ESG
El calentamiento del Pacífico podría provocar fuertes alteraciones en las lluvias, elevar el riesgo de sequías e inundaciones y tensionar la producción agrícola durante los próximos meses. Sus consecuencias podrían prolongarse hasta 2027. El planeta se prepara para un nuevo episodio climático de gran magnitud. El Niño está ganando intensidad en el océano Pacífico y las previsiones apuntan a que podría convertirse en uno de los eventos más fuertes registrados en las últimas décadas, con posibles consecuencias sobre el clima, la agricultura y los precios de los alimentos en distintas regiones del mundo. Según las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno ya se encuentra establecido y existe una probabilidad muy elevada de que continúe activo hasta comienzos de 2027. Su máxima intensidad se produciría hacia finales de 2026, por lo que los próximos meses serán especialmente importantes para conocer hasta dónde llega su impacto. El Niño aparece cuando la temperatura de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental aumenta por encima de sus valores habituales. Aunque el fenómeno se origina en el océano, modifica la circulación de la atmósfera y puede alterar las precipitaciones y las temperaturas a miles de kilómetros de distancia. Un mismo fenómeno, consecuencias muy diferentes El principal problema es que El Niño no afecta por igual a todas las regiones. Mientras algunas zonas pueden sufrir una reducción importante de las precipitaciones, otras se enfrentan precisamente al escenario contrario: lluvias intensas y un mayor peligro de inundaciones y deslizamientos. Entre septiembre y noviembre, algunas áreas de India, Australia, Centroamérica, el Caribe y el noroeste de Sudamérica podrían registrar condiciones más secas de lo habitual. En cambio, el Cuerno de África, el sureste de Sudamérica y determinadas zonas de Europa, Asia y Norteamérica presentan mayores probabilidades de experimentar precipitaciones superiores a la media. A ello se suma otro factor: el calor. Las temperaturas por encima de los valores habituales podrían extenderse por buena parte de las principales regiones continentales. Sin embargo, estas previsiones no significan que todos esos territorios vayan a sufrir necesariamente una catástrofe. El Niño modifica las probabilidades climáticas, pero sus efectos concretos dependen también de numerosos factores regionales. Asia mira al cielo y a sus cultivos Una de las principales preocupaciones se encuentra en Asia, donde cualquier alteración prolongada de las lluvias puede tener consecuencias importantes sobre la agricultura. India llega a esta situación después de periodos de precipitaciones inferiores a lo habitual durante el monzón de 2026. Cultivos esenciales como el arroz, el maíz, la soja o el algodón podrían verse perjudicados si el déficit hídrico se prolonga. Una reducción de las cosechas no solo supondría pérdidas para los agricultores. También podría aumentar la necesidad de importar alimentos y ejercer una mayor presión sobre los precios. En el sudeste asiático, un escenario más cálido y seco podría afectar asimismo a productos estratégicos como el arroz y el aceite de palma. Además, la falta de humedad puede favorecer los incendios forestales y los episodios de humo y contaminación atmosférica. En África Oriental, el peligro puede llegar con demasiada agua El panorama cambia radicalmente en el este de África. Allí, El Niño puede favorecer unas condiciones más húmedas durante los últimos meses del año. En las áreas más vulnerables del Cuerno de África, unas precipitaciones excepcionalmente intensas elevarían el riesgo de inundaciones y corrimientos de tierra. La situación resulta especialmente delicada en territorios donde las infraestructuras son limitadas o donde ya existen problemas de inseguridad alimentaria y desplazamiento de población. Una sucesión de lluvias extremas podría agravar esas dificultades. América, dividida entre la sequía y el exceso de lluvia El continente americano también presenta un escenario desigual. El sureste de Sudamérica podría recibir más precipitaciones de lo habitual, mientras que zonas de Centroamérica, el Caribe y el noroeste sudamericano podrían afrontar meses más secos. El denominado Corredor Seco centroamericano es uno de los puntos sensibles. Las comunidades rurales de esta región ya han sufrido repetidos episodios de sequía, por lo que una nueva reducción de las lluvias podría afectar directamente a sus cosechas y medios de vida. Más al sur, la atención estará puesta en gigantes agrícolas como Brasil y Argentina. Cualquier modificación relevante de sus cosechas puede trascender sus fronteras debido al enorme peso de ambos países en los mercados internacionales de productos agrícolas. Australia se prepara para meses de calor Las perspectivas tampoco son tranquilizadoras para algunas zonas del sur y el este de Australia, donde se esperan temperaturas elevadas y una mayor probabilidad de precipitaciones escasas. Los episodios intensos de El Niño han coincidido históricamente con un aumento del peligro de sequía e incendios en determinadas regiones australianas. No obstante, la magnitud final de una temporada de incendios depende de muchos otros factores meteorológicos y ambientales. En las islas del Pacífico, las alteraciones asociadas al fenómeno pueden repercutir además sobre las reservas de agua dulce, la agricultura, los ecosistemas marinos y el comportamiento de los ciclones tropicales. El gran riesgo económico está en el plato Más allá de sequías o inundaciones concretas, existe un riesgo capaz de conectar todos estos escenarios: los alimentos. Si varias grandes regiones productoras sufrieran simultáneamente malas cosechas, la reducción de la oferta podría trasladarse a los mercados internacionales. El comercio permite normalmente compensar los déficits de una zona con la producción de otras, pero esa capacidad disminuye cuando numerosos productores atraviesan problemas al mismo tiempo. Además, ante una crisis de abastecimiento algunos gobiernos pueden optar por limitar las exportaciones para proteger sus mercados internos. Este tipo de medidas puede intensificar las tensiones sobre la oferta internacional y contribuir a elevar los precios. Por eso, la evolución de El Niño no interesa únicamente a meteorólogos y científicos. También está siendo seguida por agricultores, gobiernos, empresas y mercados financieros. Los próximos meses serán decisivos El calentamiento registrado en el Pacífico ha situado este episodio entre los eventos que requieren una vigilancia especialmente estrecha. Las previsiones apuntan a que podría continuar fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad hacia noviembre o diciembre. Ese calendario convierte el final de 2026 en una ventana decisiva para la prevención. La gestión de los embalses, la planificación de las campañas agrícolas, las reservas de alimentos, la preparación frente a incendios y el refuerzo de las medidas contra inundaciones pueden determinar hasta qué punto una anomalía climática termina convirtiéndose en una emergencia humanitaria o económica. Y después llegará 2027 Aunque el momento de mayor intensidad de El Niño se espera para finales de este año, sus consecuencias podrían sentirse durante buena parte de 2027. El fenómeno es un ciclo natural del sistema climático y no está provocado por el cambio climático. Sin embargo, aparece en un planeta que ya presenta temperaturas oceánicas y atmosféricas elevadas debido al calentamiento global. Esa combinación preocupa a los científicos porque puede contribuir a intensificar determinados episodios de calor y otros fenómenos extremos. Por este motivo, 2027 estará especialmente bajo vigilancia ante la posibilidad de registrar temperaturas globales excepcionalmente altas. El verdadero desafío de los próximos meses no será únicamente conocer hasta dónde llegará este El Niño, sino comprobar hasta qué punto los países son capaces de anticiparse a sus consecuencias. Porque un fenómeno que comienza con agua anormalmente caliente en una parte del Pacífico puede terminar sintiéndose a miles de kilómetros de distancia: en los campos, en los embalses, en los supermercados y, finalmente, en el bolsillo de millones de personas.
