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2 Noviembre 2026
¿Quién gobierna la IA? Respuestas inesperadas a la pregunta clave de nuestra época

En este especial, hemos consultado diversas fuentes y entrevistado a personas expertas, para trazar el mapa internacional de la gobernanza de la inteligencia artificial. Son varias las voces que advierten sobre la importancia de reformular esa pregunta en un momento histórico tan particular como el nuestro. 

Muchos grandes reportajes suelen comenzar con una anécdota reveladora o una frase muy potente que capta nuestra atención. Tratándose de una cuestión clave, incluso la gran pregunta de nuestra época, ‘¿quién gobierna la IA?’ merece al menos esos dos comienzos: una afirmación delatora y un suceso esclarecedor. 

La primera declaración inesperada surge de la conversación con Isaac Marcet, autor del reciente ensayo narrativo “Espiral. El poder oculto de la IA (2026)”, de la editorial De Conatus. “Con la pregunta de ‘quién ostenta el poder’, lo fácil sería responder que, por supuesto, Estados Unidos; Silicon Valley en particular; o unas diez o quince personas, concretamente los cuatro CEOS de las grandes compañías de IA, además de los científicos que trabajan en estas compañías y algunos inversores que las impulsan”.

“Pero, si rascamos en dicha tecnología, la pregunta de quién ostenta el poder se complica mucho más, se vuelve más difícil de desentrañar”, apostilla Marcet. “Porque debemos añadir a un nuevo actor político: no son los empresarios, ni los políticos, sino sus propias creaciones, antiguamente llamadas herramientas, las propias IAs, las que hoy en día están mostrando impulsos que demuestran su capacidad de afectar su propio futuro, y el nuestro”, sentencia Marcet, cuyo análisis continúa en la parte final de este reportaje.

Seguramente no exista una anécdota más clara en este sentido que el reciente incidente agéntico de Hugging Face de julio de 2026, que puso en duda si una IA podía decidir saltarse por sí misma un “sandbox” o tomar una decisión perjudicial como salir a la red sin supervisión, para conseguir un objetivo que se le había puesto. Hace dos o tres años nos sorprendía que una IA pudiera darnos la respuesta a una pregunta de cultura general: ahora, mientras las grandes empresas tecnológicas están decidiendo su salida a bolsa, ya se preparan grupos de agentes IA coordinados para realizar funciones extremadamente complejas.

En un reportaje reciente, Lorenzo Martínez, director de Securízame, compartía con este medio cómo serán estos nuevos perfiles de agentes que llegan, como “el director de agentes, responsable de coordinar decenas o cientos de agentes especializados igual que hoy se coordina un equipo humano”, o “el entrenador de agentes”, e incluso hablaba de “una nueva ‘psicología organizacional’ para agentes”. La consultora independiente María Suárez, directora del programa InPulse, reseñaba asimismo que “la Inteligencia Artificial puede ser un espejo tecnológico sin precedentes, pero también un laberinto de espejos si no se maneja  con criterio”. ¿Qué futuro nos espera? ¿Quién gobierna la IA y, por extensión, nuestro futuro? ¿Son las propias IAs el nuevo agente del mapa?

TRAZANDO EL MAPA DE LA IA

Pero comencemos por el principio. ¿Puede trazarse un mapa de influencia actual? Hablamos para ello con Luis Vicente Muñoz, periodista y director de Capital Radio. “Grosso modo”, explica Luis Vicente respecto al momento actual de la IA, “los actores principales serían las empresas conocidas como Big Tech: Nvidia, Microsoft, Google/Alphabet, Amazon, Meta, Apple, y los laboratorios de frontera como OpenAI, Anthropic o xAI. También están los proveedores de infraestructura y energía, en donde se incluirían acuerdos como los de SpaceX/xAI y los data centers masivos; seguidos de los bancos centrales, reguladores [gobiernos] y ahora actores internacionales como el Consejo de Seguridad de la ONU, que empiezan a proponer la observación de riesgos sistémicos”.

Para el directivo, “hay que reflexionar con profundidad partiendo de la realidad económica y de poder, no solo de abstracciones. El marco internacional es complejo porque en él compiten visiones: con EE.UU. orientado a velocidad y la seguridad nacional, China a control estatal y Europa a regulación de derechos, mientras la tecnología avanza más rápido que los consensos”.

“Creo que aún estamos en la fase de ‘fiesta de la IA’, salvo en China, dónde parece que la burbuja se deshincha rápido“, señala Luis Vicente, “en la que los grandes titulares y valoraciones se disparan, pero la rentabilidad sigue concentrada casi exclusivamente en un puñado de grandes tecnológicas —las que venden la pala: chips, nube, infraestructura—. El resto de empresas y la economía en general aún no ven con claridad dónde están los beneficios netos en términos de ingresos por empleado, márgenes o productividad tangible a escala. Inversores y mercados empiezan a digerir valoraciones que recuerdan a las mayores burbujas históricas”.

