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Natalia Minguez, International Commercial Manager de Carbotainer entrevista a Beatriz Aguayo, CMO de Carbotainer Natalia Minguez: Beatriz, ¿qué ha significado para Carbotainer recibir el Premio Forbes a la Innovación y por qué este reconocimiento tiene un valor tan especial para vuestro proyecto? Beatriz Aguayo: Para Carbotainer este premio supone una enorme satisfacción y, sobre todo, una validación externa de una forma de hacer las cosas basada en la innovación con propósito. No es solo un reconocimiento a un producto, sino a una visión estratégica y a una apuesta clara por transformar sectores industriales tradicionales. Tiene un valor muy especial porque pone el foco en un proyecto que nace desde la ambición de cambiar las reglas del juego en el almacenamiento de gases. Que Forbes y Kyndryl reconozcan ese camino refuerza nuestro convencimiento de que vamos en la dirección correcta. N.M.: Carbotainer está transformando las botellas de gas industrial. ¿Cómo nace esta idea y qué problema clave vinisteis a resolver dentro del sector? B.A.: La idea nace de observar muy de cerca el sector y detectar una realidad poco cuestionada durante décadas: botellas pesadas, poco ergonómicas y con escasa incorporación de tecnología. Vimos una oportunidad clara de mejora tanto en eficiencia operativa como en seguridad y sostenibilidad. Con el desarrollo del Smart Carbon Cylinder, queríamos ir más allá. Apostamos por una solución de fibra de carbono, mucho más ligera que el acero, con tecnología RFID integrada y apilable, que mejorara la trazabilidad, redujera riesgos laborales y respondiera a los retos actuales de la industria. N.M.: ¿Cómo se gestiona una innovación tan disruptiva dentro de una compañía con tanto potencial de crecimiento? ¿Qué decisiones estratégicas han sido determinantes? B.A.: Gestionar una innovación disruptiva implica combinar ambición con método. Ha sido clave apostar por un enfoque a largo plazo, asumir que no todo es inmediato y rodearnos de talento técnico y estratégico. Decisiones como invertir en I+D desde el inicio o escuchar al mercado han sido determinantes. También lo ha sido la valentía de entrar en un sector muy conservador con una propuesta claramente diferencial. N.M.: El camino de las PYMES hacia la innovación suele estar lleno de retos. ¿Cuál ha sido el momento más complejo del proceso y cómo lo superasteis? B.A.: Probablemente, el mayor reto ha sido equilibrar innovación, industrialización y tiempos de mercado. Innovar en un entorno tradicional exige paciencia, perseverancia y una gran capacidad de adaptación. Lo superamos manteniendo el foco en el propósito del proyecto, trabajando con rigor y apoyándonos mucho en el equipo. Creemos firmemente que la constancia y la confianza en la visión son claves. N.M.: Como CMO, ¿cómo se construye un relato de marca sólido alrededor de una innovación industrial para llevarla al mercado y captar confianza? B.A.: La clave está en traducir la complejidad técnica en un mensaje claro, honesto y relevante para el cliente. No se trata solo de hablar de tecnología, sino de explicar qué problema resolvemos y qué impacto real tiene en el día a día de las personas y de las empresas. En Carbotainer apostamos por un relato basado en la credibilidad, la coherencia y la cercanía, donde la innovación se entiende como una herramienta al servicio de la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad. N.M.: ¿Qué oportunidades abre este premio para acelerar la adopción, el crecimiento y la presencia internacional del proyecto? B.A.: Este premio nos da visibilidad, credibilidad y un impulso adicional para seguir creciendo. Facilita conversaciones estratégicas, la internacionalización a nuevos mercados como EEUU y Canadá, y refuerza la confianza de clientes y partners internacionales. Es también una oportunidad para seguir posicionando a Carbotainer como un referente en innovación industrial y para exportar tecnología desarrollada desde Aragón al resto del mundo. N.M.: Más allá del rol directivo, ¿qué aficiones o actividades te ayudan a mantener la creatividad, el enfoque y la energía en un entorno tan exigente? B.A.: La lectura, el cine y el arte. Estas aficiones son una fuente de creatividad brutal: te obligan a mirar diferente y a hacerte preguntas. N.M.: Y, por último, unas preguntas cortas: ¿Tu libro o película favorita? B.A.: Un libro que hizo reflexionar mucho sobre el papel del Marketing en el mundo actual fue No Logo: El poder de las marcas, de Naomi Klein. Y películas que sobre la motivación y la perseverancia como El club de los poetas muertos o El indomable Will Junting. N.M.: ¿Tu día ideal? B.A.: Una buena jornada de trabajo, ver a mis abuelos y terminar cocinando algo rico. N.M.: ¿La persona viva o muerta con la que te gustaría tomar un café? B.A.: Marta Ortega, presidenta de Inditex.
9 Abril 2026
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La misión Artemis II marca un antes y un después en la exploración espacial. Se trata de la primera misión tripulada del programa Artemis y el regreso de seres humanos al entorno lunar más de 50 años después de las históricas misiones Apolo. A diferencia de aquellas, Artemis II no tiene como objetivo aterrizar en la superficie, sino realizar un sobrevuelo alrededor de la Luna para probar sistemas clave —desde la nave Orion hasta las capacidades de navegación, comunicación y soporte vital— en condiciones reales de espacio profundo. En ese contexto, uno de los momentos más relevantes de la misión ha sido la observación directa de la cara oculta de la Luna. Un territorio invisible… hasta ahora Durante el sobrevuelo lunar, la tripulación pudo documentar con un nivel de detalle sin precedentes la cara oculta, una región que nunca es visible desde la Tierra debido a la rotación sincronizada del satélite. Las imágenes muestran un paisaje radicalmente distinto al que conocemos: una superficie mucho más abrupta, con una alta densidad de cráteres y prácticamente sin las grandes llanuras oscuras que caracterizan la cara visible. Los astronautas describieron el terreno como “rugoso”, “imponente” y “completamente ajeno a la imagen clásica de la Luna”. El momento más crítico: aislamiento total El paso por la cara oculta también supuso uno de los mayores retos de la misión. Durante aproximadamente 40 minutos, la nave quedó completamente incomunicada con la Tierra. Este periodo de silencio, previsto dentro del plan de vuelo, es una prueba clave de la autonomía operativa necesaria para futuras misiones, donde la dependencia constante de comunicaciones en tiempo real dejará de ser viable. Más que imágenes: un ensayo para el futuro La relevancia de este hito va mucho más allá de lo visual. Artemis II es, en esencia, una misión de validación: cada maniobra, cada dato y cada sistema probado servirá como base para futuras operaciones lunares. Especialmente para Artemis III, cuyo objetivo es volver a llevar astronautas a la superficie lunar —incluyendo, por primera vez, a la cara sur del satélite. La Luna, de nuevo en el centro del tablero El programa Artemis representa también una nueva etapa en la carrera espacial, donde la exploración ya no es solo científica, sino también estratégica. La capacidad de operar en el entorno lunar —incluida la cara oculta— abre la puerta a futuras infraestructuras, investigación avanzada e incluso posicionamiento geopolítico en el espacio. Un paso firme hacia la nueva era espacial Con Artemis II, la humanidad no solo ha regresado a la órbita lunar. Ha comenzado a redescubrirla. La cara oculta, durante siglos inaccesible, deja de ser un misterio lejano para convertirse en un territorio observado, documentado y, cada vez más, comprendido. El siguiente paso ya está en marcha.