7 Septiembre 2026
Rincón del CISO
La inteligencia artificial gana terreno rápidamente en las compañías, pero utilizarla no está siendo sinónimo de transformación. Los datos revelan una creciente distancia entre adopción y resultados, mientras expertos apuntan a un problema que va mucho más allá de la tecnología: las empresas están incorporando IA a procesos que apenas han cambiado. La carrera empresarial por incorporar inteligencia artificial continúa acelerándose. Sin embargo, después de una primera etapa marcada por la experimentación, comienza a surgir una pregunta mucho más incómoda: ¿está generando realmente valor todo ese despliegue tecnológico? Los datos muestran una importante contradicción. En España, el 21,1% de las empresas con diez o más trabajadores ya utilizaba alguna tecnología de inteligencia artificial durante el primer trimestre de 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra supone un incremento de 8,7 puntos respecto al año anterior. La tendencia es todavía más evidente a escala internacional. Un 88% de las organizaciones asegura utilizar IA de manera habitual en al menos una función empresarial. Sin embargo, solo aproximadamente un tercio ha conseguido avanzar hacia el escalado de sus iniciativas. Y ahí aparece la gran brecha de la IA corporativa: adoptar tecnología está resultando mucho más sencillo que transformar una organización con ella. Mucha IA, pero todavía poco impacto en el negocio El problema ya no parece ser convencer a las empresas para que prueben la inteligencia artificial. El desafío está en conseguir que esa experimentación llegue a la cuenta de resultados. Según The State of Organizations 2026, el 81% de las organizaciones que están experimentando con IA todavía no identifica mejoras económicas significativas. Al mismo tiempo, un 86% de los líderes reconoce que sus compañías no están suficientemente preparadas para integrar estas tecnologías en el funcionamiento cotidiano. Para Qaracter, detrás de esta situación existe un problema estructural: muchas compañías están colocando herramientas del siglo XXI sobre procesos, jerarquías y sistemas de decisión concebidos mucho antes de la llegada de la IA. Un asistente inteligente puede, por ejemplo, reducir drásticamente el tiempo necesario para preparar un informe. Pero si ese mismo documento continúa pasando posteriormente por diferentes departamentos, reuniones y sucesivas capas de aprobación, el impacto global sobre el negocio será limitado. La IA habrá eliminado minutos o incluso horas de una tarea concreta, pero el cuello de botella seguirá intacto. Ahorrar tiempo no significa transformar una empresa Buena parte de la primera expansión de la IA generativa dentro de las organizaciones ha tenido un carácter individual. Redactar textos, resumir documentos, analizar información, preparar presentaciones, realizar búsquedas o ayudar en la programación se han convertido en algunos de sus usos más habituales. Son aplicaciones capaces de mejorar la productividad de un trabajador, pero ese ahorro de tiempo no necesariamente transforma el rendimiento de toda una compañía. La siguiente etapa exige cambiar las métricas. En lugar de preguntarse cuántos empleados utilizan una determinada solución, las empresas deberán empezar a analizar qué pasos del proceso han desaparecido, cuánto se han acelerado las decisiones, qué errores se han reducido o qué nueva capacidad ha conseguido generar el negocio gracias a la IA. Precisamente ahí podría encontrarse la próxima gran evolución. El 82% de los directivos consultados por Microsoft considera que ha llegado el momento de replantear elementos fundamentales de la estrategia y las operaciones de sus compañías. Además, un 81% prevé incorporar agentes de IA de manera moderada o amplia durante los próximos 12 a 18 meses. La incorporación de estos sistemas introduce, además, una cuestión mucho más profunda que la simple automatización: ¿hasta dónde estamos dispuestos a dejar decidir a una máquina? De asistentes a agentes: ¿quién responde por las decisiones de la IA? La llegada de los agentes de IA puede cambiar considerablemente la relación entre personas y tecnología dentro de las compañías. Ya no se tratará únicamente de sistemas que generan una respuesta después de recibir una instrucción. Cada vez más organizaciones estudian tecnologías capaces de ejecutar secuencias de tareas y actuar con determinados grados de autonomía. Esto obligará a definir nuevas fronteras: qué decisiones pueden automatizarse, cuáles deben pasar obligatoriamente por supervisión humana, cuándo debe detenerse un sistema y, especialmente, quién asume la responsabilidad cuando una IA se equivoca. José Manuel Casado, presidente de Qaracter, considera que uno de los errores habituales consiste precisamente en incorporar la inteligencia artificial como una herramienta adicional sin cuestionar previamente la forma en la que funciona la organización. Desde su perspectiva, el verdadero salto llegará cuando las compañías utilicen la IA para revisar qué tareas siguen teniendo sentido, cuáles pueden desaparecer, qué decisiones pueden descentralizarse y cómo deben evolucionar las responsabilidades de los profesionales. En otras palabras: la transformación no consiste simplemente en hacer más rápido el trabajo de siempre. El gran obstáculo puede no estar en la tecnología Esta transformación tampoco depende exclusivamente de disponer de mejores modelos o herramientas. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial sitúa la falta de competencias como el principal obstáculo para la transformación empresarial para el 63% de los empleadores. Ante esta situación, un 85% de las organizaciones prevé priorizar la actualización de las habilidades de sus profesionales. Pero el reto va más allá de enseñar a utilizar herramientas de inteligencia artificial. Los responsables de equipos tendrán que aprender a dirigir entornos donde personas y sistemas inteligentes trabajan conjuntamente, determinar cuándo intervenir ante una excepción, evaluar resultados producidos por máquinas y explicar a sus equipos por qué determinadas responsabilidades están cambiando. También entra en juego un elemento especialmente delicado: la confianza. Presentar la IA exclusivamente como una vía para reducir costes o aumentar la eficiencia puede alimentar la resistencia interna. Por el contrario, vincular su implantación a objetivos empresariales comprensibles, involucrar a los trabajadores en el rediseño de los procesos y establecer responsabilidades claras puede facilitar una adopción más sólida. La verdadera carrera por la IA empieza ahora Después de una etapa dominada por pilotos, licencias y casos de uso, las empresas comienzan a enfrentarse a una fase considerablemente más compleja. Qaracter plantea que el despliegue debería abordarse desde diferentes dimensiones simultáneas: identificar procesos completos donde exista un impacto cuantificable, revisar aprobaciones y pasos que ya no aportan valor, redefinir funciones y capacidades profesionales, establecer límites claros para la autonomía de los sistemas y medir desde el principio tanto los resultados empresariales como los riesgos asociados. El cambio de enfoque es importante. Durante los últimos años, gran parte de la conversación empresarial ha girado alrededor de qué herramientas de IA incorporar. La pregunta que marcará la siguiente fase probablemente será muy diferente: ¿qué está dispuesta a cambiar una organización para aprovechar realmente esas herramientas? Porque una empresa puede desplegar inteligencia artificial en prácticamente todos sus departamentos y continuar funcionando de la misma manera. Y esa podría ser una de las grandes paradojas de esta revolución tecnológica: tener más IA que nunca sin haber transformado todavía el negocio.