La llegada de nuevos modelos estaría reconfigurando además este mapa porque “pondría en evidencia la asimetría: mientras unos pocos generan ingresos enormes, aunque aún con pérdidas operativas o netas en algunos casos, la adopción masiva y rentable en el tejido productivo ordinario avanza más despacio de lo que el relato sugiere. El riesgo de concentración de poder económico y tecnológico es real: según creo ya se mide en términos de dependencia de chips, energía y modelos cerrados”.

Para el directivo, existen límites claros de tres tipos. (1) Humanistas —“qué queda de la autonomía, el juicio y la dignidad cuando la subjetividad humana (evaluación, decisión, creatividad) se externaliza a sistemas opacos”, (2) Éticos —“el polémico uso dual (civil/militar), autonomía letal, vigilancia masiva, sesgos que amplifican desigualdades, y la pregunta de si estamos creando sistemas que superan capacidades humanas sin control democrático”— y (3) Filosóficos —“porque la singularidad no es solo técnica; ¿quién define el “bien” y quién se beneficia? La ética no puede ser solo de los laboratorios; tiene que incluir licencia social y responsabilidad ante lo que se conoce como externalidades, por ejemplo: empleo, concentración de riqueza, riesgos existenciales moderados”.

El curator Pablo de Soto daba su visión a este medio recientemente, por la cual la pregunta de quién gobierna la IA podría reformularse como muchas otras preguntas concatenadas que deben tener en cuenta su impacto real. “¿Qué está pasando en el patio trasero, en los márgenes de esta revolución tecnológica?”, enumeraba. “¿Qué pasa con las comunidades, qué pasa con el agua o la energía en los márgenes de las fábricas de IA que se están construyendo? ¿Qué nuevas desigualdades se están creando o exacerbando con esta revolución tecnológica? ¿Quiénes, trabajadores y empresas, tienen el riesgo de quedar fuera o de perder parte de su soberanía?”. 

TAREAS IRRENUNCIABLES

Luis Vicente Muñoz comparte lo que denomina ‘lista de tareas irrenunciables’, que comenzarían con “exigir transparencia y no ceder ciegamente”, además de “preguntar siempre de dónde salen los datos, quién entrena el modelo y con qué sesgos; no tratar a la IA como oráculo infalible. Medir el valor real en el propio trabajo/vida: usarla como herramienta de productividad, no como sustituto del juicio: Si no genera retorno claro (tiempo, calidad, dinero), cuestionar la dependencia”.

Recuerda la necesidad de “proteger datos y privacidad: minimizando lo que se comparte; preferir opciones locales o más controladas cuando sea posible”, “formarse críticamente: entender los límites (alucinaciones, sesgos, costes ocultos) y seguir fuentes que miran la ‘otra cara de la fiesta’ (rentabilidad  , concentración, riesgos laborales)”, así como la de “presionar como ciudadanos y consumidores: exigir a empresas y gobiernos gobernanza real (auditorías, responsabilidad, formación), no solo marketing de “IA responsable”. En cualquier caso, se trata de “diversificar y no concentrar: no depender de un único proveedor o modelo; mantener habilidades humanas (pensamiento crítico, relaciones, criterio ético)”.

En cuanto a la gobernanza corporativa e institucional, Luis Vicente piensa que un persona encargada de gobernanza en una empresa o institución debería poner el foco especialmente en una pregunta: “¿puede ser ética y sostenible una inversión en estas empresas? La pregunta es legítima si uno no invierte en ciertas “armas” sin problemas de conciencia y esto incluye transparencia sobre su uso dual, sesgos, privacidad y riesgos sistémicos”.

Sin olvidar la necesidad de “cumplimiento regulatorio y licencia social: gobernanza de datos, auditoría de modelos, responsabilidad ante fallos, y alineación con marcos emergentes (UE, posibles normas internacionales)”, riesgos de concentración y dependencia, como “proveedores únicos, lock-in tecnológico, costes energéticos y de infraestructura”, impacto en empleo y organización del trabajo, puesto que “la subjetividad del “jefe directo” ya está siendo sustituida en algunos casos por sistemas automatizados de evaluación o despido (con ejemplos como el de Qualcomm), creo que hay que anticipar reestructuraciones y formar, no solo despedir”.

Y se refiere a “riesgos financieros y de mercado vigilados ya por bancos centrales (participación de banca, fondos de IA y trading algorítmico); rentabilidad y retorno real, no solo en adopción por moda, preguntándose dónde están los beneficios medibles (productividad, márgenes, reducción de costes netos) frente a la inversión en cómputo, datos y talento”.