8 Abril 2026
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Mayte Valverde, presidenta de Women in Banking y directora académica del programa HR Business & Tech en The Valley, entrevista a Carmen Quintanilla, Presidenta nacional de AFAMMER, Vicepresidenta de la Unión Europea de Mayores del PPE y Parlamentaria de Honor de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa sobre el papel del mundo rural en el futuro del trabajo, el liderazgo femenino y la importancia de las comunidades en un contexto cada vez más individual. Carmen Quintanilla es una de las voces más reconocidas en la defensa de las mujeres rurales en España y en foros internacionales. Entre otros cargos ha sido diputada, presidenta de la Comisión de Igualdad en el Congreso y vicepresidenta de la Comisión de Igualdad y no discriminación del Consejo de Europa. Fundadora de la Asociación de familias y mujeres del Medio Rural (AFAMMER), lleva décadas impulsando el liderazgo femenino, la igualdad de oportunidades y el valor del mundo rural como parte del presente y del futuro. Cuando hablamos del futuro del trabajo pensamos en inteligencia artificial, nuevas profesiones o entornos urbanos hiperconectados. Pero hay una realidad que no podemos olvidar: el mundo rural sostiene la alimentación, el territorio y la vida de millones de personas. Y en el centro de ese ecosistema están las mujeres. Mayte Valverde: Si hablamos del futuro del trabajo solemos imaginar ciudades hiperconectadas o inteligencia artificial. Sin embargo, cada vez más voces nos recuerdan lo verdaderamente importante: sin maíz no hay país. ¿Qué papel debe jugar el mundo rural en esta conversación global? Carmen Quintanilla: El mundo rural no solo produce alimentos. Produce vida, equilibrio y cohesión social. Sostiene el territorio, cuida del medio ambiente y mantiene a las personas en el centro. Además, sectores como el agroalimentario ya están viviendo una transformación profunda con tecnología, innovación y nuevos modelos de producción más sostenibles. Ahora bien, para que el mundo rural tenga el papel que merece, hay retos que siguen presentes, especialmente la brecha digital. Porque no basta con que llegue la tecnología, hace falta formación y oportunidades para que esa transformación sea real. Si queremos hablar en serio del futuro del trabajo, tenemos que mirar al mundo rural como una parte clave de la solución. Y también cambiar el relato. No es una España vacía, es una España que aporta, que cuida y que sostiene. M.V.: Durante décadas, las mujeres rurales han sostenido economías y comunidades enteras sin apenas reconocimiento. ¿Puede ser este el momento en el que ese liderazgo se valore de verdad? C.Q.: Estoy convencida de que el siglo XXI será el siglo del liderazgo de las mujeres rurales. No por tendencia, sino por necesidad. Han sido líderes durante toda la vida, aunque nadie las llamara así. Han sostenido familias, economías locales y pueblos enteros desde la invisibilidad. Hoy empezamos a cambiar esa mirada, pero aún queda camino. Siguen existiendo barreras en el acceso a recursos, formación o espacios de decisión. El talento está, pero las oportunidades no siempre llegan en igualdad. El reto ahora es actuar. Porque cuando una mujer rural lidera, transforma su vida, pero también todo su entorno. M.V.: En un contexto cada vez más individual y digital, el mundo rural mantiene un fuerte sentido de comunidad. ¿Qué pueden aprender las organizaciones de ese modelo? C.Q.: En los pueblos, la comunidad es una forma de vida. Existe una red real de apoyo donde las personas colaboran, comparten y se cuidan. Y eso genera confianza. Las organizaciones pueden aprender que el éxito no depende solo del talento individual, sino de la capacidad de construir proyectos compartidos. Porque innovar, aparte de incorporar tecnología, es también reforzar valores como la cooperación, la confianza y el compromiso. M.V.: Desde luego, además esos valores no los sabe desarrollar la IA, todavía. Sin embargo, la digitalización ha abierto nuevas posibilidades. ¿Es una oportunidad real para el mundo rural o puede aumentar la desigualdad? C.Q.: La transformación digital es una gran oportunidad. Hoy permite vivir en un pueblo y trabajar para el mundo, emprender desde tu tierra y conectar productos locales con mercados globales. Pero esa oportunidad solo será real si llega a todos. Porque si no se hace bien, puede convertirse en un nuevo factor de desigualdad. El reto ya no es solo de acceso, sino de uso, formación y acompañamiento. Y en el caso de muchas mujeres rurales, esa brecha es aún mayor. Si conseguimos que la digitalización sea inclusiva, puede generar empleo, fijar población y abrir una nueva etapa para el mundo rural. Si no, no será transformadora. M.V.: Uno de los grandes retos es la salida de los jóvenes hacia las ciudades. ¿Qué tendría que cambiar para que vean el mundo rural como un espacio de futuro? C.Q.: El primer factor es el empleo. Sin oportunidades laborales, no hay arraigo. Pero también hacen falta servicios, vivienda, conectividad y calidad de vida. Se trata de poder elegir quedarse. Las mujeres jóvenes rurales están mejor formadas que nunca, pero muchas veces no encuentran oportunidades acordes a esa preparación. Eso provoca lo que yo llamo la “huida ilustrada”: talento que se va porque no encuentra espacio para desarrollarse. El reto es construir un entorno donde quedarse sea una opción real de futuro. M.V.: Has impulsado redes de