7 Septiembre 2026
Jarana
Keepit incorpora a Roberto Testa a su equipo para afrontar una nueva etapa de crecimiento de la compañía. Con una amplia trayectoria vinculada a las áreas de ventas, marketing, desarrollo de negocio y estrategia comercial, Testa inicia esta nueva etapa tras pasar sus primeros días en la sede de Keepit en Copenhague, donde ha tenido la oportunidad de conocer al equipo y profundizar en la cultura de la compañía. Su incorporación se produce en un momento de nuevas oportunidades de crecimiento para Keepit, compañía especializada en protección y respaldo de datos en la nube.
7 Septiembre 2026
Jarana
Este libro no te dará recetas mágicas, porque no existen, sino un verdadero sistema operativo para startups: un conjunto de marcos mentales, rituales y artefactos que transforman una idea frágil en una organización resiliente y de alto rendimiento. Descubre las claves que separan la anécdota del éxito sostenible: * Persistencia inteligente vs. obstinación ciega: Aprende a ser obstinado con la visión, pero flexible con las tácticas, improvisando con cabeza cuando el mercado te golpea. * La cadencia operativa como motor de crecimiento: La velocidad sin foco mata. Descubre el poder de la cadencia trimestral para crear un 'momentum' imparable. * El rol del COO: Más que un título, es el contrapeso pragmático del CEO, traduciendo la estrategia en acción diaria. * La salud organizativa como ventaja diferencial: Institucionaliza el "Disagree and Commit" para gestionar el conflicto y asegurar que la ejecución no se diluya en el "ya te lo dije". * 'Roadmap': Siempre afilar, no redondear. Tu producto debe ser un arma competitiva. Aprende a definir tus pilares estratégicos y a decir no con criterio. En tiempos de la inteligencia artificial, donde la velocidad de ejecución se acerca al infinito, la única constante es que, al final, todo va de personas. Este libro te proporciona la brújula y las herramientas para cuidarlas, alinearlas y liderarlas a través de la tormenta. Autor: Miguel Arias
7 Septiembre 2026
Rincón del CISO
Los ciberdelitos ya representan cerca del 20% de la criminalidad registrada en España. Mientras la inteligencia artificial permite automatizar y perfeccionar los ataques, las organizaciones se enfrentan a un desafío que va más allá de detectar amenazas: contenerlas antes de que afecten al negocio. La inteligencia artificial está cambiando las reglas de la ciberseguridad. Herramientas que pueden ayudar a las empresas a automatizar procesos y mejorar su productividad también están reduciendo las barreras de entrada para los ciberdelincuentes, que pueden utilizarlas para crear campañas de phishing más convincentes, perfeccionar técnicas de ingeniería social o acelerar determinadas fases de un ataque. El resultado es un escenario en el que las amenazas pueden multiplicarse y evolucionar a una velocidad cada vez mayor. Los datos reflejan esta presión. Según el Informe sobre la Cibercriminalidad en España 2025 del Ministerio del Interior, durante el pasado año se contabilizaron 488.426 ciberdelitos, un 5,1% más que en 2024. Estas infracciones representaron ya el 19,8% del conjunto de la criminalidad registrada en España, mientras que el número de víctimas superó las 383.000 personas. Detectar una amenaza ya no es suficiente Las organizaciones han reforzado durante años sus defensas con tecnologías como EDR, SIEM, protección cloud, firewalls o plataformas de inteligencia de amenazas. Sin embargo, la acumulación de herramientas ha creado también un nuevo problema: una enorme cantidad de información y alertas que alguien debe interpretar. Una señal sospechosa no siempre significa que exista un ataque. El verdadero desafío comienza cuando hay que determinar rápidamente si se trata de un falso positivo o del inicio de un incidente con capacidad para comprometer sistemas, información o incluso la continuidad del negocio. En este contexto, el tiempo de respuesta empieza a convertirse en una medida fundamental de la madurez en ciberseguridad. “Las organizaciones ya disponen de herramientas capaces de generar alertas. Lo que marca la diferencia es disponer de un equipo que las analice, determine su criticidad y actúe de forma coordinada cuando realmente existe una amenaza”, explica Álvaro Sánchez, Security Presales de h&k. Del ruido de las alertas a una visión conjunta del riesgo La complejidad aumenta a medida que crece el ecosistema tecnológico de las compañías. Infraestructuras cloud, identidades digitales, aplicaciones SaaS, redes corporativas y dispositivos conectados producen continuamente eventos de seguridad procedentes de sistemas diferentes. Analizarlos de forma aislada puede dificultar la identificación de un ataque. La tendencia, por ello, está pasando de acumular soluciones de seguridad a desarrollar capacidad operativa para relacionar la información y actuar sobre ella. Aquí adquieren protagonismo los Centros de Operaciones de Seguridad (SOC), encargados de mantener una vigilancia continua, analizar las señales procedentes de distintas tecnologías y coordinar la respuesta cuando se confirma un incidente. Cuando cada minuto cuenta Ante este escenario, h&k ha reforzado su oferta de servicios gestionados con un SOC que integra monitorización 24x7, inteligencia de amenazas, automatización y especialistas en respuesta a incidentes. El servicio reúne información procedente de herramientas como SIEM, EDR, plataformas cloud, sistemas de identidad y firewalls para proporcionar una visión conjunta del riesgo. Los analistas validan además los incidentes antes de poner en marcha las medidas necesarias para contener una amenaza. “La ciberseguridad ya no puede limitarse a generar avisos. Las organizaciones necesitan capacidad operativa para actuar, escalar incidentes, aplicar procedimientos de respuesta y acompañar al cliente durante todo el proceso”, señala Carlos Gutiérrez, Director de Go To Market de h&k. La velocidad, nueva variable de la resiliencia La expansión de la IA añade una nueva dimensión a una carrera que siempre ha existido en ciberseguridad: la del tiempo. Si los atacantes pueden automatizar tareas, aumentar el volumen de sus campañas y perfeccionar sus técnicas con mayor rapidez, las empresas también necesitan reducir la distancia entre detectar, interpretar y responder. La resiliencia digital dependerá así cada vez menos de cuántas herramientas tenga desplegadas una organización y más de su capacidad para utilizarlas de manera coordinada cuando aparece una amenaza real. Porque en un escenario de ataques acelerados por inteligencia artificial, detectar lo que está ocurriendo es solo el principio. La verdadera diferencia está en cuánto se tarda en actuar.
