Rubén Andrés, Director General Tecnología, Operaciones e Innovación at Singular Bank, entrevista a José Andrés Jiménez Martín, Jefe del Departamento de Asesoramiento Técnico TIC del Congreso de los Diputados.
Rubén Andrés: Si miras atrás, ¿qué momento marcó el punto de inflexión en tu carrera en las Cortes Generales hasta llegar a la jefatura del Departamento de Asesoramiento TIC del Congreso de los Diputados?
Andrés Jiménez: Sin duda alguna, el momento en el que me decidí a preparar, allá por la primera década de este siglo, las oposiciones al Cuerpo de Asesores Facultativos de las Cortes Generales en la especialidad de Informática. Anteriormente mi perspectiva era básicamente tecnológica. El estudio de la oposición me obligó a estudiar no sólo derecho e historia, sino también muchos temas de tecnología que sólo conocía de forma somera, así como todas las facetas del funcionamiento del Parlamento. Formar parte mi cuerpo de funcionarios me ha permitido tener el privilegio de servir en ambas cámaras, Congreso y Senado, así como mantener relaciones con multitud de instituciones públicas y el sector tecnológico privado, siempre buscando mejores formas de hacer las cosas, que entiendo que debe ser el leitmotiv del servicio público.

R.A.: Has vivido la evolución tecnológica desde los años 90 hasta la actual era de la IA. ¿Cuál ha sido el cambio más disruptivo que has presenciado dentro de la administración pública?
J.A.J.: Aunque ya parezca añejo, para el caso de la administración parlamentaria, diría que la llegada de Internet y la World Wide Web. Este evento supuso toda una revolución de la proyección de la actividad del Parlamento hacia la sociedad, entonces sólo limitada a la publicación en papel de los diarios de sesiones y la escasa presencia en los medios de comunicación de masas, como la televisión, la radio y la prensa, para pasar progresivamente a la web, el streaming de video, las redes sociales y los datos abiertos. También cabe mencionar la transición hacia la administración electrónica, con sus luces y sombras. No obstante, posiblemente quizá la aplicación de la inteligencia artificial llegue a ser el más disruptivo de todos, aunque la perspectiva de más de 35 años de experiencia profesional y el haber visto pasar tantas olas tecnológicas, obliga a mantener una cierta reserva. Ya no alcanzo a recordar la cantidad de tecnologías que se prometieron, en su momento, como disruptivas y luego se desvanecieron en el olvido.
R.A.: ¿Qué competencias consideras imprescindibles para dirigir equipos tecnológicos en el Congreso de los Diputados?
J.A.J.: Un parlamento es una administración pública con un carácter peculiar en el que la política pesa mucho más que en otras administraciones y es un entorno con menos rigidez, propio de la naturaleza del ejercicio del poder legislativo. Por ello diría que un buen conocimiento de la dinámica parlamentaria, un cierto grado de flexibilidad, así como un talante resolutivo e innovador a la hora de afrontar problemáticas que siempre pueden ser tanto complicadas como urgentes, cuando no ambas cosas a la vez. Por otra parte, tiene en común con el resto de administraciones públicas la necesidad ser capaz de comunicar de forma efectiva, mantener la integridad y la ética, y la vocación de servicio público.

R.A.: ¿Crees que la resiliencia se aprende con la experiencia o es una cualidad personal que se desarrolla desde etapas tempranas?
J.A.J.: Ambas cosas. Es indudable que hay personas que tienen condiciones innatas y talento natural para casi cualquier cosa. No obstante, creo que es una cualidad que ha de desarrollarse cuidadosamente y desde los principios, sobre todo porque la resiliencia tiene múltiples aspectos y facetas que hay que saber encajar, y una gran parte del aprendizaje viene necesariamente de las experiencias. La resiliencia sólo puede aprenderse y mejorarse en la adversidad. En este aspecto, es notable el conocimiento que tenían nuestros antepasados sobre cómo manejarse en ella y su preocupación por transmitirlo a las generaciones futuras. A veces, entre tanto ruido, se hace difícil encontrar el compás que nos señala el camino correcto y que otros ya encontraron.