apoyo durante toda tu trayectoria. ¿Qué papel juegan estas redes en la transformación del territorio? C.Q.: Las redes humanas de confianza son una de las grandes fortalezas del mundo rural. Hoy hablamos mucho de networking, pero en los pueblos eso ha existido siempre. Solo que aquí se construye desde la cercanía, la confianza y el compromiso. Cuando alguien quiere emprender o iniciar un proyecto, no parte de cero. Parte de una comunidad que acompaña. Eso lo vimos claramente en AFAMMER, especialmente en momentos difíciles, donde la solidaridad y el apoyo mutuo marcaron la diferencia. Porque cuando las personas se organizan desde la confianza, son capaces de transformar la realidad. M.V.: Coincidimos hace unas semanas en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas en Nueva York. Desde esa perspectiva, ¿qué retos y oportunidades ves para las mujeres rurales? C.Q.: Esa experiencia te hace ver que los retos de las mujeres rurales son globales. Se repiten en muchos países: acceso desigual a recursos, a la tierra, a la formación o a la tecnología. Pero también hay una oportunidad clara y es que cada vez se reconoce más su papel como agentes de cambio en cuestiones clave como la sostenibilidad o la seguridad alimentaria. El reconocimiento está creciendo y ahora el reto es que se traduzca en medidas concretas y en oportunidades reales. M.V.: Recorres el mundo impulsando el desarrollo del mundo rural. Pero cuando paras, ¿qué te reconecta contigo misma? C.Q.: La verdad es que tengo muy poco tiempo para mí. A veces hasta me pregunto cuándo voy a poder ir al cine con mis amigas o disfrutar de una ópera. Pero cuando consigo parar, lo que más disfruto es estar con mi familia. Intento dedicarles el tiempo que durante muchos años les he quitado por mi compromiso. Disfruto mucho de mis hijos, de mis nietas y de mi nieto. Ellos han estado siempre a mi lado. Ahí es donde realmente recargo energía. El futuro del trabajo también se construye en cada pueblo, en cada comunidad y en cada persona que decide quedarse y transformar su entorno. Y en ese futuro, las mujeres rurales son parte del cambio.
7 Abril 2026
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Durante años, la competencia en el mundo del streaming se medía entre plataformas. Sin embargo, ese escenario ha cambiado de forma radical. Hoy, el mayor desafío para Netflix no proviene de otros servicios de suscripción, sino del crecimiento acelerado del contenido generado con inteligencia artificial. Así lo ha señalado Reed Hastings, quien advierte de un cambio estructural en la industria: la batalla ya no es por catálogo, sino por la atención del usuario. La economía de la atención cambia las reglas El consumo de entretenimiento está entrando en una nueva fase donde el factor clave es el tiempo que los usuarios dedican a cada plataforma. En este contexto, el auge de contenidos creados con IA en plataformas como YouTube introduce una variable difícil de ignorar:contenido prácticamente ilimitado, gratuito y cada vez más sofisticado. Si este tipo de contenido alcanza un nivel suficientemente atractivo, especialmente para las nuevas generaciones, podría cuestionar directamente el modelo de suscripción. Un modelo bajo presión Netflix ha construido su liderazgo sobre una propuesta clara: contenido de alta calidad, producido a gran escala y accesible mediante pago. Sin embargo, el desarrollo de la inteligencia artificial plantea un escenario distinto: Producción de contenido a gran velocidad Costes significativamente reducidos Capacidad de adaptación casi inmediata a tendencias Acceso sin barreras económicas Este nuevo entorno obliga a replantear el valor diferencial del contenido premium. La respuesta: integrar la IA sin perder el control creativo Lejos de quedarse al margen, Netflix ya está explorando el uso de inteligencia artificial en sus procesos internos. El objetivo no es sustituir a los creadores, sino potenciar su capacidad de producción y mejorar la eficiencia en el desarrollo de contenidos. La clave estratégica pasa por utilizar la tecnología como herramienta, manteniendo el foco en aquello que la IA todavía no puede replicar completamente: la narrativa, la creatividad y la conexión emocional. ¿Puede la IA sustituir al talento? A pesar de los avances, el contenido generado íntegramente por inteligencia artificial todavía genera dudas en términos de aceptación por parte del público. Algunos proyectos recientes han demostrado que, aunque la tecnología despierta interés, no siempre logra conectar con la audiencia de forma sostenida. Esto sugiere que, al menos en el corto plazo, el factor humano sigue siendo un elemento diferencial. Un cambio de paradigma en la industria El planteamiento de Hastings refleja una transformación más profunda: el entretenimiento está dejando de ser un producto escaso para convertirse en un recurso abundante. En este nuevo contexto, las plataformas no solo compiten entre sí, sino contra cualquier forma de contenido capaz de captar la atención del usuario. La irrupción de la inteligencia artificial marca un punto de inflexión en el sector audiovisual. Para Netflix y el resto de la industria, el reto no será solo producir más contenido, sino justificar por qué merece la pena pagar por él en un entorno donde cada vez hay más opciones gratuitas, inmediatas y personalizadas. La competencia ya no está en Hollywood. Está en cualquier algoritmo capaz de generar historias en cuestión de segundos.