4 Septiembre 2026
ESG
Los agentes de inteligencia artificial comienzan a asumir un papel más activo en marketing, ventas y atención al cliente. Sin embargo, su eficacia se enfrenta a un obstáculo: pueden ser muy avanzados y, al mismo tiempo, desconocer buena parte de la relación que una empresa mantiene con sus clientes. Solo el 39% de los equipos españoles de atención dispone de un historial completo y centralizado de cada usuario. La inteligencia artificial empresarial está entrando en una nueva fase. Después de dos años marcados por la carrera para incorporar asistentes, copilotos y herramientas generativas, el debate comienza a desplazarse desde qué puede hacer la IA hacia qué necesita saber para hacerlo bien. La diferencia no es menor. Una inteligencia artificial puede redactar un correo, preparar una reunión comercial, responder a un cliente o recomendar el siguiente paso en una oportunidad de venta. Pero si desconoce las conversaciones anteriores, las compras realizadas, las incidencias abiertas o la situación actual de esa relación comercial, su capacidad para tomar decisiones útiles se reduce considerablemente. Es precisamente ahí donde aparece uno de los próximos grandes desafíos para las empresas: dotar de contexto a la IA. Mucha inteligencia artificial, pero información fragmentada Los datos de HubSpot reflejan esta contradicción en las compañías españolas. El 93% de los equipos de atención al cliente ya está valorando incorporar inteligencia artificial, pero únicamente un 39% dispone de un historial centralizado y completo de cada cliente. Además, cerca de uno de cada cuatro reconoce que ni siquiera tiene acceso de manera consistente a toda esa información. La situación plantea una paradoja: las empresas están preparando agentes capaces de asumir cada vez más responsabilidades mientras la información que necesitan para actuar correctamente continúa repartida entre diferentes sistemas, departamentos y aplicaciones. El resultado puede ser una IA capaz de producir mucho, pero no necesariamente de producir mejor. El problema no siempre es el modelo Cuando una herramienta de inteligencia artificial ofrece una respuesta genérica, incorrecta o poco útil, resulta fácil atribuir el fallo al modelo. Sin embargo, a medida que estas tecnologías maduran, la calidad de la información empresarial que reciben está ganando tanta importancia como las propias capacidades de la IA. Un modelo puede disponer de enormes cantidades de conocimiento general y, aun así, desconocer prácticamente todo lo relevante sobre un cliente concreto. ¿Qué compró? ¿Qué conversaciones ha mantenido con la compañía? ¿Qué problema tuvo hace seis meses? ¿Está negociando actualmente una renovación? ¿Ha mostrado interés por otro servicio? ¿Qué compañero habló con él por última vez? Sin ese contexto, incluso una IA muy avanzada puede ofrecer una experiencia desconectada de la realidad. La preocupación ya aparece entre los propios responsables empresariales. Una encuesta realizada por KPMG entre líderes de Estados Unidos situó la calidad de los datos organizativos como el principal desafío para las estrategias de inteligencia artificial, señalado por el 85% de los participantes. Gartner, por su parte, había advertido de que durante 2026 un 60% de los proyectos de IA sin datos adecuadamente preparados terminarían siendo abandonados. De almacenar datos a conseguir que la IA los entienda Durante años, una de las prioridades de las compañías fue acumular información. CRM, plataformas de marketing, herramientas de atención al cliente, sistemas comerciales y aplicaciones internas permitieron registrar cantidades cada vez mayores de datos. El problema es que tener información no significa necesariamente tener contexto. La nueva etapa de la inteligencia artificial obliga a conectar esas piezas. Para que un agente pueda participar de forma efectiva en un proceso comercial o de atención, necesita acceder a una visión coherente y actualizada del cliente, pero también comprender determinados elementos del propio negocio. Esto está impulsando también la evolución de los CRM tradicionales. HubSpot utiliza el concepto de “Plataformas Agénticas de Clientes” para describir una nueva generación de ecosistemas en los que los datos del cliente, la información empresarial y los procesos están conectados y pueden ser utilizados simultáneamente por profesionales y agentes de inteligencia artificial. El cambio de filosofía es importante: el CRM deja de funcionar únicamente como un lugar donde las personas consultan información para convertirse también en una fuente de contexto desde la que pueden actuar sistemas autónomos. El siguiente reto: agentes que hablen entre ellos Existe además otro desafío. Las compañías no tendrán únicamente un agente de inteligencia artificial. Marketing puede utilizar uno para crear y optimizar campañas; ventas, otro para preparar reuniones y cualificar oportunidades; atención al cliente puede desplegar sistemas diferentes para gestionar consultas o incidencias. Si cada uno trabaja con información diferente, las empresas corren el riesgo de trasladar a la inteligencia artificial un problema que llevan años intentando solucionar entre sus propios departamentos: los silos. La siguiente evolución pasa, por tanto, de desplegar agentes independientes a construir sistemas capaces de compartir una misma visión del cliente y coordinar sus acciones. “Cuando la IA comprende el historial del cliente, conoce el estado real del negocio y comparte información con el resto de los equipos, deja de ser una herramienta aislada para convertirse en un auténtico acelerador del crecimiento”, señala Diego Santos, Head de Marketing de HubSpot para España y Latinoamérica. El contexto puede convertirse en la próxima ventaja competitiva El avance de los agentes de IA introduce una idea que puede marcar la próxima etapa de la transformación empresarial: cuanto mayor sea la autonomía de la tecnología, más importante será la calidad del contexto sobre el que toma sus decisiones. Las capacidades de los grandes modelos continuarán evolucionando y muchas de ellas estarán disponibles para miles de compañías simultáneamente. Lo verdaderamente diferencial podría estar entonces en otro lugar: los datos propios de cada organización, su conocimiento acumulado y su capacidad para convertir información dispersa en un contexto útil y accesible. La pregunta para las empresas empieza así a cambiar. Ya no se trata únicamente de cuánta inteligencia artificial pueden incorporar, sino de cuánto sabe esa inteligencia artificial sobre su negocio y sus clientes. Porque un agente puede ser extraordinariamente inteligente. Pero si no conoce el contexto, seguirá trabajando a ciegas.
