Sonia Pulgarín, directora de CyberLideria MGZN, entrevista a Nico Adega, Campeón del Mundo y de Europa de Paracanoe
Sonia Pulgarín: Con solo siete años, un osteosarcoma cambió tu vida por completo. ¿Qué aprendiste en aquella etapa que has entendido con el paso del tiempo?
Nico Adega: Una de las cosas que me van a acompañar toda mi vida es la pulsera que llevo, es una venda que me ponían en el hospital. Con ella me acuerdo de todo el personal sanitario que me ayudó: médicos, enfermeras, auxiliares y toda la gente que estuvo a mi lado cuando yo era pequeño.
Y aunque es algo simbólico, en mi día a día la uso mucho. En las semanas más duras de entrenamiento, cuando estoy agotado y mi entrenadora me dice que haga una serie más y mi cabeza dice: “ni de broma”, miro la pulsera y me acuerdo de cuando estaba en el hospital, tumbado en una cama, sin poder moverme, de los 20 ciclos de quimioterapia, las 34 sesiones de inmunoterapia y las 15 operaciones y me digo: “¿cómo no voy a poder hacer una serie más?”. Y muchas veces esa acaba siendo la mejor serie del día.
También me recuerda algo más simple: disfrutar del día a día. Porque cuando has pasado por una enfermedad grave, aprendes a valorar cosas que antes parecían normales.

S.P.: Encontraste en el piragüismo adaptado una forma de volver a competir. ¿Cuándo empezaste a pensar que podías convertirlo en algo mucho más grande?
N.A.: Al principio yo no pensaba en algo grande. Yo simplemente quería volver a competir y disfrutar del deporte. De hecho era malísimo, en mi tercera competición me caí nueve veces, fui el último en llegar a meta.
Tras dos años entrenando y compitiendo a nivel provincial y autonómico, descubrimos el paracanoe. Imaginar el desconocimiento que hay en el deporte adaptado. Una vez empecé a competir en esta disciplina, poco a poco fueron llegando los resultados. Primero campeón gallego, después de España y finalmente con 15 años entre en el centro gallego de alto rendimiento.
Pero años después, hubo un momento que me cambió bastante, y fue conocer a la familia de Mauro, un niño sevillano de siete años diagnosticado de un osteosarcoma. Su traumatóloga le había dicho algo muy parecido a lo que me dijeron a mí: que se olvidara de jugar al fútbol con sus compañeros.
Tras meses hablando con él y su familia, cuando por fin nos pudimos conocer en persona, su madre me dijo: “Nico, no sabes la energía y la esperanza que nos has dado”. Ese fue el momento donde entendí que mi historia podía ayudar de verdad.
Ahí empecé a tomármelo más en serio y nació todo este proyecto de comunicación a través de charlas, redes y medios que hoy llevo a la par de mi formación universitaria y mis objetivos deportivos.
S.P.: Eres campeón del mundo y de Europa de maratón KL3 y tienes por delante un objetivo enorme: llegar a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. ¿Cómo gestionas la presión de perseguir una meta así siendo todavía tan joven?
N.A.: Intento vivirlo más como un sueño que como una presión. Tengo 20 años y sé que todavía me queda mucho por delante. Si son estos Juegos, perfecto. Y si no, lo seguiré intentando en los próximos.
Pero también soy consciente de que el resultado importa, y más siendo deportista. A veces se dice que solo importa el camino, y el camino es fundamental, pero el resultado abre puertas. Seguramente, si no hubiera sido campeón del mundo o de Europa, esta entrevista no habría salido, porque quizá no me habríais conocido.
Por eso intento trabajar cada día para llegar lo mejor posible, pero sin dejar que un objetivo tan grande me quite las ganas de disfrutar lo que estoy viviendo.

S.P.: ¿Qué significa realmente para ti ser resiliente y qué parte de la resiliencia crees que casi nunca se cuenta?
N.A.: Para mí ser resiliente no es estar siempre motivado ni ser positivo todo el rato. Eso no existe. Ser resiliente es una forma de vida y muchas veces es hacer lo que toca aunque no tengas ganas. Es seguir cuando estás cansado, cuando tienes miedo o cuando no sabes muy bien qué va a pasar.
Pero ser resiliente también cansa. Cansa tener que volver a empezar de cero, cansa que te digan que no vas a poder hacer deporte, cansa pasar por operaciones, lesiones o momentos de incertidumbre. Para mí la resiliencia no es negar lo que duele. Es seguir avanzando por poco que sea cuando todo está en tu contra.
S.P.: ¿Qué te ha permitido conocer el paracanoe sobre ti mismo que quizá no habrías aprendido fuera del deporte?
N.A.: El paracanoe me ha enseñado muchas cosas como deportista: disciplina, constancia, esfuerzo y todo eso que se suele decir. Pero sobre todo me devolvió una parte de mí.
Después de la enfermedad, no podía correr, no podía saltar, no podía ser ese niño que no paraba quieto, tenía una prótesis… Pero cuando me subí a una piragua, por primera vez en mucho tiempo, sentí que volvía a ser Nico. Era como si mis limitaciones se quedasen fuera de la piragua, por primera vez tras el cáncer me sentía competitivo.
Y además el deporte me ha dado algo que no esperaba: la comunicación. Gracias a los resultados deportivos, la gente se para a escucharme. Y eso me permite contar una historia que va mucho más allá de una medalla.
S.P.: Has vivido experiencias poco habituales para alguien de tu edad. ¿Sientes que has tenido que madurar antes de tiempo o has conseguido proteger esa parte de ti que simplemente quiere tener 20 años?
N.A.: Sí, pasar por un cáncer de pequeño, operaciones, tratamientos, revisiones médicas y después irme fuera de casa con 15 años son cosas que sin duda te hacen madurar antes de tiempo, quieras o no.
Pero también intento proteger esa parte de mí que simplemente tiene 20 años. Porque también necesito reírme, estar con mis amigos, hacer planes normales y no vivir siempre en modo deportista o modo charla.
Creo que la vida son etapas, y aunque a mí me tocó vivir cosas muy duras pronto, también quiero disfrutar la edad que tengo ahora.

S.P.: Si pudieras sentarte cinco minutos con aquel Nico de siete años, ¿qué preferirías no contarle y dejar que descubriera por sí mismo?
N.A.: Curiosamente lo haría al revés, creo que le contaría muchísimas cosas. Pero si tuviera que no contarle algo, no le diría todos los golpes que iban a venir después. No le contaría todas las operaciones, ni las lesiones, ni las veces que iba a tener miedo de no volver a remar.
Creo que hay cosas que, si las sabes antes, te asustan demasiado. Simplemente le diría que confíe, que no está solo y que su vida no se acaba ahí, aunque vaya a cambiar mucho. En resumen, la frase clave yo creo que sería: “No vas a volver a ser exactamente el mismo, pero vas a encontrar otra forma de ser tú.”
S.P.: Cuando consigues dejar a un lado entrenamientos y competiciones ¿cuál es ese plan al que nunca dirías que no?
N.A.: Ahora mismo tendría que dejar de lado no solo entrenamientos y competiciones, sino también la universidad y todo el proyecto de comunicación, porque siempre estoy metido en mil cosas. Pero cuando puedo desconectar de verdad, el plan al que nunca diría que no es estar con mi familia y mis amigos. No necesito un plan espectacular. Me vale con estar en casa, comer con los míos, dar una vuelta o hablar tranquilo.
Antes igual no valoraba tanto esas cosas. Ahora sí. Después de pasar tantos años fuera de casa, te das cuenta de que estar cerca de la gente que quieres es más necesario de lo que parece.
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