6 Abril 2026
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Rosa Kariger, presidenta de CyberLideria, entrevista a Marco Aurelio Losas, director de grandes cuentas de Canon. Rosa Kariger: He estado viendo que eres ingeniero industrial también como yo, empezamos los dos en Accenture, hemos estado en Iberdrola… Cuéntanos cómo has acabado ahora en Canon y cómo ha sido tu trayectoria siempre ligada a la tecnología. Marco Aurelio Losas: Sí, con esa formación técnica siempre tuve el sueño de combinar la pasión por la tecnología con la gestión y el contacto con las personas. Ya desde joven tenía ese interés. Después de esa trayectoria, incluyendo mi paso por el grupo de consultoría francés Altran, llegué a Canon hace más de 20 años. Para mí ha sido cumplir un sueño, porque combino ambas cosas. Lidero un gran equipo con el que tratamos de acercar las tecnologías más avanzadas a las empresas, pero siempre enfocándonos en aquello que realmente les aporta valor, ayudándoles a simplificar procesos y a alcanzar sus objetivos. R.K.: Y en estos 20 años, la aproximación a la tecnología habrá cambiado muchísimo, ¿no? M.A.L.: Ha evolucionado mucho. Cuando entré en Canon ya trabajábamos en transformación digital, hace más de 20 años. Mi labor inicial fue entender cómo gestionar la información en distintos formatos, tanto impreso como digital, y ayudar a los clientes en esa visión global. Después he pasado por distintos departamentos, proyectos europeos y responsabilidades, siempre con la innovación y la tecnología como base. R.K.: Hoy más que nunca, la tecnología —especialmente la inteligencia artificial— está transformando el liderazgo empresarial. M.A.L.: Totalmente. El liderazgo no puede limitarse a gestionar recursos o conseguir resultados. Debe ir acompañado de innovación. En Canon trabajamos en un entorno de innovación continua. Estamos presentes en muchos sectores: desde cámaras e impresión hasta equipamiento médico, semiconductores o tecnología aeroespacial. Para mantenernos a la vanguardia, combinamos liderazgo, adaptación de equipos, colaboración y una fuerte inversión en I+D, más de un 8% de las ventas anuales. Esto nos permite desarrollar continuamente nuevas soluciones. Además, contamos con una filosofía corporativa llamada Kiyosei, que significa vivir y trabajar juntos por el bien común. Esto nos lleva a pensar en el impacto de nuestras decisiones no solo en el negocio, sino también en clientes, equipos y sociedad. El liderazgo sin innovación es complicado, y la innovación sin liderazgo colaborativo también. R.K.: ¿Sois realmente socios de vuestros clientes, más allá de ser proveedores? M.A.L.: Mucho más que proveedores. Aunque existen transacciones, nuestro objetivo es ser socios tecnológicos. En grandes cuentas, cubrimos necesidades a nivel global, pero siempre adaptándonos a lo local. Cada cliente necesita soluciones a medida. En un entorno cambiante, es fundamental entender no solo el mercado y la tecnología, sino también a las personas: equipos, clientes y colaboradores. R.K.: ¿Está cambiando el perfil de los líderes? M.A.L.: Hay factores que se mantienen, como la visión estratégica. Pero hoy es clave saber escuchar, tener empatía y fomentar la colaboración. Nuestra filosofía Kiyosei nos hace reflexionar sobre el impacto de nuestras decisiones en personas y sociedad. También aplicamos la cultura Sanji: automotivación, autogestión y autoconciencia. Cada decisión debe considerar su impacto en quienes la ejecutan y en el entorno. R.K.: El talento es clave en los equipos. M.A.L.: Es el eje fundamental. Todo avance tecnológico necesita personas que lo conviertan en realidad. En Canon potenciamos la diversidad, la formación continua y el mentoring intergeneracional. Además, fomentamos el reverse mentoring: las nuevas generaciones aportan una visión distinta que ayuda a la dirección a interpretar mejor la realidad y adaptarse a los cambios. R.K.: Se habla mucho de que los perfiles senior quedan obsoletos frente a los jóvenes. ¿Cómo gestionáis ese equilibrio? M.A.L.: Es fundamental combinar experiencia e innovación. La experiencia es clave, pero también hay que salir de la zona de confort. Al mismo tiempo, los jóvenes deben entender el valor de esa experiencia. En Canon fomentamos que todos se sientan escuchados y respetados, teniendo en cuenta también nuevas formas de trabajar y la importancia de la calidad de vida. R.K.: Las nuevas generaciones son difíciles de retener. ¿Cómo lo gestionáis? M.A.L.: Es una generación más orientada a proyectos, con otra visión de las jerarquías. Para lograr compromiso, es fundamental la colaboración y la participación en la toma de decisiones. Los equipos deben sentirse escuchados y no tener miedo a equivocarse. Hay que crear un entorno donde se puedan probar cosas nuevas. Esto permite innovar y ofrecer valor a los clientes. En nuestro caso, la rotación es baja y las personas pueden desarrollar carreras con distintas responsabilidades, lo que ayuda a su motivación. R.K.: Desde la ciberseguridad, muchas veces se prioriza la tecnología frente a la seguridad. ¿Cómo lo ves? M.A.L.: Totalmente de acuerdo. La velocidad de la innovación a veces hace que se descuiden estos aspectos. En Canon somos muy conscientes de que debe existir un equilibrio entre innovación y seguridad. La seguridad debe integrarse desde el diseño, tanto en software como en hardware. Todos los dispositivos forman parte del ecosistema digital y deben estar protegidos. Además, la gestión de accesos y usuarios es clave. Hoy los riesgos no solo están en los sistemas tradicionales, sino en todo el entorno conectado. También es fundamental que todo esto sea sencillo para el cliente, teniendo en cuenta las normativas, que son cada vez más exigentes. R.K.: Igual que ocurrió con el medio ambiente, ¿crees que la cultura de seguridad ya está interiorizada? M.A.L.: Se está notando mucho en los últimos años, especialmente en los dos últimos. En parte, por incidentes, sanciones y casos mediáticos, pero también porque las empresas son más conscientes. La innovación y el liderazgo deben ir ligados a objetivos sostenibles, tanto en seguridad como en sostenibilidad. R.K.: Somos la última generación que sabe hacer las cosas de forma manual. ¿Cómo trabajáis esa resiliencia con los jóvenes? M.A.L.: Les hacemos ver que no todo es digital. Las personas siguen siendo fundamentales: interpretar datos, tomar decisiones. Cuando se trabaja el talento y la actitud, entienden que desarrollar su potencial implica también comprender lo no digital. R.K: Si tuvieras que resumir en una frase la clave para construir organizaciones resilientes, ¿cuál sería? M.A.L.: Invertir en talento comprometido, liderar con propósito y no parar de innovar, siempre pensando en el bien común, como nos enseña nuestra filosofía Kiyosei.
