Samira Brigüech: Miriam, has tenido una carrera impresionante, tanto a nivel nacional como internacional. Ahora lideras España Mejor. ¿Qué te inspiró a fundar esta iniciativa y cómo se conecta con tu visión personal y profesional del mundo?
Miriam González: La inspiración para la iniciativa surgió inicialmente de la frustración que siempre he tenido al ver que, en España, a nivel individual y a nivel empresarial, en la clase profesional, los españoles puntúan altísimo, tanto dentro del país como fuera del mismo. Sin embargo, cuando prestas atención al colectivo, así en conjunto, bajamos uno o dos niveles de donde tenemos que estar.
Hay algo que nos falla cuando nos pones a todos juntos como país.
S.B.: ¿Qué crees que es lo que nos falla?
M.G.: Creo que lo que nos falla es esa brecha que hay entre la realidad del país y su potencial que nunca hemos logrado desarrollar del todo. Aparte de esa frustración, que la llevo teniendo mucho tiempo, como muchos otros españoles, también me motivó un poco el hecho de estar harta de quejarnos todos. Me di cuenta de que, si todo el tiempo que pasamos quejándonos lo utilizáramos para hacer algo positivo en beneficio del país, la situación sería mucho mejor, se podría crear una España mejor. Esto cuadra un poco con la manera en la que yo concibo la sociedad, porque yo creo muchísimo en la sociedad civil.
También creo firmemente en que no hay que esperar a que los poderes públicos o alguien de fuera te venga a solucionar los problemas, sino que la propia gente se puede organizar para ir mejorando cosas poco a poco. Y no solamente lo creo de manera teórica, he visto que funciona.
S.B.: ¿Cuál es la manera de que funcione la iniciativa privada? ¿Cuál es tu experiencia?
M.G.: Yo monté Inspiring Girls en el 2013, en el Reino Unido. Allí conseguimos 250.000 mujeres que se movieron por todo el país para inspirar a las niñas en colegios. En el 2016, lo lancé internacionalmente. Al principio todo el mundo me decía que era imposible y que iba a necesitar unos medios que no iba a poder conseguir.
Siempre trabajo con un grupo central muy reducido y con muchos voluntarios, para que no se vaya la energía en cuestiones muy institucionales y burocráticas, sino que toda esa energía se ponga en la acción. Lanzamos en el 2016, y ahora mismo estamos en 39 países y seguramente llegaremos a 50 en un año y medio. O sea, que realmente la sociedad civil funciona.
Lo que hay que hacer es poner canales de participación, para que la gente en su día a día pueda ver todas las opciones que están a su disposición para participar y aportar un poquito. Yo soy muy consciente de mi propia situación vital, y yo sé que todo eso se lo debo a la generación de mis padres y mis abuelos. Tuve la suerte de nacer en un momento de gran cambio político y de enorme movilidad social en el país. Eso es lo que permitió que esta niña nacida en Olmedo tuviese una carrera internacional como la que he tenido yo. Por esto, a veces miro a nuestra generación y no me queda muy claro qué es exactamente lo que nosotros hemos aportado al país. Pero como todavía nos queda tiempo, vamos a ver si lo podemos lograr un poco, movilizando y siendo disruptivos.
S.B.: Enhorabuena por toda esa energía bien canalizada, que ha dado fruto a esos grandes resultados. El número de este mes habla de humanismo digital. Yo te quería preguntar, ¿a qué te suena a ti esto de humanismo digital? ¿Hacia dónde vamos en ese sentido?
M.G.: Cuando hablamos de humanismo digital, se puede ver de maneras muy distintas por todos. Yo siempre soy un poco prudente a la hora de etiquetar conceptos complejos de manera simple. Para mí el humanismo digital es un mundo digital inclusivo, donde todo el mundo tiene su espacio y su representación.
Yo miro toda la parte digital y tecnológica con mucho optimismo. Me sorprende mucho toda la parte europea siempre viendo la parte negativa y pensando en los problemas. Por supuesto, siempre los habrá cuando se produce un gran cambio y en un momento de muchísima disrupción y se nos olvida constantemente que esto es un cambio tecnológico, pero a la vez también es un cambio económico.
