Sonia Pulgarín, directora de CyberLideria MGZN, entrevista a Catherine Cummings, directora de Sostenibilidad y RRII de Sanitas
Sonia Pulgarín: Durante años, sostenibilidad y negocio parecían hablar idiomas distintos. ¿Qué ha tenido que cambiar en las empresas para que hoy una decisión ambiental pueda ser también una decisión estratégica?
Catherine Cummings: Ha cambiado, sobre todo, la manera de entender el impacto y de medir cómo genera valor. Durante mucho tiempo, la sostenibilidad se abordaba como algo paralelo a la actividad de la compañía. Hoy sabemos que las decisiones ambientales y sociales afectan directamente a la eficiencia, la capacidad de anticipar riesgos, la confianza de los grupos de interés y, en nuestro caso, también a la salud de las personas.
En Sanitas esa conexión es especialmente clara porque cuidar la salud está en la esencia de nuestra actividad. Si reducimos desplazamientos mediante servicios digitales, por ejemplo, facilitamos el acceso a la asistencia, mejoramos la experiencia del paciente y reducimos emisiones. Cuando estas perspectivas se incorporan desde el momento en que se toma una decisión y somos capaces de medir su impacto, la sostenibilidad deja de necesitar una justificación adicional: pasa a formar parte de la estrategia y de la lógica del propio negocio.
S.P.: Antes de asumir tu responsabilidad actual, desarrollaste parte de tu trayectoria en funciones comerciales. ¿Qué aprendizajes de aquella etapa siguen influyendo en tu manera de trabajar?
C.C.: Haber trabajado durante años cerca del cliente me enseñó algo que sigo aplicando hoy: una buena idea solo funciona si entiendes a quién tienes delante, qué necesita realmente y qué valor puedes aportarle. En sostenibilidad ocurre exactamente lo mismo. Podemos tener objetivos muy ambiciosos, pero para movilizar a una organización hay que traducirlos a la realidad de cada área y demostrar cómo contribuyen al funcionamiento de la compañía.
También aprendí a escuchar antes de intentar convencer. Dos personas pueden llegar al mismo objetivo desde motivaciones distintas. Esa mirada me resulta especialmente útil ahora, porque avanzar en sostenibilidad exige implicar a perfiles y negocios muy diversos, generar confianza y conseguir que cada uno encuentre su papel. La sostenibilidad avanza cuando deja de percibirse como una agenda de un departamento y se convierte en una responsabilidad compartida.

S.P.: ¿Qué experiencia profesional ha puesto más a prueba tu resiliencia y qué huella dejó en tu forma de liderar?
C.C.: Uno de los momentos que más me exigió fue el paso desde una trayectoria muy tangible y vinculada al área comercial hacia la sostenibilidad. Era un ámbito que entonces tenía mucha menos presencia dentro de las organizaciones que ahora y había que demostrar, con hechos y resultados, que lo intangible también podía aportar valor al negocio.
Aquella etapa me enseñó que liderar un cambio requiere paciencia, capacidad de escucha y perseverancia. Hay ideas que no avanzan porque las repitas más alto, sino porque encuentras la manera de hacerlas relevantes para quien debe llevarlas a la práctica. Desde entonces intento mantener muy claro hacia dónde queremos ir, pero ser flexible respecto al camino. También he aprendido que las transformaciones más sólidas se construyen sumando alianzas y ayudando a que las personas tangibilizan la manera en puedan formar parte de la solución . Un proyecto muy bonito que refleja esto es Healthy Cities by Sanitas. Hemos traducido el tradicional reto de actividad física (andar 6.000 pasos al día) en un movimiento colectivo y gratuito dónde Sanitas transforma nuestros pasos en donaciones a Ayuntamientos en España para crear más parques y zonas verdes. “Competimos” los empleados de más de 275 empresas y el público general en equipos de las 17 comunidades autónomas españolas, lideradas por capitanes olímpicos y paralímpicos, gracias a nuestra colaboración como proveedor médico oficial de los Comités Olímpicos y Paralímpicos. Hay mucho pique sano, pero sobre todo se cree mucha comunidad alrededor del fin ulterior del programa – contribuir a crear entornos más saludables para el disfrute de todo el mundo.
S.P.: Muchos objetivos solo muestran sus resultados a largo plazo. ¿Cómo se mantiene la ambición cuando existe una presión constante por demostrar progresos inmediatos?
C.C.: Un objetivo a largo plazo necesita evidencias a corto plazo. Si esperas al final para saber si estás avanzando, probablemente llegues tarde. Por eso, traducir las grandes ambiciones en hitos permite comprobar periódicamente qué funciona, qué impacto estamos generando y dónde es necesario corregir.