2 Abril 2026
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La transformación digital sigue siendo una prioridad estratégica para España, pero la todavía limitada representatividad de mujeres en el sector TIC plantea un reto primordial de competitividad y crecimiento. En base a los datos recogidos en el informe Brecha digital de género de ONTSI solo el 19,5 % de los especialistas digitales que trabajan en España son mujeres, un porcentaje que, aunque ligeramente superior a la media de la Unión Europea, evidencia que la brecha de género persiste en el núcleo del empleo tecnológico. Esta realidad no solo tiene un impacto social: también condiciona el potencial de crecimiento económico. Según el análisis de la Comisión Europea, si la UE logra aumentar la proporción de mujeres trabajando en las TIC hasta alrededor del 45 % para 2027, esto podría impulsar el PIB europeo entre 260.000 y 600.000 millones de euros, con beneficios directos para la competitividad y prosperidad de todos los países miembros, incluida España. Diversidad: ventaja competitiva clave en ciberseguridad A nivel global, la ciberseguridad continúa siendo un sector con un importante margen de avance en términos de diversidad: las mujeres representan en torno al 25% de los profesionales, aunque su presencia ha crecido de forma significativa en la última década según datos de la European Cyber Security Organization (ECSO). En contraposición a la coyuntura actual, Redtrust, compañía especializada en identidad digital empresarial que permite a las organizaciones proteger y gobernar su ecosistema digital en entornos complejos y de gran escala, destaca no solo en volumen, sino también en el porcentaje de mujeres que ocupan puestos directivos: el 50% de los cargos de liderazgo en la compañía están ocupados por mujeres, lo que evidencia un compromiso firme con la diversidad y el equilibrio en los equipos. Además, el 18,5% del total de empleados de la empresa son mujeres mayores de 40 años, un dato relevante en un sector que todavía asocia, de forma equivocada, la innovación exclusivamente con la juventud. “Creemos que la tecnología debe reflejar la diversidad de la sociedad, también desde el punto de vista generacional”, afirma María José Gutiérrez, directora de Marketing y Comunicación de Redtrust. “La combinación de nuevas perspectivas y experiencia es esencial para afrontar desafíos complejos, como los de la seguridad digital”. Según Gutiérrez, en un entorno como el de la ciberseguridad, donde anticipar riesgos y tomar decisiones estratégicas es fundamental, la diversidad se traduce directamente en una ventaja competitiva. “Los equipos diversos amplían perspectivas, cuestionan supuestos y reducen puntos ciegos que pueden convertirse en vulnerabilidades reales”, subraya. “La innovación nace del encuentro entre diferentes formas de pensar, y eso impacta directamente en los resultados del negocio, con decisiones más sólidas, menor exposición a riesgos y mayor capacidad de generar valor sostenible a lo largo del tiempo”, destaca. Este desequilibrio pone de manifiesto el amplio margen de mejora existente en un sector crítico para la protección de infraestructuras, empresas y administraciones públicas. Impulsar el liderazgo del talento femenino en ciberseguridad no es únicamente una cuestión de igualdad, sino una decisión estratégica para reforzar la resiliencia digital, la capacidad innovadora y la competitividad de España en el contexto europeo. Maria José Gutiérrez Directora de Marketing y Comunicación de Redtrust
1 Abril 2026
Actualidad
Las familias españolas mantienen un alto nivel de control sobre el consumo digital de sus hijos e hijas adolescentes. Así lo revela el estudio “Consumo online en familia”, elaborado por Fad Juventud y Amazon, que analiza los hábitos de compra de jóvenes de entre 12 y 17 años en España. Según la investigación, basada en una muestra de más de 1.000 padres y madres, el 98,1% de las familias supervisa las compras online de sus hijos. Este control se traduce principalmente en la revisión directa de lo que adquieren en internet (44,1%) o en la necesidad de autorización previa para poder comprar (42,6%). Más allá de la supervisión, el estudio pone de relieve el papel educativo de las familias. El 92,7% afirma orientar a sus hijos para evitar gastos innecesarios, el 90,1% insiste en la necesidad de aprobación para compras de mayor importe y el 84,1% fomenta la comunicación sobre el uso del dinero. La tienda física sigue siendo protagonista A pesar del auge del comercio digital, las compras en establecimientos físicos continúan siendo mayoritarias entre los adolescentes. El 93,4% ha comprado en tiendas físicas en el último año, frente al 62,7% que ha realizado compras online. Este dato refleja que, aunque los jóvenes están cada vez más familiarizados con el entorno digital, el consumo presencial sigue teniendo un peso relevante en su día a día. Padres que compran online por sus hijos Uno de los fenómenos destacados del estudio es el de la “compra vicaria”: el 82,6% de los progenitores reconoce haber realizado compras online por petición expresa de sus hijos. Entre los productos más habituales se encuentran ropa y calzado (53,5%), videojuegos y contenido digital (25,1%) y dispositivos electrónicos (21,2%). Las principales razones para esta práctica son la responsabilidad parental, la falta de métodos de pago propios por parte de los menores o su edad, que todavía no permite una compra autónoma. Seguridad digital: la gran preocupación El entorno online sigue generando inquietud en las familias. Entre los principales riesgos identificados destacan el ciberacoso y el acoso sexual en internet (ambos en torno al 77%), el contacto con desconocidos (76,2%), las estafas online (62,3%) y el robo de datos personales o bancarios (57,1%). Ante este escenario, el 87,4% de las familias ha establecido normas claras sobre el uso de internet en el hogar, mientras que el 58,7% utiliza herramientas de control parental. Educación en consumo responsable El estudio también pone el foco en la transmisión de valores relacionados con el consumo. Las familias fomentan el uso de productos duraderos o reutilizables (79,3%), predican con el ejemplo en sus hábitos de compra (75,5%) y educan en el ahorro y la reducción del consumo (71,1%). En paralelo, crece el interés por la segunda mano: más de la mitad de los padres y madres (56,2%) ha comprado este tipo de productos en el último año, aunque el principal motivo sigue siendo económico (81,2%), por encima de la sostenibilidad. Un aprendizaje que va más allá del consumo El informe concluye que el consumo familiar no es solo una actividad cotidiana, sino un espacio clave de aprendizaje. En un contexto marcado por la digitalización, las familias juegan un papel esencial en la educación de los adolescentes, ayudándoles a desarrollar una relación más consciente, crítica y equilibrada con el consumo.