4 Septiembre 2026
Jarana
Beatriz Martínez Arribas ha iniciado una nueva etapa profesional en International Airlines Group (IAG) tras incorporarse como People Partner Spain. Desde esta posición, será responsable de acompañar la estrategia de personas de la compañía en España, impulsando iniciativas orientadas al desarrollo del talento, el liderazgo, la cultura organizativa y la gestión del cambio, alineando la función de Recursos Humanos con los objetivos de negocio del grupo. Con este nombramiento, IAG refuerza su apuesta por una gestión estratégica del talento y el desarrollo de las personas como elementos clave para continuar impulsando la evolución y el crecimiento de la organización.
4 Septiembre 2026
Jarana
La inteligencia artificial ya está aquí: un nuevo tipo de intelecto que empieza a tomar decisiones con nosotros, sobre nosotros y, a veces, por nosotros. Pero ¿cómo evitamos que esto se traduzca en control, desigualdad y deshumanización? ¿Cómo ponemos ese progreso al servicio de la dignidad humana? Este libro parte de una convicción radical: necesitamos diseñar inteligencias artificiales con «sabiduría artificial», es decir que armonicen eficacia y sentido e integren en su ADN valores universales como verdad, justicia, libertad y cuidado de la vida. A medio camino entre el ensayo filosófico y la reflexión basada en la experiencia profesional, Sabiduría artificial nos invita a entender, sin tecnicismos, qué hay realmente detrás de la IA que ya usamos cada día. El resultado es una propuesta práctica: claves para actuar desde hoy —en la educación, la empresa, las instituciones y la gobernanza— y una hoja de ruta para orientar la inteligencia artificial hacia un objetivo decisivo: que no sólo sea más inteligente, sino también más humana, porque cada modelo que lanzamos al mundo lleva escrito, en cierto modo, nuestro legado. Autores: Juan María Nin, María José Sánchez Yago y José Luis Vázquez
4 Septiembre 2026
ESG
Un estudio internacional de Workiva revela una creciente brecha entre las expectativas depositadas en la inteligencia artificial y la capacidad real de las organizaciones para garantizar la calidad, trazabilidad y fiabilidad de los datos que la alimentan. Los inversores ya han comenzado a tomar nota. La inteligencia artificial ha pasado en apenas unos años de ser una tecnología experimental a convertirse en una pieza cada vez más integrada en las operaciones de las compañías. Ahora, sin embargo, comienza una etapa diferente: demostrar que además de ahorrar tiempo es capaz de generar resultados empresariales fiables, medibles y sostenibles. Y ahí aparece una brecha. El 84% de los ejecutivos encuestados por Workiva afirma sentirse al menos razonablemente seguro de la precisión de un contenido generado por inteligencia artificial que apareciera en un informe anual sin haber pasado previamente por una revisión humana. La cifra sería una importante muestra de confianza empresarial en la tecnología si no fuera acompañada por otro dato: el 26% asegura que las auditorías internas de IA de sus organizaciones ya han descubierto errores que llegaron hasta audiencias externas o incluso hasta el consejo de administración. Es una de las principales conclusiones del 2026 Midyear Executive Benchmark Survey de Workiva, que dibuja un escenario en el que las ambiciones de las organizaciones con la IA avanzan más rápido que los mecanismos creados para verificar sus resultados. Mucha confianza en la IA, pero muy poca en los datos La contradicción se vuelve todavía más evidente al analizar la materia prima que utilizan los sistemas de inteligencia artificial. Solo el 11% de los ejecutivos considera que la calidad de los datos de su organización es actualmente suficiente para utilizar IA. Además, el 71% afirma que una calidad deficiente de los datos ya ha afectado, al menos de manera moderada, al uso de inteligencia artificial en procesos de información financiera y sostenibilidad. Para algo más de una cuarta parte, el problema es todavía mayor: el 27% asegura que las deficiencias en los datos han bloqueado significativamente la implantación de IA en determinados procesos clave. La conclusión del informe apunta así hacia una de las cuestiones que marcará la siguiente fase de adopción de esta tecnología: implementar modelos cada vez más avanzados sirve de poco si la información sobre la que trabajan continúa fragmentada, resulta difícil de verificar o carece de una trazabilidad adecuada. Y la diferencia entre directivos y profesionales resulta especialmente significativa. Cuando Workiva pregunta si confiarían en un resultado generado mediante IA incluido en un informe anual o una presentación al consejo sin supervisión humana, el 39% de los ejecutivos se declara “muy confiado”, frente al 29% del resto de profesionales encuestados. Sumando quienes se consideran muy o bastante confiados, el porcentaje alcanza el 84% entre los ejecutivos y el 76% entre los profesionales. Cuanto mayor parece ser la responsabilidad dentro de la organización, mayor es también la confianza manifestada en la IA. Los inversores ya están buscando errores La cuestión ha dejado de ser exclusivamente tecnológica. Los inversores institucionales están comenzando a incorporar la fiabilidad de la inteligencia artificial a su evaluación de las compañías. Según el estudio, el 89% manifiesta preocupación por la precisión de la IA utilizada en las comunicaciones e informes corporativos. Y prácticamente la mitad ya no se limita a confiar en que las empresas tengan controles adecuados: el 47% reconoce que busca activamente indicios de errores generados mediante inteligencia artificial en la información publicada por las compañías. Esto introduce una nueva dimensión en la relación entre IA, reporting y confianza. Un error generado por un modelo que termina incorporándose a información financiera, de sostenibilidad o destinada al mercado puede dejar de ser simplemente un problema técnico para convertirse en una cuestión reputacional, regulatoria e incluso financiera. El propio informe conecta esta tendencia con el creciente impacto de la desinformación. El 26% de los profesionales y ejecutivos encuestados considera ya la información errónea una de las principales amenazas externas para el rendimiento financiero, frente al 23% registrado el año anterior. La IA ya tiene que demostrar que genera dinero La fase de experimentación también está dejando paso a la exigencia de resultados. Las compañías no solo quieren utilizar IA. Quieren medir qué retorno está produciendo. El 48% de los ejecutivos está totalmente de acuerdo en que espera obtener un retorno medible de sus inversiones en IA durante los próximos doce meses. Entre los resultados que esperan conseguir destacan especialmente el crecimiento de los ingresos, mencionado por el 58%, y el ahorro de tiempo, señalado por el 47%. Pero también aquí aparece un cambio relevante. Los inversores están empezando a observar indicadores concretos para determinar si la inteligencia artificial está teniendo un impacto real sobre el negocio. El 51% analiza la evolución de los ingresos de las compañías en cartera como indicador del retorno de sus inversiones en IA. Un 42% sigue las tasas de conversión de ventas, mientras que un 40% observa el retorno interno de los proyectos de inteligencia artificial. El mismo porcentaje analiza el tiempo ahorrado gracias a esta tecnología