Eduardo Cunha, Global CISO en Cosentino, entrevista a Nüket Küçükel Ezberci, Embajadora de la República de Türkiye ante el Reino de España
Eduardo Cunha: Tus primeros pasos en la diplomacia comenzaron muy joven y con destinos tan diversos como Jerusalén, Madrid o Essen. ¿Qué aprendiste de aquellas primeras misiones y cómo marcaron tu forma de entender la diplomacia hoy?
Nüket Küçükel Ezberci: Mi primer destino fue el Consulado General en Essen. Ocupaba el puesto de supervisora de 35 personas siendo una joven diplomática de 25 años. Prestábamos servicio a un área donde vivían aproximadamente 150 mil ciudadanos turcos. La primera generación de turcos había venido por motivos económicos en los años 60, y mi principal área de responsabilidad incluía las necesidades, los procesos de integración y los problemas cotidianos a los que se enfrentaban las nuevas generaciones nacidas y criadas en Alemania. Me impresionó mucho la persistencia y el éxito de la comunidad turca, que contribuyó al desarrollo y la profundización de las relaciones entre ambos países sin perder sus valores.
Mi estancia en Jerusalén me aportó una perspectiva nítida de lo que debe ser el enfoque basado en la «dignidad humana», una convicción que no deja lugar a dudas. Aunque serví en un periodo de paz temporal entre la primera y la segunda Intifada, cuando la tensión en el aire era relativamente soportable, el trato que recibía el pueblo palestino, especialmente en Gaza, Cisjordania y Ramala, las atrocidades en los puestos de control, la miseria y la pobreza en los campos de refugiados, me llevaron, en los años posteriores, a implicarme en todo tipo de iniciativas, sobre todo relacionadas con los niños y las mujeres. Fue una experiencia única que dio forma a mi proceso de desarrollo personal.
El concepto llamado «dignidad humana» no discrimina entre credos, religión, lengua, raza, país u origen. «El ser humano merece lo mejor de todo por el mero hecho de serlo» es una frase que venimos utilizando desde aquellos días. Llegué a la Embajada en Madrid durante la 3ª Presidencia española de la UE, y fui testigo de la cultura común de nuestros países situados en ambos confines del Mediterráneo, del cariño y el respeto sin prejuicios entre nuestros pueblos, así como del desarrollo económico de España, miembro relativamente nuevo de la UE, de su contribución a la prosperidad con sus ambiciosos proyectos de infraestructuras y de sus políticas destinadas a reforzar el lugar de la mujer en la sociedad.
Durante mis estancias en el Ministerio presté servicios en la Dirección General de Asuntos Consulares, que me ayudó a desarrollar mi comprensión de la diplomacia basada en el derecho y la justicia; en la Dirección General de Asia Central y el Cáucaso, que me introdujo en los países de una geografía con la que mantenemos relaciones históricas y culturales muy especiales, mientras se levantaban tras la independencia y daban lugar a un nuevo orden mundial con sus recursos subterráneos y aéreos, especialmente energéticos.
En resumen, vemos que la diplomacia es un arte magnífico para la resolución de problemas, así como una herramienta muy valiosa que da prioridad al respeto no sólo a los seres humanos, sino también a los derechos y leyes de los países y a su integridad territorial, al bienestar de los pueblos y a su convivencia en paz y tranquilidad.

E.C.: Has vivido en mundos muy distintos, ¿qué te motivó a dejar el ámbito privado por el servicio público? ¿Fue una decisión de cabeza, de corazón… o de convicción?
N. K. E.: Quizá la pregunta correcta debería ser «¿qué fue lo que me llevó a volver al servicio público?” Abrí mis ojos en un entorno estatal. Tuve el honor de representar a mi país como diplomática durante 16 años en el Ministerio de Asuntos Exteriores, al que accedí tras una serie de exigentes exámenes y entrevistas. Después pasaron otros 16 años más. Puedo resumirlo como un periodo en el que conocí la vida fuera del ámbito público, aprendí el lenguaje intrínseco de la economía, el comercio y la inversión, y gané pericia en diversas maneras de la gestión de crisis.
