El Informe sobre riesgos del ransomware 2026 de Semperis revela que la inteligencia artificial ya interviene en el 84% de los ataques analizados. La extorsión va mucho más allá del secuestro de datos: amenazas físicas, intimidación a familiares y ataques reiterados dibujan un escenario cada vez más preocupante para las organizaciones.
El ransomware ya no se conforma con bloquear sistemas o robar información. Los ciberdelincuentes están llevando la extorsión a un terreno mucho más personal, utilizando la inteligencia artificial para potenciar sus ataques y recurriendo a amenazas contra empleados, directivos y sus familias para presionar a las organizaciones.
Así lo advierte el Informe sobre riesgos del ransomware 2026 de Semperis, que pone de manifiesto una evolución inquietante de las tácticas de los atacantes. Según el estudio, elaborado a partir de organizaciones que han sufrido ataques de ransomware durante los últimos doce meses, el 84% de los incidentes analizados involucró el uso malicioso de inteligencia artificial, mientras que el 40% incluyó amenazas psicológicas o físicas contra el personal.
El mensaje es claro: los daños de un ciberataque ya no se limitan a las pérdidas económicas, la interrupción del negocio o la exposición de información confidencial. La seguridad y el bienestar de las personas también están en juego.
Los datos correspondientes a España reflejan una realidad especialmente preocupante. El 81% de las compañías españolas participantes reconoce haber sufrido varios ataques exitosos de ransomware, mientras que el 29% terminó pagando un rescate.
Las consecuencias para el negocio son significativas. Un 61% de las organizaciones experimentó interrupciones temporales de su actividad, el 48% afrontó la cancelación o el encarecimiento de sus pólizas de ciberseguro y el 41% sufrió robos o destrucción de información.
Pero el impacto también se traslada a las personas. En otro 41% de los casos, los incidentes derivaron en dimisiones o despidos, evidenciando hasta qué punto una crisis de ciberseguridad puede alterar la estructura y estabilidad de una organización.
Y hay cifras todavía más alarmantes: el 25% de los ataques registrados en España incluyó amenazas físicas y el 53% implicó amenazas contra familiares o amigos de las víctimas.
Además, el 22% de las personas afectadas sufrió doxxing, es decir, la exposición maliciosa de información personal; el 16% fue víctima de falsas alertas destinadas a provocar intervenciones policiales, una práctica conocida como swatting; y el 18% necesitó atención médica o psicológica.
En los casos más extremos, el 33% de los afectados tuvo que cambiar de domicilio, oficina o incluso de empleo.
Durante años, el ransomware ha evolucionado desde el cifrado de archivos hasta la doble extorsión, combinando el bloqueo de sistemas con el robo de información y la amenaza de divulgarla.
Ahora, los atacantes están incorporando una nueva dimensión: la presión directa sobre las personas.
El informe identifica tácticas de intimidación psicológica en casi una cuarta parte de los ataques estudiados en nueve países, entre ellos España, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania.
En el 53% de los casos denunciados en los que se produjeron estas amenazas, las víctimas aseguraron que los ciberdelincuentes llegaron a cumplirlas.
Las consecuencias resultan especialmente graves: un 25% de los afectados necesitó tratamiento psicológico o médico y un 24% recurrió a servicios de protección personal.
Esta evolución evidencia un cambio en la estrategia de los grupos criminales, que buscan aumentar la presión sobre las víctimas cuando las medidas tradicionales de recuperación y protección de datos dificultan el cobro de rescates.
Más allá de la creciente sofisticación de los ataques, el estudio señala otro frente crítico: la infraestructura de identidad.
El 87% de los ataques de ransomware analizados tuvo como objetivo sistemas de identidad, como Active Directory, Microsoft Entra ID u Okta, mientras que cerca del 75% de los incidentes exitosos atacó o explotó directamente estos entornos.
El problema es que muchas organizaciones todavía no están suficientemente preparadas para recuperarlos.
Solo la mitad de las empresas encuestadas dispone de copias de seguridad específicas para sus sistemas de identidad, menos del 50% cuenta con procesos automatizados de recuperación y el 60% de los planes de respuesta ante crisis o recuperación ante desastres no contempla procedimientos específicos para restablecer esta infraestructura.
Esta carencia puede resultar determinante. Cuando los sistemas que gestionan los accesos y las identidades dejan de funcionar, la capacidad de una empresa para mantener o recuperar sus operaciones puede quedar seriamente comprometida.
La incorporación de la inteligencia artificial al arsenal de los ciberdelincuentes está contribuyendo a transformar el panorama del ransomware.
Según los resultados del informe, su utilización maliciosa estuvo presente en el 84% de los ataques estudiados, una cifra que pone de relieve la importancia que está adquiriendo esta tecnología en las operaciones criminales.
A ello se suma la persistencia de los ataques. Cerca del 70% de las organizaciones afectadas sufrió múltiples incidentes y el 31% realizó varios pagos a los extorsionadores.
Este escenario plantea una cuestión fundamental para los responsables de seguridad: no basta con impedir una intrusión, también es necesario garantizar que la organización pueda responder, recuperarse y seguir operando cuando las defensas fallen.
Las conclusiones del estudio dibujan un escenario en el que el ransomware se ha convertido en una amenaza que trasciende los departamentos de TI y ciberseguridad.
La protección de las identidades digitales, la capacidad de recuperación de los sistemas críticos y la preparación de los equipos ante situaciones de crisis adquieren una relevancia cada vez mayor.
Pero el informe también obliga a incorporar otra dimensión a las estrategias de ciberresiliencia: la protección de las personas.
Porque cuando un ataque compromete no solo los datos y la continuidad del negocio, sino también la seguridad de empleados y familiares, la respuesta ya no puede limitarse a restaurar servidores o recuperar archivos.
El desafío para las organizaciones es doble: anticiparse a unas amenazas cada vez más sofisticadas y construir mecanismos de respuesta capaces de proteger tanto su infraestructura tecnológica como a quienes la hacen funcionar.
El Informe sobre riesgos del ransomware 2026 de Semperis puede consultarse en su página oficial.
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