S.B.: ¿Existe miedo al cambio? ¿Se ve la tecnología como una amenaza?
M.G.: Los que estaban arriba y los que estaban abajo no van a ser los mismos en todos los sitios, ni cuando nos referimos a los países, ni a la sociedad, entre otros ámbitos. Se abre un momento de enorme oportunidad y también de grandes problemas para algunos. Hay que ir limando e intentando que no haya muchas externalidades negativas.
Las mismas discusiones que tenemos en este país sobre tecnología y digitalización, son las que tienen en Asia, y allí se enfoca todo de una manera totalmente diferente, ya que conciben todo esto de manera absolutamente distinta. El tema que más les preocupa allí es descubrir cómo podemos engancharnos con fuerza. El otro día descubrí que, en Vietnam, están formándose 50.000 ingenieros por año.
Hay que engancharse a ese movimiento, y hacerlo con cabeza para que no se nos quede nadie muy atrás, no hay que ir muy deprisa tampoco, y si vamos viendo riesgos hay que ir solucionándolos. No hay que inventarse los riesgos, sino solucionarlos según se van produciendo. Hay una gran parte de productividad del Estado de la que nos tenemos que encargar enseguida para poder hacer más cosas con menos y llegar a más gente con menos, de manera más eficiente.

S.B.: Teniendo en cuenta la digitalización, con esta nueva era digital de hiperconexión, nunca hemos vivido un momento tan extraordinariamente digital como el que estamos viviendo ahora, ¿tú crees que eso es bueno para el talento o malo?
M.G.: Yo creo que es buenísimo para el talento. Lo que no quiere el talento es que le pongas un tapón. Lo peor para el talento a nivel nacional son los intereses creados. En el momento que tú le metes en un corsé, ese talento está luchando por salir. En el fondo la digitalización nos ha otorgado muchísimas más oportunidades a todos. En temas de comunicación se ve claramente, teníamos lo que llaman los anglosajones y los angloparlantes, los “gatekeepers”. Teníamos personas que ejercían un papel de “portero”, que custodiaban y decidían de alguna manera la libertad de expresión. Ahora ya no hay “porteros”. Todo el mundo puede expresar su opinión libremente. Claramente hay ciertas reglas de moderación, vamos evolucionando con el tiempo. Pero es una auténtica liberación.
Yo, personalmente, no hubiese sido capaz de lanzar ni Inspiring Girls, ni España Mejor, si hubiese tenido que depender exclusivamente de maneras de comunicación no digitales. Enseguida me hubiesen podido cerrar el espacio. O sea, que eso es estupendo y ni te cuento en cuestión de talento. Mira, un ejemplo muy concreto. Yo, siempre estudié en la enseñanza pública hasta que me fui a Brujas, donde me dieron una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores. Yo pasé por la escuela, el colegio de mi pueblo y después la universidad más cercana a mí.
Hasta que llegué a la universidad, ¿qué es lo que marcaba si a ti te iba bien o mal en el colegio? Pues tu familia, ¿no? Lo dedicados que estuviesen a ti. Y luego, ¿quién tenía acceso a los libros? Es que quien venía con la enciclopedia y podía tener acceso a esa enciclopedia era como el no a más. Ya tenías una ventaja. Ahora el conocimiento está por todos los sitios. Es gratuito. Lo puedes tener de todas las maneras. Te quieres formar en algo y tienes un montón de posibilidades para hacerlo. Eso es una libertad para el ser humano maravillosa.
S.B.: Con tu experiencia en España Mejor y el impulso tan fuerte y liderazgo en Inspiring Girls, ¿qué estrategias crees que son más efectivas para fomentar el talento?
M.G.: Yo veo el talento en distintos apartados. Intentamos fomentar el talento de distintas maneras. Hay una parte interna de las cosas que nosotros hacemos con nuestros propios equipos. Yo no soy la gestora de ninguna de las dos organizaciones. Soy presidenta de ambas organizaciones. Soy quien empuja, la pesada que está todas horas ahí, pero que es incapaz de estar en su esquina metida sola. Hay personas en mis organizaciones que se encargan de la gestión del día a día. Una de las cosas que yo siempre intento impulsar en todos los equipos es que sean bastante planos, que no pasen mucho tiempo en estructuras muy rígidas y formales, y que miren constantemente a todo lo que están haciendo todos alrededor.
