este motivo, Jennifer Doudna debería considerarse una de las personas clave de nuestro tiempo. Descubrió el futuro, pero supo mantenerlo a raya”.

Rubén Fernández-Costa O’Dogherty

Periodista, Asesor y Miembro del Comité Editorial de CyberLideria MGZN

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