y el grado de automatización de tareas anteriormente realizadas por personas. La productividad, por tanto, empieza a dejar de ser suficiente como argumento. La siguiente pregunta será cuánto negocio genera realmente la IA. De acelerar procesos a rediseñar las empresas Precisamente por ello, Workiva plantea que el verdadero retorno no llegará únicamente incorporando inteligencia artificial sobre procesos ya existentes. La transformación más profunda consistirá en revisar cómo se realiza el trabajo. Las organizaciones tendrán que decidir qué tareas pueden delegarse en sistemas autónomos, cuáles requieren supervisión y en qué puntos el criterio humano debe continuar siendo obligatorio. Esta cuestión adquiere especial relevancia con la llegada de los agentes de IA, capaces de ejecutar determinadas actividades con una intervención humana cada vez menor. El informe identifica varios riesgos que ya preocupan a las organizaciones. El principal, señalado por el 35% de los participantes, es que los empleados compartan información propietaria mediante herramientas de inteligencia artificial no autorizadas. Le sigue, con un 34%, la posibilidad de utilizar información generada por IA sin haberla comprobado previamente. El 32% teme las consecuencias de decisiones tomadas con información procedente de IA que posteriormente resulte incorrecta, mientras que el 31% señala los fraudes dirigidos a empleados y potenciados mediante inteligencia artificial. Otro 30% menciona el uso no autorizado de estas herramientas dentro de la organización. No se trata, por tanto, únicamente de controlar qué hace la IA. También hay que controlar quién la utiliza, con qué información y bajo qué reglas. La gobernanza empieza a convertirse en una ventaja competitiva Uno de los mensajes más claros del estudio es que gobernar la inteligencia artificial no debería interpretarse necesariamente como un freno a la innovación. Puede ocurrir exactamente lo contrario. Una compañía capaz de conocer el origen de sus datos, seguir su transformación, documentar procesos y comprobar los resultados generados por la IA puede tener más capacidad para automatizar tareas sin multiplicar los riesgos. Y los inversores parecen compartir esa visión. El 96% considera importantes las políticas de gobernanza de la IA y supervisión humana a la hora de tomar decisiones de inversión. Para un 62% son incluso “muy importantes”. Workiva señala tres elementos especialmente relevantes: crear fuentes de información fiables y compartidas, documentar los flujos de trabajo y establecer capas de contexto suficientemente robustas para que los sistemas de IA puedan operar sobre los datos. La trazabilidad adquiere también una importancia creciente. A medida que los agentes sean más autónomos, el 55% de los encuestados considera que seguirá necesitando plataformas capaces de gestionar agentes y flujos de trabajo automatizados y documentados. El 49% cree que seguirán siendo necesarios sistemas que actúen como registros oficiales de información, mientras que un **45% apunta a la necesidad de mantener trazabilidad y pistas de auditoría sobre el origen y recorrido de los datos. La autonomía de la IA, por tanto, no elimina la necesidad de control. Puede aumentarla. La transparencia también se convierte en un activo El informe analiza además otro fenómeno relacionado con la confianza: la frecuencia con la que las compañías informan al mercado. En Estados Unidos se ha planteado la posibilidad de que determinadas compañías pasen de una presentación trimestral de resultados a un modelo semestral. Pero los inversores encuestados por Workiva muestran escaso entusiasmo ante una reducción de la información disponible. Si una empresa pasara de publicar resultados trimestralmente a hacerlo dos veces al año, el 66% afirma que aumentaría el uso de fuentes de información alternativas. Un 53% elevaría la prima de riesgo o la tasa de descuento aplicada a esa compañía, mientras que el 43% reduciría su posición inversora. Otro 37% solicitaría información adicional fuera del calendario habitual. Las propias empresas parecen haber interpretado ese mensaje. Entre los ejecutivos de compañías cotizadas o que prevén salir a bolsa, el 47% asegura que sería muy probable que siguiera comunicando resultados trimestrales incluso aunque dejara de ser obligatorio, mientras que otro 45% considera bastante probable hacerlo. Más información puede convertirse así en una forma de reducir incertidumbre y mantener la confianza. La gran batalla no será tecnológica Probablemente una de las conclusiones más interesantes del estudio es que la siguiente fase de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de disponer de mejores modelos. Dependerá de las organizaciones. Será necesario modificar puestos de trabajo, establecer responsabilidades claras, formar a los equipos y determinar cuándo una decisión puede automatizarse y cuándo debe intervenir una persona. De hecho, el 88% de los líderes afirma estar priorizando la formación relacionada con IA, una señal de que las compañías comienzan a entender que la transformación no puede producirse únicamente desde los departamentos tecnológicos. Incluso el destino de los ahorros generados por la IA comienza a mostrar diferencias interesantes. Las compañías en las que existe un responsable específico de estrategia de IA son más proclives a utilizar parte de esos recursos para mejorar la remuneración de talento altamente demandado: el 39% lo hace cuando la estrategia está liderada por un Chief AI Officer, frente al 28% de media. La IA no necesariamente implica sustituir talento. En algunas organizaciones está empezando a servir para invertir más en él. La brecha de verificación El estudio de Workiva resume este escenario con un concepto: “verification gap”, la brecha de verificación. Las organizaciones confían en la inteligencia artificial, quieren acelerar su utilización y esperan resultados económicos en plazos cada vez más cortos. Pero esa confianza todavía no siempre está acompañada por la calidad de los datos, los mecanismos de control y la trazabilidad necesarios. El reto empresarial de los próximos años podría estar precisamente ahí. No será suficiente con disponer de modelos capaces de generar información o agentes capaces de ejecutar procesos. Las compañías deberán ser capaces de demostrar de dónde procede cada dato, cómo se ha transformado, qué decisiones ha tomado la IA y quién puede responder por ellas. Porque a medida que la inteligencia artificial gane autonomía, la confianza no dependerá de utilizar más IA. Dependerá de poder verificarla. Un estudio con más de 2.600 participantes El informe fue elaborado a partir de una investigación encargada por Workiva a Ascend2 durante mayo de 2026. La encuesta reunió a 2.272 profesionales de finanzas, riesgo, sostenibilidad y áreas legales, entre ellos 847 ejecutivos C-Level, pertenecientes a organizaciones de Norteamérica, Latinoamérica, Europa y Asia-Pacífico. Las compañías participantes contaban con al menos 250 empleados o unos ingresos anuales mínimos de 250 millones de dólares. El estudio incorporó además las respuestas de 367 inversores institucionales de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, lo que permite confrontar las expectativas de quienes están desplegando la IA dentro de las organizaciones con las de quienes evalúan sus resultados desde los mercados.