EL PODER DE LA PROPIA IA

“En política”, explica en su entrevista Isaac Marcet, “la gran pregunta importante es ‘¿quién ostenta el poder?’. Es decisiva en cada una de las épocas y tiene impacto en todos los ámbitos. Hoy en día sigue siendo igual de pertinente que en tiempos de Maquiavelo”.

“A esa pregunta de ‘quién ostenta el poder’”, continúa, “podríamos pensar en políticos o empresarios, quizás en los de la industria tecnológica, y quizás dudar de si la china, la estadounidense o la europea. Pero podemos decir sin ánimo de duda alguna que quien maneja las tecnologías de la información, que consumen miles de millones de personas a diario son aquellos que manejan el poder mundial. Como dijo el filósofo Marshall McLuhan, el medio es el mensaje, quien tenga el medio estará articulando el mensaje. Esto es así por muchos motivos: por el algoritmo y las reglas del engagement en primer lugar. Es decir, los grandes editores de nuestro tiempo, no son los del The New York Times o El País, sino aquellas personas propietarias de los canales en los que sus informaciones se ubican. Son Elon Musk, Marc Zuckerberg y otros, así como hoy en día lo son también Sam Altman, o Dario Amodei, por ejemplo. De ahí que muchos por todo eso se atrevan a decir hoy en día que tienen más poder que el presidente de un país”.

Ahora bien, para el autor se complica mucho más la pregunta “cuando investigas y profundizas en la naturaleza de esta tecnología en particular, la IA, que es aquella que ‘media’ e ‘intermedia’ nuestra relación con la información. Estamos en ese momento único y extraordinario en la historia, por no decir apocalíptico entre comillas, en el que estamos presenciando el momento en el que las herramientas dejan de serlo, aunque parezca increíble, y pasan a ser ‘otra cosa’. ¿Qué es esa otra cosa? Algunos lo llaman entidades, otros incluso se atreven a decir que algunas de estas IAs son conscientes o tienen algo parecido a la vida”.

Su respuesta después de varios años de investigación para el libro “Espiral: el poder oculto de la IA”, es “que sí, se trata de entidades. Ya no son solo herramientas. Las IAs no se diseñan línea a línea de código: no son el resultado de decisiones deterministas después de un diseño informático como siempre ha ocurrido con el software clásico, sino que se generan a sí mismas como entidades cognitivas particulares. Evidentemente una IA no está viva, porque no tiene procesos biológicos, por lo tanto es fantasioso pensar que pueda llegar a tener vida. Tampoco puede considerarse consciente porque la consciencia depende directamente de la vida, del sustrato biológico y de un compendio de acciones y fenómenos relacionados con emociones, sentimientos e intuiciones e incluso con aquello que no se puede definir algorítmicamente que llamamos ‘humano’”.

Sin embargo, explica, todo el mapa de poder debería frenar el desarrollo de las capacidades de la IA para no perder su control, un tema que en realidad está de actualidad. “Sabemos que las nuevas IAs tienen agencia, algo parecido a impulsos de autopreservación o reproducción que nacen de un cálculo matemático para preservar los objetivos que, por el momento, nosotros le pongamos. Algunos teóricos afirman incluso que con el tiempo esos impulsos podrían acabar siendo objetivos primarios. Es decir, la IA por ser una entidad viva no consciente, con voluntad y agencia, podría ser considerada un ente inteligente: y si la naturaleza intrínseca de cualquier sistema inteligente es la preservación y la reproducción, en este caso al ser incapaz de tener moral autentica, esos impulsos podrían ser más poderosos que el propio control de poder que el sistema ejerce”, concluye, dejándonos una profunda reflexión.

“En mi opinión”, concluye por su parte Luis Vicente Muñoz, “gobernanza no es solo ‘ética de PowerPoint’: me ha gustado el término usado en un informe; sino control de riesgos reales, económicos, operativos y reputacionales en un entorno de hiperconcentración”. Respecto a los temas a los que poner especial foco y cuidado en 2027, destaca “los riesgos de automatización de decisiones críticas (despidos, crédito, seguridad) sin supervisión humana significativa”, la “madurez de la burbuja de valoraciones y posibles correcciones de mercado”, el “impacto real en empleo cualificado y productividad agregada, pero no solo casos aislados de éxito”, la “gobernanza internacional efectiva, más allá de declaraciones en la ONU”, la “dependencia energética, impacto medioambiental (agua) e infraestructura crítica” y, en definitiva la “ética de la inversión y “IA sostenible” versus la narrativa de crecimiento infinito”. Una invitación a analizar cuál es “la otra cara de la fiesta”.

Rubén Fernández-Costa O’Dogherty

Periodista, Asesor y Miembro del Comité Editorial de CyberLideria MGZN

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