En el caso de Inspiring Girls, es una cosa evidente porque todos los países tienen que ir aprendiendo de lo que hacen los equipos de Inspiring Girls en otros países. Para eso la tecnología es absolutamente fundamental. Serían incapaces de hacer nada de eso si no tuvieses el mundo de la tecnología desarrollado hasta el punto en el que está desarrollado ahora. Pero también mirando cómo se hacen las cosas ahora políticamente en otros países. A mí me gusta decir siempre que por el mundo tienes que ir con las antenas puestas. Siempre hay otro que se le ha ocurrido una idea y a veces no es ni siquiera copiar sino conectar y evolucionas esa idea.
S.B.: ¿Qué importancia tiene el ejemplo para fomentar el talento?
M.G.: Desde el punto de vista del talento ya más del impacto que nosotros tenemos en la sociedad, en Inspiring Girls, para nosotros fomentar el talento es enseñar a los referentes. O sea, cómo han desarrollado su talento otras personas y qué pueden sacar las niñas de toda esa historia personal de las mujeres. Y ahí ves inmediatamente las diferencias generacionales que hay.
Toda la nueva generación piensa que el talento es una cosa que tú compras, así te lo dan y te hace subir por una escalera. Y claro, el talento no es así. Has cogido un poco, te das cuenta de que tienes que avanzar, sufres un problema determinado, te hace adaptar y ver que tienes que añadir skills, etcétera.
Todos esos meandros del desarrollo del talento en tu vida es algo fundamental que tenemos que enseñar a las nuevas generaciones. Que no hay atajos y tienes que pasar por todos esos caminos y el arriba y abajo es parte de desarrollar tu propio talento.
S.B.: ¿Qué papel juega la educación? ¿En qué estamos fallando?
Tengo dos grandes obsesiones en España y en general con respecto a los jóvenes. No puede ser que la enseñanza en España, en formación profesional quizá un poquito menos, pero sobre todo universitaria, sea tan rígida como es ahora. Eso no está en ningún sitio ya así, se están flexibilizando los grados, tú eres quien construye tu menú de talento. Y eso no lo tenemos aquí, sobre todo por la gobernanza de la universidad, ya que tenemos muchísimos intereses creados dentro de la universidad.
Y segundo, cuando nosotros preguntamos a los jóvenes y hemos hecho una mega encuesta de 11.000 jóvenes, nos dicen que su primera preocupación no es, lo cual es increíble, ni la vivienda, ni tener un sueldo estable. No, la primera preocupación de los jóvenes españoles es poder irse al extranjero a conseguir experiencia práctica, porque no la consiguen en España. La experiencia práctica es una manera de desarrollar el talento. No puede ser que los jóvenes se tengan que ir a otro país para conseguirlo. Es inadmisible.
Y me da absolutamente igual la polarización política. Esto es inversión a la siguiente generación. Hay una serie de trabas para que las empresas puedan ayudar a esos jóvenes a conseguir su experiencia práctica.
La propuesta del Estatuto del Becario es nefasta para la juventud española. Hay que mirar inmediatamente cómo podemos reactivar todo eso. Y las empresas tienen que hacer también su contribución, que yo entiendo que cuesta esfuerzo muchas veces tener lo que debería de ser una persona en prácticas. Para las empresas es un coste, está claro, porque tú podías estar dedicado a lo tuyo. Pero hay que hacer un esfuerzo por parte de las empresas, hay que hacer un esfuerzo por parte de los centros, hay que hacer un esfuerzo por parte de los propios jóvenes y las familias, pero sobre todo hay que ponerlo en la mesa del sistema político. Esto es inaceptable.

S.B.: Hablemos un poquito de resiliencia. La resiliencia es clave para las organizaciones. ¿Cómo creen que las personas y empresas pueden prepararse mejor para enfrentar cambios disruptivos?