3 Septiembre 2026
Rincón del CISO
Actualizaciones pendientes, permisos que ya no deberían existir, copias de seguridad sin comprobar o nuevas herramientas de IA pueden convertirse en puntos débiles cuando las empresas recuperan su actividad habitual Septiembre supone para muchas organizaciones el regreso a la normalidad después del periodo vacacional. Vuelven las reuniones, los proyectos recuperan velocidad y los equipos retoman sus rutinas. Pero esa reactivación también plantea una cuestión menos visible: ¿en qué estado se encuentra la seguridad digital de la compañía después del verano? Durante las vacaciones, algunos dispositivos permanecen semanas sin conectarse a la red corporativa, determinados empleados trabajan desde otras ubicaciones y aparecen nuevas aplicaciones o servicios utilizados para resolver necesidades puntuales. Al mismo tiempo, los cambios de personal o de funciones pueden dejar activos permisos que ya no tienen sentido. Ante este escenario, ESET España recomienda aprovechar la vuelta a la actividad para realizar una revisión básica de los principales elementos de seguridad de la organización. No se trata necesariamente de poner en marcha una auditoría completa, sino de detectar pequeños desajustes antes de que puedan convertirse en una vía de entrada para los atacantes. Cinco comprobaciones para empezar septiembre con mayor seguridad 1. Poner al día los dispositivos El primer paso pasa por comprobar ordenadores, servidores, teléfonos móviles y cualquier otro equipo desde el que se acceda a información o servicios corporativos. Los dispositivos que han permanecido apagados o desconectados durante varias semanas pueden acumular parches y actualizaciones pendientes. Sistemas operativos, navegadores, aplicaciones y soluciones de protección deberían encontrarse al día antes de recuperar plenamente su uso. Además de corregir errores, estas actualizaciones solucionan vulnerabilidades conocidas que pueden ser aprovechadas por los ciberdelincuentes. Por ello, mantener el software actualizado continúa siendo una de las medidas más sencillas para reducir la exposición de una organización. 2. Revisar usuarios, permisos y accesos Septiembre también puede ser un buen momento para preguntarse quién puede acceder actualmente a qué información. Una baja, un cambio de puesto, una colaboración temporal o el acceso concedido a un proveedor pueden dejar tras de sí cuentas y privilegios que ya no son necesarios. La recomendación pasa por identificar usuarios inactivos, retirar permisos obsoletos y aplicar el principio de mínimo privilegio: cada profesional debería tener acceso exclusivamente a los sistemas y datos que necesita para desarrollar su trabajo. A ello se suma la conveniencia de utilizar autenticación multifactor, especialmente en aquellas cuentas que permiten acceder a información sensible, sistemas críticos o funciones administrativas. 3. Comprobar que el backup sirve para recuperar la información Tener copias de seguridad no garantiza, por sí solo, que una empresa pueda recuperarse ante un incidente. Además de verificar que los backups se están realizando correctamente, las organizaciones deberían comprobar periódicamente que contienen la información prevista y que los datos pueden restaurarse cuando sea necesario. La capacidad de recuperación resulta especialmente relevante frente al ransomware, una amenaza que continúa situándose entre las principales preocupaciones de seguridad para empresas de diferentes tamaños. Un backup que nunca se ha probado puede convertirse en una falsa sensación de seguridad. Por ello, tan importante como realizar las copias es disponer de un procedimiento claro para restaurarlas. 4. Examinar los equipos que han estado fuera de la oficina Portátiles y otros dispositivos corporativos pueden haber pasado buena parte del verano conectándose desde viviendas, hoteles, aeropuertos o redes distintas a las habituales. Esto no significa que hayan sido comprometidos, pero sí justifica una comprobación antes de reincorporarlos completamente al entorno empresarial. Entre los elementos que conviene revisar se encuentran las aplicaciones instaladas recientemente, extensiones del navegador, sesiones abiertas, actualizaciones pendientes y herramientas que hayan obtenido permisos para acceder a información corporativa. 5. Saber qué nuevas herramientas utilizan los empleados El último punto adquiere especial importancia ante la rápida adopción de servicios digitales y aplicaciones basadas en inteligencia artificial. Durante los últimos meses, muchos profesionales han incorporado este tipo de soluciones a sus tareas diarias. El reto para las empresas no consiste únicamente en conocer qué plataformas se utilizan, sino también qué información corporativa se está introduciendo en ellas y con qué finalidad. El ESET Threat Report H1 2026 refleja la dimensión que está alcanzando este ecosistema. Durante el primer semestre del año, los laboratorios de la compañía analizaron cerca de 900.000 AI skills, entre las que identificaron decenas de miles de instancias sospechosas y miles clasificadas como maliciosas. La cuestión, por tanto, no pasa necesariamente por bloquear cualquier herramienta nueva, sino por ganar visibilidad sobre su utilización y establecer criterios claros que permitan reducir los riesgos asociados. Septiembre, un punto de control para la seguridad empresarial La vuelta de vacaciones puede funcionar así como una especie de revisión técnica para las organizaciones. Muchas de las medidas necesarias no requieren inversiones extraordinarias ni grandes proyectos tecnológicos: actualizar un dispositivo, eliminar una cuenta antigua, probar una restauración o revisar los permisos de una aplicación pueden evitar problemas posteriores. Como señala Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET España, el objetivo es obtener una imagen actual del estado de la seguridad de la compañía y confirmar que las medidas fundamentales continúan funcionando. En un entorno en el que las amenazas evolucionan al mismo ritmo que las herramientas digitales utilizadas por las empresas, la visibilidad y las revisiones periódicas se convierten en una primera línea de defensa. Y septiembre, con el regreso de los equipos y la reactivación de la actividad, ofrece un momento especialmente oportuno para comprobar que ninguna puerta digital se ha quedado abierta durante el verano.
3 Septiembre 2026
Jarana
L’Oréal ha nombrado a Cristián Oyarzún como nuevo Chief Growth Officer (CGO), posición que asumió recientemente con el objetivo de impulsar nuevas oportunidades de crecimiento y reforzar la transformación de la gestión comercial de la compañía. Desde su nuevo cargo, Oyarzún trabajará junto a su equipo en la identificación de nuevas oportunidades de negocio, la optimización del P&L y la planificación de la demanda, con especial atención a la mejora de la cadena logística. Esta nueva etapa también buscará potenciar la inversión en las marcas de L’Oréal y continuar mejorando el servicio ofrecido a clientes y consumidores, manteniendo como objetivo el liderazgo de la compañía en la industria de la belleza.