El ejemplo que mencioné del programa de Healthy Cities, vio a 40.000 personas registradas en nuestra app gratuita, sumando pasos. Esto nos permitió donar más de 500.000 €.
Nuestro objetivo Net Zero 2040 es otro buen ejemplo. El horizonte es lejano, pero cada ejercicio nos deja resultados medibles. Desde 2009 Sanitas ha reducido casi un 80 % su huella de carbono directa y solo en 2025 la digitalización permitió evitar 14.505 toneladas de CO₂. Cada persona puede ver en su app de MiSanitas el CO2 que ha evitado, con una metodología externa (de The Carbon Trust) que garantiza la fiabilidad del dato que les compartimos.
Los datos intermedios mantienen la exigencia, permiten rendir cuentas y demuestran que las decisiones cotidianas generan un impacto acumulativo muy importante. La medición convierte la sostenibilidad en un realidad tangible para cada persona y en una herramienta de gestión que ayuda a acompasarla con los resultados del negocio.
S.P.: Los agentes de IA empiezan a ganar autonomía dentro de las organizaciones. ¿Qué nuevos retos plantean para la sostenibilidad y cómo deberíamos medir el impacto de acciones que ya no dependen únicamente de una persona?
C.C.: Creo que los agentes de IA nos obligan a ampliar la pregunta. Hasta ahora hemos tendido a analizar el impacto de una tecnología concreta. Con sistemas que actúan con un grado creciente de autonomía tendremos que entender también qué decisiones toman y con qué criterios, con qué frecuencia utilizan recursos, qué resultados generan y qué alternativas sustituyen.
Esto implica incorporar la sostenibilidad y la responsabilidad ética al diseño y la gobernanza de estos sistemas desde el principio. No bastará con conocer cuánto consume una herramienta: habrá que valorar el balance completo de la tarea, incluido su consumo energético y de agua, y compararlo con los procesos que evita.
Además, debemos prestar atención a la protección de datos, los posibles sesgos y el riesgo de ampliar desigualdades, o incluso quedarnos sumisos a esta tecnología. Cuanta más autonomía tenga la tecnología, más importante será mantener una supervisión humana clara, equilibrada y regulada. Asegurar que las decisiones relevantes continúan en manos de instituciones imparciales, con un consenso que vela por el bienestar del conjunto de la humanidad.

S.P.: La experiencia puede llevarnos a dar algunas cosas por sentadas. ¿Cómo consigues conservar la curiosidad y seguir haciéndote preguntas?
C.C.: Trabajar en sostenibilidad ayuda bastante a conservar la curiosidad porque es difícil pensar que uno ya tiene todas las respuestas. La evidencia cambia, aparecen nuevas tecnologías y retos sociales, y constantemente conoces personas que observan el mismo problema desde perspectivas completamente diferentes.
A mí me funciona especialmente salir del círculo habitual. Hablar con científicos, empresas de otros sectores, organizaciones sociales o administraciones públicas obliga a revisar planteamientos que parecían evidentes. La experiencia es útil porque te da criterio, pero intento que nunca se convierta en una excusa para dejar de preguntar. Muchas veces, la pregunta más sencilla es la que termina abriendo una conversación interesante o una alianza capaz de ampliar el impacto.
S.P.: Si elimináramos de tu presentación el cargo y toda referencia a tu profesión, ¿qué tres cosas necesitaríamos saber para entender quién es Catherine Cummings?
C.C.: Diría que soy una persona curiosa, práctica y bastante internacional en mi manera de mirar las cosas. He desarrollado gran parte de mi vida profesional conectando personas y perspectivas diferentes, y creo que eso también forma parte de mi manera de ser.
Y hay otra cosa que seguramente me define bastante: necesito sentir que aquello a lo que dedico tiempo tiene un efecto real. Quizá por eso me atrae tanto la sostenibilidad. Me gusta pasar de las conversaciones a las acciones, construir alianzas y comprobar que una idea termina traduciéndose en algo concreto que mejora la vida de las personas o contribuye a cuidar el entorno.
S.P.: Si mañana tu agenda quedara completamente en blanco durante 24 horas y nadie pudiera pedirte nada, ¿qué sería lo primero que harías?
Lo primero sería salir a caminar, sin mirar el reloj y, si pudiera, en la naturaleza. Como veis, el hábito de superar los 6.000 pasos diarios, adquirido a través del programa Healthy Cities, ya forma parte de mi día a día! Para mí es una manera de desconectar, ordenar ideas y recuperar perspectiva. Después dedicaría tiempo a estar con mi familia y amigos y a disfrutar de una conversación larga sin pensar en la siguiente reunión. A veces, parar también es una forma de volver con más energía y mejores preguntas.
Jarana
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