Hoy podemos decir que estoy completando una historia inacabada. Ya saben que la base de esas historias inacabadas es el amor, un viaje emprendido escuchando la voz del corazón. Lo mío es el amor eterno por mi país y mi pueblo.
E.C.: Ahora, como Embajadora de Türkiye en España, tu labor va mucho más allá de la política exterior. ¿Qué significa para ti representar a tu país desde una perspectiva tan humana y con tanto diálogo empresarial y cultural?
N. K. E.: Es muy emocionante levantarse cada mañana con una nueva idea y un nuevo proyecto. Con la experiencia que he acumulado a lo largo de los años y con la ayuda y el apoyo de mis amigos, a los que considero mi mayor tesoro, ampliar las relaciones de nuestros países amigos y aliados cercanos en muchas áreas diferentes y establecer mecanismos de relación sostenibles aporta una sensación de satisfacción que no puede expresarse con palabras. Y, francamente, saber que hay muchas áreas que aún no hemos tocado es una gran fuerza motriz.
Tengo la gran suerte de contar con un equipo muy competente en la Embajada. Estamos muy contentos de que un enfoque orientado a los resultados, más que a los procesos, nos haya conducido a logros concretos, mensurables y tangibles.
E.C.: Has formado parte de entidades como el Miembro del Consejo Presidencial de las políticas sanitarias y alimentarias, TÜSİAD, la Federación Turca de Fútbol y foros internacionales. ¿Qué te han enseñado esos espacios, normalmente liderados por hombres, sobre liderazgo femenino, influencia y toma de decisiones?
N. K. E.: En primer lugar, permítanme hacer una observación. El liderazgo, el poder de impactar y la participación en los procesos de toma de decisiones están relacionados, más que con el género, con la competencia, la capacidad, las cualidades y la experiencia que tiene una persona. Por el mero hecho de ser hombre o mujer una persona no puede escribir una historia de éxito.
Pero hay un punto en el que tiene razón. Puede que las mujeres, por conceder poca importancia o por falta de interés, hayamos dejado estos campos a los hombres. Por lo tanto, parece que ellos están en el primer plano. Sin embargo, el hecho de que las mujeres de las nuevas generaciones tengan reivindicaciones en todos los campos, tengan algo que hacer, decir y cambiar, y sean muy disciplinadas y trabajadoras, cambia el panorama en estos sectores a nuestro favor. Es muy agradable verlas reescribir las reglas del juego en el sector sanitario, en el mundo del fútbol y en la cúpula de las empresas.
Mi experiencia personal en el «mundo de los hombres» es extremadamente positiva. Siempre se me ha respetado mucho, se ha escuchado lo que digo, se ha hecho lo que sugiero. Quizá lo que facilitó mi trabajo fue la claridad de que no intentaba causar problemas, sino contribuir, encontrar un término medio, desarrollar un entendimiento común.
E.C.: Una parte muy relevante de tu mensaje público tiene que ver con el empoderamiento femenino. ¿Qué papel ha jugado tu propia historia personal y profesional en esta defensa activa de la igualdad de oportunidades?
N. K. E.: Mi hermana y yo somos las únicas niñas de una familia realmente muy extensa. Mi madre era la única mujer que trabajaba y producía en este amplio abanico. Era una médica de gran éxito, una empresaria que fundó el primer hospital privado de Türkiye. Por un lado, fue una férrea defensora de los derechos e intereses de todas las mujeres de la familia que habían sido tratadas injustamente, que no habían recibido una educación suficiente. Por otro, fue también la mayor defensora material y moral de las mujeres del sector sanitario.
En otras palabras, el tema de las mujeres y los niños, que está profundamente arraigado en mí, que ocupa un lugar importante en mis recuerdos de infancia y juventud, se ha mezclado con mis conocimientos y mi visión en los últimos 30 años y se ha convertido en una estrategia personal centrada en «empoderar a las mujeres en todos los ámbitos». Por supuesto, no puedo salvar el mundo, pero puedo tocar algunas vidas y aunque sea limitada marcar una diferencia.

E.C.: Eres madre de tres hijos. En medio de una agenda intensa y una carrera global, ¿cómo has vivido la maternidad? ¿Qué valores les has transmitido a tus hijos en un mundo tan cambiante y geopolíticamente convulso?