R.A.: ¿Hay algún hábito “analógico” que sigas manteniendo en un entorno tan digital?
J.A.J..: A pesar de las inmensas facilidades que ofrece hoy en día la tecnología para la lectura, sigo apegado a los libros en papel y recurro a ellos siempre que puedo. Es por ello por lo que colecciono libros clásicos de informática que me era imposible adquirir cuando era estudiante en la Facultad de Informática de la UPM, allá por finales de los 80 del pasado siglo, y por los que tenía que batirme el cobre en la Biblioteca si quería acceder a ellos. Mi última adquisición ha sido una publicación de los años 70: Problem Solving Methods in Artificial Intelligence de Nils Nilsson. Cuando los releo no puedo evitar cierta fascinación por la manera en que ha ido cambiando la informática en estos últimos 50 años. Siendo una disciplina científico-técnica tan reciente, no puedo evitar evocar a un profesor en la universidad que decía que «el principal problema de la informática como disciplina científica era que todas sus principales eminencias seguían vivas y que no empezaríamos a ser tomados en serio hasta que tuviéramos sabios ya ausentes».

R.A.: Si tu carrera profesional fuera una película, ¿qué título tendría?
J.A.J.: Creo que la que más se acercaría sería El Manantial de Cecil B. DeMille, basada en la novela homónima de Ayn Rand.
Creo que la lucha que mantiene Howard Roark por impulsar una arquitectura moderna frente al statu quo tradicional, así como las venturas y vicisitudes que ha de sortear, retratan de forma bastante cercana mi propia experiencia. Mi mayor satisfacción ha sido tener la suerte de poder anticipar muchas tendencias tecnológicas que luego han terminado prevaleciendo y atesorar unos extraordinarios compañeros y compañeras con los que he podido compartir el camino de intentar arrojar la mayor luz posible sobre cómo lograr lo mejor para nuestras instituciones públicas y nuestra sociedad, en general.

R.A.: Fuera del despacho y los servidores, ¿qué te apasiona y pocas personas conocen de ti?
J.A.J.: Soy un devoto de la literatura de ciencia-ficción. Comencé con un libro de Isaac Asimov que me regalaron cuando tenía 14 años y desde entonces ha sido para mí un viaje alucinante. Siempre me ha fascinado la capacidad de tantos autores para vislumbrar cómo podría ser el futuro y el acierto de muchos de ellos para predecirlo.
La inteligencia artificial, el ciberespacio, el posthumanismo y el transhumanismo, y el impacto de la tecnología en la sociedad han sido profusamente examinados en las obras de William Gibson, Ursula K. Le Guin, Julio Verne, Philip K. Dick y tantos otros que me apena no poder, por brevedad, citar aquí. Muchos de los problemas que nos aquejan ya han sido imaginados y explorados por las mentes de personas muy singulares. Por extensión, también soy aficionado a la cinematografía que adapta tales obras, siempre que se guarde una cierta fidelidad a la obra literaria.
R.A.: Si pudieras compartir una cena con cualquier referente que te inspire, ¿quién sería y por qué?
J.A.J.: Indudablemente, sería con Linus Torvalds. Es una persona que ha tenido un extraordinario impacto en la tecnología con una combinación singular entre ingenuidad, competencia técnica, y capacidad para gestionar la colaboración de grandes comunidades de desarrolladores de software de código abierto. Aunque es una persona sin mucha proyección mediática, creo que el tiempo pondrá en perspectiva que sus principales contribuciones (el núcleo de Linux y el sistema Git) han sido pilares fundamentales de la tecnología sin los cuales otros muchos adelantos como la computación en nube o la inteligencia artificial no hubieran sido posibles o habrían tardado mucho más en llegar. A todo ello hay que unir su modo de vida, sumamente alejado de los delirios y las extravagancias de la mayoría de los personajes del mundo de la tecnología. Si tuviera que sintetizar todo en una cita, recurriría a George Eliot, que escribió «…y que las cosas no estén tan mal para ti y para mí como podrían haber estado, se debe en mitad a la cantidad de personas que vivieron fielmente una vida oculta …». Creo que es una persona que encarna la verdadera esencia de lo que debe ser el liderazgo.

Reportaje fotográfico realizado en El Palacio del Congreso de los Diputados
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