Artículo de Mikel Salazar «Liderar con propósito: claves reales para atraer y desarrollar talento en ciberseguridad»
Con más de 4 millones de vacantes en el mundo y más de 80.000 en España, contar con el talento adecuado para combatir el cibercrimen se ha convertido en uno de los grandes desafíos para las organizaciones.
Con este contexto, atraer y retener talento no se logra con fórmulas vacías ni beneficios aislados, se necesita algo más profundo: liderar con propósito. Esto implica alinear la misión de la organización con valores sólidos y crear un entorno donde los profesionales sientan que su trabajo importa, que contribuyen a algo mayor que ellos mismos:
Coherencia. Los valores corporativos como la integridad, la innovación o la responsabilidad deben aterrizarse en acciones reales – no sólo en eslóganes. Solo así se construye credibilidad. En ciberseguridad, donde lo que se protege es intangible pero fundamental, la confianza es el primer activo y esa confianza se genera también dentro del equipo.
Formación. Formar parte de una organización que invierte en conocimiento refuerza el vínculo con el talento. Apostar por la actualización constante y las certificaciones envía un mensaje claro: aquí queremos que crezcas. Es momento de abandonar ideas derrotistas como “¿y si lo formo y se va?” y abrazar la idea de que formar es invertir. Porque el mayor riesgo es no formar… y que se quede.
Desafío. Esta profesión requiere también pasión por el reto constante: cada día es nuevo, cambian las amenazas, las herramientas y el enfoque. Para muchos profesionales esa intensidad es parte de la motivación: la adrenalina de anticiparse al ataque, de crear soluciones donde ayer no había nada, de pensar fuera de la caja: esa energía hay que saber canalizarla y acompañarla.
Cultura y diversidad. No todo es técnico: una de de las claves más diferenciales está en fomentar entornos inclusivos, donde convivan generaciones, nacionalidades, géneros y personas con capacidades diversas, no es solo justo, es estratégico. La riqueza de perspectivas tiene beneficios reales como la mejora en la respuesta ante incidentes, abriendo nuevas formas de pensar y facilitando algo tan necesario en nuestro campo: la innovación. Y también hay que reivindicar el talento femenino en ciberseguridad, que en momentos críticos – y tenemos todos los días-, aporta enfoques clave con visión integradora y liderazgo en la complejidad.
Empatía y exigencia. Y si, no son términos opuestos: el liderazgo con propósito es el que escucha, empatiza, se adapta y al mismo tiempo mantiene un estándar de excelencia. Frente a culturas basadas en el miedo o la promesa vacía como herramienta de retención, necesitamos entornos que confíen en su gente, que respeten su vida fuera del trabajo y que lideren desde la confianza y no desde la amenaza.
Reconocimiento. Algo irrenunciable: las personas necesitan saber que su esfuerzo tiene impacto, que su contribución importa, que su progreso es posible. La promoción profesional y la recompensa deben estar alineadas con el valor aportado y los logros alcanzados, y el feedback continuo es clave para conseguirlo.
Conexión con el territorio. Apostar por el desarrollo local, los hubs de innovación, las alianzas con universidades y centros de formación profesional genera raíces y sentimiento de pertenencia. Además, el reskilling de profesionales de otras áreas de TI amplía el espectro de talento disponible fomentando una movilidad sana y enriquecedora dentro del propio sector – a veces muy encorsetado.
Y aún así habrá quien decida marcharse… convivir con la rotación es parte del juego. Y aquí la clave está en cómo se gestiona: con respeto, autocrítica y aprendizaje. Las organizaciones maduras se despiden bien, agradecen el camino recorrido y miran hacia adelante.
Por último, no podíamos olvidar la inteligencia artificial: en un momento donde ya está transformando muchas funciones creo que es fundamental reivindicar el papel del talento humano. La IA ya nos está ayudando a automatizar tareas, detectar amenazas y anticipar riesgos. Pero no nos engañemos, la inteligencia emocional, el criterio ético, la creatividad e intuición seguirán siendo humanos. El talento humano debe seguir en el centro.
Construir ese relato compartido, donde cada profesional sienta que su lugar tiene sentido, que su voz importa y su crecimiento es posible. Ese es el liderazgo que necesitamos. Y ese es el que marca la diferencia.
Mikel Salazar Peña, Iberia Cybersecurity Country Lead, DXC Technology y miembro del Grupo de Seguridad de AUTELSI
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