M.G.: A mí no me gusta mucho hablar de resiliencia, tengo que decir. Y no solamente es por las connotaciones políticas que tiene España, sino sobre todo porque yo creo en una resiliencia más activa. La resiliencia tiene algo de decir: me está cayendo todo encima y yo me planto aquí y sobrevivo porque me quedo aquí. Yo creo mucho más en lo de toda la vida del tesón y perseverancia, que es que no me estoy quedando aquí, estoy haciendo cosas para poder ir avanzando y adaptándome.
Y para mí eso es lo fundamental del cambio. Hay que aceptar que estamos en un momento histórico de continuo cambio. O sea, si eres incapaz de adaptarte al cambio es que te vas a quedar atrás. Pues tienes que aceptarlo como algo positivo, internalizarlo en tu desarrollo personal, en tu desarrollo profesional, en tu desarrollo social, pues en todo ello. Pero no necesariamente decir que aquí me quedo y me pasa el cambio por encima. No, no. Tienes que ir actuando y adaptándote.
S.B.: ¿Y tú crees que la administración pública tiene ese espíritu? ¿O está estancada? Pero espíritu no solo la administración pública, la administración pública y la clase política, ¿no? O sea, se plantan en un sitio y sobre todo con ese poder tan enorme que tienen España, ¿no? Pues no se mueven de ahí. Es como, no, pues sí, sí.
M.G.: Estamos en un momento histórico en el que lo fundamental es la agilidad. Tienes que ir moviéndote rápidamente según ves que las cosas van cambiando. Pues es que antes de ayer no estábamos preocupados por la inteligencia artificial y ahora hay dos países que han movido ficha en los grandes modelos de lenguaje. Pues no vale que hagas un documento de hoja de ruta de diez años, ¿no? Es que se te ha pasado el arroz. Tienes que moverte mucho más rápido.
De repente, ahora te surge que para toda esa inteligencia artificial necesitas energía, y tiene que ser energía en cantidades industriales, y a lo mejor hay que volver a reconsiderar la nuclear. Pues es que lo mismo, no vale que digas, venga, vamos a empezar a pensar en un documento de estos de reflexión y tal. No, tiene que ser mucho más rápido y mucho más conectado. Tienes que estar mirando siempre en 360 grados cómo está yendo el resto de la gente para tú encontrar tu hueco. Tenemos unas estructuras muy rígidas, muy encorsetadas y, sobre todo, muy lentas.
S.B.: Tú, que tienes esa visión internacional, ¿cómo ves nuestro país comparado con otros países? Sobre todo la sociedad civil, que aporta muy poco. ¿Estamos muy dominados por la rigidez de las administraciones?
M.G.: La administración es una víctima de lo que le ha ocurrido con la clase política. Como la clase política ha politizado la administración desde muy pronto en España, pues la administración no tiene la fuerza y esa capacidad de evolucionar que debería tener una administración mucho más fuerte. Yo creo que eso es una de las cosas que hay que corregir, y es de las cosas que nosotros pedimos en España Mejor, que se vaya hacia atrás despolitizando la administración.
En cuanto a la situación de la sociedad civil en España, creo que es diferente. En España no tenemos una sociedad civil muy articulada, ¿por qué? Porque en la transición se puso mucho poder en muy pocas manos. Tenía todo el sentido en ese momento porque lo fundamental era no ir marcha atrás y que no descarrilara. Pero claro, el paso siguiente, que tenía que haber sido que los políticos soltaran lastre y fuesen devolviéndoselo a los ciudadanos, eso no ocurrió nunca. Al revés, ya que estamos aquí, vamos a coger esto y lo otro. Lo han cogido todo prácticamente. Eso ha dejado poco espacio a la sociedad civil.
S.B.: ¿Qué hace falta para que la sociedad civil se active?