31 Marzo 2026
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Durante años, al hablar de ciberseguridad en el sector financiero, hemos situado el foco casi exclusivamente en los atacantes externos: grupos criminales organizados, redes de ransomware o hacktivistas. Sin embargo, la evolución de los incidentes de seguridad en los últimos años está obligando a las entidades a mirar también hacia dentro. No porque sus empleados sean el enemigo (o no siempre), sino porque el factor humano sigue siendo, con diferencia, uno de los principales vectores de riesgo en cualquier organización. A finales de 2025, una conocida empresa de ciberseguridad confirmó el despido de un empleado que había compartido capturas de sistemas internos con un grupo criminal. Un año antes, otro trabajador de una compañía asiática realizó varias transferencias millonarias porque uno de sus directivos se lo pidió a través de una videollamada…, solo que el directivo resultó ser un deepfake. Autorización de accesos bajo coacción o torpeza al compartir una clave o dejar una sesión abierta son solo algunos pequeños ejemplos de que las amenazas también se originan ‘dentro de casa’. Y esto es algo que sucede en cualquier tipo de empresa, pero especialmente en la banca. Desde los primeros sistemas informáticos corporativos ha habido casos de uso indebido de privilegios, filtraciones accidentales o sabotajes internos. Lo que cambia ahora es el contexto tecnológico: la digitalización masiva, la adopción del trabajo remoto, la proliferación de herramientas en la nube… y no olvidemos la reciente expansión de la inteligencia artificial generativa. Todo ello ha ampliado enormemente la superficie de exposición y, por tanto, el riesgo. En este nuevo escenario, la seguridad ya no depende únicamente de la fortaleza de los sistemas, sino también de cómo interactúan con ellos las personas. Un riesgo con múltiples caras Las amenazas internas pueden adoptar formas muy diversas. Algunas son claramente maliciosas, pero muchas otras se producen sin que exista una intención deliberada de causar daño. En el primer grupo se encuentran los casos en los que un empleado utiliza sus privilegios para beneficio propio o para colaborar con terceros. Y es que, el acceso a sistemas críticos, datos sensibles o infraestructuras de pago puede convertirse en un activo muy valioso para los delincuentes. El historial de incidentes en el sector muestra desde sabotajes motivados por conflictos laborales hasta trabajadores que aceptan incentivos económicos para facilitar accesos indebidos. También existen situaciones en las que el empleado no obtiene un beneficio directo, pero su conocimiento de los sistemas lo convierte en una pieza clave dentro de una operación criminal y es extorsionado o chantajeado. Sin embargo, centrar el análisis únicamente en los ataques intencionados sería un error. En la práctica, muchas de las brechas de seguridad más graves tienen su origen en errores humanos aparentemente menores. Por ejemplo, que el empleado recurra a herramientas que considera más ágiles o prácticas que las aprobadas por la organización (aplicaciones de mensajería o de acceso remoto, sin ir más lejos). También una fotografía del puesto de trabajo publicada en redes sociales o un archivo subido a un foro técnico para solicitar ayuda pueden revelar datos sensibles que posteriormente sean utilizados en ataques más sofisticados. Por último, otra categoría creciente de amenazas internas es la que tiene su origen en la manipulación externa. Es el phishing tradicional, que ha evolucionado hacia campañas cada vez más personalizadas y convincentes en que los atacantes investigan a los empleados, replican comunicaciones internas e incluso utilizan información obtenida en filtraciones previas para ganar credibilidad. Los deepfakes han avanzado tanto que hoy en día permiten suplantar a cualquiera de manera convincente, como directivos o responsables de área, de forma que el trabajador actúa convencido de estar siguiendo instrucciones legítimas. Zero Trust: asumir que el riesgo existe Ante este panorama, el sector financiero está evolucionando a marchas forzadas hacia modelos de seguridad más avanzados que combinan tecnología, procesos y cultura organizativa. Uno de los enfoques que más protagonismo ha ganado en los últimos años es el denominado Zero Trust. Su premisa es sencilla pero poderosa: ningún usuario, dispositivo o sistema debe considerarse seguro por defecto, independientemente de si se encuentra dentro o fuera de la red corporativa. Cada acceso debe verificarse de forma continua y cada operación debe estar sujeta a controles adicionales. Porque la realidad es que las amenazas internas nunca podrán eliminarse por completo y que, en cualquier organización con miles de empleados, múltiples proveedores y una infraestructura tecnológica compleja siempre existirá algún grado de riesgo. Por ello, el verdadero desafío para la banca moderna consiste en asumir esa realidad y diseñar procesos capaces de detectarlo y mitigarlo de forma temprana. La combinación de tecnología avanzada, cultura de seguridad y modelos de protección basados en la verificación continua será clave para afrontar los retos de los próximos años. Néstor Santolaya Bea Cybersecurity product expert de Auriga
30 Marzo 2026
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Hoy me hace una especial ilusión inaugurar en CyberLideria MGZN este nuevo espacio, Perspectivas de Women4Cyber Spain, fruto de la colaboración entre ambas organizaciones. Quiero comenzar agradeciendo a CyberLideria la oportunidad de abrir este espacio de reflexión. Además, esta primera publicación llega en el Mes de la Mujer, un momento que cada marzo invita a reflexionar sobre los avances logrados y sobre el camino que aún queda por recorrer para construir entornos profesionales verdaderamente diversos e inclusivos. Para mí, además, el 8 de marzo tiene un significado personal añadido, ya que también coincide con mi cumpleaños, lo que convierte estas fechas en una ocasión aún más especial para pensar en el futuro que queremos seguir construyendo entre todas las personas que formamos parte del sector de la ciberseguridad. A lo largo de mi trayectoria profesional he tenido la oportunidad de trabajar tanto en el ámbito público como en el privado. Mis primeros pasos en este ámbito fueron en una compañía que hoy llamaríamos startup donde ayudábamos a las empresas a digitalizarse cuando todavía ni siquiera hablábamos de “transformación digital”. Más adelante, haber dirigido instituciones como INCIBE y el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) me permitió observar también desde la perspectiva de las políticas públicas cómo evolucionan la innovación tecnológica y las capacidades en ciberseguridad. Todo ello reforzó una convicción que sigo manteniendo hoy: el progreso en este ámbito solo es posible cuando existe una verdadera colaboración entre administraciones, empresas, academia y sociedad y que la ciberseguridad es hoy una cuestión estratégica para nuestras economías y nuestras sociedades. En ese contexto, el papel de las mujeres en el sector tecnológico sigue siendo un tema central. Los datos muestran avances importantes, pero también retos que aún debemos abordar. Según el informe Brecha digital de género 2026 del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), en España casi el 65 % de las mujeres cuenta con competencias digitales al menos básicas, una cifra que incluso supera la media europea. Este dato refleja el progreso que se ha producido en el acceso y uso de la tecnología en los últimos años. Sin embargo, cuando observamos los niveles más avanzados del ecosistema digital, la realidad cambia. Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los puestos especializados y en las profesiones tecnológicas. En España, solo alrededor del 19 % de las personas especialistas en tecnologías digitales son mujeres, lo que pone de manifiesto que la brecha digital no está tanto en el acceso como en la presencia en los ámbitos donde se desarrollan las soluciones tecnológicas y se toman decisiones estratégicas. En ciberseguridad, este desafío adquiere una relevancia aún mayor. Vivimos en un contexto marcado por una creciente complejidad tecnológica y por un incremento constante de las amenazas en el ciberespacio. Las organizaciones dependen cada vez más de sistemas digitales interconectados y las infraestructuras críticas se han convertido en objetivos estratégicos para actores maliciosos. España y Europa necesitan más talento especializado en ciberseguridad. España también. Y no podemos permitirnos prescindir de una parte fundamental de ese talento. Según el último informe de Cybersecurity Workforce Study de ISC², hay un déficit global de talento y las mujeres representan actualmente alrededor del 24 % de la fuerza laboral en ciberseguridad a nivel mundial. Esta cifra parece reflejar una evolución positiva respecto a años anteriores pero nos debe mantener alerta porque aún queda un largo camino por recorrer para alcanzar una representación equilibrada en uno de los sectores más estratégicos de nuestra sociedad digital. Impulsar la participación de las mujeres en este ámbito no es solo una cuestión de igualdad. Es también una cuestión de competitividad y de innovación. Numerosos estudios demuestran que los equipos diversos generan soluciones más creativas, identifican mejor los riesgos y toman decisiones más sólidas. En un campo como la ciberseguridad, donde la anticipación, el pensamiento crítico y la capacidad de adaptarse a nuevas amenazas son esenciales, esa diversidad se convierte en una ventaja estratégica. El reto comienza mucho antes de la vida profesional. Las vocaciones tecnológicas siguen siendo menores entre niñas y jóvenes, en parte por la falta de referentes visibles y por estereotipos que aún persisten en nuestra sociedad. Por eso es tan importante visibilizar a las mujeres que ya estamos trabajando en este ámbito. Pero también es fundamental que las niñas puedan ver el para qué de la tecnología y se sientan atraídas por ella desde una perspectiva más amplia y cultural: entender cómo la tecnología protege a las personas, cómo contribuye al bienestar de la sociedad o cómo ayuda a construir un mundo digital más seguro. Porque la ciberseguridad no es solo una cuestión de tecnología. Necesitamos equipos diversos en los que convivan perfiles técnicos con profesionales del derecho, la comunicación, las ciencias sociales o las humanidades. Proteger el entorno digital no consiste únicamente en desarrollar herramientas tecnológicas, sino también en comprender cómo pensamos, cómo actuamos y cómo construimos confianza en el mundo digital. Iniciativas como Women4Cyber Spain surgen precisamente con ese propósito. Nuestra misión es impulsar el talento femenino en ciberseguridad, generar comunidad y facilitar oportunidades para que más mujeres puedan desarrollar su carrera en este sector. A través de nuestro programa de mentoring que este año comienza su 6ª Edición, o la StartUp School su 5ª Edición con casi 35 proyectos liderados por mujeres, actividades de divulgación, iniciativas formativas y colaboración con instituciones y empresas, buscamos contribuir a construir un ecosistema de ciberseguridad más diverso y más fuerte. Pero este esfuerzo no puede recaer únicamente en las mujeres ni en las organizaciones que trabajamos en este ámbito. Requiere un compromiso colectivo. Las empresas, las administraciones públicas, las universidades, los medios de comunicación y toda la sociedad tienen un papel fundamental en la creación de entornos donde el talento femenino pueda desarrollarse plenamente. Esto implica fomentar vocaciones STEM desde edades tempranas, promover políticas de diversidad e inclusión y reforzar la cooperación entre los sectores público y privado para acelerar el desarrollo del talento digital. Mi experiencia trabajando tanto en instituciones públicas como en organizaciones del ámbito privado me ha reafirmado en una convicción: Las empresas, las administraciones públicas, las universidades, los medios de comunicación, y toda la sociedad debemos colaborar para afrontar los desafíos de la transformación digital y de la ciberseguridad. Rosa DíazVicepresidenta, Women4Cyber Spain y Head of public Sector S2 Grupo
27 Marzo 2026
Actualidad
Durante años hemos hablado de firewalls, de cifrado avanzado y de arquitecturas tecnológicas cada vez más sofisticadas. Sin embargo, la realidad incómoda es que muchas de las grandes brechas de seguridad actuales no empiezan en una línea de código, sino en una conversación, un correo aparentemente inofensivo o una llamada que apela a la urgencia. La ingeniería social se ha consolidado como la vía de entrada preferida para el fraude y el cibercrimen, recordándonos que la tecnología, por sí sola, no basta. Lo preocupante de este fenómeno es su aparente simplicidad. No hace falta vulnerar un sistema complejo si se puede convencer a una persona para que abra la puerta. El abuso de la confianza, el miedo a cometer un error o el impulso de ayudar siguen siendo armas extraordinariamente eficaces para los atacantes. En un contexto de hiperconectividad y saturación de mensajes, distinguir lo legítimo de lo fraudulento se ha convertido en un reto diario para ciudadanos y profesionales. Sectores críticos como la banca y la salud viven esta amenaza de forma especialmente intensa. En el ámbito financiero, las estafas basadas en suplantación de identidad han alcanzado un nivel de sofisticación que pone a prueba incluso a los usuarios más informados. Para las entidades, el impacto va mucho más allá de la pérdida económica inmediata: cada incidente erosiona la confianza, un activo intangible pero esencial en la relación con los clientes. En el sector sanitario, el escenario es aún más delicado. Aquí no solo está en juego la información, sino la continuidad asistencial y, en última instancia, la seguridad del paciente. Un solo error humano puede paralizar sistemas clínicos, retrasar diagnósticos o forzar a los profesionales a trabajar sin soporte digital. La presión constante y la urgencia inherente al entorno hospitalario convierten a estos centros en objetivos especialmente vulnerables. Todo ello pone de manifiesto la necesidad de replantear cómo entendemos la ciberseguridad. Ya no puede abordarse únicamente desde una perspectiva técnica; requiere un enfoque transversal que integre personas, procesos y tecnología. Ignorar el factor humano es asumir un riesgo innecesario en un entorno donde los ataques son cada vez más creíbles y personalizados. En respuesta a este escenario, están emergiendo ecosistemas tecnológicos avanzados diseñados para detectar y frenar los efectos de la ingeniería social antes de que se materialicen. Frente a los modelos tradicionales centrados en el perímetro, estas soluciones analizan el comportamiento de los usuarios y monitorizan en tiempo real las interacciones y transacciones digitales. Mediante el uso de modelos de aprendizaje automático, es posible identificar desviaciones respecto a los patrones habituales, correlacionar señales de riesgo y activar medidas preventivas que interrumpen el fraude o la exfiltración de información en fases tempranas. No obstante, su eficacia depende en gran medida de una correcta integración en los procesos internos y de la implicación de los equipos, ya que la tecnología solo alcanza su verdadero potencial cuando se combina con criterio, formación y una estrategia clara. La formación continua, los protocolos claros y una comunicación proactiva con empleados y usuarios son hoy tan importantes como cualquier sistema de protección avanzada. La ingeniería social seguirá evolucionando porque explota emociones universales. Reconocerlo y actuar en consecuencia es el primer paso para construir organizaciones más resilientes en un mundo digital donde la confianza se ha convertido en el bien más valioso. Mauricio Alban-Salas Arquitecto Empresarial Sénior, SME Banking en Glintt Next