3 Septiembre 2026
ESG
El desastre registrado en la frontera entre Nepal y el Tíbet vuelve a poner el foco en una transformación que va mucho más allá del medioambiente: el calentamiento de la alta montaña amenaza infraestructuras, recursos hídricos y comunidades de toda la región. El Himalaya está cambiando y, con él, también lo están haciendo los riesgos a los que se enfrentan millones de personas. El reciente colapso de una enorme masa de hielo y roca en la frontera entre Nepal y el Tíbet ha vuelto a evidenciar la vulnerabilidad de una de las regiones montañosas más importantes del planeta. El desastre comenzó el pasado 26 de agosto en las proximidades del Parque Nacional Langtang, en Nepal. Una gran masa de hielo y roca se precipitó unos 1.200 metros hacia el valle, generando una violenta corriente de agua, barro, rocas y hielo que avanzó rápidamente por los cauces situados aguas abajo. El impacto ha sido devastador, con cientos de fallecidos, numerosos desaparecidos y graves daños en comunidades e infraestructuras. Carreteras, puentes, instalaciones eléctricas y centros sanitarios se han visto afectados, mientras que la aparición de nuevos deslizamientos y acumulaciones temporales de agua ha complicado las labores de emergencia. Incluso las redes sísmicas registraron inicialmente el fenómeno como si se tratara de un terremoto. Los análisis posteriores apuntaron a que la señal había sido provocada por la propia magnitud del derrumbe. Los científicos continúan investigando las causas concretas del colapso y, por el momento, no existe evidencia suficiente para atribuir directamente este episodio al cambio climático. Sin embargo, el suceso se produce en una región donde las consecuencias del calentamiento global son cada vez más visibles. Los glaciares del Himalaya retroceden a mayor velocidad La denominada Asia de Alta Montaña alberga la mayor concentración de hielo del planeta fuera de las regiones polares y constituye una reserva de agua fundamental para buena parte del continente. Los datos muestran una tendencia preocupante. Los 23 glaciares monitorizados en la región durante el año glaciológico 2025 perdieron masa, en un contexto marcado por temperaturas superiores a la media y menores nevadas durante el invierno, según la Organización Meteorológica Mundial. El fenómeno no es puntual. Los glaciares de la región Hindu Kush-Himalaya retrocedieron un 65% más rápido entre 2011 y 2020 que durante la década anterior, de acuerdo con el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD). Al mismo tiempo, el calentamiento de Asia continúa acelerándose. La tendencia registrada entre 1991 y 2025 prácticamente duplica el ritmo observado entre 1961 y 1990. Pero la reducción del hielo es solo una parte del problema. Un efecto dominó en la alta montaña El aumento de las temperaturas modifica el equilibrio de ecosistemas extremadamente complejos. El deshielo del permafrost puede reducir la estabilidad de las laderas y de las formaciones rocosas, mientras que las precipitaciones intensas y el agua procedente del deshielo pueden incrementar todavía más la presión sobre el terreno. En este contexto, un único desprendimiento puede desencadenar una sucesión de fenómenos. El colapso de una masa glaciar o rocosa puede provocar una avalancha, bloquear temporalmente un río y crear un lago improvisado. Si esa barrera natural termina cediendo, puede producirse una nueva inundación aguas abajo. La emergencia de Nepal muestra precisamente esa capacidad de propagación del riesgo. Más de 90.000 personas se han visto directamente afectadas y la inestabilidad del terreno continúa suponiendo un desafío para las operaciones de rescate y recuperación. De este modo, un fenómeno inicialmente localizado en una zona remota de montaña puede transformarse rápidamente en una crisis humanitaria, económica y de infraestructuras. Más de 750 millones de personas dependen de estos sistemas La transformación de los glaciares del Himalaya también plantea una cuestión estratégica para Asia: el agua. Las montañas del Himalaya, Hindu Kush y Karakórum alimentan algunos de los principales sistemas fluviales del continente. Más de 750 millones de personas dependen de las cuencas de los ríos Indo, Ganges y Brahmaputra, abastecidas en parte por el hielo y la nieve de estas cordilleras. Su agua sostiene ciudades, agricultura, producción hidroeléctrica y millones de medios de vida. Por ello, cualquier alteración significativa en la cantidad de agua disponible o en el momento en el que llega a los ríos puede tener importantes consecuencias sociales y económicas. Además, el riesgo evoluciona con el tiempo. En una primera fase, un deshielo más intenso puede aumentar el caudal y favorecer inundaciones o la formación de lagos glaciares inestables. A largo plazo, sin embargo, unos glaciares cada vez más pequeños pueden reducir su capacidad para aportar agua precisamente durante los periodos más cálidos y secos. El Banco Mundial estima que entre 1.500 y 1.700 millones de personas del sur de Asia podrían encontrarse expuestas a situaciones de escasez de agua en 2050, aunque el retroceso glaciar es solo uno de los múltiples factores que determinarán ese escenario. El carbono negro también acelera el deshielo Los gases de efecto invernadero no son la única consecuencia de la actividad humana que afecta a los glaciares. El denominado carbono negro, formado por partículas de hollín procedentes, entre otras fuentes, de motores diésel, hornos industriales y combustión de biomasa, puede depositarse sobre la nieve y el hielo. Al oscurecer la superficie, disminuye su capacidad para reflejar la radiación solar y favorece una mayor absorción de calor, acelerando así el proceso de deshielo. Reducir estas emisiones podría ofrecer un doble beneficio: ralentizar parte de la pérdida de hielo y mejorar la calidad del aire en una región especialmente expuesta a la contaminación. Infraestructuras diseñadas para un clima que está dejando de existir El desafío para los gobiernos ya no consiste únicamente en proteger los ecosistemas. Buena parte de las carreteras, puentes, presas, centrales hidroeléctricas y asentamientos de las regiones montañosas fueron diseñados tomando como referencia registros históricos sobre precipitaciones, nieve, caudales y estabilidad del terreno. El problema es que esos patrones están cambiando. La adaptación obliga, por tanto, a revisar cómo se planifican y protegen las infraestructuras críticas. Tecnologías como la observación por satélite, las redes sísmicas, los sensores fluviales o la teledetección permiten detectar cambios en glaciares, lagos y laderas potencialmente inestables antes de que se conviertan en una emergencia. Los sistemas de alerta temprana y la capacidad de anticipación serán cada vez más importantes, pero también lo será la cooperación internacional. Los grandes ríos del Himalaya atraviesan diferentes países. Una inundación o un colapso producido en un territorio puede alcanzar comunidades situadas al otro lado de una frontera en cuestión de horas. Compartir información, coordinar sistemas de vigilancia y desarrollar protocolos conjuntos de respuesta se convierte así en una cuestión de seguridad regional. Del cambio climático a la gestión del riesgo El desastre ocurrido entre Nepal y el Tíbet no permite afirmar por sí solo que el cambio climático haya provocado este colapso concreto. La relación entre un episodio individual y el calentamiento global requiere análisis científicos específicos. La tendencia de fondo, sin embargo, resulta mucho más clara: la alta montaña asiática se está calentando, sus glaciares están perdiendo masa y los sistemas naturales que dependen de ellos están transformándose. Por eso, hablar del futuro de los glaciares ya no significa únicamente hablar de conservación medioambiental. Significa hablar de agua, energía, infraestructuras, prevención de desastres, economía y seguridad. Y, sobre todo, de la necesidad de prepararse para un escenario en el que las montañas más altas del planeta pueden dejar de comportarse como lo hicieron durante décadas.
2 Septiembre 2026
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