M.G.: Hay organizaciones magníficas, pero son pequeñas, muy fragmentadas, muy especializadas y, sobre todo, en Madrid y un poquito en Barcelona, pero no en todo el territorio nacional. Hay muchas ganas en la sociedad civil de hacer cosas. Parte de lo que no conecta es que eso requiere un impulso, y la clase empresarial, sobre todo española, creo que nunca ha aceptado ese papel que sí tiene en muchos otros países, que es empoderar a los demás y reconocer que uno de sus compromisos con la sociedad es ir por la calle, poniendo medios en cosas que no sean necesariamente solo ayudar a este sector más vulnerable —que eso hay que hacer, es fundamental— pero también en paralelo hay que hacer cosas que sean un poco transformadoras de la sociedad.
Nunca se ha aceptado en España, creo, y todavía falta esa conexión entre los que tienen los medios en el país, los que tienen más libertad de utilizar sus medios y los que están dispuestos a poner su esfuerzo. Ahí es donde estamos intentando influir. Cada uno de la manera que pueda. Unos pueden dar su tiempo, otros pueden dar los medios, otros dan las ideas, otros son los que se exponen. Si cada uno aporta en su medida, lograremos algo interesante, yo creo.
S.B.: ¿Consideras que se está escuchando a España Mejor?
M.G.: Sí, la verdad es que nos escuchan, pero vamos evolucionando como podemos, con esa actitud de ver el cambio como algo positivo e ir actuando de una manera ágil. Las propuestas que hemos sacado hasta ahora han tenido eco en todo tipo de medios de comunicación, de todos los soportes distintos, y además en un entorno en el que tenemos los medios de comunicación también un poco polarizados. Pues desde los de un extremo hasta los del otro hemos tenido eco en todos ellos. Con el Código Ético del Gobierno, que es una de nuestras iniciativas más conocidas precisamente porque se puso mucho foco mediático, de todas las ideologías, en él, pensamos ¿qué es lo que podemos hacer para darle todavía más difusión? Y hemos decidido irnos de ruta por toda España. Llevamos cuatro paradas en distintas Comunidades Autonómicas. Hemos decidido bajar a la calle. De esta forma ves que hay toda otra parte de medios de comunicación regionales y provinciales que se pueden sumar y, sobre todo, la comunicación más efectiva, que es el tú a tú en la calle. La conexión personal es un punto interesante; por mucho que haya avanzado la tecnología, hay algo en la conexión personal, en las políticas públicas, que es irreemplazable.

S.B.: Totalmente de acuerdo. Voy a hablar un poquito de ti, Miriam. ¿Tus hobbies? ¿Qué te ayuda a desconectar y cómo mantienes ese equilibrio tan difícil entre este reto tan grande que debe de consumirte el 90% de tu cerebro? ¿El otro 10% será para las cosas básicas de la vida?
M.G.: Desconecto unas veces más y otras menos. Creo que es la manera justa de decirlo. Pero siempre había tenido la facilidad de poder desconectar, a pesar de que trabajo de una manera intensa. A mí me gusta trabajar y creo que uno de mis valores fundamentales es la cultura del trabajo y el esfuerzo, pero siempre había tenido la capacidad de desconectar de todo. Tengo la suerte de ser una persona que duerme muy bien, y eso que siempre me pareció anecdótico, me doy cuenta de que en determinados roles y trabajos es absolutamente fundamental para poder llevar cierta intensidad.
En cuanto a hobbies, tengo un poco de todo. Me gusta correr, aunque he estado fuera de acción porque me torcí un tobillo y estoy intentando volver a ello. Me gusta hacer deporte, me gusta el entrenamiento, me encanta la naturaleza. Cada vez que podemos, salimos a cualquier sitio a pasear y, si encima es empinado, mejor. Toco el piano, me encanta leer y, sobre todo, me encanta estar con mi familia y mis amigos.
S.B.: ¿Y te atreverías a señalar qué líderes tenemos ahora mismo en nuestro país que pueden hacer que España vaya mejor?
M.G.: Pueden hacerlo todos ellos. Solo tienen que mirar más al país y mirarse más los unos a los otros y dejar de mirarse el ombligo, que es lo que están haciendo la mayoría de las veces.
Rincón del CISO
28 Julio 2026
Podcast de Cyberlideria MGZN.
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