«Hace unos años, muchas personas de mi generación solo queríamos conseguir una oportunidad dentro del sector tecnológico.
Queríamos entrar, aprender, demostrar que éramos capaces y construir una vida mejor gracias a una industria que parecía llena de posibilidades. Veníamos de un contexto donde trabajar en tecnología significaba progreso, estabilidad y, en muchos casos, una vía de movilidad social que otras profesiones ya no ofrecían.
Durante mucho tiempo, el objetivo era simplemente llegar.
Hoy, muchos de nosotros tenemos carreras internacionales, trabajamos en grandes compañías, gestionamos proyectos complejos, lideramos equipos y cobramos salarios que, estadísticamente, solo alcanza un pequeño porcentaje de la población en España.
Hemos alcanzado muchas de las metas que antes parecían imposibles: estabilidad económica, reconocimiento profesional y acceso a oportunidades que hace una década ni imaginábamos.
Sobre el papel, deberíamos sentir que “lo hemos conseguido”.
Sin embargo, detrás de muchas de esas carreras también existe agotamiento, presión constante, ansiedad silenciosa y una sensación cada vez más común dentro de la industria: la dificultad de sostener el éxito de forma sana.
Y creo que ahí está uno de los grandes retos actuales del sector tecnológico.
Porque el problema ya no es únicamente atraer talento. El verdadero reto es saber retenerlo sin destruir emocionalmente a las personas por el camino.
Con el tiempo, también he observado algo que me parece especialmente preocupante: muchas empresas siguen tratando temas que están completamente conectados como si fueran áreas separadas entre sí.
Se habla de productividad por un lado, de liderazgo por otro, de salud mental aparte, de retención de talento en otra reunión distinta y de cultura organizativa como si fuese simplemente un valor añadido para la marca empleadora.
Pero la realidad es que todo forma parte del mismo ecosistema.
El modelo de liderazgo influye directamente en la salud mental de los equipos. La cultura interna impacta en la motivación y en la permanencia del talento. La presión constante afecta a la creatividad, a la colaboración y al rendimiento. Y cuando las personas dejan de sentirse seguras, escuchadas o valoradas, muchas veces terminan abandonando entornos donde, sobre el papel, “todo iba bien”.
Personalmente, he visto a grandes profesionales agotarse emocionalmente mientras seguían cumpliendo objetivos y alcanzando resultados excelentes. Y creo que eso debería hacernos reflexionar como industria.
Durante mucho tiempo se ha normalizado que trabajar en tecnología implique vivir en un estado constante de presión, disponibilidad y autoexigencia. Pero cada vez más personas empiezan a cuestionarse si crecer profesionalmente debería significar necesariamente sacrificar bienestar personal.
Además, creo que también deberíamos empezar a cambiar la forma en la que entendemos las trayectorias profesionales dentro del sector tecnológico.
Durante mucho tiempo se ha valorado casi exclusivamente la permanencia lineal en una misma empresa como sinónimo de estabilidad o compromiso. Sin embargo, compartir proyectos entre diferentes compañías, equipos y entornos también nos convierte en profesionales mucho más ricos en conocimiento, experiencia y adaptación.
Trabajar en distintos ecosistemas tecnológicos permite aprender nuevas metodologías, comprender diferentes culturas organizativas, desarrollar mayor capacidad de adaptación y ampliar la visión sobre cómo se construyen realmente los equipos y las empresas.
Y, aun así, en muchas ocasiones esto sigue siendo juzgado negativamente, especialmente en mercados donde todavía existe cierta visión tradicional sobre cómo debería construirse una carrera profesional.
Quizás deberíamos empezar a entender que la evolución profesional no siempre es lineal. A veces, precisamente esa diversidad de experiencias es la que permite construir perfiles más humanos, más resilientes y también más preparados para liderar en entornos tecnológicos que cambian constantemente.
Por eso creo que el futuro del sector tecnológico no dependerá únicamente de la innovación técnica, sino también de nuestra capacidad para construir modelos de liderazgo más humanos, sostenibles y conscientes”
Esta reflexión forma parte de la columna “Perspectivas de Women4Cyber Spain”, un espacio dedicado a analizar los grandes desafíos humanos, tecnológicos y culturales que están marcando la evolución del sector.

Elena Varo Cobos cuenta con una trayectoria consolidada en compañías tecnológicas internacionales como Microsoft, Red Hat, CyberArk y WSO2, donde fue reconocida como Top 5% global performer en 2025. Actualmente impulsa iniciativas en el ámbito de la tecnología y la cultura a través de su proyecto Elevatio Tech & Culture, participando activamente en el ecosistema tecnológico y de ciberseguridad y promoviendo la conversación sobre retención del talento, desarrollo profesional y entornos de trabajo más sostenibles
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