26 Marzo 2026
Actualidad
El cuidado de mayores da un giro con sistemas que previenen riesgos mediante el análisis continuo del comportamiento. La innovación tecnológica aplicada al cuidado de personas mayores está entrando en una nueva fase en la que la prevención se convierte en el eje central. En lugar de actuar únicamente cuando ocurre una emergencia, los nuevos sistemas de teleasistencia inteligente están diseñados para anticiparse a los problemas mediante el análisis continuo de la actividad diaria dentro del hogar. Este enfoque marca un cambio profundo en el sector sociosanitario y posiciona la tecnología como un aliado clave para mejorar la seguridad, la autonomía y la calidad de vida en el envejecimiento. A través de dispositivos conectados, sensores y plataformas digitales, estas soluciones son capaces de interpretar patrones cotidianos como horarios, movilidad o hábitos de comportamiento. Cuando se detectan variaciones relevantes —por ejemplo, una menor actividad, cambios en los ritmos habituales o señales de desorientación— el sistema genera alertas automáticas dirigidas a familiares o servicios de asistencia. De este modo, se reduce el tiempo de respuesta y se abre la puerta a intervenir antes de que la situación se agrave. Este avance resulta especialmente relevante en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de personas mayores que viven solas. La posibilidad de mantener la independencia sin renunciar a la seguridad se convierte en una prioridad tanto para las familias como para los sistemas de atención. En este escenario, el hogar evoluciona hacia un entorno inteligente capaz de “vigilar” de forma discreta y continua, sin interferir en la rutina del usuario. Más allá de la seguridad física, estas tecnologías también buscan combatir la soledad no deseada mediante funciones de comunicación y acompañamiento digital, reforzando el bienestar emocional. Sin embargo, su desarrollo también plantea retos importantes relacionados con la privacidad de los datos, la fiabilidad de las alertas y la necesidad de garantizar una experiencia sencilla para usuarios con menor familiaridad tecnológica. En conjunto, esta nueva generación de soluciones marca el paso hacia un modelo de cuidado más eficiente, proactivo y personalizado. La clave ya no está solo en reaccionar ante una emergencia, sino en evitar que llegue a producirse, consolidando así una tendencia que redefine el futuro del cuidado de mayores y abre nuevas oportunidades en el ámbito de la tecnología aplicada a la salud y el bienestar.
25 Marzo 2026
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La sobrecarga tecnológica no solo impacta en la productividad, también genera preocupación por la seguridad de nuestra vida digital. Adoptar buenas prácticas puede marcar la diferencia. Vivimos en un entorno hiperconectado que facilita el día a día, pero que también está dando lugar a un fenómeno cada vez más común: el estrés digital. Notificaciones constantes, intentos de fraude, accesos sospechosos o problemas con cuentas personales están elevando los niveles de ansiedad entre los usuarios. Un reciente estudio de Adaptavist refleja esta realidad: el 41% de los profesionales admite sentirse estresado por el exceso de comunicaciones digitales, mientras que el 63% considera que la tecnología ha tenido un impacto negativo en su vida durante el último año. Este contexto pone de manifiesto que la preocupación ya no es solo el tiempo frente a las pantallas, sino la seguridad de nuestra identidad digital, nuestras finanzas y nuestra información personal. Desde ESET, compañía especializada en ciberseguridad, recuerdan que muchas de estas situaciones pueden prevenirse con medidas sencillas. Tal y como señala Josep Albors, director de investigación y concienciación de ESET España, la pérdida de control sobre una cuenta digital puede generar una sensación similar a perder objetos personales como la cartera o las llaves, lo que intensifica ese estrés. Buenas prácticas para proteger tu entorno digital Para minimizar riesgos y ganar tranquilidad en el uso de la tecnología, los expertos recomiendan incorporar estos hábitos en el día a día: 1. Utiliza contraseñas únicas y segurasEvitar repetir claves es esencial. Apoyarse en gestores de contraseñas facilita la creación y almacenamiento de combinaciones robustas. 2. Activa la autenticación en dos pasosEl doble factor añade una capa extra de protección, especialmente en servicios críticos como el correo, la banca o las redes sociales. 3. Mantén una actitud crítica ante mensajes sospechososLos intentos de phishing suelen jugar con la urgencia. Revisar remitentes y verificar la información por otras vías es fundamental. 4. Actualiza siempre tus dispositivosLos ciberdelincuentes aprovechan vulnerabilidades conocidas. Tener sistemas y aplicaciones al día reduce significativamente el riesgo. 5. Controla las sesiones abiertasRevisar desde qué dispositivos se ha iniciado sesión permite detectar accesos no autorizados y actuar rápidamente. 6. Haz copias de seguridad periódicasContar con backups, tanto en la nube como en local, garantiza que la información importante no se pierda. 7. Limita los permisos de las aplicacionesNo todas las apps necesitan acceso a tu cámara, ubicación o contactos. Ajustar estos permisos mejora la privacidad. 8. Protege tu red domésticaCambiar las credenciales del router, actualizar su firmware y utilizar cifrado seguro son pasos clave para evitar intrusiones. 9. Refuerza la seguridad de tu móvilEl smartphone concentra gran parte de nuestra vida digital. Activar bloqueo, cifrado y funciones de localización es imprescindible. 10. Ten un plan de acción ante incidentesSaber cómo reaccionar —cambiar contraseñas, cerrar sesiones o revisar movimientos bancarios— ayuda a reducir el impacto de cualquier incidente. La clave: prevención y rapidez de respuesta Los expertos coinciden en que actuar con rapidez ante cualquier sospecha es determinante. Mantener la calma, recopilar información sobre lo ocurrido, contactar con los servicios afectados y, en caso necesario, denunciar el incidente, puede evitar consecuencias mayores. En un entorno donde lo digital forma parte esencial de la vida personal y profesional, integrar estos hábitos no solo mejora la seguridad, sino que también contribuye a reducir la ansiedad asociada al uso de la tecnología.
24 Marzo 2026
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