N. K. E.: Los quiero y valoro mucho. Estoy muy orgullosa de tenerlos, y en cada ocasión les doy las gracias por haberme elegido como madre. Porque estoy en constante aprendizaje, me obligan a cambiar. No aceptan a una madre que no sepa cómo usar ChatGPT, estoy en constante renovación y movimiento. Asimismo, también me doy cuenta de que no me pertenecen, que soy una intermediaria para su evolución en esta vida. Es una línea muy fina, un equilibrio que requiere habilidad. Cada madre, con cada hijo, aprende a ser madre una y otra vez. Yo no soy diferente. Tengo una manera de relacionarme y unas prioridades diferentes con cada uno de ellos. Mi amor no es condicional, pero ellos no deben darlo por sentado.
Les hice una promesa, les puedo socorrer en sus noches sin estrellas, con tal de que sepa lo que les pasa, me lo cuenten, lo compartan, no recurran a la mentira. Les digo que no cambien sus amistades por sus intereses, que no tengan miedo a equivocarse, que no dejen que su ayer envenene su hoy. Pero mi consejo más importante es «lo que va a pasar pasará, no te esfuerces en controlarlo y ten paciencia».
E.C.: Hablas con convicción sobre la necesidad de construir puentes: entre Europa y Asia, entre culturas, generaciones y economías. En este momento concreto, ¿dónde crees que está el mayor reto —y la mayor oportunidad— para que Türkiye y España se entiendan y colaboren?
N. K. E.: Türkiye y España hablan básicamente el mismo idioma y respiran el mismo aire. No me refiero sólo a la armonía entre nuestras relaciones bilaterales, al enfoque de ganar-ganar o a la estrategia de crear beneficios para terceros países, sino también a su énfasis en el multilateralismo, su postura similar contra la injusticia y contra la falta de escrúpulos, la rapidez de la transición del discurso a la acción, sus pretensiones de crear valor en una amplia gama de campos, desde el medio ambiente a la energía, desde la agricultura al envejecimiento de la población, acercan día a día a los dos países mediterráneos y profundizan su cooperación.
No hay dificultades entre ambos países, y si las hay, se resolverán con la agenda positiva ya existente. La ventana de oportunidades es muy amplia y está abierta de par en par. Hay oportunidades que abarcan muchos sectores, desde la industria de defensa hasta la digitalización, pasando por la tecnología, la logística y la contratación de servicios, así como inversiones conjuntas en terceras regiones.
Quizá en este punto hay que mencionar algunas iniciativas en los ámbitos social y cultural, especialmente en lo que se refiere a las mujeres y los jóvenes. Estoy en contacto con muchas instituciones y organizaciones, La Liga a la cabeza, en relación con el fútbol femenino, que es un campo que me interesa en especial y que he seguido de cerca desde mis tiempos de Vicepresidenta de la Federación Turca de Fútbol.
Asimismo, el programa Erasmus, en el que han participado alrededor de 40.000 ciudadanos turcos en los últimos 10 años, es un tema que también valoro. Me esfuerzo por tender otros puentes, especialmente las relaciones interuniversitarias. Humanidades, medicina, ciencia, investigación y desarrollo en distintas disciplinas son las áreas en las que hago hincapié. Hay que tener presente la realidad de que los jóvenes construyen nuestro futuro.

E.C.: En medio de esta agenda intensa, donde representas a tu país, te mueves entre eventos diplomáticos, foros empresariales y encuentros culturales… ¿Tienes algún ritual personal o momento clave que te ayude a reconectar contigo misma?
N. K. E.: Intento estar a solas conmigo misma el mayor tiempo posible. Soy de esas personas que son felices con su soledad. Tengo muchas conversaciones internas que mantener, escucharme a mí misma, reflexionar y tomar decisiones. Cambio cada día, necesito acostumbrarme a mi nuevo yo. Lo consigo dando paseos por las mañanas temprano, leyendo libros y escribiendo lo que me viene a la mente. No sé si esta vida es suficiente, tengo tantas cosas que escribir y leer.
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